Setas3 November 2009

Hayedos riojanosA la hora de estudiar la fauna de los seteros hay, digamos, cuatro niveles: están los "malos", gente que va con cestito, niños y perro a pasar el dia, y si de paso cae un níscalo, pues bienvenido. Luego están los "malillos", turistas con poco conocimiento del terreno y unos cuantos libros leídos que dan vueltas por el monte esperando que las setas aparezcan por aquí y por allá. Cuando encuentran una la clasifican, la fotografían y la admiran mucho. Luego están los "buenos", gente que va todas las semanas a los mismos sitios y se sabe cuándo y dónde es probable que haya setas y de qué clase. Y por último, están los "muy buenos", gente de los pueblos de alrededor que está todo el dia en el monte, bien sea por el ganado, por la caza o por lo que sea, y se conocen el bosque como si fuera su patio trasero, porque en realidad lo es. Estos no suelen tener demasiado interés por el nombre científico de una seta, simplemente la cogen, la echan al cesto y ya está, como quien coge racimos de uva en la vendimia. El objetivo no es otro que llenar el cesto, así que tampoco dan muchas vueltas, saben dónde y cuándo habrá, y no pierden mucho tiempo con el paisaje, ni con la poesía.

He pasado el fin de semana por la tierra, es decir, por La Rioja. La misma falta de lluvia tenían por allí que por Madrid, pero no es lo mismo: aquello está más al norte, hay más sitio libre para pisar y la sierra no recibe las mismas manadas de gente que aquí, así que en general se suele dar algo mejor. El sábado me subí a los montes riojanos con pocas esperanzas: el suelo más seco que una suela de zapato, varios autobuses de turistas con palo y cestito y el monte "peinado" entre semana por los prejubilados de la industria riojana, que abusan de su tiempo libre para sacar ventaja. En estas condiciones hay que seHomero, Carmelo y Félixr de los muy buenos para traer algo que merezca la pena, y yo lo tengo asumido, soy de los malillos.

Así iba por las pistas forestales mirando el paisaje cuando de pronto veo, sentado en una piedra, a mi vecino y amigo Homero. Me paré, le saludé y entré al robledal a buscar a su compañero Felix, que andaba encelado con los níscalos, pocos y pequeños, pero suficientes para ir pasando el rato. También había encontrado una "seta especial": una torcaz recién abatida por los palomeros, esta irá a la cazuela para acompañar a las setas.

Homero y Felix son dos de los buenos, así que me quedé con ellos para aprender algo. Al cabo de un rato se nos juntó Carmelo, este es del pueblo de al lado y es de los muy buenos, así que me dije "el día está mejorando, aquí sí que voy a aprender", así que me uní al grupo y nos fuimos todos a buscar Boletus, quién me lo iba a decir con la poca perspectiva que traía. Varios kilómetros por las pistas de tierra y coches aparcados por todos sitios, y no solo todoterrenos, también Mercedes, parece que a los dueños se los regalen, con lo poco que les duele meterlos por los baches. Llegada final al sitio y hacemos dos grupos, unos monte abajo hasta el río, Carmelo y yo monte arriba, me he pegado a la rueda buena.

El suelo del bosque lleno de matas de arándano (que aquí llaman "anavias"), y la pinaza está muy seca. Me explica Carmelo que hay que buscar los "venajos", pequeñas afloraciones de agua que se encharcan, es el único sitio donde la humedad es bastante como para criar una seta. ¿Y dónde están los famosos venajos? Sí, hombre, a tí te lo van a decir. Al cuarto de hora de andar llegamos al primer venajo, y claro, eraBoletus Edulis cierto: en los márgenes húmedos van apareciendo preciosos Edulis, recién brotados y frescos, son un espectáculo. El a cogerlos y yo a fotografiarlos, cada uno a su interés. Tras repasar varios venajos podemos volver al coche, han caído algo así como una docena de estupendos hongos, eso para mí sería una cesta memorable, para él un día solo discreto, ha habido dias este mismo año en que han tenido que subir varias veces seguidas hasta llenar el congelador.

Llegada al coche y reparto equitativo, los del río no han encontrado nada pero se llevan algo, nos despedimos y yo me voy más contento que nada, con mi cestico, mis fotos y mi lección aprendida. 

Al dia siguiente andaba aburrido por casa haciendo tiempo para salir para Madrid, pero cuando dan las diez el monte me tira, me monto en el coche y me vuelvo a subir a echar un par de horitas, sigue sin llover y todo estará aún más pisado que ayer, pero quién sabe… Y contra todo pronóstico hago una cesta muy maja, dos grandes Edulis, unos níscalos muy sanos y unas rúsulas comestibles para completar, hay que ver lo que estoy mejorando, ¿estaré saliendo de la categoría de malillo?

Para ver las fotos, click en la primera, saludos a los riojanos…

Bicicleta de Montaña, Setas25 May 2009

Chorro de San MamésDespués de nuestra dura prueba de la semana pasada y ya convertidos en duros cientouneros nos planteamos volver a la rutina dominical de las rutas por la sierra madrileña. Yo pensaba entre mí que después del exceso cualquier cosa que nos propusiéramos me iba  resultar sencillita, vamos, que hacer los 101 supone subir un escalón sin retorno en tu condición física y que luego una ruta dominical se iba a hacer con la gorra, pero qué va, esto sigue siendo tan difícil como antes.

Para volver con buen pie elegimos una de las del Valle de Lozoya, la subida a San Mamés. Se vinieron Ignacio, que estaba en su casita de Alameda y le pillaba cerca, Rafa, que va recuperando la forma tras los catarros recurrentes, Nico y yo mismo. Varios correos durante la semana nos habían avisado de que la gente está liada, sea con el trabajo (¡hay gente que trabaja el domingo!), sea con la familia, o sea con otras obligaciones. De todos modos cuatro no está mal, para lo que tenemos últimamente.

A las 6,15 me levanté, desayuné y me vestí de deporte, al ponerme la camiseta azul recién lavada noté picores varios y le dí la vuelta, y allí había como dos docenas de esas bolitas ganchudas que se pegan a la ropa, amores o arrancamoños les llaman, lo que me trajo de inmediato el recuerdo de mí mismo miserablemente tendido bajo el olivo entre los cardos. No cabe duda de que estas plantas usan un sistema de propagación exitoso, aquí habían enviado sus semillas a más de 700 kms Arrancamoños andalucesde distancia. Las arranqué y me vestí de nuevo, hala a recoger a Rafa. De comida aún me quedaban en la mochila cinco de las seis barritas Isostar de choco coco que compré en los 101, lo que me hizo recordar también que no pude ni tragar una. Entre nosotros, son mucho mejores las de Hero.

Nos encontramos en el restaurante-pajar de Lozoya y salimos con tiempo fresquillo y suelo húmedo, había llovido fuerte el dia anterior, el pantano estaba a tope y todo muy húmedo y verde. Comenzamos las subidas por el robledal ya bien brotado, charlando más o menos de nuestras cosas y oliendo el aire. Pasamos el pueblo de Navaredonda, nadie por las calles, luego el de San Mamés, nadie tampoco. De allí hasta la granja de cabras se va por carretera, pero el Sherpa llevaba aprendido el camino por pistas de tierra, ¿quién puede preferir pisar el duro y llano asfalto antes que las estupendas pistas embarradas y llenas de guijarros? Nosotros no, no hay color. Llegamos efectivamente a la granja "Santo Mamede", una explotación de cabras donde venden todo tipo de productos artesanales, queso fresco de cabra, huevos de corral, miel, allí estaba la señora en su mesita y nos saludó efusiva, pero no podíamos cargarnos con cosas pesadas y frágiles, si no ya me hubiera apetecido una docena de huevos, a juzgar por lo felices que parecen las gallinas sin duda deben de estar buenísimos.

Ya han florecido las peonías rojas, qué bonitas, parece una flor excesivamente grande y vistosa para estar por el monte, la naturaleza suele ser más discreta si no es el hombre quien la fuerza. Hicimos unas fotos para recuerdo, estas flores enseguida pierden los pétalos, apenas duran quince días. Tras ese rato de subibaja duro se enfila ya la verdadera subida por el valle hacia los pinares, allá se distingue la catarata que llaman el chorro de San Mamés, muy vistosa y por ahora con bastante agua. Por primera vez quisimos verla de cerca, así que dejamos las bicis junto a la pista y nos metimos por un camino de andar, tras un rato de pisar pinos y saltar arroyos llegamos aPeonías la cola de agua, donde hicimos fotos.

Ibamos discutiendo si San Mamés y Santo Mamede son también el Santu Medé de los asturianos, lo que le valió a Ignacio para arrancarse a cantar El Pericote: "Alameda alamé, Pericote rompió un pié, y después que lu rompió, lu llevó a Santu Medé…". Por aquellos valles de prados verdes y arroyos quedaba de los más propio, faltaba solo el pandero. Al saltar un regato hice mi primera foto subacuática (que no submarina) con la cámara nueva (Olimpus Tough 8000), no salió muy allá, pero al menos no fué la última foto de la cámara, como auguraba algún agorero.

Seguimos la subida hasta la cabecera, arriba aún unas manchas de nieve, pero no llegaremos a pisarla, están muy alto. Yo iba mirando distraídamente las cunetas por costumbre, y de repente algo me saltó al ojo, una especie de boina marrón llena de rayas blancas, paramos y cavando alrededor vimos que, en efecto, era un gran Boletus Aestivalis, hallazgo estupendo y nuevo para mí, nunca había encontrado boletus en primavera, y esta especie solo la conocía por fotos. Mirando un poco más encontamos otros dos o Boletus Aestivalistres, y entonces como siempre me cegó la codicia y me metí por el pinar, me tuvieron que sacar de allí. A partir de entonces el descenso con un ojo en los baches y el otro en los terraplenes, Nico tenía el ojo bien pillado y encontró otros dos o tres grupos de ellos, recién brotados y con un aspecto estupendo.

Ya en pleno descenso paramos para ver el pueblo de Canencia al otro lado del valle, y el comienzo del camino que lleva al Sabinar de Lozoya, es otro lugar de interés que nos interesa, pero hay que caminar bastante rato así que otro dia será. Llegamos al coche e hicimos el reparto, esa misma tarde los preparé y comí, me dieron la impresión de ser algo más insípidos que B. Edulis, así que Nico ha cortado los suyos en láminas para secar, eso les da mucho aroma.

Aunque no llegamos a subir a la horizontal (porque el dia se puso setero), salieron sus buenos 35 kms y 900 mts de ascensión y cada metro costó lo suyo, contra lo previsto no hemos vuelto de Ronda convertidos en Supermán, pero los domingos me siguen gustando…

Bicicleta de Montaña, Setas1 December 2008

Bajadas peligrosasPrimero decir que el truco del artículo pasado no ha funcionado, las visitas se han mantenido dentro de lo normal. Supongo que cuando la gente mete en el buscador "nude boys" tiene por delante como 25.000 páginas explícitas, así que nosotros mantendremos la clientela betetera y setera, y dejaremos la gente escabrosa para otros. Este sábado no hubo salida micológica, demasiada nieve y demasiado frío, o eso creía yo, luego se vió que no. En cuanto al domingo ciclista, como ya hemos dicho nos habíamos propuesto limitarnos un poco en lejanía de los desplazamientos, primero, porque no está la crisis para muchos dispendios gasolineros, y segundo, porque en casa tenemos una época de tolerancia a las ausencias dominicales duramente trabajada, pero tampoco hay que abusar, o no durará. Así pues, en el plan de hacer tres rutas cercanas y una lejana cada mes, esta vez tocó la segunda, y quedamos en El Pontón de la Oliva, por allí por Torrelaguna, a más de 100 kms de Madrid.

El sábado me encontré al Jose Vecino por la calle, y me dijo que no le olvidáramos, que en cuanto se cure su rodilla se apunta de nuevo. En cambio tuvimos a Ignacio, que aunque empezó la temporada perezoso sigue apuntándose a las rutas, y conserva la forma. Entre unos y otros volvimos a juntar al grupo original, salvo el pipiolo de Diego. No debería decir estas cosas, pero entre los cuatro sumamos con seguridad más de 200 años. Se esperaba frío y nieve, y el astro cumplió las expectativas, todo el camino rozando los 0 grados, por arriba o por abajo.

Aparcamos frente a la vieja granja que hay en la subida a la cueva del Reguerillo, está muy solitaria, a mitad de camino entre Torrelaguna y Atazar, pero está habitada, andaban por allí una señora mayor, su nietilla y sus dos perros viejos dando una vuelta mañanera pese al frío, las dos iban con pantuflas y la bata de guatiné, qué bárbaro, y solo eran las 8,30 de la mañana. Bajada al Pontón, esa presa de piedra sillar que forma parte del complejo de grandes tubos, tomas, depósitos y demás que cogen toda el agua de aquella sierra y se la llevan para Madrid, lo construyeron todo hace varios siglos. Lo que queda para el Jarama es bien poquito, seguramente antes de esto todos estos barrancos tenían arroyos, y el río era bien grande y claro.

Iglesia de AlpedreteEmpezamos a subir por las carreterillas del canal, nos dio la impresión de que este año los olivos están menos cargados, y las aceitunas son pequeñitas. Breve parada en el acantilado donde entrenan los escaladores extremos, no había ninguno, pero se veía mucho paisaje, todo marrón y verde pálido y a lo lejos nieve en las montañas, es decir, puro invierno. Se iba a gusto con esa temperatura, la última vez que estuvimos por aquí teníamos varios grados bajo cero. Pasamos Alpedrete, pueblo perdido en medio de las serranías, la gente pasa el invierno con buena provisión de leña y de conversación, siempre me recuerda la web http://www.elpuebloenelquenuncapasanada.com/, visítala, es genial. En la plaza, unos ciclistas bajando las bicis del coche, así ya se puede, quedando a las 10 de la mañana. Ahora que lo pienso, junto a la abuela y la nieta y tres seteros, esas fueron todas las personas que vimos en los 40 kms de ruta, la Sierra Pobre es lo que tiene, mucho espacio y mucha soledad.

En los primeros kilómetros Ignacio nos iba amenizando con sus recuerdos del Bachillerato, que si las tetrástrofas monorimas, que si los endecasílabos y el mester de clerecía. Todo muy ameno, pero a mí me sonaba todo como entre nebulosas, alguna vez me lo debí aprender y ya lo olvidé, mi retentiva no llega a la centésima de la suya.

Entramos en los pinares y vamos mirando de reojo por allí, aquí pinaza, ahí manchas de nieve, ahí un disquito naranja con dibujos concéntricos, vaya, ya empezamos con los níscalos, habíamos hecho propósito de la enmienda, pero es que nos salen al encuentro. Nico no deja pasar la oportunidad, dice que cuando llega a casa con setas le hacen fiestas, así que nos vamos bajando cada vez que vemos alguno, y en un rato cogemos los suficientes para un buen revuelto. Esto de bajar y subir, acelerar y frenar es agotador, al final alcanzamos a los otros dos, que son menos aficionados o más deportistas, y ya echaban pestes de nosotros. Enfilamos la subida de Mataespesa pero pronto empieza la nieve, al principio esa nieve de bolitas que parece corcho blanco desmenuzado, al cabo de un rato, manta gruesa y blanca, pero con agarre y buena para ciclar. Faltando un par de kilómetros para la cumbre nos tuvimos que parar a comer, y decidimos dar la vuelta. Yo llevaba membrillo de la cosecha de este año, pero ya no lo hago yo, regalo por ahí los membrillos a todo el mundo, y a cambio me devuelven material ya hecho. Este era de los mejores que he probado, bien cuajado, fino y de color clarito. Nos hicimos la foto con el reglamentario chubasquero negro, parecemos los Beatles, pero unos lustros después.

Contra la opinión de Nico que quería seguir peleando, nos damos la vuelta y empezamos la bajada a buena velocidad, demasiada para el estado del suelo, ir rápido por la nieve es divertido y emocionante, pero tiene su riesgo. En la bajada por los pinares todo igual que siempre, el mismo tronco caído sobre el camino, el mismo derrumbe de pizarras, la misma pasarela oscilante, aquí el tiempo no pasa. El camino por el valle del Jarama con sus alisos, sus vacas y su barrillo negro que te deja el uniforme y la cara punteados como sarampión. El último tramo hasta los coches no por la carretera, sino por la senda rocosa esa que debieron hacer hace siglos a golpe de pico, estos caminos antiguos, como el de grandes lajas que sube a Tortuero, dan respeto.

Aunque no se completó la ruta salieron 40 kms y 1.200 de subida, a tan buen ritmo que a las 12,30 hs estábamos en los coches, es lo que tienen los viejos rockeros, que son diésel, pero muy fiables… 

Bicicleta de Montaña, Setas26 November 2008

Todavia SecosLo primero, felicidades al Blog que cumple las 10.000 visitas desde que pusimos el contador, creo que no está mal para un sitio de amigos sin grandes pretensiones. Últimamente la media se viene colocando en unas 270 por semana, ha aumentado desde que estamos en otoño, y esto me da idea para un consejo a los bloggeros: si queréis aumentar vuestro índice de visitas, poned por ahí enmedio unas cuantas palabras clave como "boletus", "lactarius" "seta de cardo", o similar, aunque no vengan a cuento, vuestro índice semanal de visitas subirá exponencialmente, aunque, eso sí, el prestigio de vuestro blog caerá en picado en relación inversamente proporcional, la gente no es tonta y no aguanta estos truquitos. Hablando de truquitos, voy a hacer una prueba: "FREE SEX", "NUDE BOYS". La semana que viene os cuento si ha funcionado.

La semana pasada el amigo Finfuncio se quejaba de que no revelábamos nuestros cotos boleteros, pero él sabe que en este mundo setero el más tonto hace relojes y que aquí la información vuela más rápida que en Internet: basta con que le cuentes a tu mejor amigo dónde encontraste un ejemplar para que al sábado siguiente te encuentres allí a diez tíos silenciosos a quienes no conoces, y que ni se conocen entre sí. Se podrían escribir libros con historias de seguimientos y acechos dignas del superagente 86, yo mismo confieso haber participado en alguna.Gyromitra Infula

Pues bueno, el sábado estuve en La Jarosa ya sin esperanzas, tras veinte días sin lluvia y el termómetro bajando. Alguna vez he comentado que el pinar de pinos resineros (Pinaster) me parece más aburrido y polvoriento que el de albares (Silvestris), porque las gruesas y largas agujas hacen una pinaza espesa y pesada que ahoga la hierba y el matorral. Sin embargo ví que no es así, y que en otoño esa pinaza guarda muy bien la humedad, hay mucho musgo y muchas setas. Encontré bastantes níscalos medianitos esperando nuevas lluvias para acabar de crecer, bastantes de Caballero (desde que he decidido no cogerlas las veo a patadas), y una con forma muy rara y asquerosa, como una caca de perro sobre un palo (va foto). Me confirman los de la Micológica que es Gyromitra Infula, peligrosa de comer. A todo esto, estos chicos tienen un servicio de reconocimiento fenomenal, tú les mandas por email una foto y te contestan casi al momento, muchas gracias.

Encontré también un pequeño cráneo de grandes dientes, tras mucho mirar fotos por Internet veo que es de zorro, pobrecito, en el juego de comer o ser comido esa noche le tocó lo segundo, aún tiene sangrecilla en el hocico. Pongo las fotos para que veáis que no es moco, los dientes son idénticos.

Una mala nocheCraneo de zorro 

Por entre los pinos se veían grupos de corzos que huían, fáciles de ver por esa especie de conspicuo tazón blanco que la naturaleza les ha puesto encima del culo, o del orto, que dirían los argentinos. Y hablando del orto, felicidades a los chicos de la Armada española que les dieron pal pelo a esos sobraos: este orto fué el ocaso de Argentina. Ale, ¿aprecias la greguería?. Pues nada, que me lo pasé bien y pillé bastantes más níscalos de lo esperado, y redondeé comprando en Guadarrama el pan candeal, que no me dejan volver a casa sin él.

Bueno, pues yendo a la excursión de bici del domingo, Rafa y yo nos hicimos la del Escorial con subida a Malagón. Se anunciaba mucho frío, así que salimos para allí bien arropados y con guantes nuevos. Día soleado por el lado de acá de la sierra, pero con la nortada asomando por lo alto, en Madrid solo llueve bien cuando el frente viene desde Extremadura, cuando viene del norte la sierra lo retiene en Segovia y Avila. Desde arrba bajaba un cierzo helado y las copas de los árboles hacían mucho ruido, pero nosotros íbamos subiendo protegidos por la ladera, gozando del sol. Solo al enfilar un valle nos teníamos que agarrar bien a la bici y pedalear con fuerza, el viento de frente era como pedalear conta una pared de gelatina. Como no teníamos prisa ni compañeros ansiosos de gestas, nos íbamos metiendo por los ramales de la pista, a explorar un poco. Ensayamos la pista de la izquierda pasada la curva del Arboreto, es en realidad el camino de mantenimiento de la traída de aguas de San Lorenzo, termina a unos tres kilómetros en una especie de túnel antiguo de granito. Volvimos atrás y seguimos subiendo sin viento hasta llegar arriba deCulturillal puerto de Malagón, y allí se nos vino todo el aire encima, qué desapacible. Me fijé por primera vez en un cartel cultural que hay por allí, y ví que lo que creíamos una humilde cuadra es en realidad lo que queda de un antiguo pozo de nieve de hace más de 400 años. Esperanza debería reconstruirlo para visitar, el que han arreglado junto al Cabeza de la Parra es curiosísimo.

Exploramos un poco más y nos acercamos a unas antiguas cuadras en lo más alto del puerto, donde empieza el Valle de Enmedio, y seguimos bajando hacia Peguerinos, pero como ya se hacía tarde entramos a dar una mirada en otra pista que sale a la izquierda tras una barrera roja y blanca. Siguiendo por ella encontamos un extraño recinto de alambrada alta camuflado con retamas y lleno de casitas, tenía pinta de ser un lugar temporal para aclimatar animales de repoblación, vete a saber cuáles.

En ese momento empezó a llegar la barra de nubes con arcoiris por delante y con flecos de nieve, ahí en la foto se aprecia, esos pacíficos caballitos en media hora estarán más mojados que sus primos del mar. Viendo el panorama nos dimos la vuelta y subimos para el puerto a todo pedal, después de comernos aprisa la merienda: me estoy reconciliando con los sandwiches de Nocilla de la niñez, qué pastosos, qué ricos, cuando crees que los has gastado por adelantado. 

Rafa se bajó rafeando el puerto, vamos, que no le ví el pelo, yo más despacito para mantener el frío dentro de lo tolerable. En conjunto debieron de salir casi 900 mts, un día más tranquilo de lo esperado, con un tramo final de huida, con el norte en los talones…

Bicicleta de Montaña, Setas17 November 2008

Arriba del Camino OrtizCon el campo ya reseco y helado subí el sábado a ver qué caía, y a fuerza de andar cayeron cuatro boletus tardíos y algunas cosillas más, pero no hay que engañarse, ya se ha cerrado la temporada, habrá que dedicarse a la bici, se acabó el dilema de los otoños. La única esperanza es que venga ahora un frente cálido que dure un par de semanas y las setas se reaviven, pero eso no suele ocurrir. Me ocurrieron este sábado dos cosas por primera vez en la vida, y mira que llevo años pateando el monte, primera, levanté una becada, salió como un helicóptero a tres metros de mí y se tiró por la ladera, y segunda, se me enganchó una garrapata, ayer me la quité de la corva, qué bicho más asqueroso, y cómo duelen al sacarlas. También cogí como una docena de Setas de Caballero, pero a la vista de las últimas preocupantes noticias sobre su posible toxicidad irán a la basura.

El domingo pasado no hubo blog porque yo pasé de bici, por lo que me han contado fué ruta larga y dura. Esta vez Nico tenía que ir a su pueblo a recoger una bici, así que nada, nos vemos en Cercedilla. La ruta la eligió Diego, que se ha tomado muy en serio su nuevo papel de sherpa. Por si la nieve, planeó un combinado de varias rutas conocidas con mucho subibaja, pero sin pasar de los 1.600 de altura.

Allí nos vimos delante de la estación, nada más bajar de los coches nos mostramos las zapatillas nuevas, mis Secialized baratitas palidecían al lado de las estupendas zapatillas invernales de Nico, y encima se puso doble calcetín con wind-stopper, Nico, ya no eres el mismo, hace unos años te hubieras clavado las calas en la planta del pie y hubieras subido descalzo. Amanecer frío, por debajo de 0 grados, pero el dia iba a ser soleado. Comienzo por las calles hacia la estación, se agradece la subida que calienta, llegamos al pantano y desde allí cruzando el vado del arroyo, el campamento de verano, el pino encadenado y llegada al Ventorrillo. Allí junto al aparcamiento de los quitanieves estaba la misma bandada de piquituertos que hizo dudar a Ale y a Juannillo de mi saber ornitológico, vamos, que me acusaron de tirarme el moco.

Subida hasta el mirador de La Barranca pero no por la pista sino por la senda Ortiz, que está muy pedregosa y con una inclinación a veces del 15%, una buena prueba. Llegamos arriba y comida, mucha gente de todos los pelajes montañeros: maratoneros alpinos, caminantes y ciclistas. Bajada a velocidad limitada por las mareas de gente que subían, clubes de jubilados, colegios con sus profes, familias con cochecito, perritos sin cadena… todos ocupando la pista de lado a lado, al oir el timbrecito se reían, pero no se apartaban, había que meterse por medio diciendo "perdón perdón", "gracias gracias". Hay que ser educados para mantener el buen nombre de los beteteros montañeros, los senderistas hacen un lobby más potente que el nuestro y cualquier dia nos prohíbe Esperanza subir a las pistas. Abajo del todo había un coche de la Guardia Civil controlando el aluvión.

Cruzamos el valle y nueva subida  hasta detrás de Mataelpino, y allí bajada por el Mortirolillo, esas zetas increíbles de cemento que son malas hasta para bajarlas. Había una manada de cabras y me puse a balar, y tan bien lo hice que salió un vejete de la caseta y me gritó "¡a ver si te vi a echar el macho pa que te monte!". Entramos en la senda verde que va paralela a la carretera de Colmenar y que es Camino de Santiago, allí nos aclaró Diego lo de la flecha amarilla que lleva bajo el sillín, es el símbolo del Camino, y nosotros que creíamos otra cosa. En efecto, por allí había muchas pintadas por las piedras. El Camino entra por un bosquete, cruza un río y desemboca a la entrada del pueblo de Navacerrada, que como siempre estaba muy bonito, terracitas soleadas en los bares, olor a pan y choricillos fritos, gente domingueando y todo muy amarillo con el otoño. El rastrillo de antigüedades algo decaído con la crisis. Volvemos a salir y subimos las rampas de la ermita de San Antonio que te dejan ya partido tras toda una ruta, pasamos por el campo de tiro, qué manera de gastar cartuchos, parecía que tiraban con ametralladora. ¿Alguien controlará esas toneladas de plomo que acaban en el monte y en el agua? seguramente no.

Paso por el circuito de motocross y entrada en Cercedilla por el cementerio, qué grande es, seguramente mueren muchos cercedillanos, tantos como nacen. Subida a la estación y llegada a los coches a buena hora, comentando como siempre que a ver si un día nos tomamos una cervecita post ruta en una de las terracitas soleadas del centro del pueblo, que están siempre de lo más animadas. Siempre lo comentamos, pero metemos las cosas en el coche a toda prisa.

Bueno, pues la ruta tuvo finalmente 36 kms y 1.200 metros de ascensión, un jodío subibaja, para ser una ruta de media montaña…

Bicicleta de Montaña, Setas27 October 2008

Actos IlegalesAvergonzados por las críticas que suscitó nuestra última salida, en la que descaradamente pasamos de las gestas deportivas para dejarnos llevar por la codicia setera, decidimos este domingo "hacer  algo grande" (Nico) aprovechando además el margen extra que nos daba el cambio de hora, ese tiempo de regalo no es para pasarlo en la cama, sino en el monte. Supongo que le pasa a todo el mundo: el reloj mecánico lo cambias en un momento, pero el reloj biológico sigue durante varios días, así que te sobran horas de sueño y a las 6 ya está el ojo abierto. Como además estamos últimamente muy ahorradores en tiempo y gasolina, siempre nos quedamos en la sierra próxima, así que para un dia que íbamos sobraos escogimos salir desde el pueblo de El Tiemblo (Avila) un sitio donde íbamos antes a menudo, en aquéllos tiempos en que la gasolina costaba la mitad y en casa nos toleraban el doble de retraso.

El sábado previo, y a fin de vacunarnos contra el gusanillo de las setas (que no es el que se encuentra en los níscalos viejos), nos subimos Rafa y yo "a donde la otra vez", y pese a las mareas de gente tuvimos otro buen dia de hallazgos: Pardillas, Lepistas, algún níscalo y sobre todo mi récord personal, un Edulis de 1,1 kgs, adjunto la foto para incrédulos: parezco la Sota de Bastos.Sota de Bastos

Para la interminable ida a El Tiemblo quedamos antes en Brunete, y allí nos juntamos Nico, Diego y yo con las bicis en el coche de Nico, que está viejo pero aguanta todos los abusos. El camino, más de hora y cuarto, se hace interminable, y eso que Esperanza ha terminado la Carretera de Los Pantanos contra todas las sentencias de los Tribunales Europeos. Pasamos el pueblo y aparcamos esta vez en Las Cruceras, la antigua colonia de los obreros que hicieron la presa del pantano de El Burguillo. Una asociación ha recuperado el lugar para hacer alojamientos rurales, restaurante y un coto de trucha sin muerte en el río Iruelas. http://www.valledeiruelas.com/ Toda la zona es reserva natural, y hay una importante colonia de buitres negros. 

Normalmente enfilamos al puerto de Casillas, y en los días en que vamos fuertes llegamos a subir al Cabeza de la Parra, pero esta vez queríamos ruta nueva, así que empezamos bordeando el pantano, pasamos el cámping y saltamos la valla de la Reserva de Aves, a riesgo de que los forestales nos echaran o que los buitres nos comieran: si es lo primero no pasa nada, si es lo segundo es morir por la causa biológica. No nos da remordimiento porque los beteteros pasan rápido y en silencio y no alteran el entorno, no como los cafres del quad. Un comienzo frío y húmedo junto al pantano, y enseguida a subir montaña, se agradece entrar en calor.

Como la ruta era completamente nueva hubo que desplegar mapas varias veces, ahí Sherpa I y Sherpa III tuvieron largos diálogos mientras yo me perdía por el pinar, la jodida codicia me puede. Ah!, echamos de menos al Sherpa II, Ignacio, que estaría buscando su camino por el fondo de su cama. La ruta sube y sube hasta la fuente Covachuela, fría y con mucho caudal. Allí, con más despliegue de mapas, decidimos renunciar al objetivo inicial, el puerto de Navaluenga, que se veía lejísimos y defendido por una subida contínua de casi 1000 mts, y tomamos un ramal que según el mapa termina en un cortafuegos junto al pico de El Mirlo, con la idea de subir y volver a bajar. Luego tuvimos la buena sorpresa de que mal que bien lleva por varios caminejos hasta la pista que baja de Casillas, así que hicimos ruta circular.

Más sube y sube, se sale de los pinos y se llega a los 1.600 mts, con paisaje de montaña pelado y pedregoso. Todo está lleno de matasPiornos Acolchados de piornos, hacen un paisaje como de cojines acolchados, pero no se te ocurra tumbarte, están llenos de espinas. Yo hice la prueba de ponerles encima una piedra plana y sentarme, soportaban mi peso perfectamente. Más pruebas de caminos y al fin empezamos a bajar hacia el valle, con el miedo de llegar a un camino sin salida y tener que volver a remontar. Los caminos a menudo se convertían en simples canchales de fuerte pendiente, pero hay que ver la seguridad que da llevar la horquilla recién regulada en el taller: en La Pedriza me tiraba al suelo un simple camino con piedras, aquí pasaba por los derrumbes de piedrones tan seguro. Hubo que echar pie a tierra varias veces, y en uno de esos tramos de piedra suelta mis zapatillas se rindieron sonrientes, como las de Charlot, ni me había dado cuenta de que ya no me quedaba suela.

El camino se suaviza y entra de nuevo en los pinares, allí, con el relajo que da tener una hora más, entramos a buscar algún boletus, que Diego tenía el encargo de su chica de no volver sin uno para probar. Nico encontró uno y se lo cedió. Tras saltar algunas de esas altísimas vallas que hay siempre por Avila, llegamos al Río de la Yedra, que es por donde otras veces subimos, el monte cambia aquí y ya es de grandes robles, castaños y alisos. Una de las vallas anunciaba que es un centro experimental de reproducción del corzo. Así, con buen paisaje, buena temperatura y cuesta abajo fuimos llegando a la zona del coche, cómo mola bajar después de tanta subida.

Una ruta corta, 29 kms, pero altísima, 1.250 mts, lo que significa mucha subida en muy poco rato, los relojes medían a menudo porcentajes del 18 al 22%. Un día para no repetir a menudo por lo largo y lejano, pero mucha exploración, lo que se dice un día para los sherpas…

Bicicleta de Montaña, Setas20 October 2008

Algo tiene que ocultarEsta vez solos Nico y yo, Rafa en Almería rezando para que no haya una segunda gota fría, los demás por aquí y por allá, pero no en la bici. Queríamos volver a la zona de El Tiemblo, pero está muy lejos para ir solo dos, así que buscamos un objetivo más fácil: Cercedilla al Puerto de Guadarrama y luego lo que saliera. Llegamos bien de noche, lloviendo algo, aunque no tanto como la noche anterior, que cayeron ríos de agua. La temperatura templada, y salida antes de amanecer.

Empezamos por las urbanizaciones bajas para evitarnos la subida de los Campamentos, esa que te parte las piernas en frío, y pronto pasamos las vias del tren. Nos adelantaron varios todoterrenos de cazadores, algunos con remolque de rehalas, ha empezado la temporada de caza mayor, y eso le da mucha emoción a lo de la bici, vas oyendo estampidos a ambos lados del camino y tú vas tocando el timbrecito (¿véis como sirve para algo?) y gritando "¡no tirar, que semos cristianos!". Paramos en la valla donde empieza el campo, y echamos un ojo por el suelo, a ver lo que había salido. Enseguida encontramos grupos de senderuelas y algunas buenas setas de cardo, y entonces es cuando te entra el dilema de todos los otoños: ¿vamos a setas o vamos a bici?. Conseguimos resistir esta primera tentación, dejamos a las setas echando sus esporas y subimos a las bicis, a remontar el largo cuestón hasta el Puerto de Guadarrama.

Enseguida entramos en la zona de nieblas, pero no hacía frío, todo lo contrario. Allí a media altura estaban aparcados los de la rehala, esperando la señal para soltar a los perros monte abajo. Nos cruzamos con ellos un saludo reticiente: los cazadores no nos gustan mucho porque matan y son peligrosos, los ciclistas no les gustan mucho a ellos porque les espantan la caza, pero en fin, ellos y nosotros somos a menudo los únicos humanos en todo el monte, hay que saludarse. Nico, previsor, iba de reglamentario color naranja, yo en cambio iba como jabalí viejo: de color pardo clarito y con la cabeza entrecana, así que venga timbrecito.

Llegando a los primeros pinos vemos en la cuneta dos enormes Boletus, y después de mucho admirarlos los tapamos con pinaza y seguimos, pero la tentación iba ya siendo muy fuerte, y nos paramos a dar una vuelta por el pinar. Nico vió enseguida un gran bulto de pinaza y al levantarlo, cuatro grandes Boletus con pinta de Edulis, y además por allí habia bastantes Níscalos y Pardillas, así que el día se iba decantando por las setas en vez de por la bici. Por si las dudas preguntamos a un setero de por allí que nos confirmó que los hongos eran buenos, asíEnormes boletus que decidimos pasar ya del deporte, que de forma estamos sobraos, y dedicar el dia a lo micológico. Encontramos unas bolsas de plástico y nos bajamos por los pinares a investigar. En un bonito prado entre pinos fuimos encontrando hasta seis grandes edulis, y un enorme Boletus Pinícola de más de un kg., qué abundancia, era como la cueva de Aladino, yo nunca había visto cosa igual. Los buenos hongos son raros, y siempre hay un jubilado más vivo o más desocupado que tú que se lo lleva en cuanto asoma, así que todos estos debían haber salido en un par de noches.

Llenamos los bolsones y los colgamos a la espalda debajo de los chubasqueros, está prohibido recoger setas en bolsa bajo pena de multa (nos dijeron una vez que de 400 €), por la cosa de sembrar las esporas. Así, hechos unos Pozís y doblados por los bultos fuimos volviendo a bajar con miedo de ver a la Guardia Civil en cada curva. Llegamos a los coches sin más contratiempo, hicimos el reparto y nos fuimos tan contentos.

Un aviso, si os va el rollo de las setas podéis mirar las fotos de la jornada (como siempre, pinchando en la primera foto de este articulo), pero si no, ahorraros el trabajo, que bici se ve poca… En fin, la altura y kilómetros de la ruta fueron, digamos, discretos, en el dilema de todos los otoños esta vez nos inclinamos por dedicar el día a setas, y cualquiera no lo hacía…

Bicicleta de Montaña, Setas5 November 2007

Setas-BikeBreve reseña para contaros que los boletus del jueves me engancharon, así que el sábado volví solo al mismo lugar a ver si caía alguno más. Unos se mueven por encontrar las gafas, otros por el ansia de lo gratis. Hice la de otras veces, poner una cesta en el manillar y subir al monte, pero con esta bici el tema sale peor: los cables del freno hidráulico no dejan estar la cesta, va muy mal. Llegué con el coche a la portilla del molino de Arroyo Viejo, salté y me puse a subir la cuesta. Cuando uno va a lo que va y no se para, el tiempo se acorta mucho, así que en una hora había subido el puerto y vuelto a bajar por el ramal de la izquierda, hasta el sitio donde más o menos recordaba. Eché la bici entre los pinos y la tapé con ramaje (luego me costó un huevo encontrarla, y eso que había dejado una cinta en un árbol, cogí la cesta y me fuí por el bosque, a disfrutar.

Nada más entrar encontré setas Anguileras, muy buenas (son las que compras en el mercado, cultivadas), también había níscalos por aquí y por allá, pero muy dispersos, el suelo estaba reseco. En un ribazo húmedo un buen grupo de Capuchinas (Tricolomas), que fueron también a la cesta. Pese a la falta de lluvia, había bastantes setas venenosas, se ve que lo malo abunda. No logré encontrar ningún boletus de los buenos (muchos hongos babosos, malos), se ve que lo del jueves fué casualidad.

Ya con la cesta a medias y el tiempo justo monté la bici y tiré para abajo. Mucha gente subiendo con sus cestas vacías, me miraban como diciendo "tío, qué bien te lo montas". Llegada a casa y a cocinarlas: los tricolomas en sopa de ajo, los níscalos con patatas, las anguileras a la plancha. A mí me obligan a hacer como los esclavos romanos, primero como yo un plato, y seis horas después comen los demás.

Esta noche mi hijo nos ha dado el susto, se ha levantado malo y con fiebre, pero no soy culpable, eran placas en la garganta. Las setas están buenísimas, y si las conoces y te limitas, no hay peligro. El día no fué malo, para las pocas perspectivas que llevaba, pero me volví sin encontrar a la reina, qué se le va a hacer… Ahí he puesto unas fotos, pero son del móvil, algo chungas.

Setas28 April 2007

click para álbumAprovechando el puente de mayo me he venido a la tierra (La Rioja) a ver a la familia y subir a setas con Homero, el vecimo de mis padres, que se las sabe todas. Cerrada ya la temporada de las Marzuelas, comienza la del famoso Perrechico, o Perrochico, Seta Fina, Seta de Primavera, Seta de San Jorge o Seta de Orduña, es decir, Calocybe Gambosum. Hemos subido a Ortigosa de Cameros, pero la cantidad de gente buscando era impresionante. La cosa de las setas se ha popularizado tanto que la gente viene por familias enteras, algunos duermen en el coche al pie del monte, para ser los primeros. La gente del pueblo la busca durante toda la semana, pues la pagan muy cara, algunos viven solo de recogerla. Esta seta no es como el níscalo, que sale más o menos por todos sitios, sino que aparece en setales muy concretos, siempre en el mismo lugar. Es inútil venir si no te los sabes, te los tiene que enseñar alguien o si no te irás de vacío, o con un puñadito. El que se sabe un setal sube escondido y agachado, pues algunos practican el espionaje. Hemos recogido en el pueblo a Santiago, un ganadero de aquí que se las sabe todas, y nos ha enseñado algunos setales secretos. El perrechico es seta pequeña, escasa y como dicen por aquí poco "aunecida": para llenar un cesto tienes que coger muchísimas. A menudo está entre la hierba y hay que encontrarla palpando, como pequeños botones. Su setal (micelo) altera el aspecto de la hierba, con lo que los expertos saben dónde está aunque no haya brotado. Tiene un olor fuerte y muy agradable a harina fresca o a fruta, a veces la hueles sin llegar a verla. El dia ha sido mejor de lo que se podía esperar con tal marea de gente; tras mucho arrastrarse bajo los espinos, hemos recogido como dos kilos, mitad para cada uno. Os puedo asegurar que están riquísimas, la carne es muy firme y no mengua en la sartén, hace un revuelto perfumado y delicioso.