Domingo 25 de octubre. No hace falta irse al Canadá.
Aunque sigue sin llover como es debido, la semana pasada, después de muchas alarmas meteorológicas sobre tremendos diluvios, llovió al fin un par de dias, nada extraordinario, lo justo para mojar el suelo. Sin embargo la naturaleza, que es tan agradecida, notó esa llovidita y nos ofreció por un dia su espectáculo especial del otoño de colores. Esperanzados por esa poca agua, y con las orejas llenas de noticias de gente que había recogido muchísimas setas por aquí y por allá, planeamos una ruta mixta es decir, salimos a ciclar pero si nos encontramos algo por el camino pasamos de bici y nos dedicamos a la recogida. En consecuencia le puse a mi bici ese humillante aditamento de la cestita en manillar, como si fuera a comprar el pan y el peri de los domingos, creo que nunca me lo perdonará. Salimos como casi siempre por el robledal junto a la fábrica de vidrios pedaleando con pereza, allí no había quién hiciera un poco de de Muchos árboles raros de repoblación convertidos ya en grandes ejemplares: cedros, cipreses, abetos, como digo, bosques diseñados para pasear. En la bifurcación dudamos si seguir la ruta tradicional, pero preferimos tomar el ramal de la derecha hacia Los Chorros, es una zona que creíamos setera. Hicimos varias paradas, escondimos las bicis y nos lanzamos al monte, con nulo resultado: no hay setas, ni una. Todo el suelo del bosque está hozado de jabalíes, y en los surcos se ve algún “huevo de seta”, es decir, un Finalmente desembocamos en el paseo que entra otra vez a La Granja, pero el remordimiento era tanto que volvimos a salir por una camino que sube al Reventón bordeando una bonita urbanización donde tiene chalet la exvicepresidenta del gobierno, qué bien eligen estos puñeteros: toda la explanada y la ladera del monte estaban llenos de árboles verdes, rojos y amarillos, creo que me voy a hacer un artículo en la sección Frikis de la Naturaleza describiendo las especies y qué tono cogen. Al final una ruta que, hay que reconocerlo, solo puede llamarse paseíto, 25 kms y unos 450 de subida, y con los objetivos cumplidos a medias: cero setas pero mucho paisaje. Las fotos están donde siempre, (click en la primera) esta vez merecen la pena. Hay gente que se va a Japón, a Estados Unidos o a Canadá a ver los colores del otoño y resulta que, salvando las distancias, lo tenemos ahí cerca… 
porte serio: cada tres pedaladas yo me paraba a hacer una foto y los demás me iban esperando más o menos, así que la marcha era muy contemplativa. Repartíamos la mirada entre el paisaje y las cunetas, pero estas estaban poco animadas, ni una seta.
a que empezaba a formarse cuando el guarro la pilló. Si no llueve y lo poco que hay se lo comen los marranos, ¿qué nos queda a los buscadores? el paisaje, bueno, no está mal. En la valla un cartel nuevo, que nos sumió en dudas: ¿qué significa? ¿practican el tiro al recluta?.
endo junto a la valla del palacio, pero aquello se empinaba demasiado para quienes tienen ya la sensación del deber cumplido, así que dejamos solo a Nico y nos bajamos a los coches, mejor volver temprano para un día que puedes. Luego me llamó por teléfono y me dijo que había subido empujando hasta casi los 1.700 mts, los hay que no pueden parar.


Atravesamos el pueblo al amanecer, las casas están hechas de granito sin desbastar, las canteras de Valdemanco son, según los datos, de las mayores productoras de granito del mundo. Salida por detrás, el sol pinta de amarillo la cumbre del Mondalindo, desde aquí se ve imponente, pelada y muy arriba. Al poco cruzamos otra ruta conocida, la subida al collado del Medio Celemín, hay flechas naranja pegadas por allí para guiar a los de la prueba colectiva, mejor darse prisa antes de que llegue la marabunta. Subimos las duras y arenosas rampas donde siempre se levantan perdices, pero esta vez no hay de esas y sí un buitre arriba en la ladera, nos paramos a verle un rato y vemos que debe de estar herido porque no sale volando sino que sube hasta el pinar a saltos. No tenemos tiempo para cogerlo y llevarlo al Seprona, mal lo tiene con el monte tan seco.
hideputa se ha divertido rompiéndola con una piedra. Como decíamos el camino no está, y el verde Ignacio quiere tirarse ladera abajo, pero el azul Nico saca el mapa y ve que el verdadero camino debe de salir unos dos kms más allá. Al final hacemos lo último y empezamos un penoso rato de empujar por la cuerda de la sierra, mucha piedra suelta, mucho rastrojo pinchoso, los buitres nos sobrevuelan y allí perdemos el horario y nos resignamos a llegar tarde.
urante unos kilómetros y muere en lo alto de la ladera, en un derrumbadero de piedras. Vuelta para atrás y a seguir la huella de los otros dos, van a marcheta más lenta, pero ya no los alcanzaremos hasta arriba. Las últimas moscas de este verano tardío suben haciéndonos compañía, pero por suerte se ceban con Nico y nos dejan a los demás en paz, él sabrá porqué.
mts. Eso sí que es un paisaje pelado…
Con una semana de retraso empiezo a escribir el artículo del pasado domingo, la semana ha sido muy mala de viajes y todo eso, así que venga, a sacudirse la pereza y darle a la tecla.
os hace duro.
la podría usar de modelo para pintar un bodegón.
e abre más o menos el grifo. Llegamos al fin al pantano y nos quedamos un rato a ver el paisaje con la Cruz de los Caídos al fondo, se estaba muy bien, ninguna gana de empezar a sudar por las subidas. Echamos de menos una tumbona.
as instalaciones militares. Breve paso por el puerto de Guadarrama (¿porqué este bar está siempre lleno de moteros?) y enseguida tomamos el camino que baja a Cercedilla por la Peña del Arcipreste. En enero escribí que el temporal había derribado docenas de pinos, pero ya los forestales se habían encargado, ni un tronco por alli. Hacemos alguna parada para ver el valle, hay unas rocas de granito con un perfil curiososo, como un indio mirando el paisaje, o como esos Moais de Isla de Pascua. La comida al pie del arroyo que baja de la sierra, estrenamos otro menú recomendable para el ciclista, piña natural en dados, qué rica y refrescante, si no fuera tan pesada de pelar.
cercedillano, por eso es buen sherpa de los caminos. Como íbamos bien de tiempo nos invitó a entrar al chalet familiar, allí tuvimos cervecita y baño de piscina (con un agua serrana bien helada), un buen descanso antes de seguir ruta.
Arrancándonos la pereza postvacacional quedamos el domingo para hacer la primera salida en bici del curso. A la hora de elegir recorrido se notó y mucho el distinto estado de forma de la gente, fruto de las distintas concepciones que la gente tiene del verano. Por un lado, los superentrenados que han pasado las vacaciones machacándose con la bici proponían empezar fuerte y elegir algo duro (Nico), por otro los que las han pasado machacándose el estómago a cañas y cenonas (Rafa) pedían árnica y querían empezar poco a poco con algo suavecito… Al final ganaron los segundos, y elegimos Pedriza para empezar, el que se quedara con ganas de más podía subir hasta La Nava.
Rafa se da la vuelta hacia el puerto y nosotros seguimos bajando hacia el pueblo, qué distinto aspecto que la otra vez, que apenas se distinguía entre la niebla, ahora es un pueblo soleado aunque hace honor al nombre, está hundido en el valle y enmedio de un buen robledal. Lo pasamos sin parar y seguimos carretera abajo hasta el cruce con el río de las Aceñas, intentamos ver el viejo molino restaurado pero es privado, no se puede pasar. Nos asomamos al puente y en el agua clarísima se ven peces a montones, aunque la zona es coto de trucha de suelta obligatoria esto no pueden ser truchas, nunca hay tantas juntas salvo que sea el estanque de una piscifactoría. Tras las fotos subacuáticas vemos que efectivamente son ciprínidos, probablemante bogas o cachos.
dueños en el pinar buscando setas? No, nos asomamos y están en el borde del pantano, se han quitado la ropa y se pegan un buen baño, más culos blancos al sol, y estos sí que nos dan envidia, no parecen precisamente estar sufriendo, como el otro… Unos saludos juergueros con los compañeros de deporte, pero no podemos aceptar su invitación, Rafa ya estará en el puerto esperando, hay que darse prisa. A remontar de nuevo en esta larga subida, primero la pista de tierra hasta el Refugio de La Cueva, luego la carreterilla hasta el puerto y allí está Rafa, que nos dice que hemos tardado mucho, con el palizón que llevamos.
O cómo pegarse diez kilómetros y 150 metros de ascensión más de lo debido, por despiste o por ganas de correr. Para este domingo quedamos en el pueblo de Braojos en plena sierra norte, junto a la A1. Por un lado venìan Nico y Diego, y por otro desde la zona oeste Rafa, Miguel Angel y yo mismo, metidos en mi coche transformado en furgoneta, hay que ahorrar combustible y charlar por el camino. Nosotros teníamos esta vez hora de vuelta marcada a hierro, las 13,30, Diego y Nico venían en cambio sin vuelta fija, así que para conciliar posturas y huir de estos calores insoportables quedamos excepcionalmente temprano, a las 8 horas. Si quieres moverte tranquilo y con lo lejos que nos cae Braojos eso implica levantarse a las 5,45, lo que para un domingo es de gilipollas, o de panaderos. Nosotros no somos panaderos, somos deportistas, gilipollas pero deportistas.
haya llevado aún.
cológico, pero es que estábamos aburridos. Ahí en la foto se ve a una iniciando el picado.
ningún otro sitio, no más de 5 cm, pardas y con la cola de un vivo color turquesa, muy llamativas, no las he encontrado en Internet, ¿serán endémicas? tengo que investigar más…
ojo tuve que bajarme hasta tres veces de la bici solo porque no podía más. Enseñanza del día: alcanzar una condición física buena viene a costar un año de entrenamiento constante y paciente, perderla por completo viene a costar dos meses de abandono y cervecitas. ¿Te parece injusto? pues es lo que hay. Y enseñanza dos: cuando estás cuesta abajo en tu rodada te parece que aunque no entrenes mucho siempre mantendrás un nivel medio satisfactorio, que para eso eres un tío habituado al deporte. No te engañes, es mentira también.
