
Por fin, primera vez en este año que pisamos la nieve, ya era hora. Sin embargo esto de hacer un blog durante varios años te da oportunidad de comparar y de hablar con fundamento, porque si te fías del recuerdo siempre exageras el pasado. Así veo que en 2008, año de muchísima nieve, no pisamos el primer copo hasta el 2 de noviembre, una semana antes que este. Así que venga, Señor de Arriba (comoquiera que te llames), aún puedes salvar la temporada con un otoño húmedo y un invierno blanco.
El domingo Miguel Angel nos anunció la incorporación excepcional de su primo de Béjar, Mario, y nos adelantó que en cuestión de bici estaba en un nivel estratosférico, así que quisimos ser dignos de tan estratosférico nivel y marcamos una ruta de las duras duras, la subida al Nevero. Ya hemos dicho que esta ruta es posiblemente nuestro techo en Madrid, como veis por el perfil se llega hasta los 2.200 mts, palabras mayores. Quedamos a las 8,15 en Lozoya Nico, Rafa, los primos y yo, Ignacio hizo rajada tipo SMS, cuando uno prefiere las cenorras a las rutas de bici es que está en franca decadencia. Con
la perspectiva de un dia muy duro por delante cada uno iba a lo suyo, yo a mirar las cunetas, Rafa a pensar dónde se echaría hoy la siesta, hace bastante que no sube hasta arriba, pero su hondonadita querenciosa estaría hoy helada.
Mario nos iba contando del tema de la bici por Béjar, ya se sabe que aquella es tierra de grandes ciclistas, hay tanta afición que la gente sale todos los dias, así cualquiera mantiene la forma. Nos invitó también a pasar un fin de semana ciclista por allí, seguro que lo haremos, pero mejor en primavera. El dia estaba realmente bueno para la bici, fresco y cubierto y con el piso algo húmedo. Nosotros sabíamos que quedaba muchísimo por delante, así que ibamos sin gran prisa, pero sin parar. Aprovechábamos para hablar, y como este hombre es óptico nos contaba sobre las gafas de ciclismo que lleva, chulas de verdad. También me aclaró que no es lo mismo unas gafas de leer de la óptica que unas de la gasolinera. Mira que eso yo ya lo sospechaba… Le pedimos también consejos sobre técnica de bici, él que sale casi todos los dias y con profesionales, y nos da un consejo: "la velocidad es tu amiga, cuanto más rápido bajes, menos probabilidades de caerte…"
Sube y venga a subir y finalmente desembocamos en el puerto de Navafría, varios seteros por todos sitios, y todos con el cesto vacío. Yo seguía mirand
o por los terraplenes sobre la marcha, y de pronto me fijé en un buen grupo de negrillas (Tricholoma Terreum). Esta es una seta pequeña pero agradecida, porque suele salir en grupos abundantes: donde encuentras una sueles encontrar muchas. No traía cesta, pero me puse a rellenar una bolsa mientras los demás seguían hasta el mirador, allí los alcancé y como seguía habiendo puse a Rafa a recolectar mientras yo me comía el almuerzo. Cuando revisé la bolsa vía
que habían caído algunas con tierra, pero claro, no es lo mismo subcontratar que trabajar uno mismo, así que se lo agradecí igual. En las últimas rampas de Navafría vimos varios alerces, nunca nos habíamos fijado en que han repoblado con estos bonitos árboles de norte, como ahora es otoño destacan entre los pinos, son la única conífera de hoja caduca.
Rafa se fué quedando a su marcha pensando en cuál sería su recorrido alternativo, nosotros seguimos a buen ritmo hasta abandonar los pinares a eso de los 2.000 mts., desde aquí son ya las grandes alturas peladas. Comienzan las rampas de casi el 20% y suelo de piedra suelta, el viento lateral que te echa del camino y tú, con el moquillo colgando hasta la rodilla vas pensando "pero ¿qué tengo yo que demostrar? ¿Porqué no me bajo?". Pero no te bajas y sigues procurando mirar solo la rueda, no el camino, para no deprimirte. Vamos, que no subes por piernas, sino por güevos. En lo alto, como 200 mts. más adelante van los dos primos del Zumosol, Mario y Miguel Angel, con fuerzas aún para picarse por ver quién llega antes. Eso es lo que llamamos nivel estratosférico, cuando los normales ya solo resistimos, otros aún van echando carreras. Hacemos Nico y yo la última gran loma barrida por el viento, llegamos al Nevero, y algo ha pasado, algo nos hemos perdido, resulta que somos los primeros. Al cabo de bastante rato llega Mario y nos cuenta que él se ha equivocado y ha tenido que subir por lo peor de la ladera, pero que Miguel Angel encima se ha dejado la mochila en el último cruce y ha tenido que dar la vuelta,
cogerla y meterse la pechada de las rampas peladas por segunda vez, eso se llama ganarse el cielo.
El Nevero hace honor a su nombre y tiene algunas manchas de nieve bastante profunda, aprovechamos para hacer las primeras fotos blancas de la temporada, y luego nos lanzamos montaña abajo por el camino lleno de piedrones, a recuperar el tiempo perdido. Yo voy repitiendo el mantra recién aprendido "la velocidad es tu amiga, la velocidad es tu amiga…", pero en una de esas la rueda trasera coge una piedra y bota para arriba, y recorro como diez metros sobre la rueda delantera, de lado a lado del camino, la bici empeñada en tirarme por las orejas y yo en aguantar con el culo pegado al sillín. Está visto que la velocidad no es mi amiga, así que a partir de ahora mejor echarle algo de prudencia. Con tanto bote voy notando que mi bolsa
de setas se va macerando, habrá que verlas al llegar.
La bajada es por caminos directos hasta el puerto, y desde allí por la carretera, no hacemos caso a Nico que quería ir por el camino, porque aún nos queda más de una hora de coche para llegar a casa. Nos despedimos de Mario reiterando los planes de ir a Béjar a hacer alguna ruta primaveral y nos volvemos para casa. Allí saqué mi bolsa de setas esperando encontrar un desastre, pero logré salvar como el 80% y estaban buenas de verdad. Como véis en los perfiles y mapas, esta es una de las buenas, 45 kms y unos 1.400 mts de subida acumulada, y encima con el acicate de ir tratando de pillar a los primos del Zumosol…