Domingo 19 de octubre. Cuando los mapas mienten.

Va un test psicológico: imagínate que andas medio perdido por el monte y te encuentras un montañero con buena pinta, le preguntas y te da unas instrucciones contrarias a lo que dice tu mapa, y se va. Llegas al punto conflictivo, y el camino que te ha indicado no se ve. ¿Qué haces? a) te fías de la persona, buscas y perseveras, y te arriesgas a bajar por la ladera. b) piensas que él o tú os habéis equivocado, vuelves a tirar de mapa y sigues el camino que aparece dibujado.
La pregunta no es tonta, puede dar pistas sobre cómo eres en realidad. Hace tiempo fuí a un interesante curso de trabajo en equipo (Insights), que clasificaba a las personas según su modo de trabajar: rojos son los mandones, amarillos los extrovertidos, verdes los empáticos, y azules los técnicos. En la situación planteada al principio, un verde hubiera seguido montaña abajo por el camino indicado, el montañero parecía experto, nada hacía pensar que nos estuviera bacilando y ante la duda el pálpito le hace fiarse de las personas. El azul en cambio hubiera acumulado datos, el mapa estaba claro y él se fía básicamente de la información técnica, trabaja mucho las rutas y casi siempre le sale bien. Nadie lo hace mejor ni peor, simplemente usan fuentes distintas.
Quedamos el domingo para hacer una ruta casi completamente nueva, parece mentira pero aún quedan, la subida al Mondalindo, pese a su cursi nombre es una montaña de puro granito de más de 1.800 mts, justo detrás del pueblo de Valdemanco. Reunión de Sherpas en pleno: Nico, Ignacio, Diego y Miguel Angel, más Perdido, que va chupando rueda de los esfuerzos orientatorios de los demás, y un ciclista nuevo: Juan Manuel, amigo de Miguel Angel, un tío muy montañero (ropa muy técnica pero no de bici), que venía algo asustado por la fama pero que estuvo siempre delante, muy bien.
Llegada de noche y ya con frío a la explanada que hay a la entrada a Valdemanco, mucho tráfico de coches de beteteros, allí al lado en La Cabrera, había una prueba organizada por Karakol. En la explanada hay un coche a oscuras y con la puerta abierta: ¿parejita? ¿robo?, al rato llega una ambulancia con un tío con la pata vendada que abre el coche y se pone a pegar gritos: "¡ha sido la p… Guardia Civil! ¡Que lo sepa todo el mundo!". Por lo que nos enteramos (el tío balbucea y no cuenta bien las cosas), la Guardia Civil le ha parado por la noche, le han registrado el coche y se lo han inmovilizado con una barra. No dice porqué ni cómo se ha roto la pierna, pero el coche está lleno de medicinas, papeles… Empezamos la ruta sin tener todos los detalles, un amarillo se hubiera quedado hasta enterarse bien de todo.
Atravesamos el pueblo al amanecer, las casas están hechas de granito sin desbastar, las canteras de Valdemanco son, según los datos, de las mayores productoras de granito del mundo. Salida por detrás, el sol pinta de amarillo la cumbre del Mondalindo, desde aquí se ve imponente, pelada y muy arriba. Al poco cruzamos otra ruta conocida, la subida al collado del Medio Celemín, hay flechas naranja pegadas por allí para guiar a los de la prueba colectiva, mejor darse prisa antes de que llegue la marabunta. Subimos las duras y arenosas rampas donde siempre se levantan perdices, pero esta vez no hay de esas y sí un buitre arriba en la ladera, nos paramos a verle un rato y vemos que debe de estar herido porque no sale volando sino que sube hasta el pinar a saltos. No tenemos tiempo para cogerlo y llevarlo al Seprona, mal lo tiene con el monte tan seco.
Seguimos por las polvaredas, todo está muy amarillo, a ver si esa borrasca que anuncian para mañana llega de verdad y se queda. Tomamos ya por el primer desvío nuevo y entramos en el pinar, algo menos seco, como esto es ladera norte la humedad se ha conservado algo, hay hierba verde y algunas setas. Aprovechamos para parar a comer, traigo otra novedad, una tortita mejicana fría rellena de jamón serrano y queso Brie, supremo tentempié. Abrimos y cerramos varios zarzos (qué bonita palabra), y subiendo subiendo el camino va y se muere y nos deja allí, en medio de la ladera pelada y con la cumbre a la vista. Ignacio y Juan Manuel echan la bici al hombro y se ponen a subir la ladera, los demás damos la vuelta y buscamos el otro ramal que hemos dejado atrás. Lo seguimos pero tampoco lleva a ningún sitio, el mapa está mal. Tiramos por un cortafuegos vertical, a empujar, el día se va torciendo poco a poco , mecagüen la Tienda Verde y sus mapas.
Llegada al final a la cumbre, los otros dos han elegido mejor y ya llevan allí un rato, entonces es cuando aparece el montañero misterioso enviado por el cielo para probar el carácter de cada uno, y nos dice: "llegad al punto geodésico, bajad un poco y tomad el camino de motos, ladera abajo". En el punto geodésico hay una lápida grabada en recuerdo de un profe por sus alumnos, y algún
hideputa se ha divertido rompiéndola con una piedra. Como decíamos el camino no está, y el verde Ignacio quiere tirarse ladera abajo, pero el azul Nico saca el mapa y ve que el verdadero camino debe de salir unos dos kms más allá. Al final hacemos lo último y empezamos un penoso rato de empujar por la cuerda de la sierra, mucha piedra suelta, mucho rastrojo pinchoso, los buitres nos sobrevuelan y allí perdemos el horario y nos resignamos a llegar tarde.
Finalmente aparece el camino, mucho más lejos de lo que decía el mapa, y nos tiramos montaña abajo por caminitos entre zarzales y piornos, cada uno según la prisa que lleva y lo protegidas que tenga las piernas. Piernas contra piornos las primeras llevan las de perder, así que al llegar a los coches hay bastantes rasguños, Ignacio ya termina de recoger y Miguel Angel y Juan Manuel ya se han ido, este último tenía cita para comer en Madrid y llegará tarde, parece que siempre que incorporamos un nuevo le pegamos un palizón que le desanimará de volver.
En resumen un dia muy duro, 1.300 mts de ascensión por 35 resecos kilómetros, llegada tarde a casa, pero no habíamos mandado nuestras bicis a luchar contra los elementos, y más cuando a las dificultades del dia se suma un mapa mentiroso…

Como siempre perfecta la descripción de la ruta y los matices sicológico-personales sobre la toma de decisiones.¡Cómo se nota el departamento donde el cronista desarrolla su trabajo! Solo falta un pequeño detalle ya no sicológico sino coyuntural; la decisión sobre la elección final está firmemente influida por la coyuntura que, en este caso, está relacionada con la prisa por llegar al coche. La indicación del montañero suponía un atajo notable; aunque dicen que no hay atajo sin trabbajo, también quedó claro que a veces el no atajo también supone mucho trabajo y…tiempo.
Comment by quitanieves — 19 October 2009 @ 4:40 pm
Tanto esfuerzo por llegar al repetidoR, hacerse la foto para adjuntarla y ahora dicen que no me pagan el trabajo en domingo por haberme salido de la ruta oficial en la bajada: NO ES JUSTO. Cualquiera les cuenta lo de los mapas y montañeros.
Por cierto asumo mi culpa total y sin paliativos en el primer desvío errado.
Comment by MA — 19 October 2009 @ 5:39 pm
Hola, lo del desvio errado es cuestion de opiniones, empujamos la bici mas los de la “ruta correcta” por el cortafuegos que los de la ruta “equivocada”.Si volvemos a subir algun dia sera preferible la ruta equivocada. Ahi acertaron Quitanieves y JM
Comment by el hombre de hoja de lata — 20 October 2009 @ 8:03 am
Quitanieves, a los psicólogos les cabrea extraordinariamente que les llamen sicólogos, dicen que ese es el que se dedica al estudio de los higos. Sin embargo tú eres versado en latín, así que por algo lo dirás…
Comment by perdido — 20 October 2009 @ 8:30 am
Querido Perdido, la RAE, aunque no les guste a los sicólogos, admite ambas grafías.
Comment by quitanieves — 20 October 2009 @ 1:02 pm