Domingo 20 de septiembre. Nuevas rutas por Canencia.
Con una semana de retraso empiezo a escribir el artículo del pasado domingo, la semana ha sido muy mala de viajes y todo eso, así que venga, a sacudirse la pereza y darle a la tecla.
De nuevo Nico, Diego y yo nos vimos en Miraflores tan temprano como siempre, deseosos de cumplir con el deporte dominical, si un dia lo dejas, volver se te hace muy cuesta arriba. Aunque tenemos todas las rutas de esta zona bien pisadas, queríamos salir por un ramal nuevo que sale desde arriba del puerto de Canencia, alguna vez vemos beteteros por allí y no puede ser que ellos conozcan una ruta que nosotros ignoremos. Miguel Angel no se incorporó esta vez, está tratando de recomponer su variopinto grupo, pero estos salen al monte a las 9 y vuelven luego ni se sabe a qué hora, así que ese plan no nos encaja.
Comienzo por las calles de Miraflores hacia arriba, ya se sabe que este pueblo es todo en cuesta, pasamos por los señoriales y graníticos chalets de veraneo de hace un siglo, hay muchos y la mayoría han visto tiempos mejores. El puerto de Canencia por la carretera se hace largo y pesadito, los ciclistas de ruta lo consideran una dificultad menor pero a nosotros siempre se n
os hace duro.
El campo muy seco, esperando las primeras lluvias de otoño, ojalá sea como el del año pasado, húmedo, templado y por tanto, muy setero. Rafa me ha llamado ya para preguntar si ya se puede salir a probar algún sábado, pero no, el suelo está más seco que la mojama, y septiembre nunca fué bueno para setas. Bueno, mientras estoy escribiendo esto está cayendo fuera un tormentón de los buenos, con rayos, truenos y tromba, a ver si la cosa continúa.
Llegados a lo alto del puerto y pasado el cartel del término municipal tomamos a la derecha por esa senda nueva y comenzamos a pasar pinares grandes y abiertos, la zona es bonita de verdad ahora que está reseca, ¿qué será cuando esté bien regada? Hay varias bifurcaciones y elegimos siempre la más empinada, es decir, a la derecha siempre, dejamos un ramal a la izquierda que tiene un cartel que indica algo, adjunto foto, se aceptan teorías: ¿quizá ruta para hombres confundidos y con muelles en los pies?. Vemos varias pintadas reivindicativas de los agentes forestales que piden empleo fijo, por suerte pintan sobre los contenedores, no sobre los árboles. Esta gente es reivindicativa, pero respeta.
En la siguiente bifurcación aparecen tres perros bien bonitos, los dos grandes se ponen a lamernos y hacer fiestas, el pequeño a gruñir y ladrar como corresponde, el tamaño respetable da mucha seguridad en tí mismo. El chico que los lleva nos cuenta más o menos por donde andamos y nos dirige a un mirador que según dice domina los valles, aunque la ruta es muy empinada y llena de piedras. No ha exagerado nada, pero nosotros somos ya expertos en molinillos y equilibrio, así que llegamos a una loma alta con peñas de granito desde donde se ve media provincia, la Bola, Navacerrada, los valles y los pantanos, hasta el de El Pardo. ¿Cómo no conocíamos antes este sitio?. Unas cuantas fotos y a subir aún más arriba, por un camino imposible. Todos se ponen a empujar pero yo me encuentro fuerte y sigo subiendo en equilibrio, hasta que a cinco metros de la cumbre renuncio y me bajo, no era falta de fuerza, es que el corazón se me salía por la boca, esto no puede ser bueno. Ah, Nico me desafía a que cuente la verdad sobre los entrenamientos secretos de cada uno, tiene razón, ahora estoy yendo al gimnasio casi cinco dias por semana, esto se nota. Hacemos parada para comer, hoy hemos coincidido todos con fruta, así puesta toda junta se
la podría usar de modelo para pintar un bodegón.
Nos cruzamos con otro betetero de muy buena pinta, pero nos indica mal el camino de bajada y acabamos en medio de ninguna parte, sobre las rodadas de un todoterreno, grandes lomas amarillas por todos lados y ningún camino, no suele haber sitios tan perdidos por Madrid. Encontramos un pastor muy moderno dejando paja para las vacas, lleva pantalones técnicos y unos estupendos prismáticos y es bien amable, nos cuenta que no hay ningún camino de bajada, que tendremos que llegar al borde de las lomas y desde allí bajar al pueblo de Canencia con la bici a hombros, zigzagueando por la ladera. En ese momento se acaban las fotos, se ve que con la vibración y los saltos el enfoque se ha jorobado de nuevo, Dios qué harto estoy de las cámaras digitales.
De esta manera alcanzamos el pueblo por el río, cruzamos por las calles y salimos, y vuelta a subir el puerto de Canencia pero al revés, hay que estar tonto o muy concienciado de la importancia del deporte, para hacer estos derroches tan bobos. Llegada arriba ya haciendo algunas eses y venga a hacer carretera hasta Miraflores, este tramo pestoso y de subibajas es el favorito de Ignacio para hacer emboscadas, crees que le llevas muy atrás y de repente lo sientes en la oreja, tratando de hacerte una de esas pasadas rápidas que humillan. Entramos en Miraflores y de repente oigo ¡Roberto!, y es Jesus Mari, el cuñado de Nico que hace tiempo se pasó al lado oscuro, es decir, dejó la BTT y se compró bici de carretera. Anda por allí con un grupo de gente y estamos un rato charlando, hace años que no le vemos, pero esto me sirve para comprender que la densidad de familiares del Sherpa por kilómetro cuadrado es muy alta en esta esta zona de la sierra.
Llegamos a los coches y recogemos todo, unos 1000 mts de ascensión y 45 kms. El dia ha estado bien, hemos conocido nuevos sitios, esta ruta hay que repetirla. No solo en buena para la bici, además tiene grandes paisajes, y esas lomas de prado tan solitarias me las llevo memorizadas para la cosa de las setas, a ver si este otoño me doy una vuelta por aquí con el cestico, cualquier excusa es buena para salir de Madrid..

e abre más o menos el grifo. Llegamos al fin al pantano y nos quedamos un rato a ver el paisaje con la Cruz de los Caídos al fondo, se estaba muy bien, ninguna gana de empezar a sudar por las subidas. Echamos de menos una tumbona.
as instalaciones militares. Breve paso por el puerto de Guadarrama (¿porqué este bar está siempre lleno de moteros?) y enseguida tomamos el camino que baja a Cercedilla por la Peña del Arcipreste. En enero escribí que el temporal había derribado docenas de pinos, pero ya los forestales se habían encargado, ni un tronco por alli. Hacemos alguna parada para ver el valle, hay unas rocas de granito con un perfil curiososo, como un indio mirando el paisaje, o como esos Moais de Isla de Pascua. La comida al pie del arroyo que baja de la sierra, estrenamos otro menú recomendable para el ciclista, piña natural en dados, qué rica y refrescante, si no fuera tan pesada de pelar.
cercedillano, por eso es buen sherpa de los caminos. Como íbamos bien de tiempo nos invitó a entrar al chalet familiar, allí tuvimos cervecita y baño de piscina (con un agua serrana bien helada), un buen descanso antes de seguir ruta.
Arrancándonos la pereza postvacacional quedamos el domingo para hacer la primera salida en bici del curso. A la hora de elegir recorrido se notó y mucho el distinto estado de forma de la gente, fruto de las distintas concepciones que la gente tiene del verano. Por un lado, los superentrenados que han pasado las vacaciones machacándose con la bici proponían empezar fuerte y elegir algo duro (Nico), por otro los que las han pasado machacándose el estómago a cañas y cenonas (Rafa) pedían árnica y querían empezar poco a poco con algo suavecito… Al final ganaron los segundos, y elegimos Pedriza para empezar, el que se quedara con ganas de más podía subir hasta La Nava.