La gran pescadaVoy a dejar para otro artículo el resumen de lo que ha sido la temporada de pescasub este verano, y me centro en contar la salida que tuvimos mi inseparable compañero de pescatas Luis Carlos y yo con Javier, un amigo de él también originario de la zona a quien yo no conocía, y que resulta vivir aquí en Las Rozas, casi vecino mío.

En primer lugar agradecerle que nos contara sus secretos y sus sitios favoritos, no se encuentra fácilmente por ahí gente dispuesta a contarte cosas, hoy en dia todos estamos muy egoístas y el que sabe algo, se lo guarda. Este es de los que van por allí siempre que pueden, también en invierno, quién pudiera…

Ya he contado alguna vez que nosotros conocemos aquellos sitios un poco de pasada y solo los pescamos quince dias al año, así que la técnica es la del turista: bajar al fondo y buscar por allí pensando que si hay peces estarán más o menos por todos sitios. No es así, claro, los buenos peces están en las buenas cuevas, y hay que conocerlas.

Salimos pues los tres con la barca de Luis Carlos, felizmente arreglada de sus problemas de estanqueidad y con batería nueva, con la marea alta y un mar tranquilo y transparente, con la olita justa. Echamos la primera anclada bajo el faro, en un lugar poco profundo, unos 8 mts, y aparentemente sin pescado a la vista. Javier nos señaló varias grietas en la pared del acantilado y se quedó en la barca mirando. Luis Carlos baja primero y sale Luis Carlos y Javieren pocos segundos con un estupendo sargo de casi 3 kilos, y con los ojos como platos: "están dentro, muchos, gordos como vacas, y se dejan tirar tan tranquilos…". Javier se pone los plomos y se tira de la barca, que la cuide tu padre, baja también y sale también con el suyo, encantado. Bajo yo y en efecto, hay una grieta horizontal que desemboca en una cueva hacia arriba, y en lo alto, iluminando con la linterna ves un grupo como de seis sargos paseando de un lado a otro, como adormilados. Al final se asustan y se van más al fondo, donde ya es imposible tirarles. Levamos ancla, y a por otro sitio.

Esta vez es un entrante en la pared del acantilado con fondo de arena muy profundo, como de 15 metros, una especie de gran piscina azul y tranquila que sería estupenda para jugar con delfines, pero no para pescar, yo he estado aquí muchas veces y el fondo arenoso no tiene algas ni peces. Sin embargo, Javier nos señala el fondo de la pared y allí hay otra grieta que se te pasaría si no la conocieras, y de nuevo entrando en ella una galería hacia arriba y en lo alto otra media docena de sargos nadando pacíficamente. Esta vez soy yo el que tira y me hago con el más gordo, se defiende, pero los demás ni se asustan. Llega a haber un momento en que estamos a la puerta haciendo cola como en la pescadería, uno entra y sale con su pez y luego va el otro, ¿quién es la última?. Al final se asustan de nuevo y se van muy al fondo, allí no puedes tirar porque corres el riesgo de perder la flecha, así que exploramos otras cuevas por debajo, y en una de ellas hay un buen congrio a lo suyo, qué brutos son, con la boca completamente despellejada sigue rozándose en una grieta y sacando tentáculos de un pobre pulpo que es hoy su comida. Tiro fácil y a la percha, lo que queda del pulpo nos lo agradece.Estos sí son de los gordos

Tercera parada en una gran grieta que dice Javier que a veces tiene pescado pero que "le da mal rollo", y no me extraña, cuando entro yo está llena de algas en suspensión que reflejan el haz de la linterna, el agua está helada y sombría y hay fuertes corrientes dentro, hago más o menos el paripé de ir hasta el fondo y mirar y vuelvo a salir a la luz del dia aliviado, de aquí nos vamos rápido. Por último estamos un rato en medio de la bahía buscando unos bajos rocosos y cuando los encontramos nos echamos allí, bastante fondo y paisaje completamente distinto de alga y roca suelta y especies de fondo, muchos lábridos de tamaño respetable dejándose ver para marcar su territorio, un cabracho (primero que veo y pesco este año), y sube y baja hasta quedar bastante agotados. Javier nos hace señas para que vayamos y nos cuenta que acaba de pinchar un congrio de los muy gordos y que tras lucha desigual a lo tarzán contra el cocodrilo el bicho se ha soltado y se ha largado, pese a llevar una cuchillada en la cabeza que seguramente le habrá hecho solo cosquillas. Hacemos varias bajadas pero échale un galgo, dónde andará ya.

Al fin tras cinco o seis horas de pesca nos volvemos para el puerto tan contentos, hacemos el reparto y nos vamos para casa, quedaremos más veces. Cuando me pongo a limpiar mi sargo me llevo una sorpresa: tiene el vientre muy abultado, como si fuera una hembra llena de huevas, qué pena. Sin embargo, cuando lo destripo veo que en realidad tiene todo el tubo digestivo repleto de uñas de percebe, y no de los pequeños, ha digerido todo el cuerpo y se le han quedado las cabezas allí, hay al menos una docena. Y yo me pregunto: ¿cómo hace para evacuar esas pedazo de conchas? La cloaca es pequeña, y las uñas tienen al menos 2 cm, y están llenas de picoLa costa desde el acantilados, sin duda es un parto difícil. A la vista de esto creo que el sargo sube con las buenas mareas y arranca los percebes de la línea alta a mordiscos, para ello tiene esa curiosa dentadura compuesta por dos líneas (por eso se llaman Diplodus), una primera de incisivos muy afilados y amarillentos, como de tío viejo, y otra segunda en el fondo de la boca, como muelas. Cuando no puede comer más se dirige a las cuevas oscuras y allí pasa la marea, haciendo una pesada digestión. Y es allí donde a veces le pillan los pescasub abusones y conocedores de la costa.

En resumen, un dia estupendo de pasarlo bien y trabajar en el agua fría, aprendiendo cosas. Veréis que no he puesto fotos de la costa ni referencias, no es por nada, es que se me han olvidado por completo los sitios en los que estuvimos. Lo que sí está claro es que no es lo mismo aletear a lo loco por el agua que ir a sitios buenos conocidos, es decir, que el que sabe, sabe…