Deportistas NaturistasLa frase la he visto por los foros atribuída a dos toreros por igual, al Guerra y al Gallo. Con este título tan poco original quiero decir que esto de andar en bici por los montes te puede dar grandes sorpresas, y que por normalito que parezca el día, siempre salta por el camino un tema nuevo, un motivo para escribir. Eso es estupendo, porque si no, esto de hacer el blog de cada semana se haría muy cuesta arriba.

En la recta final prevacacional logramos reunirnos tres, Rafa, Nico y yo. Dos extremos a conciliar, por un lado Nico en su última preparación para el atracón de bici que se va a pegar por Austria con los de Mammoth, y por otro Rafa, con su reserva mental sobre su actual estado de forma. Yo enmedio, como casi siempre. Como resultado, y tras mucho pensar, elegimos ruta con recorrido A y recorrido B, para los que no quisieran abusar. Nos decidimos pues por la subida a Malagón desde El Escorial con bajada al pueblo de Robledondo, y una vez allí comida y elección: el que está fuerte, seguir hasta el pantano de Peguerinos, el que no (o el que cree que no), vuelta a subir a Malagón, y esperar allí a los demás.

De nuevo quedamos a las 8 hs, espero que esto sea tema del verano y no se convierta en costumbre, no me veo en los helados y oscuros dias de invierno llegando a los sitios a esa hora, bueno, de hecho no me veo en los oscuros y helados dias del invierno yendo a ningún sitio, ahora que estamos en el espléndido verano, no empecemos a amargarnos cuando aún no han comenzado las vacaciones. Empezamos con tiempo soleado la subida archiconocida por la carretera, curvas de la Penosilla y arriba al pinar, Nico y yo relajados de cháchara, Rafa algo por delante como le corresponde a un portados de maillot amarillo como el suyo, empeñado en no descolgarse para no desanimarse. Coronamos el puerto y de inmediato comenzamos a hacer la cuerda hacia la derecha en dirección Roblehondo. En ese paraje solitario vemos llegar un corredor con maillot color carne, que digo maillot, según se va acercando vemos que su maillot es la carne misma, vestido solo con zapatillas y una cámara en la mano va moviendo el badajo de derecha a izquierda, nos quedamos de piedra por lo inusual del espectáculo, tanta carnecilla blanca al sol de la mañana, espero que se haya echado mucha crema porque el sol aprieta fuerte. Le pedimos permiso para foto pero se tapa la cara, así que respetamos su intimidad, pero cuando ya ha pasado nos ensañamos con su espalda, extraña visión ese culo blanco contra la montaña, y no es que nos llamen demasiado los culos de los tíos, y ni siquiera es un buen culo , ojo Rober, te estás metiendo en un jardín y ya sabes quiénes leen esto.

Comentando divertidos el tema seguimos bajando hasta la entrada del pinar privado donde siguen los destrozos del vendaval de este invierno sin limpiar, y allí nos sentamos en las peñas a comer. De nuevo melón, este se merece un diez, y he traído para repartir. Aquí se separan nuestras rutas, CiprínidosRafa se da la vuelta hacia el puerto y nosotros seguimos bajando hacia el pueblo, qué distinto aspecto que la otra vez, que apenas se distinguía entre la niebla, ahora es un pueblo soleado aunque hace honor al nombre, está hundido en el valle y enmedio de un buen robledal. Lo pasamos sin parar y seguimos carretera abajo hasta el cruce con el río de las Aceñas, intentamos ver el viejo molino restaurado pero es privado, no se puede pasar. Nos asomamos al puente y en el agua clarísima se ven peces a montones, aunque la zona es coto de trucha de suelta obligatoria esto no pueden ser truchas, nunca hay tantas juntas salvo que sea el estanque de una piscifactoría. Tras las fotos subacuáticas vemos que efectivamente son ciprínidos, probablemante bogas o cachos.

Dejamos la investigación ictiológica y sin perder más tiempo entramos en el estrecho desfiladero que sube hasta la presa de Peguerinos, el río trae menos agua así que hacemos los cinco o séis emocionantes vadeos sin caer al agua, pero los pies terminan igual de mojados, justo lo que nos pide el cuerpo, con este calor dan ganas de vadear con el agua al pecho. Llegamos a la presa y pasamos un rato viendo y fotografiando los nidos de avión común y los vencejos pálidos que hay en la presa, y saludamos al aburrido segurata que quizá nos recuerda de la otra vez, en estas soledades es muy raro que pase gente. Comenzamos a bordear el pantano y al poco rato encontramos en el borde del camino cuatro buenas bicis de montaña, ¿estarán susCiclistas de refresco dueños en el pinar buscando setas? No, nos asomamos y están en el borde del pantano, se han quitado la ropa y se pegan un buen baño, más culos blancos al sol, y estos sí que nos dan envidia, no parecen precisamente estar sufriendo, como el otro… Unos saludos juergueros con los compañeros de deporte, pero no podemos aceptar su invitación, Rafa ya estará en el puerto esperando, hay que darse prisa. A remontar de nuevo en esta larga subida, primero la pista de tierra hasta el Refugio de La Cueva, luego la carreterilla hasta el puerto y allí está Rafa, que nos dice que hemos tardado mucho, con el palizón que llevamos.

Bajada hacia los coches cada uno según su capricho, él por la carretera, nosotros por la senda trialera entre los pinos, pero vaya braga de bajada hacemos, las trialeras son para jugarse la dentadura y nosotros vamos más tiempo arrastrando la bici que montados en ella, es lo que tiene ser padre de familia. Finalmente desembocamos en los coches, recogemos y nos despedimos hasta no se sabe cuándo, el domingo que viene Nico está en Austria y mucha gente de vacaciones, a ver cuándo recomenzamos la cosa de la bici, porque yo la verdad ya estoy pensando más en la playa y el buceo. Ah, la ruta, en la media de las últimas, que parece que las calculamos a posta, 54 kms y 1.200 de ascensión.

Es lo bueno que tiene esto del monte los domingos, aunque la ruta esté archipisada siempre sale algo que contar en el blog, a veces cosas buenas y bonitas, a veces cosas de más dudosa estética, pero en fin, tiene que haber gente pa tó…