Dame un Consejo21 July 2009

Melón Piel de SapoPara romper la monotonía de los artículos de Bici, que no a todos interesan, voy a cumplir un proyecto personal largo tiempo acariciado, el de tratar de resumir lo poco que a estas alturas uno sabe sobre el arriesgado arte de elegir un buen melón y una buena sandía. Comienzo excusándome con los lectores que saben mucho más de estos temas, especialmente con algunos Picanucas, que son del gremio mercantil, aunque no de su rama vegetal. Tal vez ellos lean esto y digan, vaya sarta de chorradas, si es justo al revés de cómo lo dice, en ese caso por favor, no me delatéis. Este año llevo una racha de aciertos con la elección de melones y sandías que me tiene muy crecido, y ya me creo capaz de pontificar sobre el asunto, todo será que mañana mismo escoja un melón torrontero (que es como se llama en Madrid a los que están pasados), o una sandía blanca, y me tenga que callar humildemente.

El melón en su punto, las cerezas gordas negras y las uvas blancas son mis frutas favoritas, así que he dedicado tiempo a observar y probar, por desgracia aquí no hay otra sabiduría que la de Prueba y Error. Dicen los historiadores que los romanos buscaban los buenos melones como posesos, y que eran capaces de cambiar una vaca por un buen melón. Yo lo creo, los romanos sabían vivir y tenían un gran sentido de la proporción. Por otro lado, con la agricultura selectiva y el buen cultivo la cosa ha mejorado mucho, según mi padre cuando él era pequeño más de la mitad de los melones salían pepinudos, por eso te los vendían "a cata y a prueba", pero vete hoy a decirle al frutero que lo quieres catar… En cualquier caso pocas cosas son tan contrarias en la vida como un melón bueno y un melón malo: el primero dura dos dias en la nevera, la gente lo desayuna lo come y lo cena, pero si es malo, se muere de aburrimiento…

Primero de todo, comentar que el hecho mismo de elegir un melón o una sandía tiene mucha enjundia y mucha enseñanza sociológica. Basta que os situéis en el Carrefas al lado del enorme cajón de los melones y estéis un rato observando. ¿Qué véis? muchos hombres tocando, oliendo, sopesando, dando palmaditas, hasta escuchando a las pobres y sufridas frutas. Pero ninguna mujer… De hecho llega una pareja y él dice: "deja que escoja un buen melón", y ella se queda detrás observando a su hombre, y seguramente pensando "a ver si tienes más tino que la última vez…". Creo que en esto de escoger los melones hay algo atávico, el hombre recupera su perdido papel de proveeedor, y ya que no puede matar un alce, al menos hace lo que puede, escoge uno y lo presenta a su hembra, mira, qué bueno soy aportando comida, en fin, para lo que hemos quedado… ¿Qué hace un hombre cuándo llega al cajón de los melones? se pone a sobarlos todos con aire experto. ¿Y qué hace una mujer? busca al frutero y le dice. "escójame un buen melón, que esté dulce y sea para comer hoy mismo". ¿Y qué hace un hombre cuando pincha una rueda? se arremanga, se quita la corbata y se pone a cambiarla sudando bajo el sol. ¿Y qué hace una mujer? saca el certificado del seguro, mira los teléfonos y llama al servicio técnico que tiene gratuítamente incluido en la póliza, y les dice que se den prisa. ¿Verdad que son muy comodonas? ¿Verdad que nosotros demostramos ser más listos?. Bueno, volvamos a los melones, y vayamos entrando en harina que me estoy enrollando.

Primer consejo: no compres fruta fuera de su estación. Es decir, compra sandías en junio y julio y melones en julio y agosto, y con eso ya tienes un 80% de probabilidades de acertar. Ya se, qué listo, pero alguien tenía que decirlo…

Segundo consejo, si no sabes, pídele al frutero que te lo escoja. Vale, otra idea genial, pero imaginemos que el frutero te odia, o es un becario y tiene aún menos idea que tú, o simplemente no hay frutero.

Tercer consejo: limítate a marcas conocidas de melones seleccionados, por ejemplo, Torrelche, El Conejo de Oro, Bollo o similares. Estos se juegan el prestigio y suelen estar casi siempre buenísimos, seguro que desechan un gran porcentaje de su cosecha, y en consecuencia, son muy caros (2,5 € el kilo es muy caro).

Y cuarto consejo: si puedes, compra esos melones o sandías que están abiertos por la mitad y tapados con film.

Sandía negraVale Pero Grullo, dejando las obviedades imagínate que ya estás delante del gran cajón del Carrefas, te apetece comer melón aunque estemos en junio, no hay frutero (nunca lo hay), y estás dispuesto a pagar el melón a 1 € el kilo máximo. ¿Cuál escoges? Ahora viene lo bueno:

Primer consejo: escógelo grande. Durante un par de años yo planté sandías en mi jardincito de adosado, y me pareció que la mata daba una primera fruta grande, que se llevaba todo el sol, el agua y el azúcar, y luego alguna otra medianita al final de la ristra, para rellenar. La primera siempre estaba buena, las demás eran todo pepitas. Desde entonces siempre escojo lo más grande del cajón, y no me falla. Vale, puede haber un melón medianito que esté bueno, pero siempre estará mejor uno grande. Y ya se, esto tiene dos inconvenientes, primero, que el riesgo en caso de cagada es mayor (pero el que no se arriesga no cruza la mar), y segundo, que a los que vivís solos o en pareja sin hijos esto no os trae cuenta. Bueno, yo os aconsejaría entonces que os reprodujérais, comer buen melón compensa de todo.

Segundo consejo: mirad el color y el olor: el melón (el bueno, el piel de sapo) es verde, pero cuando empieza a madurar tiene un fondo algo amarillo que se conoce con la práctica. Cuando ya está pasado, se huele. No he podido sacar conclusiones sobre si están mejor los verdes lisos o esos que tienen rajitas blancas, pero suelo elegir estos últimos. La sandía (la buena, la negra) tiene que estar verde muy oscuro, pero no negro mate, seguramente esa ya está harinosa.

Tercer consejo: tocadlos, pero con criterio. La gente coge el melón y le hunde el pulgar por la parte tocha, por donde se insertaba el tallo, pero al cabo de haber pasado por las manos de tres expertos esa parte está blandorra y no dice nada. En vez de eso apoyad el índice presionando muy levemente la cáscara por la parte picuda. Si no cede nada, está verde, si cede mucho, está pasado. Solo con el tiempo y algunos fracasos se adquiere el tacto para distinguir, y además, no os cargaréis la fruta. En cuanto a la sandía, no tocar, todas tienen el mismo tacto: duro. Hay quien les da bofetaditas, pero todas suenan igual, como un odre lleno. Si acaso sopesar, cuanto más pesan en relación al volumen, mejor. 

En fin, armados con todos estos consejos podéis enfrentaros ya al cajón de los melones y cumplir vuestra función en la vida, y si hay mala suerte, no permitáis que vuestro prestigio en casa baje por tan poca cosa…

Bicicleta de Montaña

Deportistas NaturistasLa frase la he visto por los foros atribuída a dos toreros por igual, al Guerra y al Gallo. Con este título tan poco original quiero decir que esto de andar en bici por los montes te puede dar grandes sorpresas, y que por normalito que parezca el día, siempre salta por el camino un tema nuevo, un motivo para escribir. Eso es estupendo, porque si no, esto de hacer el blog de cada semana se haría muy cuesta arriba.

En la recta final prevacacional logramos reunirnos tres, Rafa, Nico y yo. Dos extremos a conciliar, por un lado Nico en su última preparación para el atracón de bici que se va a pegar por Austria con los de Mammoth, y por otro Rafa, con su reserva mental sobre su actual estado de forma. Yo enmedio, como casi siempre. Como resultado, y tras mucho pensar, elegimos ruta con recorrido A y recorrido B, para los que no quisieran abusar. Nos decidimos pues por la subida a Malagón desde El Escorial con bajada al pueblo de Robledondo, y una vez allí comida y elección: el que está fuerte, seguir hasta el pantano de Peguerinos, el que no (o el que cree que no), vuelta a subir a Malagón, y esperar allí a los demás.

De nuevo quedamos a las 8 hs, espero que esto sea tema del verano y no se convierta en costumbre, no me veo en los helados y oscuros dias de invierno llegando a los sitios a esa hora, bueno, de hecho no me veo en los oscuros y helados dias del invierno yendo a ningún sitio, ahora que estamos en el espléndido verano, no empecemos a amargarnos cuando aún no han comenzado las vacaciones. Empezamos con tiempo soleado la subida archiconocida por la carretera, curvas de la Penosilla y arriba al pinar, Nico y yo relajados de cháchara, Rafa algo por delante como le corresponde a un portados de maillot amarillo como el suyo, empeñado en no descolgarse para no desanimarse. Coronamos el puerto y de inmediato comenzamos a hacer la cuerda hacia la derecha en dirección Roblehondo. En ese paraje solitario vemos llegar un corredor con maillot color carne, que digo maillot, según se va acercando vemos que su maillot es la carne misma, vestido solo con zapatillas y una cámara en la mano va moviendo el badajo de derecha a izquierda, nos quedamos de piedra por lo inusual del espectáculo, tanta carnecilla blanca al sol de la mañana, espero que se haya echado mucha crema porque el sol aprieta fuerte. Le pedimos permiso para foto pero se tapa la cara, así que respetamos su intimidad, pero cuando ya ha pasado nos ensañamos con su espalda, extraña visión ese culo blanco contra la montaña, y no es que nos llamen demasiado los culos de los tíos, y ni siquiera es un buen culo , ojo Rober, te estás metiendo en un jardín y ya sabes quiénes leen esto.

Comentando divertidos el tema seguimos bajando hasta la entrada del pinar privado donde siguen los destrozos del vendaval de este invierno sin limpiar, y allí nos sentamos en las peñas a comer. De nuevo melón, este se merece un diez, y he traído para repartir. Aquí se separan nuestras rutas, CiprínidosRafa se da la vuelta hacia el puerto y nosotros seguimos bajando hacia el pueblo, qué distinto aspecto que la otra vez, que apenas se distinguía entre la niebla, ahora es un pueblo soleado aunque hace honor al nombre, está hundido en el valle y enmedio de un buen robledal. Lo pasamos sin parar y seguimos carretera abajo hasta el cruce con el río de las Aceñas, intentamos ver el viejo molino restaurado pero es privado, no se puede pasar. Nos asomamos al puente y en el agua clarísima se ven peces a montones, aunque la zona es coto de trucha de suelta obligatoria esto no pueden ser truchas, nunca hay tantas juntas salvo que sea el estanque de una piscifactoría. Tras las fotos subacuáticas vemos que efectivamente son ciprínidos, probablemante bogas o cachos.

Dejamos la investigación ictiológica y sin perder más tiempo entramos en el estrecho desfiladero que sube hasta la presa de Peguerinos, el río trae menos agua así que hacemos los cinco o séis emocionantes vadeos sin caer al agua, pero los pies terminan igual de mojados, justo lo que nos pide el cuerpo, con este calor dan ganas de vadear con el agua al pecho. Llegamos a la presa y pasamos un rato viendo y fotografiando los nidos de avión común y los vencejos pálidos que hay en la presa, y saludamos al aburrido segurata que quizá nos recuerda de la otra vez, en estas soledades es muy raro que pase gente. Comenzamos a bordear el pantano y al poco rato encontramos en el borde del camino cuatro buenas bicis de montaña, ¿estarán susCiclistas de refresco dueños en el pinar buscando setas? No, nos asomamos y están en el borde del pantano, se han quitado la ropa y se pegan un buen baño, más culos blancos al sol, y estos sí que nos dan envidia, no parecen precisamente estar sufriendo, como el otro… Unos saludos juergueros con los compañeros de deporte, pero no podemos aceptar su invitación, Rafa ya estará en el puerto esperando, hay que darse prisa. A remontar de nuevo en esta larga subida, primero la pista de tierra hasta el Refugio de La Cueva, luego la carreterilla hasta el puerto y allí está Rafa, que nos dice que hemos tardado mucho, con el palizón que llevamos.

Bajada hacia los coches cada uno según su capricho, él por la carretera, nosotros por la senda trialera entre los pinos, pero vaya braga de bajada hacemos, las trialeras son para jugarse la dentadura y nosotros vamos más tiempo arrastrando la bici que montados en ella, es lo que tiene ser padre de familia. Finalmente desembocamos en los coches, recogemos y nos despedimos hasta no se sabe cuándo, el domingo que viene Nico está en Austria y mucha gente de vacaciones, a ver cuándo recomenzamos la cosa de la bici, porque yo la verdad ya estoy pensando más en la playa y el buceo. Ah, la ruta, en la media de las últimas, que parece que las calculamos a posta, 54 kms y 1.200 de ascensión.

Es lo bueno que tiene esto del monte los domingos, aunque la ruta esté archipisada siempre sale algo que contar en el blog, a veces cosas buenas y bonitas, a veces cosas de más dudosa estética, pero en fin, tiene que haber gente pa tó…

Bicicleta de Montaña13 July 2009

Los simpáticos perros de BraojosO cómo pegarse diez kilómetros y 150 metros de ascensión más de lo debido, por despiste o por ganas de correr. Para este domingo quedamos en el pueblo de Braojos en plena sierra norte, junto a la A1. Por un lado venìan Nico y Diego, y por otro desde la zona oeste Rafa, Miguel Angel y yo mismo, metidos en mi coche transformado en furgoneta, hay que ahorrar combustible y charlar por el camino. Nosotros teníamos esta vez hora de vuelta marcada a hierro, las 13,30, Diego y Nico venían en cambio sin vuelta fija, así que para conciliar posturas y huir de estos calores insoportables quedamos excepcionalmente temprano, a las 8 horas. Si quieres moverte tranquilo y con lo lejos que nos cae Braojos eso implica levantarse a las 5,45, lo que para un domingo es de gilipollas, o de panaderos. Nosotros no somos panaderos, somos deportistas, gilipollas pero deportistas.

Salida en Braojos delante de la iglesia, bajar las bicis y recibir el saludo de todos los perros, ya hemos dicho varias veces que en Braojos hay muchos, y que desaparecido el perro decano del pueblo que nos mordía los tobillos todos los demás tienen buen rollo y nos vienen a saludar. Yo tengo la bici en revisión, con las polvaredas de estas últimas rutas las junturas suenan como la cama de un vejete vicioso, ya estaba harto de la música. Me traje pues la bici rígida de mi hijo, siempre me da buenas impresiones volver a subir puertos en una bici sin suspensión trasera, parece que el esfuerzo rinda más, pese a que la tiene en un estado de mantenimiento lamentable.

Bajada hasta el túnel bajo la vía del tren (que luego adquirirá un protagonismo inesperado), y en una pedalada mi cámara se escapa de la funda y se va rodando hasta la cuneta. No he dicho que traía la cámara Fuji, la del gran zoom, la Canon antichoque estaba en el trabajo. Desde ese momento las fotos se hacen borrosas y distorsionadas, como si la cámara hubiera tomado LSD, la óptica espectacular ha vuelto a jorobarse, y van dos veces en seis meses. Me lleno de besos de nuevo por tener esta cámara protegida por la garantía especial de Media Market, que buena idea fué, he amortizado más que sobradamente los 29€ que costó. Así pues, no hagáis hoy click sobre la foto, no hay album.

Empezamos a subir montaña, y empieza la bici de mi hijo a darme problemas, el cambio trasero está como torcido y hace siglos que no ve el aceite, la juventud es vaga y no cuida las cosas, eso decía mi abuelo y qué razón tenía. No obstante sigo para adelante, quitando algunos chasquidos del cambio la cosa funciona más o menos y yo sigo mi recuperación y me encuentro como en los buenos tiempos. Llegamos a la zona alta de la montaña pero no paramos a comer, sabemos que la hora está apretada y la distancia que logremos dependerá de la dedicación que le pongamos. Por esta parte los pinos están  bajos y retorcidos , algunos incluso con las ramas bajas apoyando todo el arbol en el suelo, esta es zona de grandes nevadas y solo aguantan los que se apoyan bien. Llegamos a Peña Quemada, un balcón desde donde ya se ven al otro lado las amarillas llanuras segovianas, pero aún seguimos sin parar hasta lo alto del puerto, ahí comeremos y tomaremos las decisiones.

Yo me he traído mi segundo tentempié favorito (después de las uvas blancas), melón fresco cortado a dados. Hago una ronda de cortesía y casi todo el mundo mete la mano, unos más que otros, y yo devoro el resto con avaricia, empieza a apretar el calor y el melón está de miedo, frío y dulce. De hecho, estoy teniendo tanta suerte últimamente con los melones que elijo que creo que me voy a atrever a escribir un artículo en la sección "Dame un Consejo" pontificando sobre cómo escoger un buen melón, ciencia complicada y uno de los saberes más útiles de esta vida. Abrimos debate sobre si darnos ya la vuelta o atrevernos a bajar a Segovia y subir luego el Puerto de Linera, son las once y el tema está apretado. En un cálculo muy exigente pensamos que serán tres cuartos de hora: 10´para bajar, 15´de llaneo y 20´para subir el puerto. Rafa nos esperará tumbado bajo un pino, pero ya le anticipa a Miguel Angel que ese es un cálculo tipo Nico, y que tardaremos dos horas. 

Acicateados por el escepticismo del muy vago nos tiramos monte abajo y vamos a bloque, daremos la vida si es preciso para callarle la boca, los hitos van cayendo y vamos ganando minutos sobre el cálculo, de modo que nos volvemos a plantar en Peña Quemada tres minutos antes del cálculo más optimista, una machada. Esto demuestra que lo de tardar más o menos es cuestión de motivación, de ir en un grupo con un nivel de entrenamiento más o menos parejo y de tener suerte con las averías, claro. Despertamos a Rafa que bajo su pino ya empezaba a cerrar los ojillos, y nos echamos de nuevo para abajo por la vertiente madrileña, Braojos está casi a la vista y a mucho tardar estaremos en los coches a las 12,15, perfecto para cumplir con la familia. Tomamos por un ramal entre los pinos que exploramos Nico y yo en una ocasión anterior y bajamos a todo meter por una senda llena de pinaza, piñas y tronquitos de pino, emoción añadida, hasta el precioso cartel hecho a gubia por un buen carpintero, me parece milagroso que ningún excursionista desaprensivo se lo Mapa de rutahaya llevado aún.

Como digo era un camino desconocido para casi todos, lo que debía haber empujado a la gente a la prudencia, pero ya Rafa se había largado cuesta abajo y ni el polvo se veía, y había arrastrado a Miguel Angel con él, así que naturalmente llegaron a la desviación y se la pasaron. El camino sale a la izquierda un kilómetro más allá, te metes en un reseco bosquecillo de cipreses, bajas al molino, cruzas el mismo río que dejaste a la izquierda en la subida, y ya entras a Braojos, total diez minutos. Pero a partir de ese punto la pista principal se aleja más y más de nuestro destino y entra en los pueblos del valle, Villavieja, La Serna y qué se yo cuántos más. Diego Nico y yo llegamos al buen desvío y allí estuvimos pensando si dejar a los rapidillos a su suerte, bajarnos a la buena ruta y quedarnos en los coches a esperar tranquilamente, pero la final se impuso el compañerismo y nos fuimos detrás de ellos, todos al mismo tonto destino. Llamamos a Rafa por el móvil y ya estaba 5 kms más abajo, en la via del tren, así que nos fuimos detrás, alcanzamos a Miguel Angel y todos hasta la antigua y derruida estación donde por supuesto ya no estaba Rafa, seguía a su bola arrastrándonos a todos. Hubo que hacer el sioux un poco para ver por sus huellas que había tomado por las vìas del tren, le llamamos otra vez y nos dijo que estaba dentro de un túnel muy largo y muy oscuro, pero que ya al final veía la luz. Supusimos que se refería a la ruta y no a la situación político-económica, pero no quisimos entrar en túneles estrechos con peligro de ser arrollados por el tren, así que maldiciendo tiramos por la carretera que sube y baja por todos esos pueblos y ya con toda la calorina nos metimos diez kilómetros de regalo por los valles resecos, como un 25% de ruta de propina. Ahí en el plano, gentilmente suministrado por Miguel Angel, se aprecia la magnitud de la cagada, en vez de unir las rutas por donde subida y bajada se aproximan nos hacemos el inmenso bucle de debajo, en fin, el que quería duro entrenamiento lo tuvo.

Total, 53 kms y 1.200 de subida, menos mal que empezamos muy tempranito y el sol no llegó a castigarnos, Miguel Angel llegó a tiempo de ducharse y hacer su comida familiar así que la sangre no llegó al río, pero esta nos quedará como una rafada de las buenas, estupenda para contar a los nietos…

Bicicleta de Montaña7 July 2009

En la alta montañaCon este invierno tan frío que hemos tenido aún quedan manchitas de nieve en el monte, así que nos habíamos propuesto para el domingo un desafío personal, el llegar a pisar nieve en pleno julio, aunque la mancha no diera más que para rodearnos los zapatos. Para ello nos planteamos la ruta de Lozoya Pueblo-El Nevero, con idea de alcanzar uno de los pegotes de nieve que aún se veían en lo más alto, se trataba de hacer fotos de las de guardar. El desafío era complicado, porque aunque hacemos frecuentemente este destino en esta época del año (en esas cumbres peladas corre siempre una brisa fresca que te hace soportar el calor), esta vez no salíamos de Navafría, sino de Lozoya, lo que le sumó kilómetros a la ruta y al final nos hizo darnos la vuelta justo antes de los últimos repechones. Otro año será, si vuelve a nevar como éste.

Salimos Nico y yo juntos desde Diversia (la próxima vez me toca a mí poner el coche), y quedamos en destino con Javier, su sobrino, triatleta e Inefo en potencia que ya nos ha acompañado otras veces subiendo mucho el nivel del día. Llegamos con la hora justita, porque aquello está lejos, pero entre que Javier no se conocía el sitio, y que tenía que pasar el puerto de Navacerrada con su tartana histórica, nos llegó con casi tres cuarto de hora de retraso, y ya no los pudimos recuperar pese a la buena marcha de la ruta.

Mientras le esperábamos nos dimos una vuelta por la zona de pajares y cuadras de Lozoya, milagrosamente conservada gracias a la crisis del sector inmobiliario, porque todas tienen su cartel anunciando que pronto serán chalets adosados. Hicimos tiempo mirando la gran cantidad de golondrinas, aviones y vencejos que andan por aquella zona, tienen sitio para criar y muchos insectos. Yo creía que eran todos de la misma familia, pero veo que no, los dos primeros son hirundínidos, y el tercero apódido, vamos, que no se puede posar porque tiene las patillas demasiado cortas (como Ale las tiene demasiado largas). Estuvimos un rato delante de la puerta de una cuadra donde entraba una pareja de golondrinas a ver su nido, nos estuvieron gritando y haciendo pasadas, perdón por la molestia y el pasatiempo antiePicado contra los invasorescológico, pero es que estábamos aburridos. Ahí en la foto se ve a una iniciando el picado.

Llegó finalmente Javier, montamos su bici y ya salimos a todo meter para el monte, yo iba bastante asustadete después del bluff del domingo pasado, pero aguanté toda la ruta al ritmo de los entrenados, una prueba de que aquello fué un desliz. Atravesamos el pueblo y para arriba, por los caminos del robledal muchos metros de ascensión pero con buena charla, tío y sobrino recuperaron el tiempo perdido intercambiándose novedades de la familia, yo un metro detrás sin abrir el pico, guardando el resuello para gastarlo con las piernas, no con la lengua. Javier nos contó su triatlón de Austria, nosotros a él nuestros 101, todos semos muy deportistas.

Llegada al empalme con la ruta de San Mamés y subida hasta La Horizontal, allí llegaba en algunos momentos a hacer frío, está muy húmedo y muy alto. Me encontré con unos amigos a los que siempre veo en el veraneo de La Franca, Luis y Rosalía, qué pequeño es el monte. Son seteros de pro y miembros fundadores de la Micológica, así que pegamos la hebra, les contamos lo de nuestros boletus y ellos nos dijeron que justo se habían terminado ya los Cantarellus, es una seta que nunca he recogido. Así charlando se pasaron otros diez minutos y ya vimos que no llegábamos a culminar ruta, nos despedimos a la carrera. Parada para comer en el mirador y Javier sacó otra novedad gastronómica, un pan de pita relleno de membrillo, merienda hipercalórica que él se puede permitir. Seguimos por allí y al poco llegamos al refugio de Navafría, ese que en invierno es centro de esquí de fondo. Esta vez no estaba el chaval que nos hizo el lío, así que entramos por la pista como si fuera nuestra.

Finalmente salimos de los pinares para llegar ya a las zonas peladas de las grandes alturas, a más de 1.900 metros, allí había brisa fresca y mucho pedregal para guardar el equilibrio. Paramos en ese arroyo paradisíaco que baja por un prado alpino de hierba corta, bebimos y volvimos a probar las cámaras sumergibles haciendo fotos del fondo, Nico ha optado por la Pentax, a ver cuál las hace mejor. Cualquier que nos viera, vaya frikis, sacando fotos dentro del arroyo. Justo en aquella curva veo siempre una familia de lagartijas enanas de una especie que no conozco y no he visto enLuis y Rosalía ningún otro sitio, no más de 5 cm, pardas y con la cola de un vivo color turquesa, muy llamativas, no las he encontrado en Internet, ¿serán endémicas? tengo que investigar más…

Al poco llegamos a la bifurcación del camino que ya sube hasta el nevero, y tuvimos la charla negociatoria: eran las 12 y quedaban unos 3 kms de distancia y 250 mts de ascensión ya por puro pedregal, luego bajarte hasta la mancha de nieve para hacer las fotos, es decir, en el reloj mental de Nico eso es como una hora más, en el reloj real son dos, así que nos tiramos prudentemente para abajo, otro año pisaremos la nieve. Todos llevábamos un poco de energía ahorrada para ese duro tramo final, así que lo sentimos.

Bajada rápida, madre mía cuánto debimos ascender a juzgar por cuánto estamos bajando, el terreno muy seco y pedregoso, peligroso, en una curva de tierra suelta se me va la bici de adelante y vuelo por encima del manillar, cuántas decisiones tomas en décimas de segundo, apoyar o no las manos para frenarte (las apoyé, mala decisión), saltar por encima y caer rodando (lo hice, buena decisión), pero en definitiva una caída sin daño ninguno, salvo para el guante. Sacudirse el polvo, mirarse el cuerpo como los toreros  y seguir, no hay cornada. Javier como una moto cuesta abajo, a toda velocidad, la inconsciencia de la juventud, hasta que con tanta inconsciencia reventón de la rueda trasera y mucho rato para cambiar la cámara, la bici es comprada de segunda mano y el dueño anterior, un profesional, había pegado la cubierta y la había llenado de papel de periódico. Menos mal que no subimos al nevero, aquí caen 10 minutos más.

Finalmente a los coches, ha salido una larga ruta de casi 45 kms y 1.200 de ascensión, y eso que la recortamos, con el tiempo pegado pero aún llegamos a casa con la mesa puesta y la gente a punto de sentarse, malas carillas pero tolerables. Retrasos, ruta inesperadamente larga, amigos montañeros y reventones nos impidieron cumplir el objetivo, pero ya habrá nieve de sobra el invierno que viene..