Cómo elegir un buen melón (o una buena sandía)
Para romper la monotonía de los artículos de Bici, que no a todos interesan, voy a cumplir un proyecto personal largo tiempo acariciado, el de tratar de resumir lo poco que a estas alturas uno sabe sobre el arriesgado arte de elegir un buen melón y una buena sandía. Comienzo excusándome con los lectores que saben mucho más de estos temas, especialmente con algunos Picanucas, que son del gremio mercantil, aunque no de su rama vegetal. Tal vez ellos lean esto y digan, vaya sarta de chorradas, si es justo al revés de cómo lo dice, en ese caso por favor, no me delatéis. Este año llevo una racha de aciertos con la elección de melones y sandías que me tiene muy crecido, y ya me creo capaz de pontificar sobre el asunto, todo será que mañana mismo escoja un melón torrontero (que es como se llama en Madrid a los que están pasados), o una sandía blanca, y me tenga que callar humildemente.
El melón en su punto, las cerezas gordas negras y las uvas blancas son mis frutas favoritas, así que he dedicado tiempo a observar y probar, por desgracia aquí no hay otra sabiduría que la de Prueba y Error. Dicen los historiadores que los romanos buscaban los buenos melones como posesos, y que eran capaces de cambiar una vaca por un buen melón. Yo lo creo, los romanos sabían vivir y tenían un gran sentido de la proporción. Por otro lado, con la agricultura selectiva y el buen cultivo la cosa ha mejorado mucho, según mi padre cuando él era pequeño más de la mitad de los melones salían pepinudos, por eso te los vendían "a cata y a prueba", pero vete hoy a decirle al frutero que lo quieres catar… En cualquier caso pocas cosas son tan contrarias en la vida como un melón bueno y un melón malo: el primero dura dos dias en la nevera, la gente lo desayuna lo come y lo cena, pero si es malo, se muere de aburrimiento…
Primero de todo, comentar que el hecho mismo de elegir un melón o una sandía tiene mucha enjundia y mucha enseñanza sociológica. Basta que os situéis en el Carrefas al lado del enorme cajón de los melones y estéis un rato observando. ¿Qué véis? muchos hombres tocando, oliendo, sopesando, dando palmaditas, hasta escuchando a las pobres y sufridas frutas. Pero ninguna mujer… De hecho llega una pareja y él dice: "deja que escoja un buen melón", y ella se queda detrás observando a su hombre, y seguramente pensando "a ver si tienes más tino que la última vez…". Creo que en esto de escoger los melones hay algo atávico, el hombre recupera su perdido papel de proveeedor, y ya que no puede matar un alce, al menos hace lo que puede, escoge uno y lo presenta a su hembra, mira, qué bueno soy aportando comida, en fin, para lo que hemos quedado… ¿Qué hace un hombre cuándo llega al cajón de los melones? se pone a sobarlos todos con aire experto. ¿Y qué hace una mujer? busca al frutero y le dice. "escójame un buen melón, que esté dulce y sea para comer hoy mismo". ¿Y qué hace un hombre cuando pincha una rueda? se arremanga, se quita la corbata y se pone a cambiarla sudando bajo el sol. ¿Y qué hace una mujer? saca el certificado del seguro, mira los teléfonos y llama al servicio técnico que tiene gratuítamente incluido en la póliza, y les dice que se den prisa. ¿Verdad que son muy comodonas? ¿Verdad que nosotros demostramos ser más listos?. Bueno, volvamos a los melones, y vayamos entrando en harina que me estoy enrollando.
Primer consejo: no compres fruta fuera de su estación. Es decir, compra sandías en junio y julio y melones en julio y agosto, y con eso ya tienes un 80% de probabilidades de acertar. Ya se, qué listo, pero alguien tenía que decirlo…
Segundo consejo, si no sabes, pídele al frutero que te lo escoja. Vale, otra idea genial, pero imaginemos que el frutero te odia, o es un becario y tiene aún menos idea que tú, o simplemente no hay frutero.
Tercer consejo: limítate a marcas conocidas de melones seleccionados, por ejemplo, Torrelche, El Conejo de Oro, Bollo o similares. Estos se juegan el prestigio y suelen estar casi siempre buenísimos, seguro que desechan un gran porcentaje de su cosecha, y en consecuencia, son muy caros (2,5 € el kilo es muy caro).
Y cuarto consejo: si puedes, compra esos melones o sandías que están abiertos por la mitad y tapados con film.
Vale Pero Grullo, dejando las obviedades imagínate que ya estás delante del gran cajón del Carrefas, te apetece comer melón aunque estemos en junio, no hay frutero (nunca lo hay), y estás dispuesto a pagar el melón a 1 € el kilo máximo. ¿Cuál escoges? Ahora viene lo bueno:
Primer consejo: escógelo grande. Durante un par de años yo planté sandías en mi jardincito de adosado, y me pareció que la mata daba una primera fruta grande, que se llevaba todo el sol, el agua y el azúcar, y luego alguna otra medianita al final de la ristra, para rellenar. La primera siempre estaba buena, las demás eran todo pepitas. Desde entonces siempre escojo lo más grande del cajón, y no me falla. Vale, puede haber un melón medianito que esté bueno, pero siempre estará mejor uno grande. Y ya se, esto tiene dos inconvenientes, primero, que el riesgo en caso de cagada es mayor (pero el que no se arriesga no cruza la mar), y segundo, que a los que vivís solos o en pareja sin hijos esto no os trae cuenta. Bueno, yo os aconsejaría entonces que os reprodujérais, comer buen melón compensa de todo.
Segundo consejo: mirad el color y el olor: el melón (el bueno, el piel de sapo) es verde, pero cuando empieza a madurar tiene un fondo algo amarillo que se conoce con la práctica. Cuando ya está pasado, se huele. No he podido sacar conclusiones sobre si están mejor los verdes lisos o esos que tienen rajitas blancas, pero suelo elegir estos últimos. La sandía (la buena, la negra) tiene que estar verde muy oscuro, pero no negro mate, seguramente esa ya está harinosa.
Tercer consejo: tocadlos, pero con criterio. La gente coge el melón y le hunde el pulgar por la parte tocha, por donde se insertaba el tallo, pero al cabo de haber pasado por las manos de tres expertos esa parte está blandorra y no dice nada. En vez de eso apoyad el índice presionando muy levemente la cáscara por la parte picuda. Si no cede nada, está verde, si cede mucho, está pasado. Solo con el tiempo y algunos fracasos se adquiere el tacto para distinguir, y además, no os cargaréis la fruta. En cuanto a la sandía, no tocar, todas tienen el mismo tacto: duro. Hay quien les da bofetaditas, pero todas suenan igual, como un odre lleno. Si acaso sopesar, cuanto más pesan en relación al volumen, mejor.
En fin, armados con todos estos consejos podéis enfrentaros ya al cajón de los melones y cumplir vuestra función en la vida, y si hay mala suerte, no permitáis que vuestro prestigio en casa baje por tan poca cosa…

Rafa se da la vuelta hacia el puerto y nosotros seguimos bajando hacia el pueblo, qué distinto aspecto que la otra vez, que apenas se distinguía entre la niebla, ahora es un pueblo soleado aunque hace honor al nombre, está hundido en el valle y enmedio de un buen robledal. Lo pasamos sin parar y seguimos carretera abajo hasta el cruce con el río de las Aceñas, intentamos ver el viejo molino restaurado pero es privado, no se puede pasar. Nos asomamos al puente y en el agua clarísima se ven peces a montones, aunque la zona es coto de trucha de suelta obligatoria esto no pueden ser truchas, nunca hay tantas juntas salvo que sea el estanque de una piscifactoría. Tras las fotos subacuáticas vemos que efectivamente son ciprínidos, probablemante bogas o cachos.
dueños en el pinar buscando setas? No, nos asomamos y están en el borde del pantano, se han quitado la ropa y se pegan un buen baño, más culos blancos al sol, y estos sí que nos dan envidia, no parecen precisamente estar sufriendo, como el otro… Unos saludos juergueros con los compañeros de deporte, pero no podemos aceptar su invitación, Rafa ya estará en el puerto esperando, hay que darse prisa. A remontar de nuevo en esta larga subida, primero la pista de tierra hasta el Refugio de La Cueva, luego la carreterilla hasta el puerto y allí está Rafa, que nos dice que hemos tardado mucho, con el palizón que llevamos.
O cómo pegarse diez kilómetros y 150 metros de ascensión más de lo debido, por despiste o por ganas de correr. Para este domingo quedamos en el pueblo de Braojos en plena sierra norte, junto a la A1. Por un lado venìan Nico y Diego, y por otro desde la zona oeste Rafa, Miguel Angel y yo mismo, metidos en mi coche transformado en furgoneta, hay que ahorrar combustible y charlar por el camino. Nosotros teníamos esta vez hora de vuelta marcada a hierro, las 13,30, Diego y Nico venían en cambio sin vuelta fija, así que para conciliar posturas y huir de estos calores insoportables quedamos excepcionalmente temprano, a las 8 horas. Si quieres moverte tranquilo y con lo lejos que nos cae Braojos eso implica levantarse a las 5,45, lo que para un domingo es de gilipollas, o de panaderos. Nosotros no somos panaderos, somos deportistas, gilipollas pero deportistas.
haya llevado aún.
cológico, pero es que estábamos aburridos. Ahí en la foto se ve a una iniciando el picado.
ningún otro sitio, no más de 5 cm, pardas y con la cola de un vivo color turquesa, muy llamativas, no las he encontrado en Internet, ¿serán endémicas? tengo que investigar más…