Domingo 29 de junio. Machacas y Picanucas
Tras un largo período sin montar en bici volvemos a la ruta dominical, ya metidos en pleno verano. En esta ocasión, con asistencia abundante de Machacas: Nico, Rafa, Diego, Ignacio, Miguel Angel y yo mismo, más la incoporación de otro grupo que conoció Nico en uno de sus entrenamientos solitarios por el monte, los Picanucas, que fueron cuatro esta vez: Jota, Antonio I, Antonio II y Armando. Juntos hacíamos un gran grupo, pero la verdad es que duramos juntos muy poco tiempo, como luego se verá. Por el momento tendremos con ellos otra fusión amistosa, como tuvimos en su dia con los Joses, después quizá el destino lleve a cada grupo por su lado, como parece que suele pasar en esto del BTT. La cosa es conocer gente, medirse y pasarlo bien.
La ruta, un vagabundeo por el valle del Lozoya, se planeó con tres niveles distintos, según objetivos y condición física: ruta, digamos, central, para niveles medios: salida de Miraflores, subida a Morcuera, bajada a Alameda, subida por la Majada del Cojo, y Miraflores de nuevo. Otra con extensión super para gente muy en forma que piensa irse a hacer la Transpirenaica: la misma pero con un +/- 40% más de subidas y distancias. Tercera variante, para gente reservona: la primera pero con truquitos de ahora-me-adelanto, ahora-me-voy por-el-atajo, ahora-os-espero-en-el-refugio. En fin, que entre que había muchas posibilidades y que no conocíamos los niveles y costumbres del otro grupo, el dia acabó siendo un poco el camarote de los hermanos Marx, ahora ibas con uno, ahora te encontrabas a cuatro, yo por el atajo y tú por el río, yo me voy que tengo prisa. Creo que hubo un momento en que había un betetero en cualquier zona del valle que miraras. A esto se unió el que, coincidiendo justo con nuestra ruta, había organizada una prueba de cross a caballo, todo el tiempo estuvimos cruzándonos con jinetes al trote, apartándonos y dejando pasar con cuidado de no asustar a tan estupendos animales.
A todo esto se unió la baja condición física del que escribe, que tras dos meses de fingir que se entrena y pasarse las horas en el sofá pagó con creces y catástrofe dominical. Hace tres meses recuerdo que estaba que me salía, pero desde entonces alguna lesión, el palizón de los 101 (sin continuidad) y mucho de placeres hedonistas me han dejado como en los peores tiempos. Vamos, que en la Majada del C
ojo tuve que bajarme hasta tres veces de la bici solo porque no podía más. Enseñanza del día: alcanzar una condición física buena viene a costar un año de entrenamiento constante y paciente, perderla por completo viene a costar dos meses de abandono y cervecitas. ¿Te parece injusto? pues es lo que hay. Y enseñanza dos: cuando estás cuesta abajo en tu rodada te parece que aunque no entrenes mucho siempre mantendrás un nivel medio satisfactorio, que para eso eres un tío habituado al deporte. No te engañes, es mentira también.
Lo cierto es que la prueba, hasta en su variante mediana, era de las duras, 60 kms y algo más de 1.500 de subida, con un dia de mucho calor y unos firmes muy malos de piedra suelta. Empezamos nosotros en Miraflores, como siempre, y admiramos la camiseta nueva de Rafa, bien ajustadita para marcar su también reciente cinturón de la felicidad, tío, o te quitas el cinturón o la camiseta, ambos son incompatibles. Subimos hasta la Fuente del Cura y allí estaban los Picas a medio vestir, saludos y presentaciones y hala cuesta arriba. Largo puerto pero aún con fuelle, llegamos en grupos hasta lo alto. Hice allí foto a dos lagartijas trabadas en un mordisco, no se si era un técnica (poco romántica) para rendir a la hembra, o una pelea de machos. En todo caso, se aprecia que una tiene la cola intacta, mientras que la mordedora la ha tenido que regenerar, sin duda es peleona.
Refugio de La Morcuera y bajada al valle, todo aún muy verde pero ya los arroyos casi secos, aquí empieza a faltar la lluvia. Nos encontramos en el camino con Enrique el Manitas, que fuera Machaca durante unos meses y está intentando recuperar la forma. Pasamos la zona recreativa de Las Presillas, un sitio estupendo con praderas de hierba, sombra, piscina fluvial natural y chiringuitos, pero a las 10,30 ya tenía mucha gente, habrá que verlo a las 13 hs.. Entrada por los pueblos del valle con cuidado por los cruces constantes con los caballos de carreras en estas veredas estrechas, y llegada a Alameda, como siempre muchos buitres allí, negros y leonados. Larga e interminable subida por el robledal que va paralelo a la Majada del Cojo y que para algunos fué la puntilla del dia, paso por el refugio y despedida de los que seguían ruta hasta el puerto de Canencia. Nosotros nos volvimos al puerto de Morcuera y desde allí bajada rápida por la carretera. Pero qué curioso, cuando estás verdaderamente jodido no disfrutas ni las bajadas, cada minuto en la bici molesta, sea cuesta arriba o cuesta abajo.
Despedida en los coches y fervientes propósitos de la enmienda, por mi parte voy a iniciar la operación bikini, gimnasio, piscina, bici, cero cervezas, mucha ensalada, en fin, a ver si aún podemos salvar algo antes del verano. Pues nada, a ver si nos seguimos viendo con estos Picanucas, que están bien en forma…
