Sábado 16 de mayo. ¡Ya semos legionarios!
Ganas tenía ya de escribir esta crónica, porque el hecho de estar aquí dándole a la tecla implica que ha pasado ya el duro trago de la prueba, los 101 kms de Ronda. Como previo adelantar ya que tanto Nico como yo logramos terminarla, y como previo también decir que en mi vida he pasado más agobio, más cansancio, más calor, más deshidratación, he tragado más polvo, ni he estado tan cerca de tirar la bici a la porra y quedarme bajo un árbol con los pies en alto. Aparte de eso, todo muy positivo.
Tras un nulo entrenamiento por mi parte en los últimos quince días por viajes de trabajo, quedamos en Ronda el dia anterior a la prueba Luisa, su marido Nico, Silvia, su marido yo mismo, y dos amigo
s María y Antonio. Teníamos habitación reservada en el Hotel Maestranza, que está a unos pasos de la línea de salida en la Alameda, qué descanso terminar y ducharte en tu propio cuarto, y qué ideal para vivir desde dentro el ambientazo que se forma (gracias a Jose Luis "Boris", que entre sus doscientas mil obligaciones encontró tiempo para hacernos las reservas y ocuparse de nuestra propia intendencia). Ya podíamos ver que la cosa iba a ser sonada porque desde La Mancha veníamos viendo muchos coches con bicis dentro, y en la recta que entra a Ronda desde el pueblo anterior estaba parada la caravana de coches de deportistas, muchos carteles provisionales indicando a todos lados: "salida", "concentración", "cena de la pasta", prohibidos aparcar en todo el trazado, en fin, una gran movida. El viaje hasta allí por las llanuras manchegas y por los montes andaluces, un poco pesado, nos pilló la feria del caballo de Osuna y tuvimos que recorrer todo el pueblo tras un trailer de borregos (apestoso), y luego detrás de los caballistas y las rocieras en alegre desfile. Yo además había empezado el viaje solo dos horas después de aterrizar en Madrid, así que con esa excusa me libré de conducir y me llevó mi mujer.
Aparcamos en el garage del hotel en todo el centro, otra ventaja, y salimos todos a cenar algo, ver el ambiente y echar un ojo a Ronda. La Alameda, o sea el parque central, estaba tomada por la organización, vaya movida, legionarios por todos lados, tiendas de campaña para comedores y cocinas, para servicio médico, para ventas de recuerdos, tiendas de marcas de ropa deportiva o de bebidas energéticas, vehículos militares, un servicio de animación con comentarista y música, todo de maravilla. El éxito de ventas de esta edición, una camiseta de correr blanca que lleva detras un mensaje en letras pseudochinas: "Los últimos sus muráis". La noche además estaba estupenda así que hicimos mucho rato deambulando por allí y recogiendo los dorsales y demás. Nico y yo recogimos la famosa "cena de la pasta", una bandeja con ensalada campera y gran ración de macarrones con carne y tomate, qué rico, yo quiero ser legionario para comer siempre este rancho. Como era mucho con las dos bandejas cenamos los seis, tomamos unos helados por allí y nos subimos a la cama temprano, a las ocho se desayuna.
Desayuno puntual y abundante, luego todo será poco, montar las bicis y marcharnos para la salida en el estadio de Ronda recorriendo a la inversa lo que luego será el comienzo de la prueba por las calles peatonales, cuánta gente en bicis o corriendo, con bastones o sin ellos, unos cachondos vestidos de romanos, y ya todos en mogollón bajando hacia el estadio para entrar y coger buen lugar en la salida. Aquí primera prueba de habilidad, hay una entrada privilegiada para los que han comprado el maillot de la prueba y otra para la purrela, yo lo quería (este año es muy bonito), pero se habían terminado, así que compartimos el de Nico: yo me había puesto la mitad de abajo y él la mitad de arriba, pero no coló, el legionario de la entrada tenía instrucciones estrictas de parar a los listos. Al fin después de porfiar un rato vino un sargento y dió orden de dejarnos pasar, así da gusto, el mundo militar tiene sus ventajas. Nos metieron por un pasillo de vallas que nos llevaba directamente a la primera línea de la salida adelantando al enorme mogollón de ciclistas que no tenían nuestro maillot: lo siento amigo, déjanos pasar, otro año te tocará a tí, se bueno y te dejaré jugar con mi llavero. En resumen: nuestro grupo negro y naranja tenía unos quinientos corredores y detrás estaban el resto de mortales, unos tresmil más. El palco estaba justo encima y allí llegaron nuestras parejas, nos tiraron muchas fotos, nos preguntaron si nos habíamos puesto crema y si íbamos bien abrigados y todas esas cosas. La previsión era de día nublado, pero ya se estaba viendo que el cielo estaba bien azul y el dia sería de calorazo. 
La espera se iba prolongando y los zumos del desayuno y los nervios iban haciendo su efecto, así que algunos empezaron a buscar algún lugar donde desalojar el líquido, esa esquina es buen sitio, justo encima de la instalación eléctrica provisional. Pequeños discursitos, paseos y fotos de estandartes y de la cabra, mucho comentario del espíker y al fin los vivas reglamentarios, enorme bocinazo y hala, todos a pedalear como locos para pillar sitio en el pelotón. Los fieras federados los primeros dando codazos y metiendo rueda, nosotros más tranquilos tratando al menos de salvar el equilibrio, una caída en esta barahúnda sería mu mala. Subida de nuevo por las calles peatonales con mucha gente aplaudiendo y al fin salida de Ronda y llegada al punto de neutralización, donde nos tuvieron casi media hora de pie sobre la bici hasta que llegara todo el mundo. Unos aprovecharon para evacuar lo que no habían hecho en la línea de salida, los más listillos para ir por las cunetas con la bici en alto a ganar unas posiciones. Al fin un nuevo bocinazo y empieza la carrera de verdad, los 101 kilómetros, que Dios reparta suerte.
El grupo se empieza a estirar y poco a poco los de maillots de colores se empiezan a entreverar con los negronaranjas, vamos, que unos adelantan y otros atrasan según ganas y condición física. Primeros kilómetros de carretera y luego se entra en las pistas de tierra que ya serían la mayoría en la ruta, Dios qué polvareda, todos por enmedio del grupo masticando y respirando albero, guiándote casi en algunos tramos por el ruido de los de delante. Entramos en los olivares por sendas muy peligrosas de subibaja curvas y mal firme de piedrones y regueras, y empezamos a ver las primeras caídas, este se ha machacado un costado, aquél un codo, nada grave hasta el kilómetro 25 en que un
grupo rodea a uno de los fieras primeros, sangra a lo bruto por ambas narices, tiene golpes por la cara y todo un costado del maillot rasgado, y además está desorientado y se queja ay ay, crucemos los dedos y que no nos toque, al poco nos cruzamos con la ambulancia de la Legión, menos mal. También vemos ya bastante gente a los lados arreglando pinchazos, inflando ruedas o con averías, las piedras del firme son muy malas, que no nos toque tampoco, pero si nos ha de tocar algo malo mejor esto.
Nico y yo tratamos de ir juntos pero es difícil, yo suelo empezar muy fuerte y él en cambio guardando, ya se sabe que es muy guardón. Le espero unas cuantas veces y al final decidimos que cada uno a su ritmo, ya nos veremos en el camino, como los arrieros. Según lo acordado vamos despreciando los primeros puntos de avituallamiento para ir ganando posiciones, llevamos mucha agua y barritas en la espalda y mucha fuerza fresca en las piernas. Pasamos el curcuito Ascari, una pista de carreras privada construida enmedio de los olivares, según nos dijeron este año se le daba una vuelta, pero no es así, hay tres coches tipo Le Mans echando carreritas. Nosotros pasamos por al lado y llegamos al primer punto de sellado del Pasaporte Legionario, con qué fuerza y marcialidad ponen el sello estos chicos, casi me dislocan la muñeca. Como es un rollo ir sacándolo de la mochila, opto por meterlo en la pernera del culotte, no creo que pase nada. Entreveo a Nico rellenando agua en una cisterna militar y luego se pierde en la marea de maillots negro naranjas.
Nueva larga bajada de carretera y entramos en el primero de los pueblos de la ruta, donde nos v
uelven a neutralizar para el paso de la carretera. Allí encuentro de nuevo a Nico y escucho los comentarios de los veteranos, plano en mano. Un supercachas nos da su impresión: vienen unas subidas malas, pero donde de veras se decide la carrera es en el "pesho" del kilómetro 80, la subida a la ermita, según dice esa pone a cada uno en su sitio y decide quién va a ganar, si la subes es muy probable que llegues. De nuevo arrancamos y bajamos en grupo por las calles del pueblo llenas de gente que aplaude, ¿señora, qué pueblo es este?, Arriate, ¡pues viva Arriate!, ¡y vivan los corredores!, tras el baño de multitudes volvemos al campo y comenzamos la subida del puerto de Salinas, remontar casi 400 metros en cinco kilómetros de duras rampas del 9%, el calor ya aprieta y seguimos tragando polvo, las sonrisas empiezan a aflojar y la gente se pone seria, como triste. Llego arriba sin ver a Nico, que va delante, está claro que ha dejado de guardar para empezar a gastar, y por ahora hemos despreciado todos los avituallamientos. La mochila de agua empieza a estar flaca, bebo a traguitos cortos casi solo para quitar el polvo de la boca, pero el cuerpo me empieza a decir que los traguitos cortos no van a bastar, que allí lo que hace falta son litros y litros.
Afortunadamente la cosa termina y hacemos nueva larga bajada para llegar al río y entramos por las calles bajas en Setenil de las Bodegas, vaya pueblo bonito y sorprendente, está construido a lo largo de la garganta del río, las casas pegadas a los lados bajo los bordes del desfiladero, la mayoría no necesitan tejado. Los de Setenil no se han limitado a aprovechar las cuevas naturales
, donde hace falta un parking han profundizado más en el muro con martillo neumático, viven bajo la montaña y no tienen miedo. Los bares de la avenida principal tienen las terrazas bajo la roca y a esta hora están llenos de gente tomando la cervecita en este frescor, nos dan grandes ovaciones y los ruidos rebotan en la cueva y salen como un clamor tremendo, nosotros hinchamos pecho y apretamos pedal, momento de gloria que por desgracia no va a durar. A la salida del pueblo nuevo avituallamiento y allí está Nico con las mujeres y amigos que han venido a darnos ánimos, rápidamente me mete unos plátanos en la boca que trago con un vaso de cocacola, un legionario me rellena el camelback con una manguera, un poco de crema para el sol en el cogote, unos ánimos y a la bici de nuevo.
A partir de ese momento ya pierdo a Nico y no le veré más hasta el final, empieza la agonía en solitario con la subida al tercer puerto del dia, la Sierra de Las Cumbres, que para mí fué la puntilla: otros 400 metros de ascensión por camino polvoriento de olivar, con el sol en el casco y temperatura de casi 35º. Me bajé y empecé a empujar como casi todos los demás, la fuerza y el entusiasmo se me fueron con el sudor y me tumbé a la sombra de un olivo a intentar recuperar algo. Volví penosamente a la bici y me di cuenta que por mala que fuera la cuesta iba mejor subido y girando los pies que andando, así que zombi y en plena pájara recorrí los últimos kilómetros de aquél calvario hasta llegar al nuevo avituallamiento de la cumbre, donde tiré la bici por allí y me eché en un verde y ameno (como decían los antiguos) prado bajo las encinas. Durante un buen rato consideré seriamente la posibilidad de abandonar, no por falta de ánimo, es que no me veía capaz de hacer los 45 kms que faltaban, no tenía fuerzas ni para pasar cinco más, y encima faltaba el famoso "pesho" que me t
enía acojonado, como a todos.
Cuando recuperé algo el sentío me acerqué al camión y vacié en un momento como diez vasos de agua y Aquarius de naranja y limón, lo echaba todo dentro sin mirar el color, y me puse a comer cuartos de naranja sistemáticamente, no se, pudieron caer seis naranjas en un momento. En mi oreja tronaba el legionario más voceras de todo el tercio "¡solo dos vasos por barba!", "¡tirar los desperdicios a la basura, que parece mentira cómo tenemos esto!", ahí he puesto la foto, nos podía transferir un poco de la energía que le sobraba, en vez de derrocharla de esa manera (observad también los ojos del de amarillo, parece un zombi o un santo de yeso). Intenté comer una barrita pero no pude tragar el bocado y la tiré, y volví a mi prado decidido a no levantarme hasta sentirme bien. Mientras tanto me acerco a sellar el pasaporte y ¡horror!, con el sudor y el goteo del Camelback se ha mojado, la página de sellos se ha pegado y solo con paciencia de cirujano logro abrirlo poco a poco sin perder las marcas ni borrarlas demasiado, menos mal, hubiera estado bien llegar hasta aquí para que no contara.
Al lado tenía a una familia completa de señoras y niños todos sobrados de peso, diciendo ¿dónde estará Manué?, ¡quiyo, ve al camino a ver si llega Manué!, y al final llegó Manué, un pobre al que yo había adelantado a mitad de subida, arrastraba la bici con su camiseta de los bomberos, una estampa penosa. ¿Manué, cómo estás? Muy mal, voy a abandonar, ¿Y PA ESO NOS HAS HECHO VENIR HASTA RONDA? ¡PUES VAYA GÜEVOS!, yo miraba alucinando el broncazo que le estaba cayendo a aquél pobre hombre, que al final se puso a cuatro patas y empezó a vomitar a gritos, y cayó desmayado sobre el propio vómito. Pues bien, no solo no le ayudaron, sino que el crío gorderas se puso a reirse de su padre, le divertía la escena. Manué, cambia de familia, estos no te merecen.
De repente empecé a encontrarme mejo
r, el líquido llegaba a las células y me rehidrataba, así que decidí cambiar de táctica, me quité la camiseta de manga larga que llevaba por el sol y me puse una corta de algodón, me quité los guantes, cargué el camel a tope decidido a beber mucho y a tragos largos, y me eché a la bici otra vez, al salir adelanté a Manué que ya estaba más recuperado y de pie rodeado de su familia, y me tiré monte abajo, que sea lo que Dios quiera. A partir de ese momento todo fué mejor y baja baja llegamos al tramo de carretera que nos llevaba al cuartel de la Legión, todo muy barrido, ajardinado y pintadito, el tiempo del soldado debe ser aprovechado. Allí dentro, junto a los comedores, un viejo sargento gritaba "¡en este avituallamiento hay comida caliente, camas para descansar y masajistas!", ¡Qué cabrón, quién se resiste!, con enorme esfuerzo me salí de la hilera que iba directa adentro y seguí hasta salir.
Por la carretera se divisaba ya a lo lejos el famoso "pesho", la subida Montejaque o la ermita, como decían los Martes y 13 "no puedo creer ello", a lo lejos una pista casi vertical que subía por los campos y luego por la serranía y se perdía entre dos riscos, muy lejos y muy arriba. A estas alturas ya íbamos mezclados con los marchadores duathletas, y en el tram
o de carretera coincidíamos con los ciclistas que ya bajaban del desvío, hace una especie de lazo, en la cara se les veía que lo que nos esperaba no era bueno. Con desarrollo facilito empecé a subir aquella pared en fila india con otros muchos, pero a diferencia de lo que me había pasado antes ya iba adelantando gente, en vez de al revés. En las últimas rampas hubo que echar de nuevo pie a tierra y hasta empujar la bici con las dos manos, alguno tenía en ese momento su bajón, como este de la foto, que parece listo para el coche escoba. Las ermitas suelen estar construidas en lo alto, eso es lo que da mérito a la excursión del peregrino y le hace ganarse el perdón de los pecados, pero el que llegue a lo alto de esta merece la indulgencia plenaria y vitalicia, son 300 metros en menos de 3 km, por un camino de veras vertical.
Llegada arriba, un poco de brisita de las alturas y bajada por el camino principal, una cremallera de cemento en zig zag que se domina toda desde arriba, bajar con un pie en tierra y algunos andando, por si acaso. A mitad de la rampa empezamos a oir jaleo, m
úsica y griterío, y vemos que la pista está copada por la procesión de la virgen, que la bajan al pueblo. Como no se puede pasar los ciclistas se unen al festejo, señora, ¿cómo se llama esta virgen? la virgen de La Carihuela, ¡pues viva la Virgen de la Carihuela! ¡y vivan los ciclistas!. Los costaleros se apartaron a descansar un poco y aprovechamos para adelantarnos en la bici y pasar por el tunel de gente, la banda municipal tocando pasodobles, aplausos, otro momento de gloria. Salimos de Benaoján, kilómetro 90, ya se huele el final, por una estrechísima vereda junto al río todos en fila y pensando ya en la última dificultad, la que llaman Cuesta del Cachondeo que remonta todo el Tajo de Ronda, yo me paré un rato y me senté al lado del río para comer algo y recuperar fuerzas y ya por la carretera en pequeños grupos avistamos Ronda, la meta, qué cerca pero joder qué alto.
Justo bajo el tajo cruzamos el río en una zona muy arbolada, muy verde y fresca, ruido de agua corriente y ruiseñores cantando, había allí algunas casas bajas con viejas sentadas en el jardín entre sus rosales, gran sitio para pasar la jubilación. Al fin se enfilan las rampas de subida a la ciudad, ahora es cuestión de no bajarse y pedalear con mucho desarrollo porque el cuerpo no da más, pero la entrada tiene que ser digna y subido en la burra, no penosa y empujando. Una última curva a izquierdas y por fin la avenida principal porticada, mucha gente aplaudiendo, pasar delante del hotel y torcer para entrar en el parque y allí est
aba todo, el pasillo de legionarios, la cabra al fondo con los cuernos dorados, que la ví como si fuera un ciervo blanco de los cielos, el espíquer comentando cada llegada, una guapas chicas pasando el chip del pasaporte por el lector y regalándote luego un rico Powerade, que me supo a gloria. También estaba toda la familia a un lado, pero no nos vimos, la cabo de un rato me encontraron y nos dimos muchos abrazos, allí estaba un insultante Nico recién duchado y fresco como si saliera de su propio sofá, menos mal que me dijeron que media hora antes estaba tan sudado y baboso como yo.
Dejé la bici en un aparcamiento muy bien organizado hasta el dia siguiente, recogí diploma, camiseta, sudadera, medalla y demás obsequios, subí a ducharme y luego nos fuimos a un estupendo restaurante que hace balcón sobre el tajo, allí cenamos de maravilla y bebimos mucha cerveza, más de cien metros por debajo de nosotros veíamos el inicio de la cuesta, muchos ciclistas comenzando su último via crucis, y cuando nos levantamos para volver al hotel allí seguían llegando, un rosario de luciérnagas por el camino con sus linternas de cabeza, daba cargo de conciencia cenar tan a gusto cuando otros sufrían tanto. En el momento en que entrábamos al hotel paramos para ver y aplaudir al primer corredor, rodeado por montones de motos de policía y guardia civil con las sirenas a tope, la gente lo llevaba en volandas y él llegaba
haciendo el uno con el índice, qué momento de gloria, ese sí que se lo había ganado. La noche fué cayendo y el goteo de ciclistas y corredores siguió, pero siempre hubo alguien para aplaudir.
Al dia siguiente y ya bien desayunados salimos a la calle principal y ahí sí que ya era el rato épico, aún había gente aplaudiendo a los corredores que llegaban después de 24 horas de carrera, unos arrastrando los pies, otros llevados entre dos, las mujeres todas llorando cuando oían los aplausos, ellas son mucho más sentidas. Nos acercamos a la Alameda a ver la retirada del impresionante montaje, muchos legionarios tragando polvo y manejando lonas, cartones y hierros sin guante ninguno, un Inspector de Trabajo se pondría las botas aquí de meter multas a los mandos. Las tiendas de los podólogos y los masajistas aún a tope de clientes, venga tiritas y reventar de ampollas, los masajistas
estaban algo quejosos porque eran estudiantes voluntarios, habían masajeado una media de 50 sufridores cada uno,
pero nadie se había acordado de su cena.
En resumen, larguísma ruta de 101 kilómetros teóricos y 107 reales, ascensión acumulada de 2.300 mts (este sí que es record absoluto), un calor de muerte que llegó a los 35º en algún momento, suelo seco y polvoriento y dolor, mucho dolor. Mi tiempo 7hs 44min, Nico 7hs 08 min, me lleva la ventaja de los entrenamientos por Almería. Ganador absoluto de bicis el Triki Beltrán, profesional recién retirado, del ganador de marchadores no se el nombre pero era pequeño, flaquito y renegrido, con coleta, y me daba envidia. Gran experiencia de turismo y de deporte, meritorio esfuerzo de la Legión que despliega allí un operativo impresionante (la Legión le cae bien a todo el mundo y en buena parte es por cosas como esta), una experiencia para repetir el año que viene, cuando hayamos descansado las piernas lo bastante. Por ahora volveremos a las rutas habituales de los domingos, pero con una diferencia: ¡ya semos legionarios!.


Me lo he leído todo, del tirón. ¿Cuál es mi premio? :o)
Mil enhorabuenas a los dos. Ha debido ser bestial, épico :oD
Comment by Ale — 20 May 2009 @ 9:52 am
¡estupendo como siempre! ya te he dicho que me encanta leer el blog, pero éste todavía más, por la parte que me toca.
Sólo una aclaración: los rondeños llaman a la cuesta que sube el tajo “la cuesta del cachondeo”, y es un nombre tan arraigado que ,dado que el blog tiene tantos lectores, quizá deberias corregir, si se puede.
Los 101 son una hazaña épica, y sólo haciéndolos, o viéndolos de cerca se comprende que el adjetivo no es nada exagerado, así que ánimo a los deportistas, comenzad a entrenar para la del año que viene, que yo me apunto para seguir yendo a animar, que no doy pa más.
Roberto: ¡ENHORABUENA! un beso Luisa
Comment by Luisa — 20 May 2009 @ 12:51 pm
Hola, felicitaciones por el trabajo del blog, aunque se lo que va a relatar me encanta leerlo. Una buena paliza que solo repetire si vamos un grupo de amigos y de paseo. Yo lo pase muy mal cuando al principio nos fueron adelantando todos aquellos ciclistas , con bicis impresionantes y muchas prisas en las bajadas y muy malos modos. Despues en las subidas se quedaban parados a velocidad inversamente proporcional a la que llevaban al principio de la prueba. Calor para dar y regalar. Ah!!Lo que no conto Roberto es que él !!NOLLEVABATELEFONO!!(rafeo) y no supimos si estaba vivo o mediopensionista, si iba lejos o cerca. Tampoco cuenta que en la clasificacion he sido encuadrado en la categoria SENIOR (la que me corresponde por mi aspecto juvenil), la cual comprende entre los 18 y los 34 años. No así Roberto, que fue encuadrado en la categoría de veteranos (de 35 ad infinitum). No sigo extendiéndome para no ensombrecer con mi fluida prosa al verdadero literato que es Roberto. ¡YA SOMOS CIENTOUNEROS! Mi mas rendida admiración por el relato.
Comment by el hombre de hoja de lata — 20 May 2009 @ 8:46 pm
Felicidades por la hazaña. Dicen que al cumplir años uno se va moderando. Pero siempre están los que prefieren rodar por el más difícil todavía. Gracias por compartir la experiencia a base de buena prosa.
Comment by Iñaki — 20 May 2009 @ 10:43 pm