Aguantando el vientoCuando ya parecía que la primavera llegaba imparable y los amaneceres ocurrían realmente a la hora de levantarse, llega este paso atrás: nos cambian la hora y nos hacen levantar otra vez de noche, y encima el tiempo se suma y pasamos un fin de semana de frío y nieve.

Con deserciones varias nos encontamos Nico y yo buscando un objetivo suficientemente retador (como se dice ahora) para este domingo, teniendo en cuenta que viene la semana santa y que probablemente estemos quince días sin montar. Mi bicicleta acababa de salir de la UVI después de la avería de la semana pasada, me tuvieron que cambiar la rueda trasera y los cables de los cambios, pero otra vez se la notaba en plena forma y con ganas de subir montañas. Repasando esas rutas lejanas y duras que últimamente solo hacemos con cuentagotas nos fijamos dos posibles, las dos en la sierra pobre: la subida al pueblo de El Bocígano, y la del puerto de La Puebla saliendo de Prádena. Quedamos de nuevo en Diversia para compartir coche, y yo llegué esta vez sin perderme y en un momento, creo que he logrado cambiar la querencia. Una vez montados y rodando ya por la A-1 miramos mucho los montes y decidimos que la nieve caída por la noche no será tanta, así que arriesgaremos con la subida al puerto que hay detrás de El Bocígano, pese a que su punto más alto está a 2.000 mts.

El camino hasta allí es largo, hay que ir un buen rato por la A-1 y salirse luego a esas carreteras retorcidas que llegan a los pueblos del macizo: La Hiruela, Cardoso, Puebla y demás. La ruta sale junto a la entrada del famoso parque natural del Hayedo de Montejo, una reliquia de tiempos más fríos que allí sigue sobreviviendo. Dicen que es el hayedo más meridional de Europa, aunque parece que los italianos tienen otro que le disputa ese título. En sí el hayedo no es gran cosa, más bien un robledal con algunas hayas, y nada que ver con los grandes hayedos de Rioja, Navarra o Cantabria, pero el mérito es verlo tan al sur.

Hielo caprichosoAparcamos y bajamos las bicis, con el rollo del cambio de hora está aún amaneciendo y baja un cierzo helador del monte, hay algo de nieve pero con este viento la nevada ha sido horizontal: ha borrado las señales de tráfico y los carteles. Durante un rato nos asalta la olvidada sensación de "qué hago yo aquí pudiendo estar en la cama", hacía semanas que no la teníamos. Dejamos el camino lateral que bordea el hayedo y seguimos por la carretera de Cardoso, hay muchos y buenos robles y todo está blanco. Pasamos el pueblo que huele a fuego de leña con algún choricillo encima, y pasamos el puente que cruza el río Berbellido, tiene una pinta truchera estupenda pero muchos carteles de "vedado de pesca", y tomamos luego el camino retorcido que enfila hacia la sierra por enmedio de un robledal grande y espeso, que debe ser de los mejores que quedan por Madrid. A la salida hay unas jaulas con rehalas de podencos, baja una peste a jaula de tigre y un jaleo de ladridos que te hace entender porqué lo tienen lejos del pueblo. Hace mucho frío en las manos, pero debe ser eso de la sensación térmica, porque estamos solo a 0º, y los pies van bien. Nico saca unos guantes de nieve y yo me pongo los suyos encima de los míos, vaya manazas, parezco un topo.

El camino pica ya mucho hacia arriba y el firme está como siempre lleno de piedrones y lajas de pizarra, ahora también con nieve y hielo, una prueba de equilibrio imposible, monta empuja monta empuja, la cosa se va subiendo, hasta que paramos a comer casi arriba, en la falda aún protegida. Hay allí varios manantiales con curiosas formas de hielo, hago bastantes fotos que he puesto para ver. Por fin se corona esta subida, mucho paisaje alrededor de picos nevados, un rato de llaneo y al fin se enfila el verdadero puerto y el cambio de vertiente, con todo el ventarrón helado que viene del lado norte. La última vez que estuvimos aquí había tal tempestad que Rafa y yo nos bajamos, y Nico siguió con Jose, Fonso y Diego, dice que tuvieron que pasar a gatas por la cellisca, creo que no exageraban porque al terminar nos llamaron por el móvil y las carcajadas eufóricas que daban revelaban lo mal que lo habían visto.

Esta vez también estaba muy mal, el viento y la nieve te dejaban la cara tiesa, y en loHaya entre robles más alto los caminos estaban borrados, más o menos ibas por donde creías que podía ser. Algunas fotos para el recuerdo, paso de una vertiente a otra y comienzo del descenso alternando bici y pie, mucha nieve y mucho barranco para írsela jugando. Pasamos la cascada y el bosque de serbales (otra reliquia de climas fríos), y emocionante bajada trialera por los arroyos y las piedras. Estamos un rato viendo el Hayedo desde esta vertiente (es una buena opción cuando no has pedido número para entrar en el parque), hasta que de repente vemos que son las 13 horas, demasiado empujar y demasiada nieve, llegaremos tarde. A partir de ese momento se acaban las fotos, apretar pedal y correr mucho, tirar las bicis cubiertas de barro dentro del coche y hale a dar curvas, no llegamos a comer.

Los kilómetros recorridos, 38, no justifican las más de cuatro horas tardadas, claro que la subida acumulada es de casi 1.400 metros y hemos tenido que empujar mucho. El cambio de hora y el tiempo frío son un paso atrás en la llegada de la primavera, pero a partir de ahora todo irá más rápido, pronto estaremos sudando con la camiseta de algodón por esos montes…