El momento del adiósLargo puente este que hemos tenido, ya era hora de que cayera uno, que el primer trimestre del año se hace interminable, sin fiestas, entrando a trabajar de noche y saliendo lo mismo, frío y desapacible y encima este año con lluvia y nieve para dar y tomar. En plena primavera anticipada esos cuadro diitas han caído de maravilla, y la gente los ha disfrutado. Yo trabajé el viernes, pero eso de tener la semana partida te sienta como muy bien, aproveché los dias libres para emprender un proyecto bricolagero de alcance. No esperábamos tener ruta este domingo con la gente por ahí de viaje, pero el sábado noche llamó Nico que había tenido guardia en la farmacia, y Diego también se animó, así que yo, que planeaba pasar el domingo lijando y barnizando, no dudé mucho rato y me dejé convencer muy fácilmente para subir al monte a tomar el sol y respirar el aire puro y sin serrín.

Siendo solo tres y de los más animados nos propusimos hacer una de las más gordas, y hacerla además en tiempo record y sin parar. Elegimos la de Escorial-Penosilla-Cuelgamuros-Jarosa-La Mina-Abantos-Escorial, en un buen dia se pueden hacer sus más de 1.300 mts en cuatro horas y media, ayer queríamos meterla en solo cuatro horas. Salimos pues desde El Tomillar los tres a buen ritmo y con un dia soleado, la zona de merenderos en el pinar mostraba las huellas de cuatro dias de puente, las papeleras rebosando y el suelo lleno de papeles. Desvío hacia las rampas de La Penosilla y Diego y yo a buen ritmo hacia arriba, Nico guardando como suele hacer él al principio de la ruta. En mi cabeza el run run de un leve remordimiento por el trabajo bricolagero dejado a medias con toda la maquinaria extendida, y ese remordimiento me empujaba a castigarme más y me daba alas. Llegada arriba y reagrupamiento para afrontar las rampas de tierra del 22% que terminan de coronar el puerto, casi debajo de Abantos. Estaban muy secas y pedregosas y son una prueba de técnica, en los últimos cinco metros perdí la concentración y pisé una piedra, la bici se cruzó y pie a tierra, pero aparte de eso buenas sensaciones y ganas de castigarse. Muchos buitres volando perezosos junto a la ladera, hoy no tenéis nada que hacer con nosotros.

En la larga bajada hasta la valla de Cuelgamuros la bici empieza a hacer un chaka chaka extraño, se iba comiendo la cadena, así que al llegar a la valla revisión técnica y vemos que parece haberse roto el rodamiento trasero. Tras darle vueltas al asunto decidimos que intentaré seguir la ruta cuidando mucho la pedalada, a ver si el tema aguanta. Saltamos la valla prohibida del Patrimonio Nacional, que es nuestra como españoles que somos, y vemos tres corzos muy grises que cruzan el camino. Cómo han proliferado estos bichos, ahora es raro el dia que no vemos unos cuantos, un dia un cazador nos dijo que como no se les puede tirar se ven más corzos que perdices.

Idílico lugarEn mitad del pinar de repente se me vuelven locos los pedales y ya giran sueltos, con lo que me quedo como un tonto haciendo molinillo mientras los demás siguen para adelante, nuevo diálogo democrático pero ya no hay mucho que hacer, decido volver andando al coche mientras los demás siguen ruta. Allí me dejaron tirado, la foto de cabecera muestra su adiós, no parecen muy tristes, ¿verdad?. A partir de ese momento mi ruta es ya solitaria, pedaleando con cuidadín logro que de vez en cuando engrane el eje y la bici empuje, así llego de nuevo a la valla y me tiro recto hacia abajo por el cortafuegos que la bordea, pensando que en pura lógica debe terminar en la carretera de subida. Pero en las cuestiones del monte la pura lógica casi nunca funciona, el cortafuegos termina en un estrecho valle con río, así que con la bici al hombro tomo un caminito de cabras a media ladera y voy andando, disfrutando del paisaje de bosque mediterráneo de encinas, jaras y grandes enebros, el río iba abajo con un soto de fresnos y prado verde, muchos pajaritos cantando y de vez en cuando el ladrido de algún corzo. En fin, deporte no hacía, pero iba a gusto. Tras bastante caminar llego a la carretera Escorial-Guadarrama, y me meto en el mucho tráfico que pasa, de nuevo cuesta arriba y de nuevo apretando los pedades con cariño, para que el tema no se acabe de cascar. Finalmente llegada al coche y hago una perdida al móvil de los compañeros según lo acordado, para decirles que no me han comido los buitres.

Me siento en el coche y arranco, el cuerpo estaba disparado con el aperitivo de La Penosilla y me iba pidiendo a gritos más tralla, así que después de acercarme a Guadarrama a por el pan llegué a casa, me puse el mono de trabajo y me apliqué a la tarea lijadora, si es que estaba escritNido de urracaso que yo me pasaría el domingo respirando serrín…

Os adjunto unas fotos de mis nuevas vecinas, han estadoLas nuevas vecinas también de puente y no se las ha visto en cuatro dias. Lo que creían una zona tranquila ha estado demasiado bullanguera con todos los vecinos en el jardincito gritando y ahumándolas con la barbacoa, tanto que abandonaron su nido. Sin embargo esta mañana las he vuelto a ver acarreando palos, se acabó la fiesta y cada uno a su trabajo…