Perdidos en el pinarEh, qué título más sonoro, esto hay que animarlo para que resulte divertido. Después de algún tiempo sin nevar y con buena temperatura calculábamos que habría ya poca nieve por esos montes y que podríamos subir hasta cualquier altura. Pecamos de ingenuos e impacientes, las zonas bajas están ya limpias pero a partir de los 1.700 mts sigue habiendo mucha nieve, así que pasamos un dia complicado y difícil peleando por allí.

La ruta planificada era esta vez de las lejanas, con salida desde el pueblo de Navafría, al otro lado de Navacerrada y ya bien dentro de la provincia de Segovia. Como el trayecto es largo y aburrido quedamos con Nico en la Venta Real, a media subida del puerto, allí se montó en el coche con su bici para compartir el trayecto, o más bien se encajó, con todo lo grande que es se tuvo que meter en el asiento trasero con las bicis, un manillar en la mandíbula y procurando no moverse mucho.

Navafría es un bonito pueblo de montaña segoviano, muy conservado y preparado para los domingueros madrileños (como todos los pueblos que están en un radio de hasta 200 kms), hay posadas rurales y picaderos (de caballos). En otros tiempos veníamos por aquí tres o cuatro veces por año, últimamente casi nunca, creo que la última vez fué hace cuatro o cinco años, así que es primera vez que sale en el blog. El pueblo ha seguido mejorando y se ven varias casas reconstruidas con buen gusto. El dia estaba fresco y húmedo, con buenos olores y temperatura de cuatro o cinco grados. Comenzamos por la carreterilla que va al area recreativa y pasamos el cuartel de la Guardia Civil. Unos dos kms más allá paramos a ver el grupo de alerces (Larix Decidua), este es de los pocos sitios de España donde pueden verse estos árboles, abundantes en elArchivo:Illustration Larix decudua0.jpg centro y norte de Europa. Es la única conífera que pierde sus agujas en invierno, y nosotros hemoAlerces de navafrías visto también otros grupos de repoblación en la Sierra Negra (camino de Matallana) y en el puerto de Piqueras, se ve que los ponen en zonas muy frías.

Más allá descubrimos que han construido un pantano del que no teníamos ni idea, parece que muerto Franco se siguen haciendo estas cosas. Nico y yo bajamos para verlo, es pequeñito y recién terminado, no lo han llenado aún, quizá lo tengan en pruebas. Se llama pantano del Ceguilla, el nombre de este río, afluente del Cega. Mientra mirábamos y hacíamos fotos Rafa siguió subiendo a su ritmo, recién curado de los catarros tenía miedo de quedarse colgado. Pasamos la vieja piscifactoría, hoy abandonada y reconquistada por los pinos, y entramos en el pinar que va bordeando el río Ceguilla, espeso y de árboles estupendos. Se atraviesa una zona de acampada con pabellones y barracones construidos con troncos. Aquí cerca hay otra de esas instalaciones lúdicas para madrileños que se llama "De Pino a Pino", con tirolinas, puentes de troncos y todo eso. El camino se bifurca y optamos por el más alto, que según la guía es menos  violento, aunque los dos acaban confluyendo unos kms más arriba.

Al rato llegamos al límite de la nieve, y allí reconocimos las huellas de Rafa, son inconfundibles sus minipiés del 37 (ya iba empujando), dice que gracias a ellos siempre encuentra zapatos en las rebajas. Paramos a comer en plena subida, y Nico y yo nos metimos por el pinar a intentar localizar las primeras setas Marzuelas (Higrophorus Marzuolus), pero ni rastro, aún debe ser pronto, o nosotros debemos ser malos. Después de mucho subir y bastante desmontar desembocamos los tres en la carretera del puerto de Navafría y nos disponemos a tomar el camino horizontal que nos llevará remontando todo el valle del Cega. Allí nos encontramos sorpresa, hay una especie de barrera de nieve y más allá han cerrado el camino al paso de cualquier vehículo, bicis incluidas. El antiguo refugio ha sido convertido en centro de esquí de fondo, y la pista ya solo es para esquiadores. Nos lo estuvo explicando el chico que tiene la concesión, y aunque nos pareció muy dudoso esto de que se pueda cerrar un camino público para un uso privado no nos empeñamos en pasar, el chaval iba de buen rollo y saltaba a la vista que había hecho sus inversiones para poner aquello a punto: moto de nieve, trineos de carga para arrastrar nieve y tapar los agujeros, paneles solares, en fin, se lo montaba para ganar algunos eurillos y sobrevivir. Nos dió la alternativa de bajar por la carretera un par de kilómetros y tomar otra pista horizontal que va paralela por debajo, hasta llegar también a la cabecera del Cega.

Así lo hicimos, tomando una pista forestal nueva y ancha con el firme bien empedrado. Todo iba bien hasta que llegamos a una zona de talas, aquello no era el habitual aclareo sino que habían cortado todo el pinar dejando solo uno de cada veinte, de muestra. Parecía un poco abusivo, pero no vas a enseñar a estos segovianos a explotar y conservar su monte, lo hacen de maravilla. Toda la ladera estaba llena de nuevos pinitos espontáneos, y seguro que en 50 años no habrá mucha diferencia. El problema era que los árboles cortados habían sido depositados en medio del camino durante casi un kilómetro y no había via alternativa, así que empezamos a trepar troncos con las bicis a la espalda, enmedio de marañas de ramas y pringándonos bien de resina y sin verle fin a la situación, dudando si seguir o dar para atrás, y con Rafa refunfuñando. No se si el chaval del esquí de fondo lo sabía o no, pero nos hizo bien el lío.

Cuando por fin terminó la tala entramos en más zona de pinares marcados para el hacha, el camino estaba lleno de nieve pisada por una máquina forestal y en su mayoría inciclable, así que venga a empujar cuesta arriba, completamente perdidos y sin saber dónde acabaríamos. Nico decía que él sabía dónde estábamos, en la ladera remontando el valle, por encima del río Cega y de la carreterita que lo bordea, la senda concreta es lo de menos. Es lo que tienen los sherpas, que tienen mucha fe en sí mismos, porque Rafa y yo ya nos sentíamos perdidos por los tres. Finalmente, tras un trozo final de camino con nieve muy profunda, llegamos efectivamente a la explanada con refugio y  zona de presas donde hubiéramos llegado también por la senda alta, la que se ha convertido en pista de esquí.

Ya justos de tiempo tomamos la famosa carreterita cuesta abajo, a buena velocidad pero con cuidado, porque había bañeras de nieve cada poco rato. En una de ellas se me fué de delante la bici y acabé en el terraplén de nieve, qué gozada, estuve por repetir la maniobra para volver a caer tan en blando. Llegada a Navafría ya con el tiempo justo tras todas las penalidades por la nieve, 30 kms de recorrido, casi 800 metros de desnivel, mucho rato perdidos y empujando bici, o metidos entre las ramas y desesperando de salir, un dia de sufrimiento, perdidos por los pinares asesinos…

Novedades, ha vuelto al pareja de cernícalos de la que hablaba el otro dia Hojalata, he visto a uno de ellos posarse en una de las Cuatro Torres, en concreto en el el superhotel de cinco estrellas, se ve que le gustan los posaderos con clase. Me han hecho el reconocimiento médico de empresa y me han salido ¡48 pulsaciones por minuto!, ya decía yo que últimamente me notaba fuerte. Claro que esto de la forma es un subibaja, ahora pillas un catarro o estás dos semanas sin entrenar y vuelves al pelotón…