Bicicleta de Montaña30 March 2009

Aguantando el vientoCuando ya parecía que la primavera llegaba imparable y los amaneceres ocurrían realmente a la hora de levantarse, llega este paso atrás: nos cambian la hora y nos hacen levantar otra vez de noche, y encima el tiempo se suma y pasamos un fin de semana de frío y nieve.

Con deserciones varias nos encontamos Nico y yo buscando un objetivo suficientemente retador (como se dice ahora) para este domingo, teniendo en cuenta que viene la semana santa y que probablemente estemos quince días sin montar. Mi bicicleta acababa de salir de la UVI después de la avería de la semana pasada, me tuvieron que cambiar la rueda trasera y los cables de los cambios, pero otra vez se la notaba en plena forma y con ganas de subir montañas. Repasando esas rutas lejanas y duras que últimamente solo hacemos con cuentagotas nos fijamos dos posibles, las dos en la sierra pobre: la subida al pueblo de El Bocígano, y la del puerto de La Puebla saliendo de Prádena. Quedamos de nuevo en Diversia para compartir coche, y yo llegué esta vez sin perderme y en un momento, creo que he logrado cambiar la querencia. Una vez montados y rodando ya por la A-1 miramos mucho los montes y decidimos que la nieve caída por la noche no será tanta, así que arriesgaremos con la subida al puerto que hay detrás de El Bocígano, pese a que su punto más alto está a 2.000 mts.

El camino hasta allí es largo, hay que ir un buen rato por la A-1 y salirse luego a esas carreteras retorcidas que llegan a los pueblos del macizo: La Hiruela, Cardoso, Puebla y demás. La ruta sale junto a la entrada del famoso parque natural del Hayedo de Montejo, una reliquia de tiempos más fríos que allí sigue sobreviviendo. Dicen que es el hayedo más meridional de Europa, aunque parece que los italianos tienen otro que le disputa ese título. En sí el hayedo no es gran cosa, más bien un robledal con algunas hayas, y nada que ver con los grandes hayedos de Rioja, Navarra o Cantabria, pero el mérito es verlo tan al sur.

Hielo caprichosoAparcamos y bajamos las bicis, con el rollo del cambio de hora está aún amaneciendo y baja un cierzo helador del monte, hay algo de nieve pero con este viento la nevada ha sido horizontal: ha borrado las señales de tráfico y los carteles. Durante un rato nos asalta la olvidada sensación de "qué hago yo aquí pudiendo estar en la cama", hacía semanas que no la teníamos. Dejamos el camino lateral que bordea el hayedo y seguimos por la carretera de Cardoso, hay muchos y buenos robles y todo está blanco. Pasamos el pueblo que huele a fuego de leña con algún choricillo encima, y pasamos el puente que cruza el río Berbellido, tiene una pinta truchera estupenda pero muchos carteles de "vedado de pesca", y tomamos luego el camino retorcido que enfila hacia la sierra por enmedio de un robledal grande y espeso, que debe ser de los mejores que quedan por Madrid. A la salida hay unas jaulas con rehalas de podencos, baja una peste a jaula de tigre y un jaleo de ladridos que te hace entender porqué lo tienen lejos del pueblo. Hace mucho frío en las manos, pero debe ser eso de la sensación térmica, porque estamos solo a 0º, y los pies van bien. Nico saca unos guantes de nieve y yo me pongo los suyos encima de los míos, vaya manazas, parezco un topo.

El camino pica ya mucho hacia arriba y el firme está como siempre lleno de piedrones y lajas de pizarra, ahora también con nieve y hielo, una prueba de equilibrio imposible, monta empuja monta empuja, la cosa se va subiendo, hasta que paramos a comer casi arriba, en la falda aún protegida. Hay allí varios manantiales con curiosas formas de hielo, hago bastantes fotos que he puesto para ver. Por fin se corona esta subida, mucho paisaje alrededor de picos nevados, un rato de llaneo y al fin se enfila el verdadero puerto y el cambio de vertiente, con todo el ventarrón helado que viene del lado norte. La última vez que estuvimos aquí había tal tempestad que Rafa y yo nos bajamos, y Nico siguió con Jose, Fonso y Diego, dice que tuvieron que pasar a gatas por la cellisca, creo que no exageraban porque al terminar nos llamaron por el móvil y las carcajadas eufóricas que daban revelaban lo mal que lo habían visto.

Esta vez también estaba muy mal, el viento y la nieve te dejaban la cara tiesa, y en loHaya entre robles más alto los caminos estaban borrados, más o menos ibas por donde creías que podía ser. Algunas fotos para el recuerdo, paso de una vertiente a otra y comienzo del descenso alternando bici y pie, mucha nieve y mucho barranco para írsela jugando. Pasamos la cascada y el bosque de serbales (otra reliquia de climas fríos), y emocionante bajada trialera por los arroyos y las piedras. Estamos un rato viendo el Hayedo desde esta vertiente (es una buena opción cuando no has pedido número para entrar en el parque), hasta que de repente vemos que son las 13 horas, demasiado empujar y demasiada nieve, llegaremos tarde. A partir de ese momento se acaban las fotos, apretar pedal y correr mucho, tirar las bicis cubiertas de barro dentro del coche y hale a dar curvas, no llegamos a comer.

Los kilómetros recorridos, 38, no justifican las más de cuatro horas tardadas, claro que la subida acumulada es de casi 1.400 metros y hemos tenido que empujar mucho. El cambio de hora y el tiempo frío son un paso atrás en la llegada de la primavera, pero a partir de ahora todo irá más rápido, pronto estaremos sudando con la camiseta de algodón por esos montes…

Bicicleta de Montaña23 March 2009

El momento del adiósLargo puente este que hemos tenido, ya era hora de que cayera uno, que el primer trimestre del año se hace interminable, sin fiestas, entrando a trabajar de noche y saliendo lo mismo, frío y desapacible y encima este año con lluvia y nieve para dar y tomar. En plena primavera anticipada esos cuadro diitas han caído de maravilla, y la gente los ha disfrutado. Yo trabajé el viernes, pero eso de tener la semana partida te sienta como muy bien, aproveché los dias libres para emprender un proyecto bricolagero de alcance. No esperábamos tener ruta este domingo con la gente por ahí de viaje, pero el sábado noche llamó Nico que había tenido guardia en la farmacia, y Diego también se animó, así que yo, que planeaba pasar el domingo lijando y barnizando, no dudé mucho rato y me dejé convencer muy fácilmente para subir al monte a tomar el sol y respirar el aire puro y sin serrín.

Siendo solo tres y de los más animados nos propusimos hacer una de las más gordas, y hacerla además en tiempo record y sin parar. Elegimos la de Escorial-Penosilla-Cuelgamuros-Jarosa-La Mina-Abantos-Escorial, en un buen dia se pueden hacer sus más de 1.300 mts en cuatro horas y media, ayer queríamos meterla en solo cuatro horas. Salimos pues desde El Tomillar los tres a buen ritmo y con un dia soleado, la zona de merenderos en el pinar mostraba las huellas de cuatro dias de puente, las papeleras rebosando y el suelo lleno de papeles. Desvío hacia las rampas de La Penosilla y Diego y yo a buen ritmo hacia arriba, Nico guardando como suele hacer él al principio de la ruta. En mi cabeza el run run de un leve remordimiento por el trabajo bricolagero dejado a medias con toda la maquinaria extendida, y ese remordimiento me empujaba a castigarme más y me daba alas. Llegada arriba y reagrupamiento para afrontar las rampas de tierra del 22% que terminan de coronar el puerto, casi debajo de Abantos. Estaban muy secas y pedregosas y son una prueba de técnica, en los últimos cinco metros perdí la concentración y pisé una piedra, la bici se cruzó y pie a tierra, pero aparte de eso buenas sensaciones y ganas de castigarse. Muchos buitres volando perezosos junto a la ladera, hoy no tenéis nada que hacer con nosotros.

En la larga bajada hasta la valla de Cuelgamuros la bici empieza a hacer un chaka chaka extraño, se iba comiendo la cadena, así que al llegar a la valla revisión técnica y vemos que parece haberse roto el rodamiento trasero. Tras darle vueltas al asunto decidimos que intentaré seguir la ruta cuidando mucho la pedalada, a ver si el tema aguanta. Saltamos la valla prohibida del Patrimonio Nacional, que es nuestra como españoles que somos, y vemos tres corzos muy grises que cruzan el camino. Cómo han proliferado estos bichos, ahora es raro el dia que no vemos unos cuantos, un dia un cazador nos dijo que como no se les puede tirar se ven más corzos que perdices.

Idílico lugarEn mitad del pinar de repente se me vuelven locos los pedales y ya giran sueltos, con lo que me quedo como un tonto haciendo molinillo mientras los demás siguen para adelante, nuevo diálogo democrático pero ya no hay mucho que hacer, decido volver andando al coche mientras los demás siguen ruta. Allí me dejaron tirado, la foto de cabecera muestra su adiós, no parecen muy tristes, ¿verdad?. A partir de ese momento mi ruta es ya solitaria, pedaleando con cuidadín logro que de vez en cuando engrane el eje y la bici empuje, así llego de nuevo a la valla y me tiro recto hacia abajo por el cortafuegos que la bordea, pensando que en pura lógica debe terminar en la carretera de subida. Pero en las cuestiones del monte la pura lógica casi nunca funciona, el cortafuegos termina en un estrecho valle con río, así que con la bici al hombro tomo un caminito de cabras a media ladera y voy andando, disfrutando del paisaje de bosque mediterráneo de encinas, jaras y grandes enebros, el río iba abajo con un soto de fresnos y prado verde, muchos pajaritos cantando y de vez en cuando el ladrido de algún corzo. En fin, deporte no hacía, pero iba a gusto. Tras bastante caminar llego a la carretera Escorial-Guadarrama, y me meto en el mucho tráfico que pasa, de nuevo cuesta arriba y de nuevo apretando los pedades con cariño, para que el tema no se acabe de cascar. Finalmente llegada al coche y hago una perdida al móvil de los compañeros según lo acordado, para decirles que no me han comido los buitres.

Me siento en el coche y arranco, el cuerpo estaba disparado con el aperitivo de La Penosilla y me iba pidiendo a gritos más tralla, así que después de acercarme a Guadarrama a por el pan llegué a casa, me puse el mono de trabajo y me apliqué a la tarea lijadora, si es que estaba escritNido de urracaso que yo me pasaría el domingo respirando serrín…

Os adjunto unas fotos de mis nuevas vecinas, han estadoLas nuevas vecinas también de puente y no se las ha visto en cuatro dias. Lo que creían una zona tranquila ha estado demasiado bullanguera con todos los vecinos en el jardincito gritando y ahumándolas con la barbacoa, tanto que abandonaron su nido. Sin embargo esta mañana las he vuelto a ver acarreando palos, se acabó la fiesta y cada uno a su trabajo…

Bicicleta de Montaña16 March 2009

Trampa para He-ManPues nada, ya podemos decir que está aquí, que ha venido y nadie sabe cómo ha sido, marzo va mayeando y por ahí arriba se puede andar ya en camiseta, al menos en las horas centrales del día. El primo de Ignacio tenía razón, como el de Rajoy, y parece que andamos metidos en primavera anticipada, como antes lo estuvimos en invierno prolongado. La pareja de urracas que andaban por mi jardín se han quedado con la querencia y han empezado a amontonar ramas en la copa de un cedro flaco que tengo justo delante de la ventana, con lo que el futuro nido me va a quedar como a diez metros en línea recta, con lo ruidosas que son las malditas. Por ahora no hago caso de mi propia pareja, que exige que desmonte el nido antes de que sea demasiado tarde. Resulta divertido estar un rato mirando por la ventana viendo cómo se comportan, son de lo más parecido a los humanos: ella se queda en el proyecto de nido haciendo temblar las alas (signo universal de las crías y las hembras de pájaro cuando piden algo), y él se afana trayendo ramas y enseñándoselas antes de colocarlas, como diciendo ¿ves qué útil soy?, ¿ves qué bien se me da el bricolage?. Vale, tíos, ya paso a contar la ruta del domingo, es que esto de los pájaros tiene su público, y hay gente que me lo reclama. 

Al abrir el informe del StatCounter me he llevado la sorpresa de que las visitas del blog, que andan por las 215 semanales, se han puesto de repente en 303, un incremento del 30%. Esta página no tiene fines lucrativos ni contiene publicidad, ni tengo una plantilla de webmasters intentando que la gente llegue aquí cada vez que mete algo en los buscadores, pero te pica la curiosidad de saber qué fué lo que hiciste la semana pasada que hizo que tanta gente conectara la página. Hay veces que escribo dos artículos y las visitas no crecen, otras hago una de aliño y sin embargo suben a tope… Es igual que cuando te encuentras superfuerte un dia subiendo: ¿qué he desayunado? ¿cuántas horas dormí anoche? En fin, este es un misterio más, como el de los recibos de la luz o la teoría del caos.

Pues nada, el domingo nos subimos Rafa, Diego y yo a Valsaín a hacer la ruta de los altos del Rio Eresma, por el lado segoviano de Navacerrada. Es ruta que solemos reservar para los dias de lluvia y barro porque está en un 80% asfaltada, bueno, eso era antes, ahora que me fijo lo está ya en un 100%, con este ansia alfaltadora de los actuales gestores. Tampoco tiene esto mucho sentido, porque sigue habiendo vallas que impiden que los coches suban por las pistas (y menos mal), así que la única explicación que se me ocurre es que todo este esfuerzo es para la explotación forestal y las tareas de repoblación. Quedamos en una placita del pueblo detrás de la iglesia y enseguida nos subimos paraMontañas Nevadas la zona de los aserraderos, al poblado de los peones forestales. Bueno, digo yo que será eso, porque Valsaín tiene una zona pueblo tradicional junto al río con plaza y casas de piedra, y una zona en torno a su aserradero de casitas de madera muy monas del tipo "hecha-una-hechas-ciento", como las de los poblados de minería o de presa. Esas casitas monas de madera han sido recompradas por madrileños que las han dejado muy bonitas como pequeño refugio de fin de semana, y en otras hay casa rural. Las calles no tienen nombre, en la placa pone "Calle Primera"o "Calle Quinta", como en Broadway.

Pasamos el aserradero y el gran centro forestal, y saludamos a las cigüeñas de la antigua chimenea de ladrillo. A todo esto, ¿es verdad eso que dicen de que está prohibido derribar las chimeneas, porque son monumento industrial? Debe serlo, porque a veces encuentras algunas enmedio del campo, o de la ciudad. Pasamos la valla y entramos en el robledal sombrío, qué bonita es esta carreterilla. Muchas pilas de troncos, en el aserradero los gordos salen y se amontonan como estupendas vigas, los malos salen por la puerta de atrás como pallets. Me paro a hacer unas fotos de las cascadas y estos se me largan, qué dura es esta subida, y no es lo mismo perseguir a Rafa que a Diego… El camino está alfombrado de ramitas y pinaza, aquí también llegó el vendaval, pero sin grandes daños. Llegados arriba del todo paramos a comer en una meseta frente a los picos nevados, no lo estarán mucho tiempo, hace calor. La carreterita baja y baja, pasas zonas de cortas que alternan con otras de buena repoblación, y finalmente llegamos a las Siete Revueltas, en la subida al puerto por el lado segoviano.

Cruzamos y vuelta a entrar en los pinares pasando la valla. Han puesto ahí un extraño artefacto o jaulón tMuérdagoipo trampa del castillo de He-Man, apto solo para pasar andando o con las bicis verticales, será para evitar a los moteros y los quads. Encontramos aquí a un superpirado deportista, que está intentando poner en su bici una mochila con esquís de travesía y botas. Nos cuenta que quiere llegar a la nieve, esquiar y volver a bajar luego. Teniendo en cuenta que este duro tramo hasta la Fuente de la Reina dura unos 6 kms y tiene rampas del 15% no vemos cómo va a llegar arriba con toda su carga, y calzado con botas de esquí… en fin, no cabe duda de que tiene moral y es deportista. Tras mucho remontar llegamos Diego y yo hasta la fuente y allí nos tumbamos a esperar. Llegan también dos que son del pueblo de Valsaín, y nos cuentan que han adelantado a uno vestido de rojo (Rafa) y a un pirado que va en bici con botas de esquiar. Nunca sabremos si llegó o murió en el intento, en el periódico no dice nada.

Nos bajamos ya los cinco por la carretera, y tras rápida parada por pinchazo de Diego llegamos a Valsaín por la otra entrada, qué dia más bueno, y qué vista la del pueblo con las montañas nevadas detrás, y qué tentadoras las terracitas para los turistas con mesitas llenas de jarras de cerveza. Aunque nadie llevaba esta vez relojes, saco los datos de las otras veces que la hemos hecho: 37 kms y 1.050 mts de subida. Vaya uno o no en bici, este pueblo forestal merece una visita de primavera.

Bicicleta de Montaña, Amigos9 March 2009

El último lagoLa semana pasada tuvimos tempestad por Madrid y por el resto del país, aunque parece que fué peor en el norte. Ya nos decía Ignacio que según el saber de la gente del campo aún quedaba una cuarta luna de nieve durante este invierno, y como resulte verdad y ahora entre la primavera me voy a hacer de la cofradía de los creyentes en el saber popular, porque hasta ahora lo tenía bastante despreciado. La cosa fué esta vez más de viento que de nieve, porque de esa no ha caído mucha por Madrid, o mejor dicho, ha caído en altura, pero la cota sigue donde siempre, en los 1.700. En cambio de viento debió de haber muchísimo, porque el sábado me subí al puerto de Guadarrama a dar un paseo y ver lo de las marzuelas esas (que ya creo que deben ser una invención fantástica de los seteros) y ví con asombro que las rachas han hecho grandes destrozos en el pinar, han derribado muchos y muy enormes ejemplares, yo diría que hasta un 15% de los pinos de la ladera alta de Guadarrama, y en algunas manchas hasta el 50%. La pista de Tablada está cerrada de troncos caídos, y aunque los forestales han cortado y apartado tímidamente algunos de los troncos, aquí tienen trabajo para meses, porque no solo sería retirar lo caído, sino cortar los árboles que tienen la copa tronchada, ya se sabe que un pino roto por arriba no vuelve a retoñar. En fin , el espectáculo era penoso y raro, porque estos árboles deben de tener por el tamaño más de 50 años, parece que más que un viento fuerte lo que hubo fué un viento en la dirección justa, entrando por lo alto del puerto y haciendo bocina en el valle.

Desastre en CercedillaEn cuanto a la bici, ayer nos subimos a la ladera norte, a San Rafael, a repetir la de Espinar-Arroyo del Boquerón-Pinares Llanos-Collado del Hornillo. Fuimos Nico Rafa y yo, más la incorporación de Miguel Angel, un vecino de Rafa que ya habia venido una vez (y que inventó un modo de arreglar pinchazos muy sorprendente). Demostró estar muy en forma como exathleta que es, cuando uno cree estar muy fino, como yo últimamente, no hay como tener otro que te deje tirado y te ponga en tu sitio. En fin, si se apunta más veces hará subir el nivel. En cambio tuvimos pistas palpables de que Rafa planea su próxima retirada del grupo "A" con motivo de su 60 cumpleaños, que será el próximo mayo. Cada vez que llegábamos a un sitio decía "quizá sea la última vez que venga por aquí…" "en todo caso seguro que es la última vez que lo vea con nieve…", en fin, las indirectas eran más que directas, solo nos queda decirle que ya lo hemos captado, porque hasta mayo quedan muchas salidas.

Pues nada, Ignacio, vete pensando en el viejo proyecto de crear una División de Plata donde poder curar tu catarro, eso sí, que quede en las salidas a las 10 y esté de vuelta para el aperitivo a las 12,30, y si entre medias os podéis comer un pollo asado y varias cervezas en un bar del camino, pues mejor… Igual hasta nos apuntamos nosotros.

Nosotros salimos a las 8,15 desde las casas del arroyo con una buena helada, y empezamos a subir por la carrerita que va al Espinar. Han marcado para el hacha los grandes pinos que bordean el primer tramo a ambos lados, como si quisieran ampliarla, es cosa del progreso. El dia era estupendo, mucho sol por primera vez en meses, y más caliente cuanto más subíamos, de vez en cuando ya alguna racha templada y con buenos olores. Miguel Angel llevaba pedaleo tipo Ullrich, un desarrollo muy duro como les gustaba también a los Joses, nosotros más aprovechones de la técnica para ir relajados. Al pasar Espinar muchísimas cigüeñas llevando material de construcción en el pico, estas no notan la crisis del sector. Rafa se pasó en la gran bajada antes del tomar el desvío, y siguió y siguió sordo a nuestros gritos, le metió un buen extra a la ruta.

La subida del Boquerón tan dura o más que otras veces, con mucha agua y mucha piedra, y con un rival por delante que te va haciendo exigir, hacía tiempo que no notaba el corazón en la boca. Muchas vacas avileñas recién paridas, es curioso que los terneros sean blancos, marrones o castaños, si cuando crecen todas se vuelven de idéntico color negro. Comida en lo alto del puerto, venga dátiles, y discusión de sherpas, el nuevo también lo es, pero además acarrea mapas físicos para ir viendo. Rafa, qBanjo Playerue se suele quejar de que no ve bien de lejos, avistó un grupo de tres corzos que eran solo unas manchitas que corrían por el valle. Breve paso por los búnkeres, que están cada dia más enterrados y anegados de agua, lo que no consiguió la artillería Nacional lo va a lograr pronto la naturaleza. Breve duda arriba en el cruce, Nico no consiguió arrastrarnos a Cueva Valiente y se quejó amargamente de las democracias que no respetan a las minorías, seguimos todo recto hacia el pantanito y el cámping.

Fotos en el pantano o lago suizo que tenía buenas placas de hielo ("última vez que lo veo con hielo…"), y bajada a ese cámping que se ha convertido en vivienda permanente para mucha gente, a juzgar por los chiringuitos, cocinas y pabellones que se han ido improvisando. Paso por Pinares LLanos y subida al Collado del Hornillo, ahora sí ya echando el bofe, vaya porcentajes que tiene esta carretera. La bajada a San Rafael por la pista estaba muy mal, mucha nieve y muy mala, resbalones y caídas y mucho empujar. Una vez en los coches Rafa dando una mirada circular de adiós al lugar, anda como liberado de alguna penosa obligación, cuando esto fué siempre voluntario, ¿no?

Total 42 kms y 1.100 de ascensión, ruta con olor de primavera y de despedida, qué mezcla más romántica, aunque sea Rafa un tío tan feo…

Bicicleta de Montaña3 March 2009

Perdidos en el pinarEh, qué título más sonoro, esto hay que animarlo para que resulte divertido. Después de algún tiempo sin nevar y con buena temperatura calculábamos que habría ya poca nieve por esos montes y que podríamos subir hasta cualquier altura. Pecamos de ingenuos e impacientes, las zonas bajas están ya limpias pero a partir de los 1.700 mts sigue habiendo mucha nieve, así que pasamos un dia complicado y difícil peleando por allí.

La ruta planificada era esta vez de las lejanas, con salida desde el pueblo de Navafría, al otro lado de Navacerrada y ya bien dentro de la provincia de Segovia. Como el trayecto es largo y aburrido quedamos con Nico en la Venta Real, a media subida del puerto, allí se montó en el coche con su bici para compartir el trayecto, o más bien se encajó, con todo lo grande que es se tuvo que meter en el asiento trasero con las bicis, un manillar en la mandíbula y procurando no moverse mucho.

Navafría es un bonito pueblo de montaña segoviano, muy conservado y preparado para los domingueros madrileños (como todos los pueblos que están en un radio de hasta 200 kms), hay posadas rurales y picaderos (de caballos). En otros tiempos veníamos por aquí tres o cuatro veces por año, últimamente casi nunca, creo que la última vez fué hace cuatro o cinco años, así que es primera vez que sale en el blog. El pueblo ha seguido mejorando y se ven varias casas reconstruidas con buen gusto. El dia estaba fresco y húmedo, con buenos olores y temperatura de cuatro o cinco grados. Comenzamos por la carreterilla que va al area recreativa y pasamos el cuartel de la Guardia Civil. Unos dos kms más allá paramos a ver el grupo de alerces (Larix Decidua), este es de los pocos sitios de España donde pueden verse estos árboles, abundantes en elArchivo:Illustration Larix decudua0.jpg centro y norte de Europa. Es la única conífera que pierde sus agujas en invierno, y nosotros hemoAlerces de navafrías visto también otros grupos de repoblación en la Sierra Negra (camino de Matallana) y en el puerto de Piqueras, se ve que los ponen en zonas muy frías.

Más allá descubrimos que han construido un pantano del que no teníamos ni idea, parece que muerto Franco se siguen haciendo estas cosas. Nico y yo bajamos para verlo, es pequeñito y recién terminado, no lo han llenado aún, quizá lo tengan en pruebas. Se llama pantano del Ceguilla, el nombre de este río, afluente del Cega. Mientra mirábamos y hacíamos fotos Rafa siguió subiendo a su ritmo, recién curado de los catarros tenía miedo de quedarse colgado. Pasamos la vieja piscifactoría, hoy abandonada y reconquistada por los pinos, y entramos en el pinar que va bordeando el río Ceguilla, espeso y de árboles estupendos. Se atraviesa una zona de acampada con pabellones y barracones construidos con troncos. Aquí cerca hay otra de esas instalaciones lúdicas para madrileños que se llama "De Pino a Pino", con tirolinas, puentes de troncos y todo eso. El camino se bifurca y optamos por el más alto, que según la guía es menos  violento, aunque los dos acaban confluyendo unos kms más arriba.

Al rato llegamos al límite de la nieve, y allí reconocimos las huellas de Rafa, son inconfundibles sus minipiés del 37 (ya iba empujando), dice que gracias a ellos siempre encuentra zapatos en las rebajas. Paramos a comer en plena subida, y Nico y yo nos metimos por el pinar a intentar localizar las primeras setas Marzuelas (Higrophorus Marzuolus), pero ni rastro, aún debe ser pronto, o nosotros debemos ser malos. Después de mucho subir y bastante desmontar desembocamos los tres en la carretera del puerto de Navafría y nos disponemos a tomar el camino horizontal que nos llevará remontando todo el valle del Cega. Allí nos encontramos sorpresa, hay una especie de barrera de nieve y más allá han cerrado el camino al paso de cualquier vehículo, bicis incluidas. El antiguo refugio ha sido convertido en centro de esquí de fondo, y la pista ya solo es para esquiadores. Nos lo estuvo explicando el chico que tiene la concesión, y aunque nos pareció muy dudoso esto de que se pueda cerrar un camino público para un uso privado no nos empeñamos en pasar, el chaval iba de buen rollo y saltaba a la vista que había hecho sus inversiones para poner aquello a punto: moto de nieve, trineos de carga para arrastrar nieve y tapar los agujeros, paneles solares, en fin, se lo montaba para ganar algunos eurillos y sobrevivir. Nos dió la alternativa de bajar por la carretera un par de kilómetros y tomar otra pista horizontal que va paralela por debajo, hasta llegar también a la cabecera del Cega.

Así lo hicimos, tomando una pista forestal nueva y ancha con el firme bien empedrado. Todo iba bien hasta que llegamos a una zona de talas, aquello no era el habitual aclareo sino que habían cortado todo el pinar dejando solo uno de cada veinte, de muestra. Parecía un poco abusivo, pero no vas a enseñar a estos segovianos a explotar y conservar su monte, lo hacen de maravilla. Toda la ladera estaba llena de nuevos pinitos espontáneos, y seguro que en 50 años no habrá mucha diferencia. El problema era que los árboles cortados habían sido depositados en medio del camino durante casi un kilómetro y no había via alternativa, así que empezamos a trepar troncos con las bicis a la espalda, enmedio de marañas de ramas y pringándonos bien de resina y sin verle fin a la situación, dudando si seguir o dar para atrás, y con Rafa refunfuñando. No se si el chaval del esquí de fondo lo sabía o no, pero nos hizo bien el lío.

Cuando por fin terminó la tala entramos en más zona de pinares marcados para el hacha, el camino estaba lleno de nieve pisada por una máquina forestal y en su mayoría inciclable, así que venga a empujar cuesta arriba, completamente perdidos y sin saber dónde acabaríamos. Nico decía que él sabía dónde estábamos, en la ladera remontando el valle, por encima del río Cega y de la carreterita que lo bordea, la senda concreta es lo de menos. Es lo que tienen los sherpas, que tienen mucha fe en sí mismos, porque Rafa y yo ya nos sentíamos perdidos por los tres. Finalmente, tras un trozo final de camino con nieve muy profunda, llegamos efectivamente a la explanada con refugio y  zona de presas donde hubiéramos llegado también por la senda alta, la que se ha convertido en pista de esquí.

Ya justos de tiempo tomamos la famosa carreterita cuesta abajo, a buena velocidad pero con cuidado, porque había bañeras de nieve cada poco rato. En una de ellas se me fué de delante la bici y acabé en el terraplén de nieve, qué gozada, estuve por repetir la maniobra para volver a caer tan en blando. Llegada a Navafría ya con el tiempo justo tras todas las penalidades por la nieve, 30 kms de recorrido, casi 800 metros de desnivel, mucho rato perdidos y empujando bici, o metidos entre las ramas y desesperando de salir, un dia de sufrimiento, perdidos por los pinares asesinos…

Novedades, ha vuelto al pareja de cernícalos de la que hablaba el otro dia Hojalata, he visto a uno de ellos posarse en una de las Cuatro Torres, en concreto en el el superhotel de cinco estrellas, se ve que le gustan los posaderos con clase. Me han hecho el reconocimiento médico de empresa y me han salido ¡48 pulsaciones por minuto!, ya decía yo que últimamente me notaba fuerte. Claro que esto de la forma es un subibaja, ahora pillas un catarro o estás dos semanas sin entrenar y vuelves al pelotón…