Domingo 15 de febrero. Aún quedan rutas por inventar.
Recupero el tema ciclista, aunque no las tengo todas conmigo. Aunque el blog nació como un sitio de bici de montaña, descubro con sorpresa que hay más visitas cuando hablo de cosas que no tienen que ver con la bici, y la gente comenta que le han gustado o divertido más. Por otro lado, según el contador, el artículo más visitado de la corta historia del Blog es "Vacaciones 2007. Una dia de pescasub." un post sin ruedas, así que me apunto mentalmente el ir introduciendo más temas, que tanta bici igual ya huele, y no solo a grasa.
Quedamos el domingo en intentar una ruta nueva, que aunque parezca mentira, aún existen por Madrid. Bueno, nueva en parte, en otra es coincidente con varias de las que tenemos por el entorno de la A1, los pantanos y las instalaciones del Canal de Isabel II. Se trataba de dar la vuelta completa a los pantanos de El Atazar y El Villar, saliendo desde el pueblo de El Berrueco. Aunque la idea fué de Sherpa III, Diego Tronchacadenas, él había propuesto salir desde Torrelaguna, menos mal que los otros sherpas, más ancianos y prudentes, le demostraron GoogleEarth en mano que eso era un palizón de 80 kms, es lo que tiene la juventud, que es fogosa y hay que ahormarla. Así pues a las 8,30 nos vimos en El Berrueco, pueblo famoso por sus canteras de granito, Mortadelo y Filemón siempre se perseguían con una enorme piedra de Granito Berroqueño. Los asistentes somos Nico, Ignacio, Diego y yo, tres Sherpas juntos, mal se tiene que dar hoy para que no cumplamos horario.
Salimos de la plaza y entramos enseguida en las pistas de tierra que rodean el pantano, con mucho frío y todo el paisaje escarchado. La red de caminos está pensada para los turistas de verano, hay muchos carteles culturales que te explican cualquier cosa que merezca ser explicada: cómo era una cantera, cómo se podaban los fresnos para hacer una fresneda, cómo se exprimía el enebro para hacer la miera para desinfectar las ovejas, en aquellos tiempos no había ni Zotal, ni hormigón, ni piensos compuestos, había que vivir con lo de la tierra. Los caminos que bordean el agua, sea río o lago, siempre tienen subibajas violentos, y estos no eran excepción: sudando y a la vez respirando aire congelado a grandes bocanadas acabas con la tráquea insensible, ya digo que si no morimos salimos reforzados. Por suerte el barro de estas lluvias y nieves estaba helado, así que llegamos a la carreterita del Atazar sin muchas dificultades.
El paisaje por aquí tiene pocos árboles, son grandes lomas llenas de jara y enebro. De cuando en cuando algún cuadrado roturado que fué arrancado al jaral con mucho esfuerzo para cultivar cereal, pero ahora que el arrancador está jubilado o finado, el monte recupera lo suyo. En un valle perdido se ve toda la loma roturada para urbanización, solo hay una casa construida, bien pintada de rojo, el tema de la integración paisajística es lo de menos, lo importante es que atraiga a los mozos solteros. Algún buen corzo por la loma, con la cuerna aún envuelta en piel. Subida hasta el desvío de Patones y un rato contemplando el pantano del Atazar desde el mirador, le faltan unos cinco metros para llegar al límite, pero dicen las malas lenguas que los ingenieros no se atreven a llenarlo del todo, no se fían. Bajada hasta la presa y allí comprendes la prevención, es una obra de ingeniería demasiado atrevida, un inmenso paredón cóncavo (cóncavo de lado a lado y cóncavo de abajo a arriba) que mide muchísimos metros desde el borde hasta abajo, casi ni se divisa el río.
Subida por las rampas del otro lado, yo me adelanto unos metros y Diego salta para traerme al redil, pero como casi siempre se pasa en su fuerza tractora y parte la cadena como brizna de hierba, ya lo lleva en el mote, a ver si aprende a controlarse o no ganará para repuestos. Lección de bricobici o cómo poner un bulón, esta vez tenemos repuestos de todo y no ponemos los "eslabones chinos", que no son un instrumento de tortura ni un juguete sexual. De nuevo arrancar, hago foto a una señal de tráfico llena de flores de plástico y de retrovisores de moto, aquí se ha matado un motero, la tierra está aún revuelta y los pivotes arrancados. Entramos en el jaral por un camino y evitamos pasar po
r el pueblo del Atazar, hoy no merece la pena porque no habrá ovación.
Llaneo junto al río, paso de la zona recreativa y primeras rampas del puerto, tienen a ratos un 22%, uno empieza a estar cansado pero no se puede mostrar debilidad. Subida hasta las antenas y parada a comer, yo repito con el turrón canario, Nico trae un proyecto de Brownie al que le falta la forma, pero le sobra contenido, un buen bloque de chocolate, sin paliativos. Todos tomamos un pedazo, si conseguimos digerirlo nos pondrá a tope. Paso al otro lado de la sierra y llegada al pantano de El Villar, lleno también de moteros, Nos hacemos unas fotos pese a la bronca del vigilante jurado y seguimos hasta embocar con un camino del Canal que va bordeando el pantano entre encinares hasta llegar nuevamente al Berrueco. Estos caminos del Canal son preciosos y solitarios, antes estaban muy prohibidos pero ahora toleran que pases, eso han salido ganando los madrileños.
Bandadas de moteros llenan El Berrueco haciendo ruido, caballitos, saludos solidarios y demás tonterías. La gente del pueblo debe estar harta de esta invasión dominical, todos salvo el dueño de las máquinas de cerveza. En medio del gran grupo, como tiburón nadando entre pececitos, un todoterreno camuflado de la Guardia Civil lleno de agentes mirando a todos lados, a ver si pillan a alguno. Nosotros miramos los relojes, 43 kms y 1000 de ascensión, no está mal, metemos las bicis en los coches y para Madrid en buen horario.
Buena ruta en total, nuevos sitios para conocer, sobre todo el último rato de encinares junto al ramal del pantano. Tenemos todo bien trillado, pero aún quedan rutas por inventar…
