Nuevas Historias de los Pájaros del Jardín de Atrás
Este domingo yo no salí en bici, tenía otras obligaciones familiares, un descanso de cuando en cuando no viene mal. Sí que salieron por su cuenta Rafa e Ignacio, pero ellos no son escritores, ni foteros, así que no suben blog. Según cuentan estuvieron por la zona baja entre Morcuera y Hoya de San Blas, y aunque no subieron de los 1.300 mts la nevada era tal que no pudieron completar más allá de 20 kms y unos 500 de subida, y buena parte de la ruta con las bicis a cuestas y la nieve casi hasta las rodillas. Nuestro épico artículo de la semana pasada no ha suscitado comentarios, al menos escritos, y lo digo porque mi madre sí que me ha llamado para echarme la charla, ella no sabe subir comentarios pero sabe cómo hacerlos llegar.
Yo aprovecho para escribir el segundo post de los Frikis de la Naturaleza. El primero, http://dieselbike.blogsome.com/2009/01/07/los-pajaros-del-jardin-de-atras/. publicado hace algunas semanas tuvo buena acogida, se ve que hay muchos frikis de la naturaleza, o gente con ganas de llegar a serlo. Solo he tenido un comentario desaprobatorio-cachondeístico, el de mi hijo mayor, que se partía de risa pensando en mí apostado bajo el comedero pasando frío y dejando pasar el rato para pillar una foto del pajarito, me dice que tengo que salir más. En fin, es lo que tiene tener el enemigo en casa, él debió pararse en la advertencia del primer párrafo del artículo y no seguir leyendo, estos chavales de hoy no son frikis de la naturaleza, aunque mal que les pese lo son de muchas otras cosas.
Pues bien, tengo malas noticias de los pájaros, de hecho he dejado de poner grasa y cacahuetes hace unos dias. Como ya contaba, yo cumplía mi parte del trato, ponía un bolo de manteca y una red de cacahuetes, y ellos cumplían su parte, las variadas clases de insectívoros llegaban y comían, echaban una cagadita y se volvían al pinar a seguir su vida salvaje. Ellos pasaban el invierno, yo aprendía algo, y todos contentos. Sin embargo, en las últimas semanas el equilibrio ecológico del jardín se ha alterado. Bandadas de pájaros dominantes se han establecido permanentemente en él, esto se empieza a parecer a la película de Hitchcock.
Primero llegaron los gorriones, bueno, siempre los ha habido, pero se limitaban a picar un poco, nos les gustaba la grasa y no sabían extraer los cacahuetes. Sin embargo, con el frío y las nevadas probaron la grasa y ya se hicieron adictos, monopolizan el comedero y lo defienden frente a otros pájaros, comen sebo a grandes bocados, y un bloque (400 grs) que antes duraba todo el invierno ahora dura apenas una semana. Vieron a los carboneros sacar hábilmente un cacahuete y aprendieron, aunque con su técnica particular, sencillamente pican a lo bruto hasta que pulverizan y sacan los trocitos, no son hábiles, pero tienen determinación. Al principio eran tres o cuatro, ahora se ha corrido el trino de que hay un gil en el barrio que regala comida y se invitan unos a otros, total, es barra libre…
Después los mirlos, que se han acostumbrado a vivir en exclusiva de los membrillos del suelo, llega a haber hasta diez a la vez, moviéndose sobre la hierba e interactuando entre ellos. Es curioso, nunca se pelean, cuando uno se cansa de su membrillo se va hacia el del otro con aire amenazador y el dueño de este simplemente le deja, aunque sea un pájaro más grande, y luego viceversa. Son como algunas personas, lo hacen todo por evitar el enfrentamiento. Andando por el suelo han encontrado las bolsas de membrillos de reserva que estaban escondidas tras la mesa, y han pasado a servirse ellos mismos.
También los estorninos han aprendido a comer membrillos, estos actúan por saturación, cae
desde las antenas un bando de siete u ocho y echan a los mirlos, son más pequeños pero más ruidosos, y estos sí buscan el enfrentamiento y el picotazo. Por último, ya el colmo, han llegado dos urracas y son mala gente, aunque hay que reconocer que es un pájaro grande y bien bonito con el plumaje invernal en su mejor momento, vistas de cerca son muy tornasoladas, azules y verdes. Al principio no comían, nada les gustaba, solo hacían pasadas repentinas sobre el jardín, no se si para intentar pillar algún pájaro despistado (alguna vez las he visto atrapar un gorrión y matarlo a picotazos), o porque se morían de envidia de ver el banquete que se daban los otros, como el perro del hortelano, ni comen ni dejan comer. Sin embargo al final probaron un cacahuete caído y les gustó, pero usan su propia técnica: se plantan encima de la bolsa de red, la arrancan con cuatro fuertes picotazos (da miedo ver
con qué fuerza y precisión usan ese pico acerado), y cuando la tienen en el suelo la rompen y devoran todos los cacahuetes, este pa tí, este pa mí, sin masticar.
Cuando me asomo ahora a la ventana hay allí una tropa de haraganes mirando hacia la casa, venga tío que ya estás tardando, tráenos esas cosas ricas que van a durar diez minutos… Panda de vagos, pirañas con alas, ratas emplumadas, me estoy pareciendo al capitán Haddock, el de Tintín, pero yo no trabajo para alimentar triperos. Jesucristo tenía razón, estos no se preocupan de qué comerán mañana, y no me extraña, mientras haya un tonto en el barrio que se preocupe por ellos. Haciendo cuentas, un paquete de cacahuetes vale 1 euro, un bloque de manteca 1,50. Si cada semana caen dos de cada, me encuentro gastando tanto como si fumara, pero además está el suelo del jardín lleno de cagadas, de restos de membrillo y de plumas caídas, parece un bebedero de patos.
En fin, no se si los pajarillos sobrevivirán al invierno sin apoyo, pero yo he dejado ya de alimentarlos, han dejado de ser mi problema, ahora son de la madre naturaleza…
