Con casco de nievePaso ya de andar rebuscando estadísticas, este es decididamente el invierno más crudo del que tenemos memoria ciclística. Repaso hacia atrás el blog y veo que todos los últimos artículos tienen un color uniforme, tanto en las fotos como en lo que se cuenta en ellos, y es el color blanco. No es que seamos del Madrid, es que en Madrid no para, y por lo que veo no parará nunca. En un inverno así se baten récords aunque no se quiera, el domingo pasado fué el de la nevada más intensa y espesa, este ha sido el de mayor número de horas pisando nieve, cinco horas subidos a la bici hollando y hollando, qué bien nos lo pasamos.

Ignacio y Diego cumpliendo deberes familiares, Rafa temiendo estar hecho polvo después de una juerga de sábado noche que resultó no ser tanto, al final solo nos apuntamos Nico y yo. Hablando de Rafa, desmentimos enérgicamente esos rumores que han corrido esta semana de que el otro día salió perjudicado y esté pensando en colgar la burra. Después de la ducha caliente corrió como un jabato al aperitivo, e incluso batió su record de cañas trasegadas. Vamos, que seguirá saliendo en la categoría de honor mientras el cuerpo aguante.

Siendo solos el Sherpa y yo era de esperar paliza máxima y gesta para la historia, de nada sirvieron los negros pronósticos del tiempo que anunciaban blanco por todos sitios, más bien sirvieron de acicate. La idea era ir al puerto de La Quesera, en el límite con Soria, pero viendo que la A1 iba a estar muy perjudicada decidimos empezar más cerca y más bajo, el el Pontón de La Oliva. Quedamos en Diversia y allí nos juntamos en el todoterreno, idea prudente que luego se demostró muy acertada. Yo por supuesto me perdí para llegar allí, madre mía, qué fuerte es la quereEl país de Muy Muy Mojadoncia en los mamíferos, de cien veces que quedemos noventa y cinco tomaré el camino equivocado y acabaré en Alcobendas, y lo peor es que ya voy para allí sabiendo que me equivocaré y que no se puede luchar contra la fatalidad. Así pues, con un ligero retraso de casi media hora tomamos la A1, empezaba a nevar con ganas.

Llegamos al aparcamiento del Pontón, no había vieja ni nietilla esta vez, sí el perro viejo que considera su deber salir a controlar al personal. A las 8,30 montar en las bicis y subir por la carretera, ya con algo de nieve cuajada. Pedaleo con muchas ganas para ir calentando, duro tramo este cuando se coge en frío, y luego bajada ya por la tierra hasta el Lozoya y las alisedas. Llegada al país de Muy, Muy Mojado, el camino hecho un pantano y agua resbalando por todos sitios, de vez en cuando nos íbamos scudiendo como los perros. Pasamos el azud de Navarejos (qué bonitos estos nombres árabes de instalaciones para el agua), preguntándonos porqué no hay peces en este río. Llegada a la presa de La Parra y paso por encima, ante las miradas desconfiadas de dos empleados del canal metidos en un TT: no somos terroristas, solo vamos de excursión. Subida por los pinares, ya con bastante nieve en el suelo, y arriba, en el cruce del camino de Alpedrete, parada para comer y para reconsiderar la situación.

Mi cuñado Raúl ha estado en Canarias y ha traído un paquete de algo que llaman "turrón canario", nada que ver con el turrón, es como un sandwich de barquillo (artesanal) relleno de una especie de toffe con almendras enteras y con sabor a anises, está buenísimo e hipercalórico, es decir, lo que buscamos para la comida de la bici, pero hay que comerlo a pequeños bocados y mascar como unTurrón Canario camello canario. Nos dió muchas fuerzas para ir haciendo el quitanieves. Tras hacer valoración de situación decidimos arriesgar con la gran subida al puerto de Mataespesa, para darnos la vuelta en la nieve siempre habrá tiempo. Empezamos la interminable cuesta pisando mucha nieve, al cabo de un rato el cuerpo y la mente hacen las paces, coges un ritmo redondo y te parece que si no cambian las circunstancias, si la nieve no se hace más profunda o la cuesta más empinada, podrías ir a ese ritmo cien kilómetros, ¡o mil!. Desde abajo hasta la cumbre hay como 700 mts de ascensión, pero el repecho es constante, con el frío el cuerpo pedía subida y no bajada, se me hizo más corto que en verano.

Arriba del todo tomamos el desvío hacia El Atazar, y con el cambio de vertiente y la ladera pelada y sin pinos nos vino todo el viento y la cellisca (qué bonita palabra), y empezamos a bajar muy despacito. En ese momento te entra un instante de pánico, si uno se cae y rompe un brazo, o si nos da el pechugazo (horrible palabra de Rafa), ¿quién va a subir con la nevada a buscarte allí, que es el culo del mundo?. En ese trance sientes que el hilo que te une a la civilización es muy fino, pero en fin, es lo que tiene la inconsciencia de la juventud. Bajando con mil precauciones pasamos el robledal y llegamos finalmente a la subida del pueblo del Atazar, ya se sabe que es dura y de fuertes rampas. Allí había nevado mucho más y la carretera estaba con casi un palmo de nieve, ninguna máquina ni sal, el pueblo estaba aislado. Al pasar por las calles la gente nos aplaudía, pero creo que no era con admiración, más bien como se aplaude al tonto del pueblo que se pone a echar un bailecito en la plaza, con cierto cachondeo. Seguramente fuimos la única distracción del dia para la gente, que no podía salir y se aburría.

Salimos del pueblo por la carretera, como digo cerrada, bastantes bandos de perdices en los lados, escarbando en la nieve como gallinas para encontrar algo que picar. Nos adelantó un gran todo terreno de Bomberos de la Comunidad que iba abriendo paso a un coche particular, quizá el médico rural. El bombero conductor nos adelantó con mala cara, debió pensar "estos gilipollas son los que me van a hacer trabajar hoy". Muy mal, tío, si no hubiera gilipollas, tú no trabajarías de bombero… A esas alturas íbamos por la carretera echando nieve a los lados, con una especie de euforia y con el motor interior al máximo, yo lo achacaba al turrón canario, Nico decía que el cuerpo estaba en modo supervivencia, inyectando adrenalina a tope. En todo caso nada de frío, cuando la caldera está al máximo, hasta el último radiador se calienta. La ropa no iba tan caliente, ahí en la primera foto nos véis con un casco nuevo: de hielo.

Ultimo tramo de bajada por la carretera y finalmente al coche, ahora ya sí con mucho frío en manos y pies, al verte seguro viene el bajón. Subimos al coche  y enfilamos la blanca carretera, paramos luego en Torrelaguna a por pan (7,5 sobre 10) creyendo que aún llegaremos a comer, pero al llegar a la A1 había un camión cruzado, coches, sirenas, guardias civiles, voluntarios con chaleco, la de Dios. Finalmente llegamos al Diversia hacia las 3, demasiado bien para lo que se esperaba.

En fin, en este año de récords un dia de los que te dejan satisfechos, empezamos a las 8,30 y terminamos a las 13, 45, hemos hecho 42 kms y 1.215 metros de ascensión, todo por nieve, y lo mejor, estamos de vuelta. Ah!, la cámara ha vuelto a morir ahogada así que mientras la arreglan van fotos de móvil, qué porquería…