Nieva bien recioY venga blanco, más madera, este domingo ha sido seguramente el dia más nevado y espeso desde que salimos con bici. No quiero decir que no hayamos pisado nieves más profundas, que a veces nos hemos visto con ella a la cintura, o que no hayamos pasado más frío otros dias, sino que puestos a caer, creo que nunca habíamos tenido un dia de ver caer y cuajar con más ganas.

Esta vez volvimos a ser cinco, Nico, Rafa, Ignacio Diego y yo. Quedamos en La Pedriza, pero en el aparcamiento de fuera, para poder prolongar la ruta y hacer más subida sin necesidad de llegar tan arriba. Era el dia de mi cumpleaños y lo dije, pero me resistía a cantar el número exacto, hasta que Rafa me dijo "¿a que jode pasar nueva decena?" ¡Alto ahí!, nueva decena la pasarás tú (y no será la misma que yo), yo no estoy todavía en el grupo de los cincuentones, así que al final tuve que reconocer que me caían 49, el año que viene por estas fechas tengo que estar en el Caribe, o en Brasil, o en cualquier sitio que me haga olvidar la amargura de pasar ese umbral tan claro de la vida. O tal vez me ponga hiperactivo e hiperfuerte, a subir montañas más altas y hacer rutas más largas, tendré que pasar, como dice Ignacio, el sarampión de los que creen que están obligados a demostrar algo.

Pues nada, montamos las bicis y nos abrigamos pero sin exageraciones, la noche (aún) estaba despejada, y la temperatura sobre cero. Avanzamos por el camino que bordea el parque y entramos por la portilla metálica que está como 2 kms más allá que la puerta principal. Esa zona es bonita, tiene muchos enebros viejos bien conservados. Se pasa por esa zona que parece una postal asturiana perfecta (o cántabra), muro de piedra con musgo, gran prado verde con vaquitas y montaña detrás, cuadra de piedra y arroyo bordeado de sauces. Vamos, que si te la poNo necesita la ayudanen en un cuadro para turistas dices que se han pasado con los tópicos. Empezamos a subir por las duras cuestas de tierra, y empieza a llover, luego aguanieve, luego nieve en copos. No hace ningún viento y el ver caer mansamente nos divierte, incluso paramos para quitar alguna chaqueta, que el calor nos sale de dentro.

La nieve va cuajando pero como siempre que está fresca se sube muy bien. Los chubasqueros, los pantalones, los guantes, todo se va mojando, Ignacio se quita los guantes para reservarlos secos para la bajada, da pena verlo subir con las manos coloradas. Tras una larga y disputada ascensión llegamos finalmente al Collado de los Pastores y nos ponemos a comer, disfrutando del paisaje tranquilo y de la falta de viento. En ese momento, cuando estamos votando si seguir o darnos la vuelta, resulta que arrecia de verdad y empieza a caer manta espesa en copos gordos. En muy poco tiempo pasamos de estar sorprendidos y divertidos a estar preocupados: estamos bien calados, hace mucho frío, el material es inadecuado y nos espera un buen rato de pasar mucho más frío, las bajadas no son divertidas en estas condiciones. Mi móvil ha sonado un par de veces, seguramente felicitaciones familiares, pero con las manos de madera es difícil apretar los botones. Tampoco es fácil manejar los frenos con precisión, imagínate tener que apretar una palanca con un palo, pues igual. Nos forramos ya con todo lo que llevamos en la mochila, es mejor una chaqueta húmeda y cubierta de nieve que cero chaquetas, y nos tiramos monte abajo.Bici camuflada

Vamos bajando espaciados pero por parejas, a los dos minutos de pasar se borran las huellas del que va delante, sin embargo nos cruzamos con otro grupo de ciclistas que van subiendo, no creo que lleguen hasta donde nosotros. Vamos bajando más y más hasta que de repente, en la cota 1.100 la nieve se convierte en agua y el camino queda limpio, ya solo queda llegar hasta los coches. Las bicis, que iban limpísimas con la nieve, quedan en un momento forradas de barro, una lástima. Llegamos a los coches y recogemos a toda prisa, dentro de las limitaciones que te da tener las manos tiesas. Intentamos comentar el dia al despedirnos pero es inútil, no se entiende al que farfulla, y todos tenemos ya en la cabeza el baño caliente y el colacao. De vuelta Rafa va tiritando agarrado al volante, yo voy sentado al lado sin más responsabilidad que tiritar. Para el que crea que exageramos las penalidades del día, el vínculo a las fotos está donde siempre, en la primera imagen.

En fin, un dia para recordar por lo excepcional, veremos cuándo empieza a aflojar este tremendo invierno, o si tenemos que seguir muchos más lunes hablando de lo mismo…