Domingo 18 de enero. Siempre distinta, siempre sorprendente.
El título no es mío, lo pronunció alguien el domingo, como frase lapidaria, ¿referido a qué? a la nieve, claro está. Estamos este año de nieve hasta los mismísimos, pero en sentido físico-anatómico, vamos, que nos llega hasta las trancas, en sentido figurado no, porque de andar en bici por la nieve uno nunca se cansa. Como el blog cumple esta semana aniversario he estado viendo hacia atrás artículos para tratar de saber si este es el año más frío y desapacible desde que tenemos anales (fea y equívoca palabra), pero me he llevado la sorpresa de que solo hace dos años que empezamos. Creía seriamente que el primer artículo era como del 2005, pero fué en 2007. Claro, con tan corta historia la información no tiene valor estadístico, pero al menos podemos saber que a estas alturas ya hemos escrito el doble de artículos con la palabra "nieve" (ocho con este) que el año pasado en todo el invierno, y aún nos quedan tres meses. Lo que quería decir el lapidario con su frase es que con la pinta que tenía la sierra no dábamos un duro por nosotros mismos, y sin embargo llegamos hasta lo más alto de Morcuera y casi sin bajarnos, y además por una nieve buena y agradable, distinta a la de otras veces.
Quedamos a las 8,15 en Miraflores de la Sierra los cuatro infatigables, Rafa, Nico Ignacio y yo. Que conste que aunque solo quedamos cuatro, siempre nos acordamos de los ex, mayormente para irnos metiendo con ellos uno por uno: vagos, dormilones, gente cómoda, a ver si un dia dan una sorpresa y volvemos a salir los diez que llegamos a ser en los buenos tiempos. Los alrededores de Miraflores desalentaban, la salida es por los caminos junto al río a la sombra de los bosques de roble, allí el suelo se ha convertido en permafrost siberiano, no se descongela en todo el dia, y quizá en todo el invierno. Por ello teníamos la idea inicial de subir por la carretera del puerto, donde echan sal. Sin embargo, un paseante de perrito nos dijo que a la altura de la Fuente del Cura el camino se ponía ya bueno, así que allá que nos fuimos, arriesgando. En efecto, pasados esos hielos de abajo el camino se solea y mal que bien se va subiendo. Temperatura muy agradable, alrededor de 4º, dia despejado y sin viento, una gozada pedalear.
Sucesivas paradas para ir quitando ropa y aligerando peso, no quiero entrar en detalles porque mucha gente se ha escandalizado o adenterado con la inocente descripción del otro dia. Algunas balsas de nieve dentro del pinar que te obligan a ir haciendo el hámster con los pedales (molinillo loco), y más esfuerzo al final, en los ventisqueros que se forman antes de empalmar (perdón, perdón) con la carretera. Comida allí, esta vez llevé una torta navideña de mazapán y naranja que estaban liquidando en el Carrefas, no está mala. Al enfilar el último tramo del puerto, ya por la carretera, un enorme ventarrón que venía de la ladera norte y se colaba por el paso, si estuviéramos en el spinning diríamos "pedalear al 95% de resistencia". Llegados arriba, era otro mundo, el Gran Norte, oscuro, ventoso y muy frío, no exagero nada, que se ve en las fotos. Aún así, bastante gente con los trineos de plástico, con raquetas, crampones, esquíes de travesía, todo el muestrario Decathlón. Aún seguimos un par de kilómetros en horizontal por la nieve, hasta llegar a una extraña construcción de grandes piedras cuyo objeto se nos escapa: retener la nieve? canalizar el agua del deshielo? ni idea, se aceptan opiniones.
Rápidamente nos volvemos a nuestra ladera y empezamos a bajar el puerto por la carretera, al principio con buena temperatura, según vas bajando cada vez con el aire más frío, una vez dije que esta era la bajada de las cuencas heladas, y se volvió a repetir, llegas con los ojos como canicas de vidrio. Paramos un rato a ver el embalse de Miraflores, completamente co
ngelado, seguro que se podía cruzar andando, el que se atreva, claro. A la entrada, como íbamos con tiempo, decidimos dar una vuelta dominguera por el pueblo y comprar el pan (falso candeal), y unos Piononos de Granada que hacen en una pastelería unos parientes de los que los inventaron. No triunfé, demasiado dulces para el gusto de mi casa. Y lamentable aspecto el de nuestras bicis con la bolsa del pan colgada del manillar.
Y hablando del pan, después de haber probado el de Miraflores, Collado, Torremocha, La Granja y no se yo cuántos más, declaro formalmente que el candeal de la panadería Hernández, de Guadarrama, es el mejor con diferencia: es dorado, de miga espesa, se congela muy bien y dura más de tres dias sin endurecerse. Este comentario es un poco interesado, acabo de leer un artículo que dice que en EE.UU. (de donde vienen las tendencias), los bloggeros marcan hábitos de consumo, así que muchas empresas les envían lotes de productos con la esperanza de que los prueben y alguna vez escriban algo bueno sobre ellos. Así pues, señores de Joselito y de Sanchez Romero, estoy esperando que algunas de sus mejores patas negras entren en mi casa por su propio pie, yo prometo probarlas mucho y juzgar con objetividad.
En resumen, que disfrutamos tanto del paseíto por Miraflores como de la ruta, que tampoco estuvo mal, nueva excusa para pisar la nieve, siempre distinta, siempre sorprendente.
