Domingo 16 de noviembre. Un recorrido de media montaña
Con el campo ya reseco y helado subí el sábado a ver qué caía, y a fuerza de andar cayeron cuatro boletus tardíos y algunas cosillas más, pero no hay que engañarse, ya se ha cerrado la temporada, habrá que dedicarse a la bici, se acabó el dilema de los otoños. La única esperanza es que venga ahora un frente cálido que dure un par de semanas y las setas se reaviven, pero eso no suele ocurrir. Me ocurrieron este sábado dos cosas por primera vez en la vida, y mira que llevo años pateando el monte, primera, levanté una becada, salió como un helicóptero a tres metros de mí y se tiró por la ladera, y segunda, se me enganchó una garrapata, ayer me la quité de la corva, qué bicho más asqueroso, y cómo duelen al sacarlas. También cogí como una docena de Setas de Caballero, pero a la vista de las últimas preocupantes noticias sobre su posible toxicidad irán a la basura.
El domingo pasado no hubo blog porque yo pasé de bici, por lo que me han contado fué ruta larga y dura. Esta vez Nico tenía que ir a su pueblo a recoger una bici, así que nada, nos vemos en Cercedilla. La ruta la eligió Diego, que se ha tomado muy en serio su nuevo papel de sherpa. Por si la nieve, planeó un combinado de varias rutas conocidas con mucho subibaja, pero sin pasar de los 1.600 de altura.
Allí nos vimos delante de la estación, nada más bajar de los coches nos mostramos las zapatillas nuevas, mis Secialized baratitas palidecían al lado de las estupendas zapatillas invernales de Nico, y encima se puso doble calcetín con wind-stopper, Nico, ya no eres el mismo, hace unos años te hubieras clavado las calas en la planta del pie y hubieras subido descalzo. Amanecer frío, por debajo de 0 grados, pero el dia iba a ser soleado. Comienzo por las calles hacia la estación, se agradece la subida que calienta, llegamos al pantano y desde allí cruzando el vado del arroyo, el campamento de verano, el pino encadenado y llegada al Ventorrillo. Allí junto al aparcamiento de los quitanieves estaba la misma bandada de piquituertos que hizo dudar a Ale y a Juannillo de mi saber ornitológico, vamos, que me acusaron de tirarme el moco.
Subida hasta el mirador de La Barranca pero no por la pista sino por la senda Ortiz, que está muy pedregosa y con una inclinación a veces del 15%, una buena prueba. Llegamos arriba y comida, mucha gente de todos los pelajes montañeros: maratoneros alpinos, caminantes y ciclistas. Bajada a velocidad limitada por las mareas de gente que subían, clubes de jubilados, colegios con sus profes, familias con cochecito, perritos sin cadena… todos ocupando la pista de lado a lado, al oir el timbrecito se reían, pero no se apartaban, había que meterse por medio diciendo "perdón perdón", "gracias gracias". Hay que ser educados para mantener el buen nombre de los beteteros montañeros, los senderistas hacen un lobby más potente que el nuestro y cualquier dia nos prohíbe Esperanza subir a las pistas. Abajo del todo había un coche de la Guardia Civil controlando el aluvión.
Cruzamos el valle y nueva subida hasta detrás de Mataelpino, y allí bajada por el Mortirolillo, esas zetas increíbles de cemento que son malas hasta para bajarlas. Había una manada de cabras y me puse a balar, y tan bien lo hice que salió un vejete de la caseta y me gritó "¡a ver si te vi a echar el macho pa que te monte!". Entramos en la senda verde que va paralela a la carretera de Colmenar y que es Camino de Santiago, allí nos aclaró Diego lo de la flecha amarilla que lleva bajo el sillín, es el símbolo del Camino, y nosotros que creíamos otra cosa. En efecto, por allí había muchas pintadas por las piedras. El Camino entra por un bosquete, cruza un río y desemboca a la entrada del pueblo de Navacerrada, que como siempre estaba muy bonito, terracitas soleadas en los bares, olor a pan y choricillos fritos, gente domingueando y todo muy amarillo con el otoño. El rastrillo de antigüedades algo decaído con la crisis. Volvemos a salir y subimos las rampas de la ermita de San Antonio que te dejan ya partido tras toda una ruta, pasamos por el campo de tiro, qué manera de gastar cartuchos, parecía que tiraban con ametralladora. ¿Alguien controlará esas toneladas de plomo que acaban en el monte y en el agua? seguramente no.
Paso por el circuito de motocross y entrada en Cercedilla por el cementerio, qué grande es, seguramente mueren muchos cercedillanos, tantos como nacen. Subida a la estación y llegada a los coches a buena hora, comentando como siempre que a ver si un día nos tomamos una cervecita post ruta en una de las terracitas soleadas del centro del pueblo, que están siempre de lo más animadas. Siempre lo comentamos, pero metemos las cosas en el coche a toda prisa.
Bueno, pues la ruta tuvo finalmente 36 kms y 1.200 metros de ascensión, un jodío subibaja, para ser una ruta de media montaña…

supongo que será una pretensión absurda, aunque no me puedo resistir a preguntarte acerca de los yacimientos boleteros donde encuentras esos magníficos ejemplares, envidia del mundo setero…
Oye, por si cuela, verdad???
Hala, agur.
Comment by finfuncio — 19 November 2008 @ 7:41 am
Hola Finfuncio, gracias por el comentario, como yo también soy partidario de que el conocimiento fluya por Internet te diría dónde es el sitio, incluso te llevaría allí para que lo vieras, pero se que alguno me mataría. Abrazos,
Comment by perdido — 19 November 2008 @ 9:25 am
Me lo temía…otra víctima del sectarismo setil…
Agur.
Comment by finfuncio — 21 November 2008 @ 7:42 am
Lo que acabas de hacer a Finfuncio se llama pase de pecho.Saludos
Comment by el hombre de hoja de lata — 24 November 2008 @ 10:28 pm
yo lo dejaría en un quite…pero un quite bien hecho…
Comment by finfuncio — 25 November 2008 @ 7:34 am