Domingo 2 de noviembre. Llegaron las nieves.
Nos hemos quedado solos Rafa y yo, así que hay que montar una faena de aliño. Puede ser Río Moros, pero Rafa y Diego lo hicieron hace quince días, así que busquemos otro sitio cercano y no muy duro: la Hoya de San Blas. Han empezado las nevadas, arriba se ven los montes llenos de nieve, el frente viene desde Segovia y no se ven los picos, hoy ha habido que quitar la naftalina de los guantes y las chaquetas de invierno, quizá hoy pisemos la nieve por primera vez. Aparcamos como siempre junto al camping de La Fresneda y no sllevamos una sorpresa, llevaba años cerrado y lo han reabierto: al fondo se ven muchas casitas de madera de esas en las que viven muchos norteamericanos, tal vez el dueño espera hacer gran negocio con esto de la crisis, cuando la gente tenga que dejar su alquiler puede que se venga por aquí.
Primero montar el material. El domingo pasado mis zapatillas dijeron basta, así que hoy me he traído como provisionales las que uso para el spinning, son baratitas y ligeras, inadecuadas para la nieve. Tuve que levantarme temprano para ponerles las calas de las viejas (son Time), pero uno de los tornillos se bloqueó y no hubo manera, así que hoy voy con una sola cala, veremos si no acabo por los suelos. Tomamos la carretera junto al pantano, ya no se ven en el prado los cientos de cigüeñas, estas han pasado de cambio climático y se han ido a Africa. Salimos como siempre por la pista hacia los montes, y vamos, a remontar que es lo nuestro.
El campo muy verde por las lluvias, muchas senderuelas en las cunetas (porqué las desprecian los seteros? son estupendas…), y vamos por el tramo de subida contínua que lleva hasta el pie de la sierra. Nos encanta esta zona, hay muchas granjas de vacas, algunas de ganado bravo, pero la gente cuida la estética, los establos son de piedra encalada y las cercas de buena construcción, no de chapa y somieres, como en otros sitios. Llegamos al vado donde Ignacio se bañó aquella vez, el agua baja fuerte y ruidosa, da respeto meterse pero no hay puente: Rafa hace el primer cruce montado en la bici, yo haciendo un vídeo para ver si hay suerte, pero no la hay: el agua llega a los pedales pero no hay revolcón. Pasamos el hórreo ese de algún asturiano trasplantado a Madrid (los asturianos quieren mucho a su tierra, donde pillan un terrenito se hacen un hórreo para que se la recuerde, yo los he visto hasta en Ibiza, en medio del secarral) y al fin entramos en los pinares. La valla impide el paso, y aquí están los coches de los seteros, son multitud.
Las primeras rampas son las mas duras, hay que hacer gala de técnica y fuerza para no echar pie a tierra en este pedregal inclinado, esa pelea te pone a mil pulsaciones, pero pasado ese tramo ya todo es subida continua y sin grandes repechos. Enseguida se llega a la vista de la Hoya de San Blas, unas praderas abiertas con las montañas nevadas detrás y todo el valle por delante, siempre comentamos que es el sitio ideal para hacerte un chalet suizo de madera, si te gusta vivir muy tranquilo, claro… Hacemos las primeras fotos de montaña nevada y seguimos. Arriba de la subida decidimos como siempre alargarlo un poco más y tomamos para el Collado Ventana hasta mitad de camino, muchos ciclistas por allí, pese a ser recorrido de ida y vuelta la vista merece la pena. Nos cruzamos con un ciclista de rojo que nos saludó cuando ya volvíamos, y juraría que es el mismo que nos volvió a saludar cuando bajábamos luego, eso significa que en el Collado Ventana debe haber un ramal ciclable que baja hasta casi el principio de la ruta: tarea de mapas para los sherpas. Digo que era el mismo, porque llevaba un polar muy parecido a la impagable estética Starsky de Rafa, eso no se olvida… Al final de la subida se puso a nevar, no mucho, lo justo para ver el paisaje con copitos.
Bajada muy rápida por la red de caminos, y allí casi tuve mi percance, salté a toda velocidad una riega sin recordar que llevaba el pie suelto y caí de mala manera haciendo eses, pero montado… Dios quiso que no me la pegara, porque yo hice todo lo posible.
Así que nada, unos 650 mts de subida tirando por alto, lo que se dice una faena de aliño, pero bueno para salir, ver nieve y sobre todo no quedarse en casa, como otros…
