Algo tiene que ocultarEsta vez solos Nico y yo, Rafa en Almería rezando para que no haya una segunda gota fría, los demás por aquí y por allá, pero no en la bici. Queríamos volver a la zona de El Tiemblo, pero está muy lejos para ir solo dos, así que buscamos un objetivo más fácil: Cercedilla al Puerto de Guadarrama y luego lo que saliera. Llegamos bien de noche, lloviendo algo, aunque no tanto como la noche anterior, que cayeron ríos de agua. La temperatura templada, y salida antes de amanecer.

Empezamos por las urbanizaciones bajas para evitarnos la subida de los Campamentos, esa que te parte las piernas en frío, y pronto pasamos las vias del tren. Nos adelantaron varios todoterrenos de cazadores, algunos con remolque de rehalas, ha empezado la temporada de caza mayor, y eso le da mucha emoción a lo de la bici, vas oyendo estampidos a ambos lados del camino y tú vas tocando el timbrecito (¿véis como sirve para algo?) y gritando "¡no tirar, que semos cristianos!". Paramos en la valla donde empieza el campo, y echamos un ojo por el suelo, a ver lo que había salido. Enseguida encontramos grupos de senderuelas y algunas buenas setas de cardo, y entonces es cuando te entra el dilema de todos los otoños: ¿vamos a setas o vamos a bici?. Conseguimos resistir esta primera tentación, dejamos a las setas echando sus esporas y subimos a las bicis, a remontar el largo cuestón hasta el Puerto de Guadarrama.

Enseguida entramos en la zona de nieblas, pero no hacía frío, todo lo contrario. Allí a media altura estaban aparcados los de la rehala, esperando la señal para soltar a los perros monte abajo. Nos cruzamos con ellos un saludo reticiente: los cazadores no nos gustan mucho porque matan y son peligrosos, los ciclistas no les gustan mucho a ellos porque les espantan la caza, pero en fin, ellos y nosotros somos a menudo los únicos humanos en todo el monte, hay que saludarse. Nico, previsor, iba de reglamentario color naranja, yo en cambio iba como jabalí viejo: de color pardo clarito y con la cabeza entrecana, así que venga timbrecito.

Llegando a los primeros pinos vemos en la cuneta dos enormes Boletus, y después de mucho admirarlos los tapamos con pinaza y seguimos, pero la tentación iba ya siendo muy fuerte, y nos paramos a dar una vuelta por el pinar. Nico vió enseguida un gran bulto de pinaza y al levantarlo, cuatro grandes Boletus con pinta de Edulis, y además por allí habia bastantes Níscalos y Pardillas, así que el día se iba decantando por las setas en vez de por la bici. Por si las dudas preguntamos a un setero de por allí que nos confirmó que los hongos eran buenos, asíEnormes boletus que decidimos pasar ya del deporte, que de forma estamos sobraos, y dedicar el dia a lo micológico. Encontramos unas bolsas de plástico y nos bajamos por los pinares a investigar. En un bonito prado entre pinos fuimos encontrando hasta seis grandes edulis, y un enorme Boletus Pinícola de más de un kg., qué abundancia, era como la cueva de Aladino, yo nunca había visto cosa igual. Los buenos hongos son raros, y siempre hay un jubilado más vivo o más desocupado que tú que se lo lleva en cuanto asoma, así que todos estos debían haber salido en un par de noches.

Llenamos los bolsones y los colgamos a la espalda debajo de los chubasqueros, está prohibido recoger setas en bolsa bajo pena de multa (nos dijeron una vez que de 400 €), por la cosa de sembrar las esporas. Así, hechos unos Pozís y doblados por los bultos fuimos volviendo a bajar con miedo de ver a la Guardia Civil en cada curva. Llegamos a los coches sin más contratiempo, hicimos el reparto y nos fuimos tan contentos.

Un aviso, si os va el rollo de las setas podéis mirar las fotos de la jornada (como siempre, pinchando en la primera foto de este articulo), pero si no, ahorraros el trabajo, que bici se ve poca… En fin, la altura y kilómetros de la ruta fueron, digamos, discretos, en el dilema de todos los otoños esta vez nos inclinamos por dedicar el día a setas, y cualquiera no lo hacía…