Bicicleta de Montaña, Setas27 October 2008

Actos IlegalesAvergonzados por las críticas que suscitó nuestra última salida, en la que descaradamente pasamos de las gestas deportivas para dejarnos llevar por la codicia setera, decidimos este domingo "hacer  algo grande" (Nico) aprovechando además el margen extra que nos daba el cambio de hora, ese tiempo de regalo no es para pasarlo en la cama, sino en el monte. Supongo que le pasa a todo el mundo: el reloj mecánico lo cambias en un momento, pero el reloj biológico sigue durante varios días, así que te sobran horas de sueño y a las 6 ya está el ojo abierto. Como además estamos últimamente muy ahorradores en tiempo y gasolina, siempre nos quedamos en la sierra próxima, así que para un dia que íbamos sobraos escogimos salir desde el pueblo de El Tiemblo (Avila) un sitio donde íbamos antes a menudo, en aquéllos tiempos en que la gasolina costaba la mitad y en casa nos toleraban el doble de retraso.

El sábado previo, y a fin de vacunarnos contra el gusanillo de las setas (que no es el que se encuentra en los níscalos viejos), nos subimos Rafa y yo "a donde la otra vez", y pese a las mareas de gente tuvimos otro buen dia de hallazgos: Pardillas, Lepistas, algún níscalo y sobre todo mi récord personal, un Edulis de 1,1 kgs, adjunto la foto para incrédulos: parezco la Sota de Bastos.Sota de Bastos

Para la interminable ida a El Tiemblo quedamos antes en Brunete, y allí nos juntamos Nico, Diego y yo con las bicis en el coche de Nico, que está viejo pero aguanta todos los abusos. El camino, más de hora y cuarto, se hace interminable, y eso que Esperanza ha terminado la Carretera de Los Pantanos contra todas las sentencias de los Tribunales Europeos. Pasamos el pueblo y aparcamos esta vez en Las Cruceras, la antigua colonia de los obreros que hicieron la presa del pantano de El Burguillo. Una asociación ha recuperado el lugar para hacer alojamientos rurales, restaurante y un coto de trucha sin muerte en el río Iruelas. http://www.valledeiruelas.com/ Toda la zona es reserva natural, y hay una importante colonia de buitres negros. 

Normalmente enfilamos al puerto de Casillas, y en los días en que vamos fuertes llegamos a subir al Cabeza de la Parra, pero esta vez queríamos ruta nueva, así que empezamos bordeando el pantano, pasamos el cámping y saltamos la valla de la Reserva de Aves, a riesgo de que los forestales nos echaran o que los buitres nos comieran: si es lo primero no pasa nada, si es lo segundo es morir por la causa biológica. No nos da remordimiento porque los beteteros pasan rápido y en silencio y no alteran el entorno, no como los cafres del quad. Un comienzo frío y húmedo junto al pantano, y enseguida a subir montaña, se agradece entrar en calor.

Como la ruta era completamente nueva hubo que desplegar mapas varias veces, ahí Sherpa I y Sherpa III tuvieron largos diálogos mientras yo me perdía por el pinar, la jodida codicia me puede. Ah!, echamos de menos al Sherpa II, Ignacio, que estaría buscando su camino por el fondo de su cama. La ruta sube y sube hasta la fuente Covachuela, fría y con mucho caudal. Allí, con más despliegue de mapas, decidimos renunciar al objetivo inicial, el puerto de Navaluenga, que se veía lejísimos y defendido por una subida contínua de casi 1000 mts, y tomamos un ramal que según el mapa termina en un cortafuegos junto al pico de El Mirlo, con la idea de subir y volver a bajar. Luego tuvimos la buena sorpresa de que mal que bien lleva por varios caminejos hasta la pista que baja de Casillas, así que hicimos ruta circular.

Más sube y sube, se sale de los pinos y se llega a los 1.600 mts, con paisaje de montaña pelado y pedregoso. Todo está lleno de matasPiornos Acolchados de piornos, hacen un paisaje como de cojines acolchados, pero no se te ocurra tumbarte, están llenos de espinas. Yo hice la prueba de ponerles encima una piedra plana y sentarme, soportaban mi peso perfectamente. Más pruebas de caminos y al fin empezamos a bajar hacia el valle, con el miedo de llegar a un camino sin salida y tener que volver a remontar. Los caminos a menudo se convertían en simples canchales de fuerte pendiente, pero hay que ver la seguridad que da llevar la horquilla recién regulada en el taller: en La Pedriza me tiraba al suelo un simple camino con piedras, aquí pasaba por los derrumbes de piedrones tan seguro. Hubo que echar pie a tierra varias veces, y en uno de esos tramos de piedra suelta mis zapatillas se rindieron sonrientes, como las de Charlot, ni me había dado cuenta de que ya no me quedaba suela.

El camino se suaviza y entra de nuevo en los pinares, allí, con el relajo que da tener una hora más, entramos a buscar algún boletus, que Diego tenía el encargo de su chica de no volver sin uno para probar. Nico encontró uno y se lo cedió. Tras saltar algunas de esas altísimas vallas que hay siempre por Avila, llegamos al Río de la Yedra, que es por donde otras veces subimos, el monte cambia aquí y ya es de grandes robles, castaños y alisos. Una de las vallas anunciaba que es un centro experimental de reproducción del corzo. Así, con buen paisaje, buena temperatura y cuesta abajo fuimos llegando a la zona del coche, cómo mola bajar después de tanta subida.

Una ruta corta, 29 kms, pero altísima, 1.250 mts, lo que significa mucha subida en muy poco rato, los relojes medían a menudo porcentajes del 18 al 22%. Un día para no repetir a menudo por lo largo y lejano, pero mucha exploración, lo que se dice un día para los sherpas…

Bicicleta de Montaña, Setas20 October 2008

Algo tiene que ocultarEsta vez solos Nico y yo, Rafa en Almería rezando para que no haya una segunda gota fría, los demás por aquí y por allá, pero no en la bici. Queríamos volver a la zona de El Tiemblo, pero está muy lejos para ir solo dos, así que buscamos un objetivo más fácil: Cercedilla al Puerto de Guadarrama y luego lo que saliera. Llegamos bien de noche, lloviendo algo, aunque no tanto como la noche anterior, que cayeron ríos de agua. La temperatura templada, y salida antes de amanecer.

Empezamos por las urbanizaciones bajas para evitarnos la subida de los Campamentos, esa que te parte las piernas en frío, y pronto pasamos las vias del tren. Nos adelantaron varios todoterrenos de cazadores, algunos con remolque de rehalas, ha empezado la temporada de caza mayor, y eso le da mucha emoción a lo de la bici, vas oyendo estampidos a ambos lados del camino y tú vas tocando el timbrecito (¿véis como sirve para algo?) y gritando "¡no tirar, que semos cristianos!". Paramos en la valla donde empieza el campo, y echamos un ojo por el suelo, a ver lo que había salido. Enseguida encontramos grupos de senderuelas y algunas buenas setas de cardo, y entonces es cuando te entra el dilema de todos los otoños: ¿vamos a setas o vamos a bici?. Conseguimos resistir esta primera tentación, dejamos a las setas echando sus esporas y subimos a las bicis, a remontar el largo cuestón hasta el Puerto de Guadarrama.

Enseguida entramos en la zona de nieblas, pero no hacía frío, todo lo contrario. Allí a media altura estaban aparcados los de la rehala, esperando la señal para soltar a los perros monte abajo. Nos cruzamos con ellos un saludo reticiente: los cazadores no nos gustan mucho porque matan y son peligrosos, los ciclistas no les gustan mucho a ellos porque les espantan la caza, pero en fin, ellos y nosotros somos a menudo los únicos humanos en todo el monte, hay que saludarse. Nico, previsor, iba de reglamentario color naranja, yo en cambio iba como jabalí viejo: de color pardo clarito y con la cabeza entrecana, así que venga timbrecito.

Llegando a los primeros pinos vemos en la cuneta dos enormes Boletus, y después de mucho admirarlos los tapamos con pinaza y seguimos, pero la tentación iba ya siendo muy fuerte, y nos paramos a dar una vuelta por el pinar. Nico vió enseguida un gran bulto de pinaza y al levantarlo, cuatro grandes Boletus con pinta de Edulis, y además por allí habia bastantes Níscalos y Pardillas, así que el día se iba decantando por las setas en vez de por la bici. Por si las dudas preguntamos a un setero de por allí que nos confirmó que los hongos eran buenos, asíEnormes boletus que decidimos pasar ya del deporte, que de forma estamos sobraos, y dedicar el dia a lo micológico. Encontramos unas bolsas de plástico y nos bajamos por los pinares a investigar. En un bonito prado entre pinos fuimos encontrando hasta seis grandes edulis, y un enorme Boletus Pinícola de más de un kg., qué abundancia, era como la cueva de Aladino, yo nunca había visto cosa igual. Los buenos hongos son raros, y siempre hay un jubilado más vivo o más desocupado que tú que se lo lleva en cuanto asoma, así que todos estos debían haber salido en un par de noches.

Llenamos los bolsones y los colgamos a la espalda debajo de los chubasqueros, está prohibido recoger setas en bolsa bajo pena de multa (nos dijeron una vez que de 400 €), por la cosa de sembrar las esporas. Así, hechos unos Pozís y doblados por los bultos fuimos volviendo a bajar con miedo de ver a la Guardia Civil en cada curva. Llegamos a los coches sin más contratiempo, hicimos el reparto y nos fuimos tan contentos.

Un aviso, si os va el rollo de las setas podéis mirar las fotos de la jornada (como siempre, pinchando en la primera foto de este articulo), pero si no, ahorraros el trabajo, que bici se ve poca… En fin, la altura y kilómetros de la ruta fueron, digamos, discretos, en el dilema de todos los otoños esta vez nos inclinamos por dedicar el día a setas, y cualquiera no lo hacía…

Bicicleta de Montaña6 October 2008

Como Gary GrantA veces nos preguntamos la razón de los nombres tan sonoros de los sitios donde vamos, porque razón deben de tener alguna. Unos sitios tienen nombres atemorizadores: La Fuenfría, Navafría, Riofrío, El Tiemblo, Quebrantaherraduras, La Penosilla, Malagosto, Garganta, El Calvario, nombres merecidos porque normalmente son sitios heladores, empinados o angostos. Otras veces tienen nombres prometedores, pero normalmente inmerecidos, por ejemplo, nunca nos esperaba un queso en lo alto de la Majada de los Quesos, ni uvas en la Cabeza de La Parra. El domingo fuimos a uno de los primeros, el Puerto del Reventón, nombre merecido donde los haya.

Quedamos en Alameda Rafa, Nico Ignacio y yo, todos con buen ánimo, aunque Ignacio bastante rezongón, pese a ser la salida en su segundo pueblo. Su comentario vino a resumir bien lo penoso del tema: "madrugón, una hora de coche, tres de bici y otra hora más de coche a la vuelta". La verdad es que Alameda está en el límite de lo aceptable, un poco demasiado lejos. En adelante elegiremos sitios cercanos, y solo una vez al mes hacemos el extraordinario.

Salida ya bajo cero, por primera vez en esta temporada, con hielo y escarcha por el campo. Este primer frío te pilla desprevenido, no gusta, incomoda, quién diría que habrá días que estemos a casi -10º, con lo mal que llevamos el primer refrescón. Salida remontando todo el valle del Lozoya hasta El Paular y subida por el camino del Palero, con una variante retorcida, según Ignacio para desorientarme a mí (como si eso fuera difícil). Nada más salir extraño pinchazo mío, no había dado contra piedras, ni había pasado por tramos de abrojos, lo que se dice un pinMomento históricochazo inesperado. Subida al puerto del Reventón en una senda interminable, malísima de firme y con muchas curvas a derecha e izquierda, difícil para las piernas y para el equilibrio. A media subida pasamos a un chaval muy alto que iba entregado, ya empujando, y arriba del todo encontramos a sus compañeros, que estaban ya preocupados. Nos dijeron que pensaban seguir por la cuerda hasta Malagosto y bajar luego, según Ignacio ese es un trayecto horrible, de empujar y sufrir. Pero bueno, no les pudimos convencer, y cuando llegó el que les faltaba se fueron a encontrarse con su destino, momento que refleja la foto. No hemos leído hoy nada en el periódico, quizá al final no se los comieron los buitres.

La bajada divertida y exigente con toda aquella pendiente y mal firme, luego entramos en una senda por enmedio del robledal, llena de piedras y piedrones, al límite de lo ciclable. Pasamos como media hora aguantando el peso con los brazos y tratando de no caer, daba ganas de bajarse y pensar un rato en otra cosa, más que cansancio era estrés mental. Allì pinchó Ignacio que llevaba válvula de las finas, y cosa increíble, hecho histórico sin precedentes, Rafa sí que llevaba una cámara de repuesto y se la dió, el momento quedó inmortalizado. Me recuerda al cuadro de La Rendición de Breda.

La vuelta con todas las prisas por la pista lateral, atravesando Oteruelo (que estaba en fiestas). Unos 35 kms y 1.100 de ascensión, pero a mí me pareció bastante más dura que el domingo anterior, que teóricamente era más subida. Está claro que lo que te cansa no es tanto la subida como el mal firme y el ir picado con otro, lo que te hace ir al límite. Una ruta a la que vamos pocas veces, porque está lejos, y porque por algo lo llaman El Reventón…