Domingo 28 de septiembre. Subibajas Térmicos.
El domingo me levanté como siempre sobre las 6,45 para empezar una jornada pedalera más, me duele menos este madrugón que los del resto de la semana, ¿porqué será?. A eso de las 7,15 estaba en la cocina preparando la bebida (limonada floja) y la comida (uvas blancas y dátiles), cuando llegó mi hijo mayor de las fiestas de Las Rozas, y me dijo "¡caray, vaya palizas que te pegas!" Y lo decía él. que llevaba 20 horas sin dormir y se había pasado las siete últimas de pie y a la intemperie dando vueltas por el ferial… En fin, cada uno disfruta o sufre con cosas diferentes, pero creo que no hay comparación, yo estaba recién dormido y con un buen desayuno en el cuerpo, y él volvía arrastrao.
Con la enfermería Machaca a tope (a mejorarse, Jose y Juannillo), y la gente disgregada en asuntos varios se nos apuntó por sorpresa Ignacio, que siempre dice que este año no puede, pero una u otra se va sumando. Como venía él pudimos escaquearnos del Rio Moros (no será porque no nos lo propusieron), y quedamos para La Barranca, Calvario, y si había fuerzas, La Bola. Un dia que amenazaba lluvia, pero que se fué templando en algunos sitios, y oscureciendo en otros, vamos, que vimos de todo.
Arrancamos los tres a las 8,30 desde la carretera (un poco más allá del monumento al Meño gigantesco ese que han puesto), y tiramos hacia el hotel de La Barranca. Mi bici, recién sacada del taller de Morenito iba como la seda, gran mecánico este que tienen, eso sí, me sacó los colores cuando me enseñó las pastillas del freno que me había quitado: no es ya que frenara con el metal, es que hasta el metal estaba gastado, parecían cuchillas de afeitar. Día extremoso de estos del otoño de Madrid, frío al comienzo, mucho calor subiendo La Barranca que es una vertiente protegida y soleada, frío helador y húmedo bajándola a toda velocidad, y así todo el tiempo. No se cómo sería la realidad del termómetro, pero la sensación térmica debió oscilar entre los -5º y los 17º. Claro, luego llegan los catarros y no nos cogen, estamos blindados con esta especie de ducha escocesa de cada domingo. Un rato en el mirador de La Barranca, con muchas nubes amenazantes y niebla fría, y abajo hasta el arranque del Calvario, muy seco y pedregoso. Con la suspensión bien regulada y engrasada se sube mejor, solo eché pie a tierra un par de veces.
Nos pasaron unos de un club azul y amarillo, buena pinta los dos primeros: chavales nervudos que subían por las piedras sin desmontar, más normales el resto (de nuestro nivel), incluso al final un farolillo rojo que iba suplicando clemencia y que le esperaran (eso no hay que hacerlo nunca, es patético). Una vez en el puerto nos dividimos, Rafa se bajó por la carretera, decía que estaba flojo de ánimo, Ignacio y yo tiramos para La Bola con intención de dejar la carretera casi arriba para tomar la senda que vuelve a bajar a La Barranca. Como dice Ignacio, hicimos el canelo, estaba tan mal de piedras que tuvimos que volver al puerto por una senda lateral. Nos cruzamos con unos 30 tíos equipados para descenso en una prueba organizada, qué bicis, qué material, qué colores y qué pasta gansa. Yo me quedé con ganas de llegar hasta La Bola, tenía uno de esos días de subidón en que te parece que puedes con todo.
Llegamos al coche una media hora después de Rafa, que se había metido dentro porque volvía a hacer frío. Al final nos salieron más de 1.200 mts de subida, creo que Ignacio se fué contento de ver que todavía esta para la División de Honor. Además nos llevamos en el cuerpo otra inyección de inmunidad antigripes, es lo que tienen estos subibajas térmicos…
