Bicis en La NavaUn recuerdo a mi amigo y excompañero de trabajo Carlos M., que hace tiempo decidió cambiar de hábitos para vivir 100 años, y ya lleva cuatro sin fumar y yendo al gimnasio y a la bici los domingos. Lo digo porque me llamó y me contó que había estado en La Pedriza con su grupo de cuarentones triperos (¿y quién no lo es ya a estas alturas?), y me hizo caer en que hace como dos meses que no vamos por allí, así que ¿qué mejor plan para un domingo de aliño?. A La Pedriza que nos fuimos, y van ni se sabe de veces.

Nos faltaban el Sherpa y casi todos los demás, así que Rafa Diego y yo quedamos en Canto Cochino a las 8,30. Diego nos trajo el CD que ha montado su hermano con las fotos y crónicas de años pasados (que fueron más gloriosos). Bastante gente en el aparcamiento, en aquél momento el día aún  no se había decidido, y parecía querer quedarse en soleado. Como se verá luego evolucionó a peor.

Un poco de aire a las ruedas, Diego me prestó esa superbomba de pie estilo retro, le metí a las ruedas una presión tremenda, siempre me parece que subo mejor con las ruedas a reventar.  Comenzamos la subida en el sentido clásico, por la izquierda, Diego y yo mano a mano y Rafa por detrás, algo trabado en los primeros kilómetros. Hacía un calor pegajoso y húmedo y las moscas estaban pesadas, anunciando cambio. A mitad de subida empieza a chispear así que parada para poner el chubasquero, y ya todo el camino así, que cae que no cae.

Llegada al Collado con otros dos que se nos sumaron, comida y paisaje, el pantano se veía con cortinas de lluvia y con corrientes en la superficie, como si fuera el mar. Como sigo sin encontrar tiempo para llevar la bici a revisión iba con las zapatas pegadas y chirriando y la suspensión delantera encabritada (Nico, nos pasamos metiendo aire al rebote), así que me fuí quedando atrás en las bajadas. En el comedero de buitres tiramos para La Nava sin pensarlo siquiera, y allí arriba encontramos mucha gente, cosa rara porque aquello está muy arriba y no se llega fácil.

Bajada a paso de tortuga, era como ir montado en un caballo cabreado, Diego me iba esperando en las curvas, Rafa ni se sabe. Una vez en el aparcamiento vimos que el bareto del aparcamiento tenía mucha gente, nos alegramos porque los nuevos dueños se están esforzando y los pinchos de tortilla están estupendos.

Como todo el mundo sabe, esta ruta hecha así tiene unos 40 kms y 1.150 mts. de subida. Yo siempre salgo de ella satisfecho y nada aburrido, y más si pasan cosas como que llueve o que te encuentras gente. Parece que el otoño está entrando bien este año, a ver si dura y empezamos a mojarnos…