Domingo 20 de julio. Y allá va la despedida.
Como cantan los mariachis y los joteros al empezar la última estrofa, allá va la despedida, última ruta antes de las vacaciones y hasta que lo retomemos en septiembre, las bicicletas no son para el verano, que para el verano lo que mola son las actividades playeras y acuáticas. Si me aburro mucho o me pasa algo extraordinario tal vez escriba una crónica desde el retiro del norte, pero irá en otra sección porque la bici no pienso tocarla. Vamos, que si entra otro artículo será porque nos está lloviendo bien y estamos tan desesperados que hay que matar el tiempo con el blog.
Elegimos para despedirnos la salida desde Lozoya con ascenso hasta el Nevero, una ruta de las que castigan bien. Esta vez se sumó Diego tras casi dos meses de no subirse en la bici, nos frotamos las manos ante la perspectiva de cogerle en horas bajas y mojarle la oreja, y hacer muchas fotos de la ocasión, que no es fácil ganarle. Luego no fué así pero al menos no exhibió superioridad insultante y pudimos ir llegando todos en grupo a las sucesivas cumbres.
Quedamos a las 8 en el pueblo de Lozoya pensando en que iba a ser uno de los dias más calurosos del año, y realmente lo fué, pero entre que el recorrido va en buena parte por el pinar y que cuando sale a terreno pelado lo hace a más de 2000 mts. de altura, la verdad es que se nos hizo fresco. De nuevo empezamos el recorrido habitual en sentido contrario, últimamente es la manera de hacer las rutas innovadoras. Por abajo toda la hierba ya agostada, pero según vas subiendo pasas las zonas de robledal y luego las de pinar y todo el camino queda sombreado. Subida a buen ritmo pero con tiempo de ir viendo las cosas de la naturaleza aquí y allá: un gran escarabajo (Ciervo Volante hembra), y más
arriba un plumaje completo que por tamaño y color parecía el de una rapaz nocturna, seguramente una lechuza. No había esqueleto así que habrá servido de cena a un zorro o gineta, una pena, porque no deben de quedar tantas.
Arriba del puerto nos volvimos a colar en esa zona donde el camino se pierde entre los pinitos, pero nos dimos cuenta antes de bajar demasiado. Paramos para hacer fotos a la hondonada donde Rafa ha cogido querencia, últimamente siempre se queda allí a echar una siesta mientras los demás penamos los últimos repechos: es fresca y con hierba verde, ya se sabe que tiene buen gusto. El último tramo va por esas zonas peladas a gran altura y los caminos, cuando los hay, son de mal firme y mucha pendiente, hay que tirar de equilibrio y mirar la rueda delantera para no desanimarse. Arriba en las ruinas había bastantes caminantes mirando el paisaje y haciendo fotos, el Nevero fué un antiguo depósito de nieve al que la gente subía con mulas en verano para bajar hielo y venderlo, antes el que tenía capricho de un helado se lo tenía que pagar. Pero ¿a cuánto venderían el cubito si para traerlo tienes más de tres horas de camino cuesta arriba? Bueno, eran otros tiempos y otras economías. Por supuesto no encontramos ya ni gota de nieve, pero se estaba fresquete.
Resumen de la ruta, 45 kms y 1.100 de ascensión, una buena para cerrar la temporada. Hale, hasta el curso que viene: "Y subimos al Neveroó; Y allá va la despedidaá" que cantaría el jotero.
