Capas de AzulPara comenzar, un saludo a los Machacas benjamines, que se han lanzado a su desafío europeo y salieron el sábado desde Maloggia en Italia, a completar una ruta por Austria y Suiza. Superaron con éxito su etapa reina (un auténtico tappone), toda la subida la tenían el primer día. Si queréis leer sus aventuras, podéis ir ahí a la derecha, al blog de Ale o de Juannillo: ambos son ciclistas con pluma. Animo también para Valverde, que va camino de hacer historia en el Tour, ya que los franceses nos jorobaron la baza de Contador…

Nosotros nos animamos el domingo a ir quemando las últimas fechas que nos quedan antes de vacaciones, y quedamos Rafa, Ignacio y yo para hacer el recorrido que nunca hacemos cuando están "otros", es decir, el Río Moros. No entiendo esa manía que le tienen "otros" a esta ruta, es lo bastante dura (puedes sacarle hasta 1100 mts), está muy cerca, estéticamente creo que es de las más bonitas, y el firme de asfalto que un día tuvo es ya hoy caminejo de montaña con algún trozo de alfalto, así que para mí es ruta redonda. Esta vez además metimos variante y pasamos por sitios nuevos que bien merecieron la pena.

Quedamos a las 8,15 como siempre en el puerto del León, muy poco abrigados, a tono con la semana de calores que teníamos, y con el parte que anunciaba más calor aún. Desde la carretera se veía toda la sierra despejada, salvo, qué curioso, el puerto de Guadarrama, nuestro destino, que tenía una buena manta de niebla que iba llegando desde Segovia y se derramaba por la falda madrileña. Subiendo el puerto fuertes rachas de viento frío de las que preceden a un frente, pero los temores de pasar frío quedaron luego en nada: la niebla levantó, o más bien como se verá nosotros nos levantamos por encima de la niebla, y tuvimos un dia de sol y aire fresco de las cumbres.

Sacamos las bicis de entre los paquetes de pañales Tena Lady que abarrotaban el coche de Rafa, él dice que para un familiar, no sabemos si creerle, que los años no pasan en balde para nadie. Montamos y empezamos a pedalear con el fresquete mañanero, tratando de entrar en calor. Por todo el camino grandes arbustos florecidos de esa retama amarilla que huele a limón, un gusto pedalear por allí, salvo para los alérgicos. En ese momento me entró un mosquito en el ojo, me palpé y descubrí que no llevaba gafas, pero seguí palpando y ví que tampoco llevaba casco, así que media vuelta y al coche otra vez mientras los démás iban siguiendo, que están muy flojitos y necesitan ventaja. Como luego se verá hice muy bien en volver por el casco.

En un rato llegué de nuevo a la valla de la zona protegida, han cambiado el cartel de "prohibido el paso de fecha tal a fecha cual" por uno que sólo dice "prohibido el paso en temporada de incendios". Si ya respetábamos poco el otro, fijaros este, tan inconcreto. Subida a buen ritmo hasta los pantanos, allí estaban los otros dos esperando. Comimos en el arroyo y decidimos intentar el tramo superempinado y pedregoso que va a Marichiva, con el resultado de que pillamos una buena depresión: desmontamos diez veces, qué tiempos aquellos en que lo hacíamos de un tirón y sin bajar. En nuestro descargo, estaba más pedregoso que nunca.

Plantas de montañaArriba en Marichiva votamos (por 2 a 1) intentar una variante nueva, ir por toda la cuerda de la cordillera (que es el GR), a la derecha de la pista, para buscar algún ramal que nos volviera a bajar a la derecha hasta Río Moros. El camino es más bien cortafuegos, y con el subibaja de los picos es de empujar en un 80%, y no había ningún ramal a la derecha, contra toda lógica. Sin embargo, las vistas y el aire de montaña compensaban sobradamente, tanto que al cabo de un rato dejaron de oirse las protestas del votante negativo, que ya estuvo tan encantado. Empujando llegamos a la cota 2000 y nos sentamos un rato a ver enfrente el Pasapán y el resto de montañas que se recortaban, hicimos muchas fotos. Había varias plantas exclusivas de las alturas, ahí pongo una foto de una como de 1 mt de alto para que la clasifique Nico. En ese momento llegó un corredor de maratón de montaña de esos fieras, y nos explicó que sale una sendita más abajo que luego se va haciendo camino ciclable y termina en el camino del Moros.

De nuevo a caminar, ahora cuesta abajo, el camino era demasiado empinado para ir montados. Al cabo de un rato ya en una pista ancha pero empinadísima y con suelo de tierra suelta tuve mi percance, la bici se fué de delante (llevo la cubierta muy gastada) y yó bajé arrastrando cabeza abajo, con los brazos bajo el cuerpo hasta dar de boca contra unas raíces: de boca total, las mordí, qué sensación de indefensión. Evaluación de daños, leves, y ya con mucho cuidadín a seguir, estos me esperaban algo más allá. Esa pista sigue bajando mucho rato y conecta con la ruta de Río Moros en el puentecito donde suele haber tanto hielo en invierno.

El resto de ruta hasta el coche lo hicimos pedaleando muy fuerte, se ve que después de tanto caminar las piernas pedían pedal. Nos despedimos como siempre en estas fechas, como si fuera la última hasta después de vacaciones, despues de comentar un rato las peripecias de esta ruta tan atípica que nos salió: no es para repetirla a menudo, pero para una vez bueno es pasar el domingo respirando el aire de las montañas…