Bicicleta de Montaña22 July 2008

La soledad de las alturasComo cantan los mariachis y los joteros al empezar la última estrofa, allá va la despedida, última ruta antes de las vacaciones y hasta que lo retomemos en septiembre, las bicicletas no son para el verano, que para el verano lo que mola son las actividades playeras y acuáticas. Si me aburro mucho o me pasa algo extraordinario tal vez escriba una crónica desde el retiro del norte, pero irá en otra sección porque la bici no pienso tocarla. Vamos, que si entra otro artículo será porque nos está lloviendo bien y estamos tan desesperados que hay que matar el tiempo con el blog.

Elegimos para despedirnos la salida desde Lozoya con ascenso hasta el Nevero, una ruta de las que castigan bien. Esta vez se sumó Diego tras casi dos meses de no subirse en la bici, nos frotamos las manos ante la perspectiva de cogerle en horas bajas y mojarle la oreja, y hacer muchas fotos de la ocasión, que no es fácil ganarle. Luego no fué así pero al menos no exhibió superioridad insultante y pudimos ir llegando todos en grupo a las sucesivas cumbres.

Quedamos a las 8 en el pueblo de Lozoya pensando en que iba a ser uno de los dias más calurosos del año, y realmente lo fué, pero entre que el recorrido va en buena parte por el pinar y que cuando sale a terreno pelado lo hace a más de 2000 mts. de altura, la verdad es que se nos hizo fresco. De nuevo empezamos el recorrido habitual en sentido contrario, últimamente es la manera de hacer las rutas innovadoras. Por abajo toda la hierba ya agostada, pero según vas subiendo pasas las zonas de robledal y luego las de pinar  y todo el camino queda sombreado. Subida a buen ritmo pero con tiempo de ir viendo las cosas de la naturaleza aquí y allá: un gran escarabajo (Ciervo Volante hembra), y más Plumaje de una rapaz nocturnaarriba un plumaje completo que por tamaño y color parecía el de una rapaz nocturna, seguramente una lechuza. No había esqueleto así que habrá servido de cena a un zorro o gineta, una pena, porque no deben de quedar tantas.

Arriba del puerto nos volvimos a colar en esa zona donde el camino se pierde entre los pinitos, pero nos dimos cuenta antes de bajar demasiado. Paramos para hacer fotos a la hondonada donde Rafa ha cogido querencia, últimamente siempre se queda allí a echar una siesta mientras los demás penamos los últimos repechos: es fresca y con hierba verde, ya se sabe que tiene buen gusto. El último tramo va por esas zonas peladas a gran altura y los caminos, cuando los hay,  son de mal firme y mucha pendiente, hay que tirar de equilibrio y mirar la rueda delantera para no desanimarse. Arriba en las ruinas había bastantes caminantes mirando el paisaje y haciendo fotos, el Nevero fué un antiguo depósito de nieve al que la gente subía con mulas en verano para bajar hielo y venderlo, antes el que tenía capricho de un helado se lo tenía que pagar. Pero ¿a cuánto venderían el cubito si para traerlo tienes más de tres horas de camino cuesta arriba? Bueno, eran otros tiempos y otras economías. Por supuesto no encontramos ya ni gota de nieve, pero se estaba fresquete.

Resumen de la ruta, 45 kms y 1.100 de ascensión, una buena para cerrar la temporada. Hale, hasta el curso que viene: "Y subimos al Neveroó; Y allá va la despedidaá" que cantaría el jotero.

Bicicleta de Montaña14 July 2008

Un fresco rincónFelicitaciones a los machacas del chupete, que han terminado su ruta por Austria y demás, han escrito estupendamente sus propias crónicas con estilo poético pero no cursi, podéis leerlas en http://ultreia.blogsome.com/, y en http://www.espacio23.com/.

Por nuestra parte, y aunque ya nos hemos despedido oficialmente de la temporada 2007/2008, aún andamos buscando gente para tratar de arañar una salida más, no puede haber forma más sana y divertida de pasar una mañana de domingo. Con esa máxima nos juntamos Nico y yo para darnos una vuelta por la sierra norte, partiendo de Braojos. Ah!, saludo también al guía ciclista braojeño, que contacta con nosotros cuando la ruta va de su pueblo. Pues nada, quedamos el pasado domingo Nico y yo en Diversia para juntarnos en un solo coche y poder ahorrar gasolina y derrochar conversación. Dia engañosamente soleado, hizo calor aquí abajo, pero frío serrano por allí, yo pagué la imprevisión de ir solo con la camiseta de algodón.

Braojos estaba lleno de coches, así que tuvimos que meternos en el pueblo y aparcar en una placita interior que está muy bien, para otras veces ya sabemos. De nuevo bastantes perros, pero faltaba el más odiado, el que busca los tobillos de los ciclistas y anda por todo el pueblo con el rabo enhiesto proclamando su dominio. Andaban los demás con un aire de relajo y buen rollo que nos hace sospechar que el matón se ha muerto. Bajadas las bicis comprobamos que Nico trae rueda medio pinchada, así que a cambiarla antes del comienzo. Nos acompaña y observa un perrillo pequeño y flaquito, de esos supernerviosos que vienen con la tripa pegada al suelo y moviendo el rabo a mil por hora, lo que se llama un perrillo chisgarabís. Mientras estamos atareados con el cambio, él hurga en los útiles extendidos, coge en la boca la cámara de repuesto y sale corriendo. Bueno, dos gritos y la suelta, y por suerte comprobamos que como buen cazador tiene la "boca blanda", no la ha agujereado.

Superado el contratiempo empieza la subida por el camino del arroyo, vemos que ha debido llover fuerte por la noche y pese al sol y el cielo azul el aire está muy fresco. Nico me ofrece un cortavientos que yo rechazo como hombre duro, media ruta me pasé pasando frío, para cuando se lo pedí ya me dolía la cabeza del frío pasado. Subida tranquila con un ojo en el pinar, estaba verde y húmedo e ideal para los Boletus Aestivalis que están en temporada, pero con un ojo en el camino no hay quien se fije bien, ya hemos dicho que en otoño volveremos a practicar el setas-bike en serio. Subida por el ramal de la izquierda hasta llegar al refugio de Santuy y una vez allí descanso no se si merecido, pero estaba el pradito de hierba verde demasiado invitador. Un vistazo a las líneas defensivas de la guerra que se ven dentro del pinar y salida por un camino nuevo, el del centro, que se supone nos debía llevar hasta el puerto de Linera por su cara sur.

Tsugas CanadiensesLa subida comienza a hacerse sacrificada, el terreno muy pesado y pegajoso por el agua caída, lo que triplica el esfuerzo, y ello pese a que ha entrado una niveladora y han dejado todo el camino ancho y liso. Al fin llegada al puerto, allí el aire venía de Segovia con mucha fuerza, te podías inclinar de espaldas sin caer. Nueva bajada ya por camino conocido, y frenazo para ver con detalle un grupo de grandes coníferas en las que nunca habíamos reparado, y mira que hemos pasado veces. Echamos un buen rato observando y discutiendo, para mi que son Tsugas Canadienses de repoblación, pero se han adaptado de maravilla y hacen unos árboles impresionantes.

Aunque ya íbamos con prisas tiramos a la ventura por una pista ancha a la derecha, y la Providencia premió nuestro arrojo (valga por las veces que lo castiga, que son mayoría), y en un momento empalmamos con la llamada "Senda 3", que sube hasta Peña Quemada desde la misma plaza del pueblo de Braojos, bajando hasta el molino de la subida, pero por la otra orilla del río. Nos quedamos tan contentos y sorprendidos que decidimos que otro dia subiremos por esta vía. Mención aparte merece el cartel indicador de la senda, hecho a mano con tallas en la madera de plano de la sierra y  un corzo y un buitre, quizá obra de los alumnos de carpintería de algún cursillo del INEM. Mención aparte merecen también los muchos senderistas que lo habrán leído y no se lo han llevado, porque está tentador.

Resumen de la etapa, 35 kms y 960 mts. de ascensión y sólo dos ciclistas, tal vez el domingo que viene volvamos a salir, el curso ya se ha cerrado pero estamos como quien dice aprovechando los últimos coletazos… 

Bicicleta de Montaña8 July 2008

Capas de AzulPara comenzar, un saludo a los Machacas benjamines, que se han lanzado a su desafío europeo y salieron el sábado desde Maloggia en Italia, a completar una ruta por Austria y Suiza. Superaron con éxito su etapa reina (un auténtico tappone), toda la subida la tenían el primer día. Si queréis leer sus aventuras, podéis ir ahí a la derecha, al blog de Ale o de Juannillo: ambos son ciclistas con pluma. Animo también para Valverde, que va camino de hacer historia en el Tour, ya que los franceses nos jorobaron la baza de Contador…

Nosotros nos animamos el domingo a ir quemando las últimas fechas que nos quedan antes de vacaciones, y quedamos Rafa, Ignacio y yo para hacer el recorrido que nunca hacemos cuando están "otros", es decir, el Río Moros. No entiendo esa manía que le tienen "otros" a esta ruta, es lo bastante dura (puedes sacarle hasta 1100 mts), está muy cerca, estéticamente creo que es de las más bonitas, y el firme de asfalto que un día tuvo es ya hoy caminejo de montaña con algún trozo de alfalto, así que para mí es ruta redonda. Esta vez además metimos variante y pasamos por sitios nuevos que bien merecieron la pena.

Quedamos a las 8,15 como siempre en el puerto del León, muy poco abrigados, a tono con la semana de calores que teníamos, y con el parte que anunciaba más calor aún. Desde la carretera se veía toda la sierra despejada, salvo, qué curioso, el puerto de Guadarrama, nuestro destino, que tenía una buena manta de niebla que iba llegando desde Segovia y se derramaba por la falda madrileña. Subiendo el puerto fuertes rachas de viento frío de las que preceden a un frente, pero los temores de pasar frío quedaron luego en nada: la niebla levantó, o más bien como se verá nosotros nos levantamos por encima de la niebla, y tuvimos un dia de sol y aire fresco de las cumbres.

Sacamos las bicis de entre los paquetes de pañales Tena Lady que abarrotaban el coche de Rafa, él dice que para un familiar, no sabemos si creerle, que los años no pasan en balde para nadie. Montamos y empezamos a pedalear con el fresquete mañanero, tratando de entrar en calor. Por todo el camino grandes arbustos florecidos de esa retama amarilla que huele a limón, un gusto pedalear por allí, salvo para los alérgicos. En ese momento me entró un mosquito en el ojo, me palpé y descubrí que no llevaba gafas, pero seguí palpando y ví que tampoco llevaba casco, así que media vuelta y al coche otra vez mientras los démás iban siguiendo, que están muy flojitos y necesitan ventaja. Como luego se verá hice muy bien en volver por el casco.

En un rato llegué de nuevo a la valla de la zona protegida, han cambiado el cartel de "prohibido el paso de fecha tal a fecha cual" por uno que sólo dice "prohibido el paso en temporada de incendios". Si ya respetábamos poco el otro, fijaros este, tan inconcreto. Subida a buen ritmo hasta los pantanos, allí estaban los otros dos esperando. Comimos en el arroyo y decidimos intentar el tramo superempinado y pedregoso que va a Marichiva, con el resultado de que pillamos una buena depresión: desmontamos diez veces, qué tiempos aquellos en que lo hacíamos de un tirón y sin bajar. En nuestro descargo, estaba más pedregoso que nunca.

Plantas de montañaArriba en Marichiva votamos (por 2 a 1) intentar una variante nueva, ir por toda la cuerda de la cordillera (que es el GR), a la derecha de la pista, para buscar algún ramal que nos volviera a bajar a la derecha hasta Río Moros. El camino es más bien cortafuegos, y con el subibaja de los picos es de empujar en un 80%, y no había ningún ramal a la derecha, contra toda lógica. Sin embargo, las vistas y el aire de montaña compensaban sobradamente, tanto que al cabo de un rato dejaron de oirse las protestas del votante negativo, que ya estuvo tan encantado. Empujando llegamos a la cota 2000 y nos sentamos un rato a ver enfrente el Pasapán y el resto de montañas que se recortaban, hicimos muchas fotos. Había varias plantas exclusivas de las alturas, ahí pongo una foto de una como de 1 mt de alto para que la clasifique Nico. En ese momento llegó un corredor de maratón de montaña de esos fieras, y nos explicó que sale una sendita más abajo que luego se va haciendo camino ciclable y termina en el camino del Moros.

De nuevo a caminar, ahora cuesta abajo, el camino era demasiado empinado para ir montados. Al cabo de un rato ya en una pista ancha pero empinadísima y con suelo de tierra suelta tuve mi percance, la bici se fué de delante (llevo la cubierta muy gastada) y yó bajé arrastrando cabeza abajo, con los brazos bajo el cuerpo hasta dar de boca contra unas raíces: de boca total, las mordí, qué sensación de indefensión. Evaluación de daños, leves, y ya con mucho cuidadín a seguir, estos me esperaban algo más allá. Esa pista sigue bajando mucho rato y conecta con la ruta de Río Moros en el puentecito donde suele haber tanto hielo en invierno.

El resto de ruta hasta el coche lo hicimos pedaleando muy fuerte, se ve que después de tanto caminar las piernas pedían pedal. Nos despedimos como siempre en estas fechas, como si fuera la última hasta después de vacaciones, despues de comentar un rato las peripecias de esta ruta tan atípica que nos salió: no es para repetirla a menudo, pero para una vez bueno es pasar el domingo respirando el aire de las montañas…