Caída en el mejor lechoTras varios intentos y aplazamientos el domingo nos juntamos unos cuantos para hacer la famosa ruta Rozas-Escorial-Rozas, la habíamos comenzado al menos dos veces más, pero la habíamos abortado a mitad. Es larga, así que exige presencia en el comienzo muy temprano, y empezar sin contratiempos. Yo por los Machacas, y tres Joses: Pepe, Cuco y Jose Vecino. Otros Machacas no cayeron. a Nico le llamé el Sábado tarde y estaba en medio de la serranía en Cazorla, no calculaba llegar a meta hasta las 9,30 al menos, Rafa salía de curcero por el norte de Europa, y en cuanto a Ignacio, está para rutitas y buen vino, pensaba haber salido pero se rajó cuando supo que la programada tenía 70 kms., dice que su tope psicológico en estos momentos está en 45, y que no quiere ir retrasando al grupo. Luego resulta que ni retrasa ni nada, el que tuvo retuvo y cuando al fin se anima no se queda atrás, pero dejémosle con sus fantasmas, todos sabemos que aquí el coco es más importante que las piernas. No vino en cambio con los Joses Rafa el Inquieto, y eso me permitió ir haciendo alguna que otra foto.

Salimos más o menos a las 8,30 de Rio Chico, digo más o menos porque Jose se dió la vuelta para recoger en su casa un chubasquero, había salido demasiado veraniego. Luego el tiempo no justificó la precaución, tuvimos un dia de sol y nube, pero no cayeron más que cuatro gotas. El tramo de Rio Chico es común a todas las rutas que hacemos desde Las Rozas, y no es que no sea bonito, pero de vez en cuando pide variación. El terreno ya seco y pedregoso, se hacía casi mejor cuando había charcos. En las primeras subidas, buen ritmo y equilibrio, y en el Pinarillo Jose sube como un cohete, contra su costumbre de ir empujando ¿Porqué? Pepe le había prometido hacerle una foto de derrota, sudando y empujando, y eso sí que no, no hay nada que más motive que el cachondeo de cuñado. Saliendo de la zona de Rio Chico esta vez hacia el ramal izquierdo, para ir por Colmenarejo y no por Galapagar y la Cañada Segoviana. Desembocamos en la carreterilla de las Adormideras y torcemos hacia unas pistas de bajada, que juraría son las mismas que el otro dia subimos. Bajando a buena velocidad hubo percance, metí la rueda delantera en un ribazo de hierba que tenía zanja, y salí por las orejas y rodando por la ladera. Como se ve en la foto, la caída fué en blando, de hecho estaba tan a gusto tumbado entre las florecillas que me costó decidirme a seguir.

Un rato por caminos perdidos y desembocamos en la presa del rio Aulencia, un sitio desconocido para mí pero de lo más espectacular. La presa es de hierro y parece tener más de un siglo, y hay algunas instalaciones de piedra que parecen una antigua piscifactoría y un chalet de guardeses con gran escalinata. Como digo, un lugar perdido en medio del monte y de lo más misterioso. En el lago que se forma hay un cartel: "Prohibido bañarse, aguas cenagosas", y vamos, habría que estar gili para bañarse allí, tiene pinta de vivir dentro el Monstruo del Cieno. De todas formas, que palabra más terrorífica: "cenagoso", sugiere criaturas que se arrastran y cadáveres de ahogados que salen de noche. Volvemos a subir al camino por casi la única subida digna del nombre en toda la ruta, aunque no por haber menos subida acumulada resulta menos costoso este recorrido, hay mucho subibaja y muy violento, lo que unido a la larga distancia la convierten en una de las duras.

Breve paso junto al pantano de Valmayor y llegada a las cañadas que van avanzando hacia la sierra, hay muchas y muy perdidas. Al lado izquierdo la dehesa de la Fuente, una de esas grandes propiedades cercadas y aparentemente improductivas, solo grandes ejemplares de pino y encinares, y mejor está así. Había un jabalí bien gordo junto al camino, se volvió a meter al cercado pero a paso lento y desafiante, no tenía ningún miedo. Entre los árboles se veía ya Abantos y toda la sierra que hay tras el pueblo de El Escorial. Pasamos algunas urbanizaciones que lindaban con el monte salvaje por caminitos estrechos y sombreados, mucha madreselva florida a ambos lados, y un olor estupendo.

Lagarto OceladoDesembocamos en la pista ancha y optamos por no llegar a Zarzalejo, sino tirar directamente a San Lorenzo por un caminito que a veces está solo dibujado en los afloramientos de granito, una prueba trialera y de equilibrio. En un descampado nos salió un precioso Lagarto Ocelado, yo me acerqué con mucho cuidado y me dejó llegar con la cámara a casi un palmo, he puesto por ahí varias fotos.

Finalmente entrada y callejeo por El Escorial, y la vuelta por las fincas de alrededor son prados y fresnedas con mucho ciclista y mucho jinete, a veces cerca del tren y otras no, el paseo es agradable salvo los ratos de abrir y cerrar vallas para el ganado. En esos tramos finales rectos y con subida todos íbamos silenciosos pero muy picados, yo te paso tú me pasas pero yo corono primer que tú, todos sonrientes y de buen rollo, pero a degüello.

Al final son algo menos de 70 kms y no se cuánta subida, pero como digo esta es una ruta de distancia más de que ascensión. Llevábamos ya varios domingos a punto de hacerla, y esta vez por fín cayó El Escorial.