Entre los meños.Ya estamos a 40 de mayo, y seguimos con el sayo puesto, y sin visos de poderlo quitar aún. El sábado hizo bueno y soleado, a mediodía picaba el sol y te daba idea del calor que podrías estar pasando si este fuera un año normal, pero el domingo la cosa volvió a torcerse y tuvimos una ruta de cambio, ya con nieblas y algo de frío. Hoy lunes vuelve a llover, hay atasco, y con la huelga de camioneros no hay gasolina pa la moto en la gasolinera, y parece que pronto no habrá ni barritas en la tienda. Dios mío, qué duros se hacen los lunes.

Quedamos el domingo en San Rafael en grupo mixto y reducido, Rafa y yo con Nico y Jose Vecino, este había renegado por esta vez de su grupo, que lo quieren llevar al lado oscuro de la carrera a pie y los maratones. Plan incial, hacer la vuelta de siempre, subiendo al Espinar, el Hornillo, Collado de la Mina y volver, una ruta dura de más de 1000 metros de ascensión, con paisaje muy variado: primero pinar cerrado y luego mucho campo abierto y ventoso. Llevábamos también la presión añadida de volver a casa pronto para disfrutar de los espectáculos deportivos de la tele: motos, Nadal y F1, unos fueron muy bien y otros no tanto.

Una vez en el punto de salida nos dió la vena aventurera y nos planteamos la ruta al revés, por variar, aún sabiendo que el primer tramo en esa dirección es de empujar de firme. Siempre que bajamos de La Mina a San Rafael nos tenemos que bajar de la bici para pasar las torrenteras de piedras y las fuertes pendientes que hay dentro del pinar, imaginaos lo que es eso, pero subiendo. Luego en realidad la cosa no fué tan mala, hubo que empujar, pero cuando el dia está empezando empujas bien y con ganas, otra cosa es cuando te toca eso como remate. Subimos la ladera tratando de hacer memoria en esa complicada red de caminos, cómo cambia el aspecto de la cosa cuando vas cuesta arrba en vez de cuesta abajo.

Al final de la subida paramos un momento a ver Cueva Valiente que se divisaba allí entre la niebla, muy arriba, en ese momento el día se estaba abriendo y se veían manchas de cielo azul y solete, lástima que la mejoría se frustrara después. Pasamos La Cepeda, un curioso enclave de Madrid en la provincia de Avila, el mismo caso que el Condado de Treviño, supongo que el origen histórico es similar. Son amplios prados despejados y con buen pasto, probablemente por eso fueron tan disputados. Al llegar a los búnkeres la máquina se quedó sin batería y se acabaron las fotos, una lástima, porque a partir de ese momento es cuando ves fotos bonitas para hacer. Un rato más de prados abiertos y algo ventosos, y llegamos a la portilla donde se bifurca el camino. Estaban llegando muchos ciclistas (47, nos dijeron), en una especie de prueba informal, sin uniformes ni dorsales, eran todos de La Nava y se habían apuntado a subir al monte. Unos iban a tope, otros se sentaban a comer, otros hablaban por el móvil, en fin, aquello parecía poco organizado.

Nico sugirió en ese momento cambiar de planes para ampliar la ruta y darle más dificultad, torciendo hacia las turbinas que se ven en el horizonte, llegando al nuevo pantano que vimos otra vez en obras y bajando luego por la carretera. Eso, en cálculos optimistas es hora y media más de tiempo, y mucha más subida, en cálculos reales son más de dos horas de extensión. Rafa y yo no éramos partidarios, él por el aperitivo, yo porque quería bajar a Guadarrama a por pan, y ambos porque queríamos ver a Nadal. Jose sí que estaba con ganas de marcha, y Nico por supuesto, desde que ha estado en contacto con la Legión anda más novio de la muerte que nunca. Lo echamos a cara o cruz y ganaron ellos, pero no, nada nos podía torcer de la querencia que llevábamos al establo, así que decidimos partir el grupo, los valientes a sufrir, los prudentes a ir bajando. Tampoco nos resultó facil abajo del puerto tuvimos que hacer 9 kms de carretera rompepiernas hasta San Rafael, allí estaban sus coches, y allí seguirían mucho rato.

Su parte la reconstruyo con los correos que me han mandado:


Muy dura resulto la extensión a los molinos, cinco horas de bici, 73 Km y 1.500 mts de ascensión. Llegamos a la presa, que estaba tan llena que estaba soltando por el aliviadero fijo de coronación (por si no se nota, Jose se dedica a esto). Una vez allí, decidimos arriesgar por el camino de la margen derecha, empinado y pedregoso, para reducir algún kilometro en el camino de los molinos. Una subida muy dura que hicimos en menos de media hora (las rampas en los molinos son del 12% y cuando llevas prisa se hacen mas duras por el viento). A partir de ahí, mucha subida y algo de llaneo hasta el Puerto de La Lancha, ya con 50 kms a la espalda. Desde ahí hasta San Rafael por carretera (qué peligro), dándole mucha caña, el reloj amenazaba. A las 14:10 llegamos al fin, y Nico se acordó de Rafa: menos mal que al final no vino, se hubiese quedado sin aperitivo.

Es curioso tratar de refundir dos relatos distintos, pero hay dos puntos de coincidencia: que el tema les salió más duro de lo esperado, y que Rafa hubiera protestado. Bueno, cada uno según sus fuerzas y motivación, pero que conste que nosotros no fuimos gallinas, eso se llama ser prudentes…