Domingo 26 de mayo. Los deportistas no hacen fotos.
Ya hemos comentado alguna vez que ser Sherpa requiere un carácter especial, una especie de inquietud interior que te hace ser exigente, buscar nuevas rutas y arrastrar a la peña por los caminos, porque la peña lo que quiere es relajarse, mirar los pajaritos y comerse las barritas tumbados en la hierba… En los últimos tiempos los Machacas andaban algo contemplativos haciendo fotos, visitando ruinas y leyendo carteles culturales, en parte por el relajamiento natural de los cuerpos, en parte por la incorporación de algunos elementos tripohedonistas, de modo que el nivel de exigencia deportiva bajaba, y el tamaño del álbum fotográfico subía. La fusión amistosa con el grupo de los Joses ha supuesto volver a los orígenes, a las rutas a la carrera para completar muchos kilómetros, nuestra forma física lo va a agradecer pero el blog y nuestra culturilla campera pueden salir perdiendo.
Quedamos el domingo para hacer nuevas rutas por la zona de Las Rozas y Galapagar, llevamos ya algunas saliendo de casa montados en bici y eso que nos ahorramos de gasolina, que no está el precio para muchas excursiones. El parte meteorológico anunciaba mucha lluvia, con esa precisión que tienen los partes en los últimos tiempos (Mariano Medina decía "riesgo de chubascos", estos dicen "probabilidad de lluvia del 90%"), pero el tiempo nos dió cuartelillo justo hasta que yo volví a entrar en mi garage a eso de las 13 horas. El plan era hacer Las Rozas- Escorial y volver, pero en seguida se vió que el objetivo era demasiado ambicioso, y hubo que recortar. Quedamos Rafa, Nico y yo por los alrededores del Heron, y desde allí bajamos a buena velocidad hasta la entrada de Rio Chico, a encontrarnos con Pepe, Rafa el Inquieto y Josete, fuimos tres pa tres.
Primeras subidas como siempre por los caminos barrosos, pero poco antes de la cuesta del Pinarillo giro a la izquierda, por otra pista que lleva hacia el término de Villanueva del Pardillo. Muchos más kilómetros de encinar y monte sin construir, algunas perdices bajaban desde arriba por la ladera como obuses y pasaban entre el grupo, que iba estirado con Rafa por delante marcando camino y pedaleando sin parar. A ese ritmo nos costaba seguirle, cualquiera se para a hacer fotitos. En una de las bajadas pedregosas a toda velocidad reventé una rueda y Pepe se quedó para ayudarme. Desembocamos finalmente en la urbanización Las Cuestas (acertado nombre), y luego por caminos del Canal hasta unas subidas pedregosas y muy duras, donde paramos para primera comida. Desde allí se veía toda la zona, valles y media montaña cubiertos de encinas, al parecer propiedad todo de un solo señor. De nuevo el Rafa que se pira con la boca llena, y todos detrás para no perderle, entramos en zonas de praderas con vacas, pon caminos muy poco transitados.
En un lado del camino había un grupo de grandes amapolas blancas, según Nico el botánico "Papaver Somniferum", es decir, las del opio. Parece que crecen silvestres, pero estas estaban tras una sospechosa valla alambrada… Intentamos saltar para coger algunas (para estudiarlas, no os creáis), pero con las prisas renunciamos. De nuevo por varios caminos hasta llegar a los primeros chales, y finalmente a la orilla del pantano de Valmayor. Me bajé a mirar a unos pescadores que estaban sacando una gran carpa de espejos, antes los pescadores eran jubiladetes españoles, últimamente muchos son Polacos y Ucranianos. ¿Será que les recuerda la pesca a su país? ¿Será un recurso de ocio barato? Estos eran muy majetes, me dijeron que se la pensaban comer, vaya ganas… De nuevo desde el camino me llamaron los inquietos ciclistas y nos metimos a bordear el pantano por zonas muy cerradas de jara, y luego por senderos junto al agua. Hace años hicimos esto mismo y me pareció una zona tristona y reseca, ayer parecía el Amazonas, un rato muy divertido de correr y llevarse los arbustos con la cara y el pecho. Finalmente desde Valmayor hasta la Cañada Segoviana, y ya coincidiendo con la ruta del domingo pasado hasta entrar en Galapagar.
El pueblo estaba repleto de gente que preparaba pequeños altares a los lados de la calle, leímos en los carteles que era la procesión del Corpus (pero, ¿no era eso un jueves?), andaban cubriendo todo con plásticos y mirando al cielo, a esas alturas estaba bien amenazador. Salida de nuevo a los caminos y llegada al tramo de Rio Chico pero en dirección contraria, la cuesta del Pinarillo es un puntito menos imposible en este sentido. Nos separamos en el Cantizal, después de penar en cuesta arriba todo lo que por la mañana habíamos gozado en cuesta abajo.
Pese a no haber subidas claras y sostenidas, salieron 993 mts de ascensión y 50 km de recorrido. No hay fotos de los caminos junto al pantano, ni de la procesión del Corpus… ya lo sentí, pero al ritmo que nos llevaron no podías permitirte ni una parada: los verdaderos deportistas no hacen fotos…
