Domingo 27 de abril. Explorando un poquillo.
Esta semana no tenía idea de escribir blog porque dentro de un rato me voy de puente, pero como la gente pregunta vamos a echar un ratillo y contar la salida del domingo pasado. Solo nos apuntamos tres, Rafa Diego y yo. Los Joses se marcaron una grande pero dejaron la de Segovia para después del punte, cuando la gente vuelva gorda y desentrenada. Nosotros queríamos alegres y primaverales paseos con tralla la justa, algo solo para evitar el óxido. Además había F1, así que tenía que ser cerca y con retorno fácil. Como últimamente siempre queremos lo mismo, tenemos más que agotadas las rutas en el entorno de 40 kms desde Madrid, así que volvimos a empezar la lista por el principio, y elegimos La Jarosa. Curiosamente Diego no la había hecho nunca saliendo desde el pueblo de Guadarrama, y mira que lleva años de Machaca, hubo que indicarle dónde se aparca.
Pillamos un dia soleado y primaveral, daba gusto andar por la carreterilla que va junto al pantano, muchos ruiseñores cantando y muchos sapos reventados por el suelo, se ve que los dias pasados de lluvia salieron a montar la orgía, y para muchos acabó mal. Llegamos al segundo merendero (El Cordobés) y tiramos cuesta arriba por la carreterilla asfaltada, pasamos la unión con Montañas Nevadas y seguimos hasta el pradito que Ignacio creía ser el de la cabecera del bolg, pero no. Allí nos entró la gana de explorar, así que lo atravesamos y llegamos a un buen camino que vuelve a bajar por el valle. Tras pensar un poco sentados al sol decidimos tomarlo y volver a bajar por él al merendero, la mañana era larga, y las ganas de subir, pocas. Ninguno lo conocíamos, es majete, tiene fuertes rampas y vadea varios arroyos. Lo memorizamos como buena alternativa para evitar la subida alfaltada: nada más pasar el merendero hay dos caminos por la derecha, este es el segundo, el que llega tangente.
Bostezando y disfrutando del aire tibio volvimos a recorrer el pantano de vuelta, hasta la presa. Allí nos entró por fin la vergüenza torera y nos decidimos hacer algo más serio, subir hasta el Collado de La Mina, si fuera posible explorando más. Entramos por el camino que normalmente nos baja y empezamos a subir. Había unos burritos muy limpios y recién salidos de la pelu, de esos que no están para trabajar sino como mascota. Estos burritos resultaron muy misteriosos, porque los dejamos allá abajo, pero luego nos estaban esperando arriba del todo del puerto, al final del cortafuegos. Nos paramos a mirarlos incrédulos, y les hicimos fotos para comparar: o se saben un camino superdirecto y nada más despedirnos echaron a correr monte arriba para humillarnos, o eran sus hermanos gemelos. Ved las fotos y juzgad. También paré en la subida para ver un cráneo que parecía de perro, muy limpio y con enorme dentadura.
En la bifurcación asfalto-tierra tomamos a la derecha por la tierra y subimos todo el puerto por otro camino que para mí también es nuevo, zigzaguea por la ladera siempre a la vista del valle y desemboca en la pìsta del Collado de la Mina, unos 500 mts más allá que el que solemos tomar (el de la foto del blog). Es otra buena alternativa para variar, pero había bastantes ciclistas. Un empujón más de camino hasta el collado, y a bajar de nuevo, con llegada record a las 11,30, y en casa a las 12hs, tras haber comprado una barra del buenísimo pan candeal que hacen en Guadarrama.
Al final una ruta que se fué calentando y dió más juego del esperado, 30 kms pero 950 de desnivel. Cada uno para su casa a ver a Alonso, con la satisfacción del deber cumplido, que era explorar un poquillo..



