Verano AzulYa se que llevamos un invierno que no es invierno, con estos anticiclones que tienen el clima falseado, y además parece que esta semana que entra vamos de nuevo a ver lluvias, fríos y quizá hasta nevadas, pero el domingo pasado hizo un día estupendo, y por alguna razón daba la sensación de ser el primer día primaveral de la temporada. Nos juntamos cuatro Machacas de los de siempre para hacer la ruta de San Rafael: Ignacio, Diego Nico y yo. Rafa no vino pese a ser la ruta de su nombre, andaba por las Almerías, amortizando el chalet. Los chicos últimamente aparecen poco, y aún así se han apuntado a la ruta del Club Majadahonda desde Avila a Villalba, en algún momento tendrán que empezar su preparación intensiva, que 100 kms en un día se hacen pesados. Los joses parece que estaban corriendo, entrenando para los maratones. Por lo que vemos, entre la bici y el jogging parece que tienen el corazón partío.

Se anunciaba un domingo soleado después de las poquitas lluvias que nos cayeron la semana pasada, y en atención a los que querían volver pronto marcamos salida en San Rafael (el de Los Angeles de Gil y Gil), por los túneles se llega en apenas 25 minutos. Ultimamente nos saludamos y nos despedimos como si fuera la última vez, porque con los líos familiares nos vemos de pascuas a ramos y hay que aprovechar. La temperatura estaba engañosa, en realidad el termómetro marcaba 4º, pero entre que hacía solete y que nos habían anunciado buen tiempo el tema psicológico funcionaba a tope, y todos comentamos que teníamos sensación de al menos 12º. El pueblo de San Rafael tiene pinta de haber estado animadísimo antes de la construcción de los túneles, cuando la N-VI pasaba por enmedio, está todo lleno de antiguos bares de carretera y de casas de veraneo. Ahora ha quedado más bien como pueblo tranquilo y lleno de lugares para pasear, sin duda ha ganado un montón. En el punto de salida han puesto un cartel de esos que te dan culturilla, explicando que las zanjas que se ven eran los antiguos aserraderos para los pinos, que siempre fueron la verdadera riqueza del pueblo, antes de la carretera y antes de Gil y Gil.

Salimos por la carreterita de estupendo asfalto de montana, ese gordo y rasposo que a mí me encanta, a otros no tanto. Había caído la lluvia justa para tener todo verde, los ríos con agua pero no turbia y el ambiente fresco. Muchas mesas de merienda de piedras de granito en las varias fuentes que se van cruzando, ahora estaba todo tranquilo, supongo que en verano estará petao. Enseguida se termina esta primera dificultad y viene la bajada larga y fuerte hasta El Espinar. Normalmente aquí vamos helados, pero ya digo, veníamos mentalmente blindados contra el frío. Pasado el pueblo, se entra en la zona de granjas y picaderos, todos los caballos estaban asomados al muro esperando el desayuno, se ve que a los ganaderos se les habían pegado las sábanas.

Entramos en la senda de tierra, que tenía esta vez un grado bueno de humedad, firme pero sin barro, y vamos bordeando todo el valle que es tan abierto, siempre comentamos que sería un buen lugar para repoblar, pero seguramente lo tienen para pastos. Entramos el el Camino de la Dehesa y empezamos a remontar el arroyo del Boquerón, subida larga y pedregosa donde las haya. Muchas cancelas que abrir y cerrar, lástima no tener a Rafa, y muchas vacas negras por allí, estas avileñas no huyen sino que bajan el testuz para que no te pases ni un pelo. Tras mucha subida llegamos al valle desde donde se ve de nuevo San Rafael, y allí nos ponemos a comer sentados sobre las florecillas, respirando la brisa fresca y mirando el paisaje. Se estaba tan bien que Ignacio nos tuvo que levantar con grúa, era el único que de veras tenía prisa.Florecillas de primavera

Luego el tramo de horrible piedra suelta y la subida que termina en una zeta con búnkers de la guerra a ambos lados, se ve que allí esperaban a los incautos para freírlos bien. En el cruce hacia Cueva Valiente (repito, el nombre me parece algo facha, como "Pino Centinela" y otros), estaba el esqueleto recién mondado de una vaca o caballo, los culpables se habían dejado varias plumas por allí y se habían llevado la cabeza para evitar la identificación. Cuesta abajo hasta el idílico pantanito rodeado de pinos que parece un lago suizo, y más allá hasta pasar el camping y dejar a un lado Peguerinos, para afrontar la última subida hasta el Collado del Hornillo. Esta vez no estaba el ciclista-violinista que nos animó la última vez, así que pillamos la subida en frío, sin poesía ninguna. Fuimos llegando arriba según estado de forma y según ganas, y ya cuesta abajo hasta la zona de trialeras complicadas por enmedio del pinar, creo que no ha habido vez que hayamos logrado repetir camino.

Llegados a los coches, consenso de instrumentos para medir la ruta, 41 kms y 930 de ascensión. Salir todos rápido para Madrid no sea que pilláramos atasco, que la primavera ha venido y el madrileño siempre está al quite..