Domingo 30 de marzo. Hablando de records.
Como llevábamos ya varios artículos con el grupo Machacas en horas bajas, con poca asistencia y rutas de aliño, el pasado domingo nos pusimos por objetivo una de las rutas más largas y duras, la de Montañas Nevadas con extensión a Collado de La Mina y Abantos, a ver si nos servía de revulsivo. Son en total 51 kms, una subida acumulada de 1.660 mts., porcentaje medio de subida del 9%, y rampas de hasta el 27%, algunas de empujar. Ello la convierte en la más dura del calendario, si excluimos la de Sierra de la Demanda (1.750 mts), y algunas aventuras emprendidas en solitario por algunos amigos, que nos las creemos, aunque no haya fotos.
Como saben todos los que han hecho esta ruta (que son casi todos los del grupo), es una inversión de tiempo y esfuerzo considerable, que debe ser hecha a su ritmo natural. Sin embargo, esta vez se unía el desafío de dos amiguetes, que calcularon que terminaríamos sobre las 14 horas, así que para dejarlos mal hicimos la ruta contra el crono, marcando como hora de llegada las 13,15. ¿Lo conseguimos? sigue leyendo…
Nos juntamos el El Escorial Rafa y yo, Nico e Ignacio, Jose (el más ciclista del Club de Los Joses, los otros parece que son más corredores), y Javier, sobrino de Nico, superentrenado triatleta de 20 años que salía de una lesión de ligamentos cruzados y aún así dió la impresión de poder hacer la ruta dos veces seguidas. Estas incorporaciones son buenas porque suben el nivel general y te obligan a mantener alto el tono, siempre que no revientes, claro.
Tocaba cambio de hora, y aunque en otoño aprovechamos el cambio para quedar una hora antes (7,30), en primavera mantenemos salida y no quedamos una hora después. ¿Es esto justo? no me lo parece, pero hay que castigarse. Salimos algo tarde porque uno se pasó el desvío al Escorial y visitó el puerto, unos llevamos la fama y otros cardan la lana. Rafa e Ignacio tenían obligaciones en casa así que calculamos que a la mitad se darían la vuelta. Antes de salir admiramos la estupenda bici nueva de Nico, aunque para que no se notara él la traía ya pintada de barro (debe ser el espray ese que decía Ale).
Empezamos con las zetas de La Penosilla donde el grupo lanzó de liebre a Javier y se mantuvo reservón, pensando en lo que traía el dia. Nuestra idea era llegar a la valla de Cuelgamuros por el camino alto, subir unos pocos metros por el cortafuegos y entrar en la reserva por el portón que descubrimos la última vez (véase el post "Sañatnom Sadaven"). Sin embargo, al llegar al muro y empezar a remontar cortafuegos vimos que lo que creíamos unos pocos metros eran en realidad muchísimos, ahí tuvimos que alternar pedal con zapatilla e ir empujando un buen rato por la ladera, cada uno según fuerzas y equilibrio. Llegados al portón saltamos la valla, y mirando al pico Cervunal nos acordamos de lo que sufrimos la vez que subimos hasta allí, parece a tiro de piedra y sin embargo está lejísimos. Ya en tierra prohibida tomamos el camino que baja entre los pinos hasta la fuente donde se unen la ruta alta y la baja, por el camino los de delante estuvieron a punto de atropellar a dos peazo jabalíes que cruzaban, aunque nada comparable al búfalo de Ignacio.
Algo más adelante había en el camino varios grupos de procesionaria enterrándose, yo cogí una piedra plana y en tarea ecologista (o antiecologista, no lo se bien) las estuve aplastando hasta que me acojoné con los pelillos que volaban y salimos corriendo. Pasamos como una exhalación por detrás del monumento a los caídos, hicimos alguna foto y bajamos hasta la valla que cierra. En este punto el firme es de gravilla menuda y profunda y tuvimos dos caídas, afortunadamente sin consecuencias. Siento haber dado prioridad a la noticia sobre el auxilio a las víctimas, lo primero es sacar la foto.
En este punto nos pusimos a comer y Rafa e Ignacio se dieron la vuelta para volver a casa y conciliar, nos auguraron que acabaríamos sobre las 14 hs. El cálculo parecía acertado, pero como algunos no podían llegar tan tarde (Jose tenía que recoger a su niño en una fiesta), nos marcamos como hora de llegada las 13,15 y empezamos a subir La Jarosa a todo pedal, luego hasta el Collado de La Mina y Pinares Llanos y hasta Abantos, sin bajarnos más que a coger algo de agua en la fuente del Collado del Hornillo. La bajada desde Abantos esta vez por la carretera, no había tiempo para la Trialera. Afortunadamente había poco tráfico, y además han parcheado por enésima vez esta horrible carretera, así que no hubo incidentes.
Llegamos finalmente a los coches a la hora marcada y como prueba hicimos fotos a los relojes, el record no era tanto esta vez la ruta en sí, sino haberla metido en tiempo para que Jose recogiera a su niño, yo comprara el pan y cada uno hiciera lo que debía, que a todo hay que estar…




