Domingo 17 de febrero. Una OPA amistosa
Llevamos los Machacas una época de bajos entusiasmos, por unas cosas u otras la gente se lía y no consigue venirse los domingos a montar en bici, así que en las últimas salidas hemos optado por fusionarnos con otro grupo, el de los Joses. El domingo quedamos en El Escorial para hacer la subida a Malagón y despuès lo que saliera, y fuimos minoría. Por el lado Machaca, Nico Rafa y yo, por el lado Josero, mi vecino Jose Antonio (en adelante Jose), nuestro ya conocido Josete, el cuñado del primero, Pepe, y un Jose María (en adelante Cuco). Son el grupo de las 4 jotas, si tuvieran una más harían un jamón de los buenos.
Durante la semana se había planteado el ir todos con un grupo de Pinto a hacer La Horizontal completa, esto es, 50 kms de ida y otros tantos de vuelta, lo que, sumado a que la salida es en Somosierra (hora y cuarto en coche), implicaba volver a casa bien entrada la tarde, y eso es algo que llevamos años sin hacer, no se si nos abrirían la puerta. La Horizontal es además, como su nombre indica, muy horizontal, no creo que en esos 100 kms haya más de 300 mts de subida acumulada, con lo cual es un dia de rodar y rodar, como dice la canción. Optamos pues por buscar tramos más duros, la cabra tira al monte.
Quedamos donde siempre en el bar del Tomillar, donde sale la pista hacia Abantos y Malagón. Echamos una mirada por allí y vimos con satisfacción que la zona, que hace unos años fué objeto de un incendio provocado por especuladores inmobiliarios terroristas, se ha repoblado de pinos sola, y además han plantado encinas y robles hasta el mismísimo borde del pueblo, donde nunca hubo bosque. El tiro les ha salido a estos cabrones por la culata, y nosotros nos alegramos mucho.
La salida a las 8,15 y primeros kilómetros a todo tren, como siempre que se encuentran unos cuantos ciclistas desconocidos (¿porqué será?). Rafa y Nico dando molinillo y guardando prudentemente, los demás subiendo las duras rampas de La Penosilla como si arriba nos esperara un premio, uno sabe que la ruta es larga, pero cuando alrededor hay batalla se deja llevar. Estos Joses son más bien de meter duros desarrollos (tipo hardware, que diríamos ahora), y el Pepe en concreto parece que vaya haciendo penitencia, pero en las últimas rampas se impuso la cordura o se acabaron las fuerzas, metimos nuestro molinillo que no es signo de debilidad, sino de prudencia, que se lo pregunten a Lance Armstrong. Entramos por el pinar y acabamos en la carretera en la zona del Arboreto, y de nuevo a por las mortales rampas del Malagón, ahí sí que se prueba uno. Llegados arriba nos sorprendieron la niebla y las rachas de viento helado que venían de la vertiente segoviana, esperábamos un día templado y tranquilo y no íbamos muy abrigados, pero con esto del monte uno no se puede fiar. Cómo sería la cosa que renunciamos al cátering y tiramos rápido para abajo, a ver si la cosa se templaba y encontrábamos un lugar más abrigado para parar.
No solo no mejoró, sino que la bajada rápida nos metió el frío en los huesos, así que llegando a Peguerinos entramos en un bar a tomar un café con leche (no tenían caldito). Hacía siglos que no teníamos un signo de debilidad como este, pero la verdad es que fué un rato bien agradable, agarrados a la estufa de leña y sorbiendo el cafelito, o el carajillo. La oferta del bar era estupenda, varios tipos de setas salvajes y mucho de pinchos y raciones muy curradas, pero nosotros somos duros ciclistas y nos bastan las barritas, como te pongas con los callos y los boquerones ya no sales de ahí. El tío del bar tuvo el detalle de regalarnos su provisión de periódicos viejos de la estufa, y los echamos en la mochila, por si luego había que abrigarse.
Vueltos al camino el calorcito tan trabajosamente conseguido se fué del cuerpo a los cien metros de pedalear, y tras bordear el pantano empezamos a subir por la pista forestal, que es muy bonita, pero está siempre llena de barro. El esfuerzo se agradeció, y más o menos nos fuimos templando hasta volver a llegar a Malagón, la cosa en el puerto no había mejorado nada, así que parada para echarse toda la ropa encima y para forrarse de periódicos, yo no había probado nunca, pero qué gran invento. A la hora de bajar decidimos probar la famosa trialera, por conocerla y por bajar más lento, no apetecía otra bajada fría y vertiginosa. Allí nos fuimos en fila india y cada uno con su técnica, porque este camino exige mucha. Dentro del pinar tuvimos que echar pie a tierra varias veces, cruzamos la carretera y seguimos por una pista ancha que comunica con otra que baja desde la curva de más allá del arboreto. En conjunto resultó una pista buena y divertida, y sobre todo una buena alternativa para evitar la peligrosa carretera del puerto, que tan malos recuerdos me trae a mí.
Ya en los coches, a desforrarse y a ver los datos de la ruta, 43 kms. y 1.150 de ascensión, una de las buenas. Nos despedimos planeando volver a salir, la sociedad de los Machacas y la de los Joses han hecho una OPA amistosa…
