Domingo 10 de febrero. ¿Qué haríamos sin La Pedriza?
Como se preveía, el domingo la gente habitual estuvo muy liada, y volvimos a los mínimos. Juan puso en un mensaje que "lo intentaría", pero claro, la juerga nocturna tiene más atractivo, así que no le esperábamos. Menos mal que se apuntaron los nuevos (los Joses), con lo que sacamos un grupo de cuatro bastante lucido. La condición era volver antes de las 13 hs, así que ¿dónde hay una ruta dura, bonita y cercana? la Pedriza, claro.
De nuevo buen tiempo, así que de nuevo preveíamos la montaña a tope de gente, pero pasó algo curioso: los aparcamientos estaban casi vacíos cuando llegamos, pero también cuando nos fuimos, y se vió poca gente por los caminos. A la salida vimos la razón: están restringiendo el acceso de vehículos al parque, y en la barrera de entrada había una enorme cola de coches, muchas familias optaban por aparcar fuera y entrar andando, y así, con los niños, perros, y carritos no se puede llegar muy lejos. Bienvenida sea esta nueva política restrictiva, el que quiera ir al campo, que madrugue un poco… En cambio, y a juzgar por el gran tráfico que encontramos a la vuelta los demás lugares debieron de ponerse hasta arriba.
Comentábamos el otro dia que es difícil escribir una segunda crónica sobre un mismo sitio, pero esta debe ser ya la cuarta sobre nuestra ruta favorita. Como el sitio está muy visto esta vez restringí las fotos y me dediqué más al pedal, lo que me permitió ir más a gusto, disfrutar del paisaje y medir mi forma, que últimamente con la cosa fotográfica siempre iba haciendo la goma.
Empezamos esta vez desde el último aparcamiento y no desde Canto Cochino, está bien para ahorrar tiempo y desde allí se ve el Manzanares que viene todo clarito y fresco, qué distinto 30 kms más allá. Josete se había apuntado a última hora recién salido de una gripe, iba tosiendo y echando los hígados, ya se sabe, aplicando el método de curación ciclista radical, o te curas o te mueres. Ellos conocían La Pedriza, pero siempre la hacían al revés, y solo habían subido hasta La Nava una vez. Salimos pues en nuestra dirección habitual, tranquilos y silenciosos, tanto que enseguida vimos algunos corzos metidos entre el pinar. Estamos en época de poda, había muchas ramas bajas de pino a los lados del camino, el trabajo no es cortarlas, el trabajo es luego acarrearlas. Llegados al Collado de Los Pastores, fotos varias mirando la poca nieve que se veía arriba en La Bola. Nos contaron estos que a veces se bañan ahí al lado, en el arroyo que luego será el Manzanares, pero no parece recomendable, porque una vez dice que salieron llenos de parásitos…
Recogida la comida empezamos la primera bajada, y nos llevamos la sorpresa: pese al intenso calor de estos dias atrás, hay tramos con bastante nieve, que nos obligan a poner cuidadín. De los cien tipos de nieve, esta era profunda y dura (con hueso), pero tenía una capita superior esponjosa que le daba mucho agarre, era estupenda para la bici. Yo diría que pisamos varios kilómetros de nieve, pero no tuvimos que desmontar ni una sola vez. Así a buena velocidad, pero rezando y tratando de mantener recto el manillar fuimos pasando todo el tramo hasta llegar al comedero de los buitres. Allí nueva recapitulación. Josete decía tener los pulmones doloridos y como balón desinflado, así que se quedó a esperar, Jose María y yo tiramos para arriba, y Rafa despacito como hace últimamente. El dia se iba calentando y la nieve estaba más blanda por momentos, así que al llegar a la zona abierta de la cremallera, sin la sombra de los pinos, ya estaba blandorra e intransitable. Había allí muchas huellas frescas del rebaño de capra hispánica, siempre las hemos tenido cerca y nunca las hemos visto (salvo Alejandro). Como ya la hora apretaba nos dimos la vuelta y bajamos a buena marcha, cruzando los dedos en las mancahs de nieve, que había empeorado de repente. Recogimos a los rezagados, y bajada a buena velocidad (demasiada), tocando mucho el timbrecito.
Llegada a los coches con las bicis muy embarradas (qué pereza el manguerazo!), y rápido para Las Rozas. En fin, un plan rápido y una ruta exigente y bonita, ¿qué haríamos sin La Pedriza?
