Un día de perrosPedía yo al cielo en la crónica del domingo pasado que se llevara el pertinaz anticiclón y despejara la sierra de domingueros para poder dar una vuelta solitaria de las que apetecen, y debo tener buena mano allá arriba, porque el domingo se vino la gran borrasca y nos cayó una buena. No solo se habían ido los turistas, sino que nosotros mismos nos preguntábamos en voz baja qué estábamos haciendo allí. Creo que en adelante usaré mis poderes de forma más productiva y pediré por ejemplo un chivatazo para el Euromillones, o algo así. Como a Ignacio no le va la parte de Avila, y el domingo no pudo venir, aprovechamos para volver a la zona de El Tiemblo, hacía casi un año que no íbamos (véase: http://dieselbike.blogsome.com/2007/03/12/domingo-12-de-marzo-se-lo-comieron-los-buitres/). Desde luego, está lejos, y más ahora que la Carretera de los Pantanos está toda levantada por obras. Otra cosa será cuando las terminen contra viento y marea y contra el dictamen de la Comisión Europea, los turistas podremos ir a toda leche matando animalitos con el coche. De todos modos, debemos estar haciéndonos viejos, porque antes visitábamos la zona varias veces al año, y no nos parecía demasiado lejana, ahora no soportamos un desplazamiento de más de una hora.

Quedamos a las 8,30 delante del hotel que hay a la entrada del pueblo de El Tiemblo. Han hecho una enorme avenida de entrada con rotonda ajardinada y escultura que parece algo excesiva para lo que es el pueblo en sí, seguramente piensan también en el futuro y en los turistas que aporte la nueva carretera. Algo cansados por la conducción todo terreno y los desvíos por obra, qué bárbaros, no han ido levantando la carretera por tramos, la han volado toda. El dia estaba de niebla y amenazando lluvia, así que decidimos no explorar sino marcar el objetivo de subir a la Cabeza de La Parra, e ir directos. Empezamos por las urbanizaciones de detrás y me desvié un momento para fotografiar un inmenso tronco que tienen allí como curiosidad, parece de pino o de castaño, mi bici cabía dentro.

Ya por la carretera empieza la lluvia, fina al principio, espesa luego, afortunadamente con una temperatura soportable (3,5º) y sin viento, hasta el punto de que sudábamos bastante. Paramos a hacer fotos en el humilde monumento a Félix Rodríguez de La Fuente, tan humilde que yo nunca me había fijado en él, aunque sale en todas las guías de la zona. El solo un pequeño monolito con un pajarraco de chapa encima, figurando, supongo, un aguila en picado. La carretera se hace senda y pasamos el desvío que entra en el famoso Castañar del Tiemblo. Los arroyos por fin con bastante agua (y el camino también), y el paisaje bastante verde. Tomamos los dos desvíos y llega la zona dura que atraviesa los pinares por caminos de pendiente y firme horribles, agravados por el agua y el barro. Con mucho molinillo y algún empujón llegamos al refugio y hacemos allí recapitulación. Encontramos que el refugio, que fué cuidadosamente arreglado hace un par de años, ha sido vandalizado, han roto la puerta y los cristales, han hecho fuego dentro y llenado las paredes con pintadas. La más repetida es un corazón con Dani & Leyre dentro. Que quede pues claro que Dani & Leyre son la parejita más gilipollas de la sierra de Gredos.

Sigue la niebla y además se ha puesto a llover en serio, y ahora se oye al viento que pega fuerte en lo alto. Rafa dice que se está de maravilla en el refugio y que se queda en la gloria (daba pena, en aquel sitio helado y con el viento soplando por las ventanas), así que montamos allí el campo 4 y Nico y yo nos lanzamos al asalto de la cumbre, pensando llegar, hacer un par de fotos y volver a bajar rápido. Nos costó unas buenas penalidades, hacía mucho viento, frío y ya caía recio, pero al fin llegamos a la estación meteorológica. La torre de los forestales, que tan soleada aparecía en la crónica de 2006, no se veía por la niebla. El viento pasaba entre los tensores de las torres y hacía una música curiosísima, una especie de órgano-fusión, grabé varios clips. Hechas las fotos, nos dimos la vuelta, y sin poder frenar mucho por los deditos helados nos fuimos bajando hacia el refugio. Llegados allí vimos que Rafa no había cumplido con su deber de tenermos preparada la sopa caliente, así que seguimos bajando los tres a paso muy lento, tiritando y hablando solos. Cuando uno ve por la tele en Al filo de lo Imposible o en ese otro programa tan bueno de la Cuatro que los montañeros están a cien metros de la cumbre y se dan la vuelta, piensa que son unos flojos, pero sí sí, es que hay que estár ahí. Bueno, claro, salvando las enormes distancias que hay entre el Himalaya y La Parra.

Música del Himalaya

El resto es todo bajada, así que la única precaución fué no correr mucho, para no aumentar el frío. Llegados por fin a los coches vimos varios otros aparcados con bicis de montaña, habían llegado algo más tarde y habían renuciado a sacarlas a la vista del mal día. En el hotel de delante se celebraba algún bailecito de carnaval, porque pasaron varios quintos en plena juerga, que se trajeron mucho cachondeo con los gilis de Madrid que se estaban quitando la ropa chorreante de barro. Nos decían, partidos de risa, que si no teníamos nada mejor que hacer un domingo, y no sabíamos qué responder, porque en el fondo tenían razón.

Pues nada, una etapa épica en la que hicimos, con gran sufrimiento, nuestra segunda Cabeza de la Parra, y nuestro primer ochomil…