Bicicleta de Montaña19 February 2008

Volviendo a SiberiaLlevamos los Machacas una época de bajos entusiasmos, por unas cosas u otras la gente se lía y no consigue venirse los domingos a montar en bici, así que en las últimas salidas hemos optado por fusionarnos con otro grupo, el de los Joses. El domingo quedamos en El Escorial para hacer la subida a Malagón y despuès lo que saliera, y fuimos minoría. Por el lado Machaca, Nico Rafa y yo, por el lado Josero, mi vecino Jose Antonio (en adelante Jose), nuestro ya conocido Josete, el cuñado del primero, Pepe, y un Jose María (en adelante Cuco). Son el grupo de las 4 jotas, si tuvieran una más harían un jamón de los buenos.

Durante la semana se había planteado el ir todos con un grupo de Pinto a hacer La Horizontal completa, esto es, 50 kms de ida y otros tantos de vuelta, lo que, sumado a que la salida es en Somosierra (hora y cuarto en coche), implicaba volver a casa bien entrada la tarde, y eso es algo que llevamos años sin hacer, no se si nos abrirían la puerta. La Horizontal es además, como su nombre indica, muy horizontal, no creo que en esos 100 kms haya más de 300 mts de subida acumulada, con lo cual es un dia de rodar y rodar, como dice la canción. Optamos pues por buscar tramos más duros, la cabra tira al monte.

Quedamos donde siempre en el bar del Tomillar, donde sale la pista hacia Abantos y Malagón. Echamos una mirada por allí y vimos con satisfacción que la zona, que hace unos años fué objeto de un incendio provocado por especuladores inmobiliarios terroristas, se ha repoblado de pinos sola, y además han plantado encinas y robles hasta el mismísimo borde del pueblo, donde nunca hubo bosque. El tiro les ha salido a estos cabrones por la culata, y nosotros nos alegramos mucho.

La salida a las 8,15 y primeros kilómetros a todo tren, como siempre que se encuentran unos cuantos ciclistas desconocidos (¿porqué será?). Rafa y Nico dando molinillo y guardando prudentemente, los demás subiendo las duras rampas de La Penosilla como si arriba nos esperara un premio, uno sabe que la ruta es larga, pero cuando alrededor hay batalla se deja llevar. Estos Joses son más bien de meter duros desarrollos (tipo hardware, que diríamos ahora), y el Pepe en concreto parece que vaya haciendo penitencia, pero en las últimas rampas se impuso la cordura o se acabaron las fuerzas, metimos nuestro molinillo que no es signo de debilidad, sino de prudencia, que se lo pregunten a Lance Armstrong. Entramos por el pinar y acabamos en la carretera en la zona del Arboreto, y de nuevo a por las mortales rampas del Malagón, ahí sí que se prueba uno. Llegados arriba nos sorprendieron la niebla y las rachas de viento helado que venían de la vertiente segoviana, esperábamos un día templado y tranquilo y no íbamos muy abrigados, pero con esto del monte uno no se puede fiar. Cómo sería la cosa que renunciamos al cátering y tiramos rápido para abajo, a ver si la cosa se templaba y encontrábamos un lugar más abrigado para parar.

No solo no mejoró, sino que la bajada rápida nos metió el frío en los huesos, así que llegando a Peguerinos entramos en un bar a tomar un café con leche (no tenían caldito). Hacía siglos que no teníamos un signo de debilidad como este, pero la verdad es que fué un rato bien agradable, agarrados a la estufa de leña y sorbiendo el cafelito, o el carajillo. La oferta del bar era estupenda, varios tipos de setas salvajes y mucho de pinchos y raciones muy curradas, pero nosotros somos duros ciclistas y nos bastan las barritas, como te pongas con los callos y los boquerones ya no sales de ahí. El tío del bar tuvo el detalle de regalarnos su provisión de periódicos viejos de la estufa, y los echamos en la mochila, por si luego había que abrigarse.

 Vueltos al camino el calorcito tan trabajosamente conseguido se fué del cuerpo a los cien metros de pedalear, y tras bordear el pantano empezamos a subir por la pista forestal, que es muy bonita, pero está siempre llena de barro. El esfuerzo se agradeció, y más o menos nos fuimos templando hasta volver a llegar a Malagón, la cosa en el puerto no había mejorado nada, así que parada para echarse toda la ropa encima y para forrarse de periódicos, yo no había probado nunca, pero qué gran invento. A la hora de bajar decidimos probar la famosa trialera, por conocerla y por bajar más lento, no apetecía otra bajada fría y vertiginosa. Allí nos fuimos en fila india y cada uno con su técnica, porque este camino exige mucha. Dentro del pinar tuvimos que echar pie a tierra varias veces, cruzamos la carretera y seguimos por una pista ancha que comunica con otra que baja desde la curva de más allá del arboreto. En conjunto resultó una pista buena y divertida, y sobre todo una buena alternativa para evitar la peligrosa carretera del puerto, que tan malos recuerdos me trae a mí.

Ya en los coches, a desforrarse y a ver los datos de la ruta, 43 kms. y 1.150 de ascensión, una de las buenas. Nos despedimos planeando volver a salir, la sociedad de los Machacas y la de los Joses han hecho una OPA amistosa…

Bicicleta de Montaña11 February 2008

La sorpresa de la nieveComo se preveía, el domingo la gente habitual estuvo muy liada, y volvimos a los mínimos. Juan puso en un mensaje que "lo intentaría", pero claro, la juerga nocturna tiene más atractivo, así que no le esperábamos. Menos mal que se apuntaron los nuevos (los Joses), con lo que sacamos un grupo de cuatro bastante lucido. La condición era volver antes de las 13 hs, así que ¿dónde hay una ruta dura, bonita y cercana? la Pedriza, claro. 

De nuevo buen tiempo, así que de nuevo preveíamos la montaña a tope de gente, pero pasó algo curioso: los aparcamientos estaban casi vacíos cuando llegamos, pero también cuando nos fuimos, y se vió poca gente por los caminos. A la salida vimos la razón: están restringiendo el acceso de vehículos al parque, y en la barrera de entrada había una enorme cola de coches, muchas familias optaban por aparcar fuera y entrar andando, y así, con los niños, perros, y carritos no se puede llegar muy lejos. Bienvenida sea esta nueva política restrictiva, el que quiera ir al campo, que madrugue un poco… En cambio, y a juzgar por el gran tráfico que encontramos a la vuelta los demás lugares debieron de ponerse hasta arriba.

Comentábamos el otro dia que es difícil escribir una segunda crónica sobre un mismo sitio, pero esta debe ser ya la cuarta sobre nuestra ruta favorita. Como el sitio está muy visto esta vez restringí las fotos y me dediqué más al pedal, lo que me permitió ir más a gusto, disfrutar del paisaje y medir mi forma, que últimamente con la cosa fotográfica siempre iba haciendo la goma.

Empezamos esta vez desde el último aparcamiento y no desde Canto Cochino, está bien para ahorrar tiempo y desde allí se ve el Manzanares que viene todo clarito y fresco, qué distinto 30 kms más allá. Josete se había apuntado a última hora recién salido de una gripe, iba tosiendo y echando los hígados, ya se sabe, aplicando el método de curación ciclista radical, o te curas o te mueres. Ellos conocían La Pedriza, pero siempre la hacían al revés, y solo habían subido hasta La Nava una vez. Salimos pues en nuestra dirección habitual, tranquilos y silenciosos, tanto que enseguida vimos algunos corzos metidos entre el pinar. Estamos en época de poda, había muchas ramas bajas de pino a los lados del camino, el trabajo no es cortarlas, el trabajo es luego acarrearlas. Llegados al Collado de Los Pastores, fotos varias mirando la poca nieve que se veía arriba en La Bola. Nos contaron estos que a veces se bañan ahí al lado, en el arroyo que luego será el Manzanares, pero no parece recomendable, porque una vez dice que salieron llenos de parásitos…

Recogida la comida empezamos la primera bajada, y nos llevamos la sorpresa: pese al intenso calor de estos dias atrás, hay tramos con bastante nieve, que nos obligan a poner cuidadín. De los cien tipos de nieve, esta era profunda y dura (con hueso), pero tenía una capita superior esponjosa que le daba mucho agarre, era estupenda para la bici. Yo diría que pisamos varios kilómetros de nieve, pero no tuvimos que desmontar ni una sola vez. Así a buena velocidad, pero rezando y tratando de mantener recto el manillar fuimos pasando todo el tramo hasta llegar al comedero de los buitres. Allí nueva recapitulación. Josete decía tener los pulmones doloridos y como balón desinflado, así que se quedó a esperar, Jose María y yo tiramos para arriba, y Rafa despacito como hace últimamente. El dia se iba calentando y la nieve estaba más blanda por momentos, así que al llegar a la zona abierta de la cremallera, sin la sombra de los pinos, ya estaba blandorra e intransitable. Había allí muchas huellas frescas del rebaño de capra hispánica, siempre las hemos tenido cerca y nunca las hemos visto (salvo Alejandro). Como ya la hora apretaba nos dimos la vuelta y bajamos a buena marcha, cruzando los dedos en las mancahs de nieve, que había empeorado de repente. Recogimos a los rezagados, y bajada a buena velocidad (demasiada), tocando mucho el timbrecito.

Llegada a los coches con las bicis muy embarradas (qué pereza el manguerazo!), y rápido para Las Rozas. En fin, un plan rápido y una ruta exigente y bonita, ¿qué haríamos sin La Pedriza?

Bicicleta de Montaña4 February 2008

Un día de perrosPedía yo al cielo en la crónica del domingo pasado que se llevara el pertinaz anticiclón y despejara la sierra de domingueros para poder dar una vuelta solitaria de las que apetecen, y debo tener buena mano allá arriba, porque el domingo se vino la gran borrasca y nos cayó una buena. No solo se habían ido los turistas, sino que nosotros mismos nos preguntábamos en voz baja qué estábamos haciendo allí. Creo que en adelante usaré mis poderes de forma más productiva y pediré por ejemplo un chivatazo para el Euromillones, o algo así. Como a Ignacio no le va la parte de Avila, y el domingo no pudo venir, aprovechamos para volver a la zona de El Tiemblo, hacía casi un año que no íbamos (véase: http://dieselbike.blogsome.com/2007/03/12/domingo-12-de-marzo-se-lo-comieron-los-buitres/). Desde luego, está lejos, y más ahora que la Carretera de los Pantanos está toda levantada por obras. Otra cosa será cuando las terminen contra viento y marea y contra el dictamen de la Comisión Europea, los turistas podremos ir a toda leche matando animalitos con el coche. De todos modos, debemos estar haciéndonos viejos, porque antes visitábamos la zona varias veces al año, y no nos parecía demasiado lejana, ahora no soportamos un desplazamiento de más de una hora.

Quedamos a las 8,30 delante del hotel que hay a la entrada del pueblo de El Tiemblo. Han hecho una enorme avenida de entrada con rotonda ajardinada y escultura que parece algo excesiva para lo que es el pueblo en sí, seguramente piensan también en el futuro y en los turistas que aporte la nueva carretera. Algo cansados por la conducción todo terreno y los desvíos por obra, qué bárbaros, no han ido levantando la carretera por tramos, la han volado toda. El dia estaba de niebla y amenazando lluvia, así que decidimos no explorar sino marcar el objetivo de subir a la Cabeza de La Parra, e ir directos. Empezamos por las urbanizaciones de detrás y me desvié un momento para fotografiar un inmenso tronco que tienen allí como curiosidad, parece de pino o de castaño, mi bici cabía dentro.

Ya por la carretera empieza la lluvia, fina al principio, espesa luego, afortunadamente con una temperatura soportable (3,5º) y sin viento, hasta el punto de que sudábamos bastante. Paramos a hacer fotos en el humilde monumento a Félix Rodríguez de La Fuente, tan humilde que yo nunca me había fijado en él, aunque sale en todas las guías de la zona. El solo un pequeño monolito con un pajarraco de chapa encima, figurando, supongo, un aguila en picado. La carretera se hace senda y pasamos el desvío que entra en el famoso Castañar del Tiemblo. Los arroyos por fin con bastante agua (y el camino también), y el paisaje bastante verde. Tomamos los dos desvíos y llega la zona dura que atraviesa los pinares por caminos de pendiente y firme horribles, agravados por el agua y el barro. Con mucho molinillo y algún empujón llegamos al refugio y hacemos allí recapitulación. Encontramos que el refugio, que fué cuidadosamente arreglado hace un par de años, ha sido vandalizado, han roto la puerta y los cristales, han hecho fuego dentro y llenado las paredes con pintadas. La más repetida es un corazón con Dani & Leyre dentro. Que quede pues claro que Dani & Leyre son la parejita más gilipollas de la sierra de Gredos.

Sigue la niebla y además se ha puesto a llover en serio, y ahora se oye al viento que pega fuerte en lo alto. Rafa dice que se está de maravilla en el refugio y que se queda en la gloria (daba pena, en aquel sitio helado y con el viento soplando por las ventanas), así que montamos allí el campo 4 y Nico y yo nos lanzamos al asalto de la cumbre, pensando llegar, hacer un par de fotos y volver a bajar rápido. Nos costó unas buenas penalidades, hacía mucho viento, frío y ya caía recio, pero al fin llegamos a la estación meteorológica. La torre de los forestales, que tan soleada aparecía en la crónica de 2006, no se veía por la niebla. El viento pasaba entre los tensores de las torres y hacía una música curiosísima, una especie de órgano-fusión, grabé varios clips. Hechas las fotos, nos dimos la vuelta, y sin poder frenar mucho por los deditos helados nos fuimos bajando hacia el refugio. Llegados allí vimos que Rafa no había cumplido con su deber de tenermos preparada la sopa caliente, así que seguimos bajando los tres a paso muy lento, tiritando y hablando solos. Cuando uno ve por la tele en Al filo de lo Imposible o en ese otro programa tan bueno de la Cuatro que los montañeros están a cien metros de la cumbre y se dan la vuelta, piensa que son unos flojos, pero sí sí, es que hay que estár ahí. Bueno, claro, salvando las enormes distancias que hay entre el Himalaya y La Parra.

Música del Himalaya

El resto es todo bajada, así que la única precaución fué no correr mucho, para no aumentar el frío. Llegados por fin a los coches vimos varios otros aparcados con bicis de montaña, habían llegado algo más tarde y habían renuciado a sacarlas a la vista del mal día. En el hotel de delante se celebraba algún bailecito de carnaval, porque pasaron varios quintos en plena juerga, que se trajeron mucho cachondeo con los gilis de Madrid que se estaban quitando la ropa chorreante de barro. Nos decían, partidos de risa, que si no teníamos nada mejor que hacer un domingo, y no sabíamos qué responder, porque en el fondo tenían razón.

Pues nada, una etapa épica en la que hicimos, con gran sufrimiento, nuestra segunda Cabeza de la Parra, y nuestro primer ochomil…