Domingo 21 de enero. Explorar es lo que tiene..
Asistencia casi masiva ayer a la ruta dominical. Falló Ignacio, ya nos explicará, vinimos (enumerados por parejas de hecho): Rafa y yo, Nico y Diego, Ale y Juannillo y dos nuevos, mi vecino Jose y su amigo Jose (J&J). Para distinguirlos los llamaremos Jose Manuel y Josete, nos habían hablado hace tiempo de venirse y ayer se probaron: andan a buen nivel físico y traen estupendo material, a ver si los vemos más a menudo. La otra reincorporación era la de Nillo, que llevaba como dos meses sin aparecer. Dice que en este tiempo sólo ha practicado barra libre cervecera y que trae como 7 kg de más, pero visto que subió toda la ruta con los primeros vamos a tener que apuntarnos todos a ese plan de entrenamiento. Eso sí, decía: "lo duro no es el rato de bici, lo duro es el madrugón", lo decía y se veía que le salía de dentro.
Estupendo dia para andar en bici, muy soleado y con temperatura sobre cero, alguno no amortizó el material para el frío que se había comprado. El dia era estupendo en realidad para cualquier cosa, y todos los madrileños se habían dado cuenta: grandes riadas de gente en la carretera, en Navacerrada, junto al río, o yendo a comer un cochinillo a Segovia: en este amago de primavera nadie quiere quedarse en casa. La cita era en el pueblo de Valsaín, el de los pinos, hacía tiempo que no íbamos. Llevábamos algo de miedo a encontrar nieve (la de Río Moros nos dejó traumatizados), pero una semana de pertinaz anticiclón ha bastado para dejar toda la sierra limpia, no pisamos más que tres o cuatro parches blancos. Los de Valdesquí están mimando lo poquísimo que les queda (4 kms esquiables), y de hecho había muchos autobuses de esquiadores subiendo al amanecer: debió ser un día de gran aglomeración en "la" pista.
A las 8,30 todos puntuales, más o menos, en el pueblo, se hicieron las presentaciones y cogimos las bicis. Pensando en los posibles grupos me llevé los walkies para hablar, pero los repartí con tan mal tino que los dos fueron toda la ruta juntos y en cola, no diré a quién se los dí. Comenzamos por los aserraderos de Valsaín, saltamos la valla de detrás del pueblo y a subir por el viejo robledal que hace toda esa ladera hacia la Cruz de la Gallega. Debemos estar en época de tala, porque por todos sitios había pirámides de troncos, tierra revuelta, máquinas de arrastre y olor a serrín, viendo las fotos parece la auténtica Timberland de los pioneros. Eso sí, como decimos siempre, la zona es un ejemplo de explotación sostenible, el bosque siempre parece igual de espeso y bonito.
Los gallos empezaron fuerte y los nuevos también, había ganas de probarse y fijar nivel, pero esta primera subida sorprende por lo empinada y lo larga. El firme, para protesta de alguno, perfectamente asfaltado, la bici agarra y solo es cosa de hacerte a la dura cuesta. Pasados los tramos de duro subibaja de la Cruz de la Gallega, nos bajamos a toda velocidad hacia las siete revueltas, pasando de largo por el desvío a Cotos, que no tomamos (sabemos que es de empujar, y no apetecía). pero antes de llegar a la verja de salida decidimos explorar el ramal asfaltado que sale a la izquierda (según bajas). Durante un rato es buen camino, vadeas arroyos y sigues por bosque, paralelo y por debajo de la carretera Cotos-Navacerrada, hasta que desemboca en una explanada cercada, que parece un lugar de concentración y almacenamiento de troncos. De allí salen varios caminos que fuimos explorando, uno ladera arriba (imposible), otro remontando el arroyo, vamos, que pasamos un buen rato tratando de encontrar salida ciclable, sin resultado. J&J decían que había un ramal de empujar que llegaba a Cotos, pero al fin renunciamos y nos pusimos a comer.
Ale volvió a marcar las diferencias aportando unos mini sandwiches tostaditos rellenos de pasta de olivas con ajo y queso sublimes, no se veía algo así desde los de salmón con crema de finas hierbas de Jose. Rafa se atracó y luego se quejaba de que el ajo le repetía. Para la próxima ha prometido traernos unos de paté de lechazo, esperemos que no sean como el arroz con bogavante, virtuales.
Renunciando ya a exploraciones bajamos hasta la carretera, cruzamos y subimos por la Casita de la Pesca hacia la Fuente de la Reina, ese tramo sí que es duro, aunque esté asfaltado. Un caminante habilidoso y amante del dato ha puesto allí un bonito cartel donde te lo dice todo: longitud (4 kms), subida media (7,9%), y perfil. Llegados a la fuente el cuerpo pedía comer de nuevo, pero eso ya es vicio, descansamos un poco y a seguir. Hice fotos de la alberca que hay, y que llama la atención por el precioso desagüe que le han puesto: un tronco torcido cuidadosamente vaciado y embreado, que sin dida ha requerido muchos dias de trabajo: parece que han contratado como forestales a jardineros japoneses, el paisaje va a mejorar. Para la bajada escogimos el camino de tierra en vez de la carreterilla, y allí encontramos los únicos parches de nieve dignos de desmontarse. Encontramos también a dos mujeres ciclistas, eso sí que es un espectáculo raro.
Tras la gozosa y larga bajada entramos en el pueblo de Valsaín por los caminos del río en lugar de por la carretera, y pasamos por la parte vieja y por las campas de afuera, estaban preciosas, verdes y con caballitos retozones, dignas de pararse un rato a mirar. Al fin en los coches, J&J salieron rápido para fichar a tiempo en casa, y los demás también, nadie se libra de la cosa de la conciliación.
En resumen, 37 kms y 1.050 de ascensión, una buena ruta que nos consumió mucho más tiempo del habitual. Explorar, es lo que tiene….
