Lunes 7 de enero. Cien clases de nieve
Un mito muy repetido dice que los Inuit (los esquimales) tienen 100 palabras para nombrar las distintas clases de nieve. Por lo que leo en Internet esa leyenda es falsa, pero el lunes pasado no nos hubieran venido mal para nombrar los cien tipos de nieve distintos que pisamos. Aparte de nieve dura, nieve polvo y nieve primavera de los partes de esquí tuvimos nieve placa de espejo (fundida y recongelada por la noche), nieve lisa, nieve con huellas, nieve atrapadora, nieve granizado de limón, nieve-traidora-que-tapa-una-placa, nieve rodada, y qué se yo cuántas variantes más, cada una con su problema y todas difíciles de pasar. Hemos dicho otras veces que nos encanta ir con las bicis por la nieve recién caída, cuando está en polvo y con poco espesor (unos 15 cm). El paisaje está silencioso y la nieve agarra muy bien, y pedalear por ella es una gozada. Pero cuando lleva días caída y pisada, y se ha fundido y vuelto a congelar, se convierte en una tortura y en una prueba de paciencia, de técnica y de forma física.
Nos reunimos en Cercedilla el lunes 7 de enero, festivo, para inaugurar el año 2008 sobre la bici. Pese a los intentos de alguno de pasar el entrañable dia de Reyes en ruta, todos decidimos que ese dia es para jugar con los juguetes nuevos, y como a nadie le han traído una bici de montaña, pues nada, el domingo no se salió. Nos vimos donde siempre, junto a la estación, Nico, Ignacio, Rafa y yo. No llevábamos idea preconcebida sobre la ruta, así que nos dejamos de experimentos y decidimos ir, como casi siempre, a Majavilán, carretera de la República, cruce con la calzada romana y luego decidir, según el tiempo y la nieve, que preveíamos iba a tener mucho peso en el dia.
La temperatura buena para comenzar, alrededor de 5º, así que dejé en el coche los guantes de lana y Pinsulate que me habían traído los reyes (no me creo que por el precio que tienen lleven Thinsulate auténtico), parecidos a los que llevaba Jose. Muchas novedades en el vestuario de los ciclistas, producto de su visita al Rastro Specialized que hubo en navidad: gafas de esas que se oscurecen con el sol (no tuvieron ocasión de oscurecerse), y un sillín de competición que a simple vista parecía algo duro, los dos afectados dirán: sus bicis subieron varios enteros, pero sus traseros no se…
Salimos por Cercedilla hacia la carretera de la República, pasando por el Centro de Interpretación. Este primer tramo se coge con ganas, pero tiene mucha pendiente acumulada. Pasamos la valla y ya en las primeras curvas (en la "Ducha de los Alemanes), primeras placas heladas que nos hacen caer y pasar andando. Esta subida, que normalmente se hace a buen ritmo, se pasó despacito por la nieve que aparecía a trechos. Arriba del Mirador de V.A., pensamos ya si volvernos para hacer el Puerto del León y terminar, pero decidimos seguir algo más. En las umbrías que hay hasta el cruce final con la calzada romana, ya todo cubierto de nieve vieja, nosotros resbalando pero Ignacio haciendo honor al apodo (al nick, dirían ahora), gozando con la pelea y riéndose hasta cuando estaba por el suelo. Arriba comida (versión española del bocata preferido de Diego, es decir, serrano con manchego) y nuevas dudas, pero tomamos por el ramal izquierdo hasta el collado de Marichiva. En ese nuevo cruce, la gran decisión del dia: bajar a Cercedilla por la trialera (mas empujar que montar) y dar el ejercicio por terminado, o enlazar con la ruta de Río Moros hacia la derecha. Nico había dicho que tenía que volver a tiempo para un entierro, pero en las dudas se impone Rio Moros, pensando que habrá menos nieve y podremos terminar rápido. Ese ramal que baja suele hacerse mejor con nieve que sin ella, pero esto era hielo resbaloso, así que bajamos casi a cuatro patas (dos ruedas + dos pies). Las previsiones no se cumplieron, y la carreterilla de Rio Moros estaba repleta de nieve dura y congelada, y ya era tarde para volver atrás, así que a sufrir, a caminar y a no retrasarse demasiado. Cuando encuentras al fin un trozo limpio y coges velocidad, te das cuenta de repente que has entrado en una nueva placa pulida, y ya no hay solución: si frenas, vas al suelo de inmediato (y la caída en hielo duele), así que procuras mantener la rueda delantera recta y no bajar velocidad, rezando para que no patine.
Encontramos a tres corredores de montaña con muy buena pinta, más lentos que nosotros pero más estables, así que nos íbamos pasando unos a otros, y todos llevábamos la misma velocidad (poca). Aquí la nieve dura se transformó en nieve blanda y profunda, y fué peor, porque retenía las bicis un montón. Al final ese rato de teórica bajada nos dejó más cansados que cualquier subida, y llegamos al puerto del León bastante tirados. Rafa decidió bajar por la carretera hasta Guadarrama y esperarme allí, Nico echó por delante para salvar lo posible del entierro, y Ignacio y yo nos pusimos a bajar a Cercedilla por La Tablada (los corredores nos dijeron que el camino se llama así). Ese camino se hace siempre muy duro, y curiosamente ocurre lo hagas en la dirección que lo hagas: siempre parece subida.
Por fin llegamos a los coches, Nico ya no estaba y nosotros salimos corriendo, yo aún tenía que recoger a Rafa. Fué uno de los días de "llegar demasiado tarde", en mi caso, a las dos. La ruta final, 42 kms. y 850 de ascensión, que parecen más o menos lo normal, pero que resultaron mucho peores por la pelea las cien clases de nieve…
