Bicicleta de Montaña28 January 2008

A lo lejos, la Hoya de San BlasTras la masiva afluencia del domingo pasado, esta vez sudamos para conseguir cuatro ciclistas, dias de mucho vísperas de nada, que dice el sabio refranero. La cosa puede ponerse peor en los próximos domingos, porque parece que todo el mundo va a entrar en épocas de asuntos urgentes y laboriosos, que les van a dejar poco tiempo para la bici. Por de pronto, este domingo lo salvamos con la asistencia de Diego, Rafa, yo mismo e Ignacio, que se vino a una ruta corta antes de colgar la bici por por unas semanas, pues va a tener asuntos familiares que le ocuparán y sin duda esos son los verdaderamente importantes: que salga todo bien.

Como ruta cercana y para un tiempo limitado elegimos esta vez la Hoya de San Blas, otro de los clásicos madrileños, pasado Manzanares y junto al embalse de Santillana. Aparcamos como siempre junto al cámping, que cada vez tiene menos pinta de tal. Han puesto un cartelito en español e inglés que alude a unas indeterminadas "reparaciones", pero aquello está bastante abandonado, bueno, abandonado por los humanos, porque lo han ocupado en cambio las vacas y las cigüeñas. De estas últimas había miles, porque haciendo también caso al refranero las africanas han vuelto y se han juntado con las residentes formando grandes bandos que pasean por el prado, hice algunas fotos que parecen Benidorm en agosto.

De nuevo el pertinaz anticiclón ha hecho de las suyas y la mañana estaba soleada, con lo que poco a poco fueron llegando miles de madrileños a ocuparlo todo: los caminos a pie y en bici, las hípicas de la zona, es de suponer que también los restaurantes domingueros. No nos quejemos porque es movimiento y dineritos para la gente de allí, pero uno no puede evitar echar de menos los duros dias del invierno, cuando el viento y el frío dejaban a la gente en casita junto a la calefacción central y la sierra era solo para nosotros.

Salimos los cuatro por el camino que atraviesa toda la zona de monte bajo hasta llegar a la sierra. Es una franja de robledal y encina con muchos caminos, recintos de vacas (algunas bravas), hípicas y chalets en la que es fácil perderse, sobre todo si no te sabes el camino, o si crees que te lo sabes y no es cierto (Rafa, luego hablamos). A mí se me hace siempre un tanto desagradable, por lo complicado subibajante y polvoriento. Al fin entras en la zona de verdadera montaña y llegan los pinares y las rampas empinadas y pedregosas, esto sí es el lenguaje que conocemos. Al fondo se ve siempre el objetivo, la Hoya de San Blas, un circo de montañas de granito muy espectacular y con aspecto parecido a La Pedriza (en realidad está colindante). Llegamos arriba con bastante tiempo, y decidimos volver a tomar la senda del Collado Ventana, que vuelve hacia La Pedriza atravesando toda la Hoya. Normalmente es un camino solitario que conoce poca gente, ayer estaba petao de ciclistas. Rafa, que es más querencioso que una vaca, se quedó a mitad a tomar el fresco (como hace siempre), los demás seguimos hasta el comedero de los buitres a ver cuál era esta vez el menú: de nuevo cuero reseco de vaca, esperemos que lo que falta se lo hayan comido los buitres, porque si no los pobres van a quedarse bien desmejorados.

Nos alejamos de allí lo suficiente para comer y nos reunimos con Rafa (el camino del Collado Ventana es de ida y vuelta, no circular). Todavía el menú arrastraba los remanentes navideños, claro que mejor eso que el menú de los buitres. A la vuelta pasamos por el puesto de forestales que tan alegre y juerguero parecía en julio. Esta vez no había paelleras colgadas de los ganchos, la red de voleibol estaba caída en el suelo y solo quedaban dos sillas blancas juntas y puestas cara al valle. Me recordó esas grandes casas donde han vivido muchos niños y al final solo quedan los abuelos sentados mirando a lo lejos. Aquí el caso es distinto, porque con el verano llegarán de nuevo las plantillas reforzadas y las alegres noches, estoy por preguntar a Esperanza dónde se apunta uno a ese penoso trabajo.

Como el objetivo era volver pronto, nos lanzamos ya hacia abajo y ni nos paramos en el desvío que vuelve a subir a Morcuera, eso hubiera añadido al menos una hora más a la ruta. En la red de caminos Rafa (como digo, a su querencia), se pasó los mismos dos cruces que se pasa siempre, pero oyó los gritos y se volvió. Llegados al coche examen de dispositivos para sacar los datos de ruta, 40 kms y 850 de desnivel, en la media habitual. Venga a esquivar familias bicicleteras o paseadoras, y luego en el camino de vuelta atasco desde Manzanares a la A6, mucho movimiento, eso es bueno, pero te hace añorar los días en que la sierra era para el que la trabajaba..

Bicicleta de Montaña21 January 2008

¿Tiene Isostar?Asistencia casi masiva ayer a la ruta dominical. Falló Ignacio, ya nos explicará, vinimos (enumerados por parejas de hecho): Rafa y yo, Nico y Diego, Ale y Juannillo y dos nuevos, mi vecino Jose y su amigo Jose (J&J). Para distinguirlos los llamaremos Jose Manuel y Josete, nos habían hablado hace tiempo de venirse y ayer se probaron: andan a buen nivel físico y traen estupendo material, a ver si los vemos más a menudo. La otra reincorporación era la de Nillo, que llevaba como dos meses sin aparecer. Dice que en este tiempo sólo ha practicado barra libre cervecera y que trae como 7 kg de más, pero visto que subió toda la ruta con los primeros vamos a tener que apuntarnos todos a ese plan de entrenamiento. Eso sí, decía: "lo duro no es el rato de bici, lo duro es el madrugón", lo decía y se veía que le salía de dentro.

Estupendo dia para andar en bici, muy soleado y con temperatura sobre cero, alguno no amortizó el material para el frío que se había comprado. El dia era estupendo en realidad para cualquier cosa, y todos los madrileños se habían dado cuenta: grandes riadas de gente en la carretera, en Navacerrada, junto al río, o yendo a comer un cochinillo a Segovia: en este amago de primavera nadie quiere quedarse en casa. La cita era en el pueblo de Valsaín, el de los pinos, hacía tiempo que no íbamos. Llevábamos algo de miedo a encontrar nieve (la de Río Moros nos dejó traumatizados), pero una semana de pertinaz anticiclón ha bastado para dejar toda la sierra limpia, no pisamos más que tres o cuatro parches blancos. Los de Valdesquí están mimando lo poquísimo que les queda (4 kms esquiables), y de hecho había muchos autobuses de esquiadores subiendo al amanecer: debió ser un día de gran aglomeración en "la" pista.

A las 8,30 todos puntuales, más o menos, en el pueblo, se hicieron las presentaciones y cogimos las bicis. Pensando en los posibles grupos me llevé los walkies para hablar, pero los repartí con tan mal tino que los dos fueron toda la ruta juntos y en cola, no diré a quién se los dí. Comenzamos por los aserraderos de Valsaín, saltamos la valla de detrás del pueblo y a subir por el viejo robledal que hace toda esa ladera hacia la Cruz de la Gallega. Debemos estar en época de tala, porque por todos sitios había pirámides de troncos, tierra revuelta, máquinas de arrastre y olor a serrín, viendo las fotos parece la auténtica Timberland de los pioneros. Eso sí, como decimos siempre, la zona es un ejemplo de explotación sostenible, el bosque siempre parece igual de espeso y bonito.

Los gallos empezaron fuerte y los nuevos también, había ganas de probarse y fijar nivel, pero esta primera subida sorprende por lo empinada y lo larga. El firme, para protesta de alguno, perfectamente asfaltado, la bici agarra y solo es cosa de hacerte a la dura cuesta. Pasados los tramos de duro subibaja de la Cruz de la Gallega, nos bajamos a toda velocidad hacia las siete revueltas, pasando de largo por el desvío a Cotos, que no tomamos (sabemos que es de empujar, y no apetecía). pero antes de llegar a la verja de salida decidimos explorar el ramal asfaltado que sale a la izquierda (según bajas). Durante un rato es buen camino, vadeas arroyos y sigues por bosque, paralelo y por debajo de la carretera Cotos-Navacerrada, hasta que desemboca en una explanada cercada, que parece un lugar de concentración y almacenamiento de troncos. De allí salen varios caminos que fuimos explorando, uno ladera arriba (imposible), otro remontando el arroyo, vamos, que pasamos un buen rato tratando de encontrar salida ciclable, sin resultado. J&J decían que había un ramal de empujar que llegaba a Cotos, pero al fin renunciamos y nos pusimos a comer.

Ale volvió a marcar las diferencias aportando unos mini sandwiches tostaditos rellenos de pasta de olivas con ajo y queso sublimes, no se veía algo así desde los de salmón con crema de finas hierbas de Jose. Rafa se atracó y luego se quejaba de que el ajo le repetía. Para la próxima ha prometido traernos unos de paté de lechazo, esperemos que no sean como el arroz con bogavante, virtuales.

Renunciando ya a exploraciones bajamos hasta la carretera, cruzamos y subimos por la Casita de la Pesca hacia la Fuente de la Reina, ese tramo sí que es duro, aunque esté asfaltado. Un caminante habilidoso y amante del dato ha puesto allí un bonito cartel donde te lo dice todo: longitud (4 kms), subida media (7,9%), y perfil. Llegados a la fuente el cuerpo pedía comer de nuevo, pero eso ya es vicio, descansamos un poco y a seguir. Hice fotos de la alberca que hay, y que llama la atención por el precioso desagüe que le han puesto: un tronco torcido cuidadosamente vaciado y embreado, que sin dida ha requerido muchos dias de trabajo: parece que han contratado como forestales a jardineros japoneses, el paisaje va a mejorar. Para la bajada escogimos el camino de tierra en vez de la carreterilla, y allí encontramos los únicos parches de nieve dignos de desmontarse. Encontramos también a dos mujeres ciclistas, eso sí que es un espectáculo raro.

Tras la gozosa y larga bajada entramos en el pueblo de Valsaín por los caminos del río en lugar de por la carretera, y pasamos por la parte vieja y por las campas de afuera, estaban preciosas, verdes y con caballitos retozones, dignas de pararse un rato a mirar. Al fin en los coches, J&J salieron rápido para fichar a tiempo en casa, y los demás también, nadie se libra de la cosa de la conciliación.

En resumen, 37 kms y 1.050 de ascensión, una buena ruta que nos consumió mucho más tiempo del habitual. Explorar, es lo que tiene….

Bicicleta de Montaña14 January 2008

Alejandro in the WildPara hacernos perdonar el exceso del domingo anterior fijamos esta vez una ruta no muy larga, y sobre todo cercana a Madrid, que nos permitiera volver pronto a casa. Elegimos Trescantos-Soto de Viñuelas-Pastaderos de Colmenar, un clásico que algunos llevábamos sin pisar casi dos años. Se apuntaron Nico, Rafa Alejandro y yo mismo, se borró Ignacio, por trasnoche inesperado. Dirá que a las 6,30 abrió el ojo y se acordó de nosotros. el sentido del deber siempre le despierta aunque decida quedarse en la cama. El objetivo era también descansar la rabadilla de tanto salto por la nieve, y tal como se veía la sierra de blanca a lo lejos fué buena decisión.

Por mi parte he empezado ya con la alergia a los cipreses, que este año me ataca al fuelle en vez de al ojo y la nariz. Dudé si venir, pero me animé con eso de que la mejor cura para los asuntos pulmonares es una buena paliza en bici con el aire helado. El tratamiento es mucolítico y expectorante, y si logras sobrevivir te quedas de lo más limpio por dentro. Pasé la ruta haciento trjém trjém, me decían que parecía Jordi Pujol.

A las 8,15 aparcamos puntualmente bajo el paso elevado y montamos las bicis, aún estaba amaneciendo. Alejandro no se esperaba el frío que encontró (-5º), así que tuvo que parar para echarse unas orejeras y cambiar sus guantecitos azules (a juego con el maillot) por guantes de nieve. Subimos el paso elevado con prodigiosa habilidad, sin bajarnos en las revueltas (a la vuelta no fué tan bien), cruzamos la carretera y tomamos el carril bici que va hacia Colmenar. Un par de kilómetros más allá los beteteros solemos dejar el humillante carril bici y salirnos hacia el campo, bajando al Arroyo de Tejada (parece un apellido ilustre) y sus choperas. Esta zona, que es el Soto de Viñuelas, está realmente pegada a Madrid y forma parte del Parque de la Cuenca Alta del Manzanares, parece mentira que esté tan cerca y tan salvaje. Según la leyenda la donó al pueblo de Madrid una marquesa caprichosa, que prefirió eso a construir chalets. Como eso resulta bastante increíble, me documento en la Wiki y averiguo que la finca pertenece en realidad al Banco de Santander y la familia Colomer, que en 2001 el Ayuntamiento intentó sin éxito comprarla por 180 mm de euros, y que dos constructoras han adquirido buena parte para hacer en Trescantos una Ciudad del Cine, hoteles y campos de golf. Son noticias preocupantes,  esperemos que no lo consigan.

El camino baja durante un buen rato, la vegetación está helada  y el frío mañanero se deja sentir. Se cruza el arroyo cinco o seis veces por vados de cemento y se llega a la tapia del Pardo, el coto de caza nº1, propiedad del Patrimonio Nacional, es decir, tuyo y mío. No nos apetecía cazar, así que nos limitamos a ir oteando las manadas de ciervos y gamos por encima de la valla y pedaleando por el caminito que la sigue, que es todo subibaja. Es un tramo bastante embarrado, pero estaba helado y se hacía bien.

El camino sigue rodeando la valla, cruzamos varios rebaños de vacas y entramos en zona más quebrada, con barrancos y caminejos en los que hay que empujar. Finalmente llegamos al Puente de la Marmota (no creo que haya habido nunca marmotas en Madrid), y pasamos a una zona muy bonita de monte mediterráneo, es decir, encinas, jaras, enebros y tal en la que se va más rato andando que montados. Los enebros deben de ser primos hermanos de los cipreses, están cargados de flor amarilla y sueltan nubes de polen cuando los agitas, esto me inmunizará, si sobrevivo.

Tras subir esas barrancas salimos a campo abierto y a la vista de Colmenar Viejo, y paramos a comer. Traemos muchos remanentes de las fiestas navideñas, mantecados, mazapanes y eso, son hipercalóricos y buenos para el ciclista. Vamos a investigar un camino para llegar a Colmenar porque desde allí se llega bien a los coches, vemos a lo lejos una ancha cañada entre las vallas de las fincas, allá será donde vayamos, aunque haya que saltar varios muros. Colmenar Viejo  es aún un pueblo ganadero, se nota por dos detalles: porque todo el mundo tiene un todo terreno lleno de barro (que es como hay que tenerlo), y porque las cañadas ganaderas se conservan, y con su anchura original (enorme), los limítrofes no se han atrevido a írselas apropiando, como en casi todos los sitios. Llegamos a la carreterilla Hoyo-Colmenar y subimos varias zetas desde el río hasta el pueblo. Aquí nos adelanta un grupo de ruteros de Las Rozas, que giran los pies más despacio porque sus desarrollos son más largos, yo sigo pensando que la bici de carretera es más dura que la de montaña.

Bajamos a la vía del tren, atravesamos el pueblo por un feo polígono y salimos por el camino del cementerio, tras hacer fotos en una especie de ganadería de un caprichoso que tiene muchos animales raros, entre otros, búfalos de los de Ignacio y de los de verdad. Tomamos otra vez por los campos ya por la ruta que los del País llaman "Pastaderos de Colmenar". Son zonas muy abiertas con ganado, solemos ver allí aves esteparias (avefrías y sisones), pero esta vez no. Hay bastante gente cogiendo setas, pese a que estamos ya fuera de temporada: como el otoño ha sido tan seco, las de cardo han brotado en pleno invierno, en cuanto han caído cuatro gotas. Volvemos a las choperas del arroyo de Tejada y subimos al fin al carril bici junto a la carretera, completando una ruta majilla: 34 kms y 750 de ascensión. 

Al volver a atravesar por el paso elevado, hay un percance: Rafa lleva exceso de confianza y al tratar de dar las curvas de la rampa montado, engancha el pedal y cae rodando con la bici por lo alto, muy espectacular pero sin consecuencias: peor hubiera sido caer a la carretera por encima de la barandilla… En los coches recogida de bártulos con buena hora (12,15), y corriendo para casa, sería injustificable llegar tarde habiendo quedado tan cerca de Madrid…

Bicicleta de Montaña9 January 2008

Quitanieves la gozaUn mito muy repetido dice que los Inuit (los esquimales) tienen 100 palabras para nombrar las distintas clases de nieve. Por lo que leo en Internet esa leyenda es falsa, pero el lunes pasado no nos hubieran venido mal para nombrar los cien tipos de nieve distintos que pisamos. Aparte de nieve dura, nieve polvo y nieve primavera de los partes de esquí tuvimos nieve placa de espejo (fundida y recongelada por la noche), nieve lisa, nieve con huellas, nieve atrapadora, nieve granizado de limón, nieve-traidora-que-tapa-una-placa, nieve rodada, y qué se yo cuántas variantes más, cada una con su problema y todas difíciles de pasar. Hemos dicho otras veces que nos encanta ir con las bicis por la nieve recién caída, cuando está en polvo y con poco espesor (unos 15 cm). El paisaje está silencioso y la nieve agarra muy bien, y pedalear por ella es una gozada. Pero cuando lleva días caída y pisada, y se ha fundido y vuelto a congelar, se convierte en una tortura y en una prueba de paciencia, de técnica y de forma física.

Nos reunimos en Cercedilla el lunes 7 de enero, festivo, para inaugurar el año 2008 sobre la bici. Pese a los intentos de alguno de pasar el entrañable dia de Reyes en ruta, todos decidimos que ese dia es para jugar con los juguetes nuevos, y como a nadie le han traído una bici de montaña, pues nada, el domingo no se salió. Nos vimos donde siempre, junto a la estación, Nico, Ignacio, Rafa y yo. No llevábamos idea preconcebida sobre la ruta, así que nos dejamos de experimentos y decidimos ir, como casi siempre, a Majavilán, carretera de la República, cruce con la calzada romana y luego decidir, según el tiempo y la nieve, que preveíamos iba a tener mucho peso en el dia.

La temperatura buena para comenzar, alrededor de 5º, así que dejé en el coche los guantes de lana y Pinsulate que me habían traído los reyes (no me creo que por el precio que tienen lleven Thinsulate auténtico), parecidos a los que llevaba Jose. Muchas novedades en el vestuario de los ciclistas, producto de su visita al Rastro Specialized que hubo en navidad: gafas de esas que se oscurecen con el sol (no tuvieron ocasión de oscurecerse), y un sillín de competición que a simple vista parecía algo duro, los dos afectados dirán: sus bicis subieron varios enteros, pero sus traseros no se…

Salimos por Cercedilla hacia la carretera de la República, pasando por el Centro de Interpretación. Este primer tramo se coge con ganas, pero tiene mucha pendiente acumulada. Pasamos la valla y ya en las primeras curvas (en la "Ducha de los Alemanes), primeras placas heladas que nos hacen caer y pasar andando. Esta subida, que normalmente se hace a buen ritmo, se pasó despacito por la nieve que aparecía a trechos. Arriba del Mirador de V.A., pensamos ya si volvernos para hacer el Puerto del León y terminar, pero decidimos seguir algo más. En las umbrías que hay hasta el cruce final con la calzada romana, ya todo cubierto de nieve vieja, nosotros resbalando pero Ignacio haciendo honor al apodo (al nick, dirían ahora), gozando con la pelea y riéndose hasta cuando estaba por el suelo. Arriba comida (versión española del bocata preferido de Diego, es decir, serrano con manchego) y nuevas dudas, pero tomamos por el ramal izquierdo hasta el collado de Marichiva. En ese nuevo cruce, la gran decisión del dia: bajar a Cercedilla por la trialera (mas empujar que montar) y dar el ejercicio por terminado, o enlazar con la ruta de Río Moros hacia la derecha. Nico había dicho que tenía que volver a tiempo para un entierro, pero en las dudas se impone Rio Moros, pensando que habrá menos nieve y podremos terminar rápido. Ese ramal que baja suele hacerse mejor con nieve que sin ella, pero esto era hielo resbaloso, así que bajamos casi a cuatro patas (dos ruedas + dos pies). Las previsiones no se cumplieron, y la carreterilla de Rio Moros estaba repleta de nieve dura y congelada, y ya era tarde para volver atrás, así que a sufrir, a caminar y a no retrasarse demasiado. Cuando encuentras al fin un trozo limpio y coges velocidad, te das cuenta de repente que has entrado en una nueva placa pulida, y ya no hay solución: si frenas, vas al suelo de inmediato (y la caída en hielo duele), así que procuras mantener la rueda delantera recta y no bajar velocidad, rezando para que no patine.

Encontramos a tres corredores de montaña con muy buena pinta, más lentos que nosotros pero más estables, así que nos íbamos pasando unos a otros, y todos llevábamos la misma velocidad (poca). Aquí la nieve dura se transformó en nieve blanda y profunda, y fué peor, porque retenía las bicis un montón. Al final ese rato de teórica bajada nos dejó más cansados que cualquier subida, y llegamos al puerto del León bastante tirados. Rafa decidió bajar por la carretera hasta Guadarrama y esperarme allí, Nico echó por delante para salvar lo posible del entierro, y Ignacio y yo nos pusimos a bajar a Cercedilla por La Tablada (los corredores nos dijeron que el camino se llama así). Ese camino se hace siempre muy duro, y curiosamente ocurre lo hagas en la dirección que lo hagas: siempre parece subida.

Por fin llegamos a los coches, Nico ya no estaba y nosotros salimos corriendo, yo aún tenía que recoger a Rafa. Fué uno de los días de "llegar demasiado tarde", en mi caso, a las dos. La ruta final, 42 kms. y 850 de ascensión, que parecen más o menos lo normal, pero que resultaron mucho peores por la pelea las cien clases de nieve…