Domingo 17 de diciembre. Nunca positifo.
Había prometido en el artículo anterior no volver a hablar de frío, pero no va a poder ser. El domingo pasaron bastantes cosas, pero sobre todo eso, que nos helamos, así que el tema va a salir… Primero de todo decir que ya están en tierra los plantones que mangamos el último dia, los míos en tierra riojana, Esperanza me agradecerá que haya elegido otra Comunidad Autónoma gobernada por el PP. El resto en Almería (esos se los apuntará el PSOE) y en el balcón de Diego, ese acebo es el que lo tiene más difícil.
Quedamos a las 8,15 en Miraflores los que ya estamos quedando como núcleo fijo del grupo, Nico, Ignacio, Diego, Rafa y yo. De los faltones no hablo, cada uno tendrá su motivo. Aunque tenemos la zona de Canencia y Morcuera bastante pisá se pretendía demostrar que todavía quedan sitios por ver, y realmente fué asi, yo diría que el recorrido fué nuevo como en un 50%. Nos vimos a la hora fijada (más o menos) en la calleja lateral de siempre, en un dia que amaneció frío y descubierto, pero que fué empeorando poco a poco. Temperatura al empezar de casi -5º, y de noche. Mucha ropa por encima, bragas de cuello, orejeras, el Sherpa que siempre va de sobrao enseñando el michelín acabó esta vez con camiseta, polar y chubasquero, y guantes de esquiar en las manos. Según contó durante el puente había hecho una ruta por Cazorla que resultó heladora, y aún traía el frío en los huesos.
Salimos por donde normalmente solemos llegar, es decir, remontando hacia la parte alta del pueblo, que Miraflores es pueblo muy empinado y con grandes cuestas. Aquí parece no haber llegado el desinfle inmobiliario, siguen haciendo chales adosados en las antiguas huertas. Contrastan con las grandes villas de veraneo tradicional, hay algunas enormes y algo sombrías, ya no se llevan esos excesos. El sol iba saliendo, pero no calentando, y muchos perros y perritos armaban jaleo y despertaban a los residentes, no se esperaban unos tontos tan tempraneros. Ya fuera del pueblo entramos en los robledales que llevan hasta el pie del puerto de Canencia, esos tramos donde decía yo que siempre hay pique y alegres escaramuzas. No los había esta vez, andábamos algo embotados y bastante hacíamos con girar los pedales.
La subida al puerto nos vino bien, nos calentamos y cogimos ganas de ruta. Arriba, ni un alma, cuando siempre está lleno de familias y excursionistas. Los pinares están llenos de nidos de procesionaria, parece que se ha puesto de moda la no-intervención y dejan que los pájaros se hagan cargo de las plagas. Por otro lado seguimos viendo actividad reforestadora por todos lados, así que por desidia no es. Hemos dicho otras veces que el puerto de Canencia es un reducto de árboles raros, de épocas pasadas mucho más frías: abedul, acebo y tejo, y de gran tamaño, no repoblados. Enseguida dos kilómetros de bajada rápida por la carretera (qué mal nos sentaron), y nos metimos por el camino de los abedules, a intentar subirlo (siempre lo bajamos). El arroyo que lo bordea estaba completamente congelado, así que nos hicimos varias fotos de riesgo, de pie en la capa de hielo (grandes crujidos, muy divertido). Después tomamos por el romántico camino que sube por la izquierda, pero ese era para senderistas, hubo que empujar bastante.
Siguiendo para arriba pasamos otro centro forestal y arriba del todo paramos a comer. Yo me había traído un catering vegetariano de trozos de naranja, uvas y melón, todo bien frío, lo miré con un deseo… Comimos, pero no bebimos, porque el tubillo del Camelbak estaba congelado, y no salía agua. El dia se estaba poniendo plomizo y con muy poca luz y amenazaba nieve, así que hicimos el chiste fácil de que "el sol brilla por su ausencia", con lo que Ignacio se tiró en plancha con su educación humanística y dijo que eso era un "Oximoron". Como creyó ver escepticismo en nuestros ojos quiso apostarse unos euros, y no le dejamos: nunca dudamos de él en cuestiones filosófico-humanísticas, ni de Nico en cuestiones farmacológicas, ni de los chicos en cuestiones informáticas, ni de Rafa en cuestiones gastronómicas. para hacer justicia, copio la definición de la Real Academia: "Combinación en una misma estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido; p. ej., un silencio atronador". Ahora bien, en una lista de oximorones que nos ha mandado Nico he leído "Abogado honrado", y eso me mosquea…
Recogidos los bártulos seguimos a la derecha, y entramos en una zona de grandes praderas alpinas desconocida, parece mentira lo que queda por descubrir. En medio de las campas una construcción circular que decían los Sherpas que era un castro celta (pero ¿hasta dónde llegaron los celtas?), con lajas de granito clavadas en el suelo para adorar al sol y eso. Nico y yo nos acercamos y vimos que alguien se había tirado un moco, que era una rústica plaza de toros de piedra, y las lajas eran burladeros. A todo esto, qué divertido cuando el todo embiste al burladero y resulta que es de puro granito, se parte la frente y los cuernos y te ahorra el trabajo de matarlo.. Dentro había bastantes abedules apoyados para llevarlos a plantar, y por un momento nos brillaron los ojos, pero claro, ¿quién puede con un árbol de dos metros? Los dejamos tal cual. Seguimos ya por el camino del Búfalo, y vemos que hay muchos carteles y cintas cerrándolo por cacería de jabalíes (búfalos), percisamente para el domingo 17. Decidimos asumir el riesgo y tirar por allí hasta el puerto de Morcuera, porque no hay otro camino. Allá ellos, si nos pegan un tiro…
Finalmente llegada al nuevo puerto, y ya sin esperar cuesta abajo, a buena velocidad. Yo recuerdo esta larga bajada como "la cuesta de las cuencas heladas", pero no porque se hiele las cuencas de los arroyos, sino porque el aire frío entra por detrás de las gafas y te hiela las cuencas de los ojos. ¿Que a tí nunca se te han helado las cuencas de los ojos? Tío, tú no sabes lo que es pasar frío…
Llegada a Miraflores y a los coches y resumen de la etapa, con 40kms y 1.100 de ascensión. Y el otro dato sorprendente, la temperatura ha llegado a ser de 5 bajo cero, pero nunca ha subido de cero grados, ni siquiera en los pocos ratos de sol. No consigo recordar ninguna en la que nos haya pasado esto: siempre negatifo, nunca positifo…
