Romántico RincónHacía tiempo que no veníamos por la zona de Buitrago de Lozoya y las sierras situadas a la derecha de la A1. Está lejos y llegar es casi un viaje, algo más de una hora desde casa, sin duda es más fácil llegar a la Sierra Oeste (al menos para Rafa y yo), pero de cuando en cuando es bueno volver por estos andurriales. Nada que ver con los pinares de Navacerrada o Pedriza, ni con los despoblados de El Atazar: por aquí todo es roble y encina, pueblos de arquitectura serrana, un paisaje de verdad bonito. La ruta es bien conocida, 43 kilómetros y 1.125 de ascensión.

Nos vimos a las 8,20 en la zona recreativa de la laguna del Salmoral, que está como a 2 kms pasado Prádena de la Sierra en dirección al Puerto de La Puebla. Fuimos Diego, Nico, Rafa y yo. Ignacio con deserción ya anunciada, y los chavalines con rajada por la noche a última hora, esta vez sin excusa ninguna, seguramente preveían que las sábanas iban a estar calientes y confortables a eso de las 6,15 de la mañana. En efecto, lo estaban, pero los machotes se las arrancaron de encima y pegaron un salto, con gran alarma de sus parejas. En el punto de salida hay un agradable laguito artificial con una exposición al aire libre de piedras de las canteras de la sierra y aperos, interesante para ver (he puesto fotos).

Salimos por la carretera en dirección al Puerto de La Puebla, con un frío moderado, pero que fué aumentando durante el dia. Como veo que últimamente hablo mucho del frio y se dice que el que habla del tiempo es porque no tiene otra cosa de que hablar, voy a restringir los comentarios de ese tipo; es invierno así que hace frío, y ya está. Nada más salir cruzaron la carretera unos cuantos corzos bastante tranquilitos. A mitad de subida se toma una pista a la izquierda en dirección al pico del Salinero, se pasa una portilla y se entra en una gran ladera llena de brezo alto, en la que es difícil hallar el camino. Otros años tomábamos aquí una trocha bastante clara y acabábamos en la carretera del puerto de La Hiruela, pero esta vez vimos que las trochas se han cerrado, y cuesta un montón pasar. Lo achacamos a la falta de vacas, que son las que las mantenían abiertas. Ahora se han aburguesado y se desplazan por la carretera, dejando para los ciclistas el penoso trabajo de pelear con los arbustos. En fin, cada uno por su lado llegamos bien arañados a la carreterilla y subimos el puerto. Desde allí vimos que han hecho una nueva pista o cortafuegos en la zona más alta de la ladera, el próximo día intentaremos ir por ella.

Rápida y fría (perdón) bajada hasta el helipuerto de La Hiruela, donde vimos que helicópteros deben aterrizar pocos, porque las vacas le han tomado querencia como cagadero y si uno aterriza allí se queda pegado. Dejamos a un lado el pueblo y seguimos la vertiginosa bajada hasta el río Jarama, aquí ya con la carretera sombría y helada, y nosotros también (perdón perdón). Al otro lado del río vimos una primorosa instalación de unas 30 colmenas tradicionales, de troncos ahuecados. Nico creía que eran de algún vejete del pueblo que no ha descubierto aún la colmena moderna, yo creo más bien que eran obra de un esteta, tan cuidadas e integradas en el paisaje estaban. Bordeando el río Jarama hasta el puente, que han repintado con un llamativo minio rojo (único detalle estridente de todo el paisaje), subimos hasta el cruce de El Cardoso, paramos a echar un vistazo a la bici de Rafa, que siempre se queja de que va frenado, y nos sentamos a comer en paz. Diego sacó un contundente bocata de salami y emmental, una mezcla explosiva que habrá que probar.

Paso del centro forestal con la carreterilla llena de vacas que, olvidando sus deberes de abrir trochas, andaban de tertulia por el asfalto, y faldeo por la montaña mirando el paisaje, los pueblitos de sierra (Cardoso, Bocígano etc), los bosques de roble y los puertos de enfrente. Nueva bajada hasta el Jarama por la pista de tierra roja y a por la penúltima dificultad del dia, la larguísima subida al Collado de Las Palomas. Dudamos en el cruce del camino de los robles, pero por allí nos metimos e hicimos bien, todo el camino estaba silencioso y mullido de hojas, y los abuelos, como siempre, imponentes. Salida por fin a las campas de arriba de la sierra y el rato de llaneo a todo lo largo del valle. Como la ruta es larga y andábamos como contemplativos se nos empezó a hacer tarde y nos juramentamos para no parar, no comer y no mear, con el objetivo de estar en los coches a la 1. Al fin el último repecho con el collado del Salinero, y a bajar rápido.

Nico traía idea de ejercer de terrorista ecológico y llevarse una planta de Serbal de los que hay por allí (ya lo hizo una vez pero se le murió), pero como íbamos con prisas no le dejamos. Para compensar en plena bajada encontramos al lado del camino una pila de esos cubiletes con plantones de repoblación forestal, pero esta vez había un montón de ellos llenos, con arbustos que plantan para que los bichos salvajes coman el fruto: avellanos, hayas, castaños, acebo y pino. Pensamos que unos pocos menos no se notarían, así que mangamos cada uno un plantón de acebo y otro de castaño, Esperanza nos perdone el delito. Yo pondré los míos en El Rasillo, allí también hay bichos hambrientos.

Por fin la larga bajada del puerto de La Puebla por el asfalto, a estas alturas ya el aire estaba templado y era una gozada. Vimos el arranque de la nueva pista-cortafuegos, pero está casi arriba del todo, no se si merece la pena subir tanto para cogerla. Llegada casi en horario (13,07 hs), y despedida rápida, que el camino de vuelta es largo. En fin, la ruta en esta época es preciosa, asi que el retraso, sin duda, merece la pena…