Uncategorized25 December 2007

Con la entrada del invierno ha llegado la primera nevada a la sierra de madrid y por motivos navideños la mayoría del grupo no pudo asistir a la primera ruta del invierno, con lo que quedamos solo Nico y Diego. Después de unas cuantas propuestas decidimos ir a Riofrío de Riaza para hacer la ruta de subir al Puerto de la Quesera y llegar hasta Peñalba de la Sierra, al que nunca habíamos llegado.

 

En 1 hora y 5 min nos presentamos en Riofrío de Riaza. La temperatura bastante agradable (5ºC) y bajando paulatinamente.

 

Cogimos la carretera dirección al Puerto de la Quesera viendo al fondo las montañas y la Pinilla nevadas. A unos 2 km en las zonas mas sombrías de la carretera empezabamos a encontrar placas de hielo y un pequeño manto de nieve. A la altura del Hayedo de la Pedrosa fue cuando nos encontramos toda la carretera totalmente nevada, con unos 15 cm de nieve, aunque con un par de surcos de neumáticos que nos facilitaron el tránsito hasta el Puerto de la Quesera. Nuestra intención era seguir la carretera que lleva al Río de las Veguillas donde se coje un camino a la derecha que te lleva directamente hasta Peñalba de la Sierra, pero estaba todo nevado y no había ningún surco por el que poder pasar sin tener que empujar la bici, con lo que decidimos cojer el camino de tierra que sale a la derecha que en su momento investigamos y que te lleva al Collado San Benito sin salida. Avanzamos unos 2 km hasta que empieza el llaneo y ya no pudimos llegar mas lejos porque había demasiada nieve y tocaría empujar, con lo que decidimos dar la vuelta y bajar hacia el coche para investigar los caminos que salen a la derecha que llevan hacia Riofrío. La bajada era bastante peligrosa por las placas de hielo que se hicieron en la noche al derretirse la nieve caída en la carretera. A la altura del cartel que pone Hayedo de la Pedrosa nos encontramos un Peugeot 307 con un conductor y tres "afeminas" acompañantes intentando acceder al Puerto, sin lograr su propósito ya que el coche patinaba por no llevar cadenas y por no haberse dado la vuelta antes, aunque intentamos ayudarles el conductor no nos hizo ni caso, seguía acelerando hasta que el coche se quedó cruzado en la calzada. En ese momento decidimos seguir nuestro camino y dejar que lo sacara a su gusto.

 

Después de atravesar las placas de hielo de bajada, comenzo la Fase "Sherpa Investigation":

 

Primer intento: Cojemos el primer camino que sale a la derecha bajando, ponemos tope molinillo, supercuestón y a los 200 m pie a tierra. Imposible subir, vueltra atras.

 

Segundo intento: Nos metemos por un robledal bastante denso y esplendoroso, pero al kilómetro se acaba el camino y te lleva a un bosque intenso de robledales.

 

Tercer intento: Cojemos camino que sale paralelo a uno de los afluentes del Río Riaza, y no llegamos más haya de 500 m. Otra vez bosque intenso de robledales.

 

Cuarto Intento: A la altura de la presa a mano derecha bajando, sale un camino que ese si llevaba al pueblo. Estaba cortado por una vaya electrificada. Estuvimos decidiendo si pasabamos o no y al final quitamos el cable y pasamos. Tranquilos no nos electrocutamos, no tenía corriente. Cruzamos el pueblo y decidimos seguir investigando un camino que sale detrás del pueblo al margen izquierdo de la iglesia, para hacer la ruta un poquito más larga, ya que solo llevabamos 20 km. Ese camino todo recto te lleva hasta la Ermita de Hontanares. El camino es bastante bueno pero son sube y baja constantes, aunque el domingo estaba el camino un poquito embarrado. Visita a la Ermita y vuelta por el mismo camino hasta el pueblo para guardar máquinas y vuelta a casa.

 

Tiempo: 2h 22min / Distancia: 27km / Desnivel acumulado: 700m.

Bicicleta de Montaña17 December 2007

Romántico, pero inciclableHabía prometido en el artículo anterior no volver a hablar de frío, pero no va a poder ser. El domingo pasaron bastantes cosas, pero sobre todo eso, que nos helamos, así que el tema va a salir… Primero de todo decir que ya están en tierra los plantones que mangamos el último dia, los míos en tierra riojana, Esperanza me agradecerá que haya elegido otra Comunidad Autónoma gobernada por el PP. El resto en Almería (esos se los apuntará el PSOE) y en el balcón de Diego, ese acebo es el que lo tiene más difícil.

Quedamos a las 8,15 en Miraflores los que ya estamos quedando como núcleo fijo del grupo, Nico, Ignacio, Diego, Rafa y yo. De los faltones no hablo, cada uno tendrá su motivo. Aunque tenemos la zona de Canencia y Morcuera bastante pisá se pretendía demostrar que todavía quedan sitios por ver, y realmente fué asi, yo diría que el recorrido fué nuevo como en un 50%. Nos vimos a la hora fijada (más o menos) en la calleja lateral de siempre, en un dia que amaneció frío y descubierto, pero que fué empeorando poco a poco. Temperatura al empezar de casi -5º, y de noche. Mucha ropa por encima, bragas de cuello, orejeras, el Sherpa que siempre va de sobrao enseñando el michelín acabó esta vez con camiseta, polar y chubasquero, y guantes de esquiar en las manos. Según contó durante el puente había hecho una ruta por Cazorla que resultó heladora, y aún traía el frío en los huesos.

Salimos por donde normalmente solemos llegar, es decir, remontando hacia la parte alta del pueblo, que Miraflores es pueblo muy empinado y con grandes cuestas. Aquí parece no haber llegado el desinfle inmobiliario, siguen haciendo chales adosados en las antiguas huertas. Contrastan con las grandes villas de veraneo tradicional, hay algunas enormes y algo sombrías, ya no se llevan esos excesos. El sol iba saliendo, pero no calentando, y muchos perros y perritos armaban jaleo y despertaban a los residentes, no se esperaban unos tontos tan tempraneros. Ya fuera del pueblo entramos en los robledales que llevan hasta el pie del puerto de Canencia, esos tramos donde decía yo que siempre hay pique y alegres escaramuzas. No los había esta vez, andábamos algo embotados y bastante hacíamos con girar los pedales.

La subida al puerto nos vino bien, nos calentamos y cogimos ganas de ruta. Arriba, ni un alma, cuando siempre está lleno de familias y excursionistas. Los pinares están llenos de nidos de procesionaria, parece que se ha puesto de moda la no-intervención y dejan que los pájaros se hagan cargo de las plagas. Por otro lado seguimos viendo actividad reforestadora por todos lados, así que por desidia no es. Hemos dicho otras veces que el puerto de Canencia es un reducto de árboles raros, de épocas pasadas mucho más frías: abedul, acebo y tejo, y de gran tamaño, no repoblados. Enseguida dos kilómetros de bajada rápida por la carretera (qué mal nos sentaron), y nos metimos por el camino de los abedules, a intentar subirlo (siempre lo bajamos). El arroyo que lo bordea estaba completamente congelado, así que nos hicimos varias fotos de riesgo, de pie en la capa de hielo (grandes crujidos, muy divertido). Después tomamos por el romántico camino que sube por la izquierda, pero ese era para senderistas, hubo que empujar bastante.

Siguiendo para arriba pasamos otro centro forestal y arriba del todo paramos a comer. Yo me había traído un catering vegetariano de trozos de naranja, uvas y melón, todo bien frío, lo miré con un deseo… Comimos, pero no bebimos, porque el tubillo del Camelbak estaba congelado, y no salía agua. El dia se estaba poniendo plomizo y con muy poca luz y amenazaba nieve, así que hicimos el chiste fácil de que "el sol brilla por su ausencia", con lo que Ignacio se tiró en plancha con su educación humanística y dijo que eso era un "Oximoron". Como creyó ver escepticismo en nuestros ojos quiso apostarse unos euros, y no le dejamos: nunca dudamos de él en cuestiones filosófico-humanísticas, ni de Nico en cuestiones farmacológicas, ni de los chicos en cuestiones informáticas, ni de Rafa en cuestiones gastronómicas. para hacer justicia, copio la definición de la Real Academia: "Combinación en una misma estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido; p. ej., un silencio atronador". Ahora bien, en una lista de oximorones que nos ha mandado Nico he leído "Abogado honrado", y eso me mosquea…

Recogidos los bártulos seguimos a la derecha, y entramos en una zona de grandes praderas alpinas desconocida, parece mentira lo que queda por descubrir. En medio de las campas una construcción circular que decían los Sherpas que era un castro celta (pero ¿hasta dónde llegaron los celtas?), con lajas de granito clavadas en el suelo para adorar al sol y eso. Nico y yo nos acercamos y vimos que alguien se había tirado un moco, que era una rústica plaza de toros de piedra, y las lajas eran burladeros. A todo esto, qué divertido cuando el todo embiste al burladero y resulta que es de puro granito, se parte la frente y los cuernos y te ahorra el trabajo de matarlo.. Dentro había bastantes abedules apoyados para llevarlos a plantar, y por un momento nos brillaron los ojos, pero claro, ¿quién puede con un árbol de dos metros? Los dejamos tal cual. Seguimos ya por el camino del Búfalo, y vemos que hay muchos carteles y cintas cerrándolo por cacería de jabalíes (búfalos), percisamente para el domingo 17. Decidimos asumir el riesgo y tirar por allí hasta el puerto de Morcuera, porque no hay otro camino. Allá ellos, si nos pegan un tiro…

Finalmente llegada al nuevo puerto, y ya sin esperar cuesta abajo, a buena velocidad. Yo recuerdo esta larga bajada como "la cuesta de las cuencas heladas", pero no porque se hiele las cuencas de los arroyos, sino porque el aire frío entra por detrás de las gafas y te hiela las cuencas de los ojos. ¿Que a tí nunca se te han helado las cuencas de los ojos? Tío, tú no sabes lo que es pasar frío…

Llegada a Miraflores y a los coches y resumen de la etapa, con 40kms y 1.100 de ascensión. Y el otro dato sorprendente, la temperatura ha llegado a ser de 5 bajo cero, pero nunca ha subido de cero grados, ni siquiera en los pocos ratos de sol. No consigo recordar ninguna en la que nos haya pasado esto: siempre negatifo, nunca positifo…

Bicicleta de Montaña3 December 2007

Romántico RincónHacía tiempo que no veníamos por la zona de Buitrago de Lozoya y las sierras situadas a la derecha de la A1. Está lejos y llegar es casi un viaje, algo más de una hora desde casa, sin duda es más fácil llegar a la Sierra Oeste (al menos para Rafa y yo), pero de cuando en cuando es bueno volver por estos andurriales. Nada que ver con los pinares de Navacerrada o Pedriza, ni con los despoblados de El Atazar: por aquí todo es roble y encina, pueblos de arquitectura serrana, un paisaje de verdad bonito. La ruta es bien conocida, 43 kilómetros y 1.125 de ascensión.

Nos vimos a las 8,20 en la zona recreativa de la laguna del Salmoral, que está como a 2 kms pasado Prádena de la Sierra en dirección al Puerto de La Puebla. Fuimos Diego, Nico, Rafa y yo. Ignacio con deserción ya anunciada, y los chavalines con rajada por la noche a última hora, esta vez sin excusa ninguna, seguramente preveían que las sábanas iban a estar calientes y confortables a eso de las 6,15 de la mañana. En efecto, lo estaban, pero los machotes se las arrancaron de encima y pegaron un salto, con gran alarma de sus parejas. En el punto de salida hay un agradable laguito artificial con una exposición al aire libre de piedras de las canteras de la sierra y aperos, interesante para ver (he puesto fotos).

Salimos por la carretera en dirección al Puerto de La Puebla, con un frío moderado, pero que fué aumentando durante el dia. Como veo que últimamente hablo mucho del frio y se dice que el que habla del tiempo es porque no tiene otra cosa de que hablar, voy a restringir los comentarios de ese tipo; es invierno así que hace frío, y ya está. Nada más salir cruzaron la carretera unos cuantos corzos bastante tranquilitos. A mitad de subida se toma una pista a la izquierda en dirección al pico del Salinero, se pasa una portilla y se entra en una gran ladera llena de brezo alto, en la que es difícil hallar el camino. Otros años tomábamos aquí una trocha bastante clara y acabábamos en la carretera del puerto de La Hiruela, pero esta vez vimos que las trochas se han cerrado, y cuesta un montón pasar. Lo achacamos a la falta de vacas, que son las que las mantenían abiertas. Ahora se han aburguesado y se desplazan por la carretera, dejando para los ciclistas el penoso trabajo de pelear con los arbustos. En fin, cada uno por su lado llegamos bien arañados a la carreterilla y subimos el puerto. Desde allí vimos que han hecho una nueva pista o cortafuegos en la zona más alta de la ladera, el próximo día intentaremos ir por ella.

Rápida y fría (perdón) bajada hasta el helipuerto de La Hiruela, donde vimos que helicópteros deben aterrizar pocos, porque las vacas le han tomado querencia como cagadero y si uno aterriza allí se queda pegado. Dejamos a un lado el pueblo y seguimos la vertiginosa bajada hasta el río Jarama, aquí ya con la carretera sombría y helada, y nosotros también (perdón perdón). Al otro lado del río vimos una primorosa instalación de unas 30 colmenas tradicionales, de troncos ahuecados. Nico creía que eran de algún vejete del pueblo que no ha descubierto aún la colmena moderna, yo creo más bien que eran obra de un esteta, tan cuidadas e integradas en el paisaje estaban. Bordeando el río Jarama hasta el puente, que han repintado con un llamativo minio rojo (único detalle estridente de todo el paisaje), subimos hasta el cruce de El Cardoso, paramos a echar un vistazo a la bici de Rafa, que siempre se queja de que va frenado, y nos sentamos a comer en paz. Diego sacó un contundente bocata de salami y emmental, una mezcla explosiva que habrá que probar.

Paso del centro forestal con la carreterilla llena de vacas que, olvidando sus deberes de abrir trochas, andaban de tertulia por el asfalto, y faldeo por la montaña mirando el paisaje, los pueblitos de sierra (Cardoso, Bocígano etc), los bosques de roble y los puertos de enfrente. Nueva bajada hasta el Jarama por la pista de tierra roja y a por la penúltima dificultad del dia, la larguísima subida al Collado de Las Palomas. Dudamos en el cruce del camino de los robles, pero por allí nos metimos e hicimos bien, todo el camino estaba silencioso y mullido de hojas, y los abuelos, como siempre, imponentes. Salida por fin a las campas de arriba de la sierra y el rato de llaneo a todo lo largo del valle. Como la ruta es larga y andábamos como contemplativos se nos empezó a hacer tarde y nos juramentamos para no parar, no comer y no mear, con el objetivo de estar en los coches a la 1. Al fin el último repecho con el collado del Salinero, y a bajar rápido.

Nico traía idea de ejercer de terrorista ecológico y llevarse una planta de Serbal de los que hay por allí (ya lo hizo una vez pero se le murió), pero como íbamos con prisas no le dejamos. Para compensar en plena bajada encontramos al lado del camino una pila de esos cubiletes con plantones de repoblación forestal, pero esta vez había un montón de ellos llenos, con arbustos que plantan para que los bichos salvajes coman el fruto: avellanos, hayas, castaños, acebo y pino. Pensamos que unos pocos menos no se notarían, así que mangamos cada uno un plantón de acebo y otro de castaño, Esperanza nos perdone el delito. Yo pondré los míos en El Rasillo, allí también hay bichos hambrientos.

Por fin la larga bajada del puerto de La Puebla por el asfalto, a estas alturas ya el aire estaba templado y era una gozada. Vimos el arranque de la nueva pista-cortafuegos, pero está casi arriba del todo, no se si merece la pena subir tanto para cogerla. Llegada casi en horario (13,07 hs), y despedida rápida, que el camino de vuelta es largo. En fin, la ruta en esta época es preciosa, asi que el retraso, sin duda, merece la pena…