¿A bici o a setas?Ayer fué un dia atípico por varias cosas. Primero, porque el artículo no se titula "Domingo… " dado que aprovechamos el jueves festivo de Todos los Santos (o de San Halloween, para los niños de ahora), segundo, porque fuimos solo dos, mi hermano Ale y yo, y tercero, porque nos dedicamos a todo menos a la bici…

Con mucha gente ausente por puente nos llamamos la noche del miércoles para buscar una ruta para la mañana del jueves festivo, que no fuera demasiado dura y resultara variada y nueva para él (como ya he dicho otra vez, casi todas lo son). Se barajó Río Moros, en la táctica habitual de ir cuando no está Rafa (para quitarle su adicción), pero al final decidimos ir a un sitio poco habitual por lo lejano, y que da mucho de sí en lo turístico: Collado Hermoso, el pueblo del nombre teatral. Por el camino íbamos hablando de otros pueblos con nombre excesivo y rimbombante, a mí simpre me viene a la cabeza Valfermoso de las Monjas, el pueblín diminuto que cierra la cabecera del valle de Guadalajara que va paralelo a la A2.

Nos juntamos en Las Rozas a las 8 para dar algo más de tiempo al sueño, y salimos para allí esperando que no hubiera demasiado tráfico de salida de puente. Llegamos sobre las 9 hs, estaba todo lleno de escarcha con la primera helada del año, o por lo menos la primera que vemos nosotros. Salimos con nuestras bicis por delante de la iglesia y las traseras del pueblo, donde siguen haciendo algunos chalets y casas rurales con mucho gusto, respetando el robledal y en construcción tradicional. Al pasar por las ruinas del monasterio de Santa María decidimos ignorar el cartel ("ya me visitaréis cuando me restauren") y saltamos la valla para dar un paseo por dentro, que Ale no lo conocía. Es mentira que lo estén restaurando, a menos que esa restauración vaya a durar más que la propia construcción, es decir, varios siglos. Hicimos fotos y admiramos el pórtico, el gran rosetón (la vidirera tuvo que ser impresionante), y los capiteles, que están tan bien cortados que parecen recién hechos.

Ya de vuelta al camino pasamos la portilla del molino y hala, a subir el primer puerto. Como siempre en esta época yo iba mirando los terraplenes y las cunetas, el año pasado en estas fechas llenamos varias bolsas de niscalos y Rafa una con todas las setas de caballero. En esta ocasión con todo más seco no había mucho que ver. Llegamos arriba e hicimos la comida en la bifurcación, pensando si tirar para  Navafría y Majadilla, o seguir recto hacia Río Pirón. Yo me había traído un redondo Donut (joder qué bien entra), Ale mide con cuidado sus calorías y traía su queso MamaLouise (150 cal.). Me comentó que creía haberse vuelto "ortoréxico" quicir, melindroso, pero cuando se le cayó entre la pinaza el último bocado de queso (30 cal) se tiró a él, lo sopló un poco y padentro.

Optamos por Río Pirón, que hace mucho que no vamos por allí, bostezamos, nos estiramos y veenga, a la bici. Al poco rato en un cortafuegos encontramos una cabra montés macho, preciosa y recortada en una loma. Subimos andando despacio y agachados, pero no se dejó tirar la foto. Bajada rápida hacia el pantano y ramal de la izquierda, a llanear un rato. Llegó un momento en que perdí las referencias (bastante que llegué hasta aquí), y por probar subimos por un buen desvío a la izquierda que remontaba de nuevo hasta otro pantanito en la otra vertiente, y una cancela en un cruce. Hice fotos de todo para que los Sherpas nos digan dónde estuvimos. En ese momento hicimos balance, con el tono relajado y el turismo eran ya las 12 horas y el nuevo desvío podía bajarnos a la carretera o internarnos al macizo montañoso, así que con toda prudencia volvimos por lo andado. Esa decisión tuvo premio, porque haciendo una de las subidas ví  en el terraplén algo que bajando se me escapó: dos hermosos y espléndidos Boletus Edulis. Estaban a la vista de todos y seguían allí, lo que demuestra que esa zona está poquísimo transitada. Les hicimos muchas fotos y nos los repartimos, uno para cada uno. Esta seta es, como dicen en La Rioja, muy "aunecida": con una sola haces una comida completa. La cenamos mitad a la plancha mitad en revuelto, y porque no tenía muchas ganas, que si no hubiera intentado sacar el risotto.

La bajada final muy tranquilita y con mil ojos a los laterales, pero no había más que recoger. Llegada al coche justo en el horario, a las 13 horas, y el resultado deportivo final no tan malo como esperábamos: 30 kms y 785 respetables metros de ascensión. Digo no está mal, porque como dice el chiste si vamos a Rolex, vamos a Rolex, y aquí estuvimos a todo menos a la bici…