Domingo 25 de noviembre. Birria de nieve.
Nos juntamos el domingo nuevamente en La Pedriza, con la expectativa de pisar la primera nieve de la temporada. El miércoles y jueves pasado llovió bastante y arriba la montaña se veía blanca, así que pensábamos que nada nos impediría estrenarnos por fin en el snow-bike, que tan buenos ratos nos ha dado en años anteriores. Todos los beteteros saben que la nieve polvo recién caída agarra muy bien, el monte nevado suele estar silencioso, hace menos frío que en un amanecer de cielo raso y ahí avanzamos nosotros haciendo shhh shhh con las ruedas. Algunos de los mejores días que hemos tenido han sido así. Según fué avanzando la semana se fué viendo que la nieve se iba, y para el domingo ya sólo quedaban algunos parches en las umbrías, más azúcar glass que otra cosa. En fin, dejemos que llegue diciembre, con un poco de suerte volverá a nevar y quedaremos hartos.
Nos vimos Ignacio, Rafa y yo en el aparcamiento de Canto Cochino, tercera vez este año que vamos al mismo sitio, pero ya hemos explicado las excelencias de esta ruta, siempre nos hace volver. Frío, pero menos que el domingo anterior, resultó muy soportable e incluso hubo momentos para quitarse ropa y pasar sudores.
Ignacio volvía a este lugar con curiosidad y seguramente con los dedos cruzados, no lo había vuelto a pisar desde el día del extraño incidente que tan malas consecuencias le trajo. Subíamos atentos para ver los lugares donde comenzó y terminó su lapso mental, y verdaderamente están lejos uno de otro: debió andar con el piloto automático puesto más de 5 kms. la mente es capaz de cosas muy raras. Paramos en la curva en la que cree que ocurrió el percance, pero claro, nosotros no dejamos trozos de faro ni plásticos de parachoques cuando nos la pegamos, si acaso unos centímetros de piel en alguna piedra, pero de eso no vimos.
Ni una sola vaca esta vez, sí un grupo de tres corzos que corrieron un rato por el camino. Comida como siempre en el Collado de los Pastores, yo de nuevo mi donut (me estoy acostumbrando y no es bueno), las uvas las puso esta vez Ignacio. Aquí empezaba ya la nieve, bueno, y terminaba, porque la mancha estaba justo detrás del monte, en la primera bajada. Le hice muchas fotos para recuerdo. Al llegar al comedero de buitres ni siquiera nos planteamos Nava sí o no: era pronto, íbamos bien y no había excusa. De nuevo me pasó lo de las últimas veces, ir algo remolón hasta el comedero, y de repente tener un subidón en este tramo. Llevábamos delante un tío molinillo y lo machacamos, y saliendo a la cremallera, con fuerte y frío viento de cara, más ganas todavía. Esta vez llegamos los tres hasta arriba, y con calma y buen horario, nos dimos la vuelta.
Ignacio aún demasiado pensativo durante la bajada iba silbando, supongo que para dar la voz de alarma si dejaba de silbar, pero no pasó nada, hasta se permitió el lujo de desafiar en las pocas rampas de subida que hay en la larguísima bajada.
Nos sabemos longitud y altura de memoria: 36 kms y 1.200 de ascensión, un buen ejercicio dominguero, aunque la nieve, hay que reconocerlo, fuera una auténtica birria…




