Bicicleta de Montaña26 November 2007

Hace fríoNos juntamos el domingo nuevamente en La Pedriza, con la expectativa de pisar la primera nieve de la temporada. El miércoles y jueves pasado llovió bastante y arriba la montaña se veía blanca, así que pensábamos que nada nos impediría estrenarnos por fin en el snow-bike, que tan buenos ratos nos ha dado en años anteriores. Todos los beteteros saben que la nieve polvo recién caída agarra muy bien, el monte nevado suele estar silencioso, hace menos frío que en un amanecer de cielo raso y ahí avanzamos nosotros haciendo shhh shhh con las ruedas. Algunos de los mejores días que hemos tenido han sido así. Según fué avanzando la semana se fué viendo que la nieve se iba, y para el domingo ya sólo quedaban algunos parches en las umbrías, más azúcar glass que otra cosa. En fin, dejemos que llegue diciembre, con un poco de suerte volverá a nevar y quedaremos hartos.

Nos vimos Ignacio, Rafa y yo en el aparcamiento de Canto Cochino, tercera vez este año que vamos al mismo sitio, pero ya hemos explicado las excelencias de esta ruta, siempre nos hace volver. Frío, pero menos que el domingo anterior, resultó muy soportable e incluso hubo momentos para quitarse ropa y pasar sudores.

Ignacio volvía a este lugar con curiosidad y seguramente con los dedos cruzados, no lo había vuelto a pisar desde el día del extraño incidente que tan malas consecuencias le trajo. Subíamos atentos para ver los lugares donde comenzó y terminó su lapso mental, y verdaderamente están lejos uno de otro: debió andar con el piloto automático puesto más de 5 kms. la mente es capaz de cosas muy raras. Paramos en la curva en la que cree que ocurrió el percance, pero claro, nosotros no dejamos trozos de faro ni plásticos de parachoques cuando nos la pegamos, si acaso unos centímetros de piel en alguna piedra, pero de eso no vimos.

Ni una sola vaca esta vez, sí un grupo de tres corzos que corrieron un rato por el camino. Comida como siempre en el Collado de los Pastores, yo de nuevo mi donut (me estoy acostumbrando y no es bueno), las uvas las puso esta vez Ignacio. Aquí empezaba ya la nieve, bueno, y terminaba, porque la mancha estaba justo detrás del monte, en la primera bajada. Le hice muchas fotos para recuerdo. Al llegar al comedero de buitres ni siquiera nos planteamos Nava sí o no: era pronto, íbamos bien y no había excusa. De nuevo me pasó lo de las últimas veces, ir algo remolón hasta el comedero, y de repente tener un subidón en este tramo. Llevábamos delante un tío molinillo y lo machacamos, y saliendo a la cremallera, con fuerte y frío viento de cara, más ganas todavía. Esta vez llegamos los tres hasta arriba, y con calma y buen horario, nos dimos la vuelta.

Ignacio aún demasiado pensativo durante la bajada iba silbando, supongo que para dar la voz de alarma si dejaba de silbar, pero no pasó nada, hasta se permitió el lujo de desafiar en las pocas rampas de subida que hay en la larguísima bajada.

Nos sabemos longitud y altura de memoria: 36 kms y 1.200 de ascensión, un buen ejercicio dominguero, aunque la nieve, hay que reconocerlo, fuera una auténtica birria… 

Bicicleta de Montaña19 November 2007

Amanece, que no es poco.Volvimos el domingo a una de nuestras zonas favoritas, que la teníamos últimamente bastante abandonada: la Sierra Pobre de Guadalajara. Asistencia casi masiva para lo que se estila últimamente, Rafa y yo, Ignacio, Diego, Nico y Jose, que por fín se reincorporaba tras sus viajes a Londres. Alejandro, después de prometer venir nos dejó por un partido de paddle que le cayó por la tarde, con la excusa de estar fresco. No sabe que aquí algunos hacen bici por la mañana, paddle por la tarde y piscina cubierta por la noche, para encontrar el punto adecuado.

Día soleado pero helador, con 8,5º bajo cero marcados en los coches. El dia estaba soleado pero el nubarrón viajaba encima del grupo, porque las heridas de la ruta del duro páramo castellano demostraron no estar en absoluto cerradas. Tras varios rifirrafes la cosa acabó mal y Jose se dió la vuelta, la gente tiene que hablar o esto no irá bien. Como decía Forrest Gump, "y no quiero hablar más de esto…".

Nos tapamos narices, orejas y resto de apéndices y salimos valientemente a cruzar el Pontón de La Oliva, pisando escarcha y haciendo ruidos crujientes. Cuando la ruta empieza con un largo tramo de bajada se te suelen helar las manos, pero cuando es subida y aún así te sientes como si no llevaras guantes, es que hace frío de verdad. Durante toda la ruta vinieron bien las chaquetas, en las cumbres soleadas la temperatura subía bastante, pero al volver a bajar a las umbrías del  río nos encontrábamos de nuevo la escarcha, hubo zonas donde no desheló en todo el día.

Comenzamos la primera ascensión por el camino de Alpedrete, bordeando campos de olivos, unos abandonados, otros bien cultivados, todos llenos de aceituna casi para recoger, si las heladas no las acaban antes. Se corona por allí el farallón rocoso donde vienen muchos alpinistas a practicar, de momento había poca gente pero a la vuelta estaba el aparcamiento lleno de coches. Aún íbamos fríos y con ganas de pedalear, así que esta vez ni nos desviamos para ver el paisaje. Poco más allá, nada más pasar un depósito del Canal, vimos en un lado del camino un gran bulto con forma sospechosa: o era un fiambre dejado allí por la mafia, o era un montañero pasando la noche. Vaya ganas, tirado en la grava del camino, sin tienda de campaña y envuelto por completo en un grueso saco de dormir estaba el pobre aguantando la helada, y encima pasan los ciclistas charlando y haciendo chistes para despertarle. Hice una foto, porque de verdad merece la pena, lo mal que está la gente. Dale que dale, sorbiendo la moquita y suspirando cada vez que pillábamos un parche de sol nos llegamos hasta Alpedrete. Ninguna chimenea encendida en el pueblo, no había humo, no olía a pan, la gente seguro que metida bajo el edredón esperando mejores horas, así que no entramos al pueblo, salimos hacia el camino del Canal, otro día entraremos a tomar un caldo, cuando no haya que despertar al mesonero para ello.

Otro rato de pedaleo y subidas y llegamos al desvío que sale más allá de Valdepeñas de la Sierra. Tomes derecha o izquierda, los caminos se adentran en la sierra solitaria, y ya no hay más rastro de vida humana en muchos kilómetros a la redonda que algunas casillas forestales y viejas cuadras derruídas. Como su nombre indica, el terreno es pobre y solo hay algunos campos ralos de cereales, unas pocas colmenas, y en el monte pinos, muchos pinos. Nueva dificultad montañosa y a bordear el río en breve bajada, hasta que al fin comienza la verdadera dificultad, la subida larga y penosa hasta el Collado Santo (creo que se llama así). Lo hemos hecho en las dos direcciones, y siendo la misma altura, en esta se hace más llevadero. Hace unos años alguien tuvo el detalle de plantar cerezos cada tres o cuatro metros a lo largo de toda la subida, han arraigado bien, dan flores y cerezas y en el futuro darán sombra. Una vez arriba, breve comida viendo el paisaje, hay que llegar pronto al coche. Todo lo que se sube se baja luego, así que larga y divertida bajada, con el cuerpo helado y la bici patinando en el camino reseco. Nico revienta rueda pero nos damos cuenta luego, cuando ya estamos abajo, hay que esperar.

En esta zona sí había bastantes ciclistas explorando, se nos unió uno de Patones de Abajo (dice que en el de Arriba solo viven los turistas), y charlamos con él durante la bajada hasta la presa de la Parra. Allí siguen el pino caído, el derrumbe tapando el camino (ved posts anteriores), todo igual, a esta zona perdida no llegan los Presupuestos de la Comunidad, a nosotros nos parece estupendo. Al fin el camino que bordea el río Jarama con sus misteriosas alisedas, sus vacas (cada vez menos, creo que también emigran a la ciudad), la pestosa subida final y al fin los coches. Como había prisa renunciamos a bajar por el camino de la Cueva del Reguerillo, carretera mientras se pueda.

En total 48 kms y 1.300 de subida, pero muchas más calorías perdidas de las que hubieran sido normales, pese a los nubarrones interiores, el dia estaba frío y despejado.

Bicicleta de Montaña12 November 2007

Dificultades InesperadasEn años normales esta es la época de elegir recorridos otoñales, con árboles de hoja caduca y junto a arroyos sonoros, allí se va uno a ver los rojos y amarillos del bosque, a pisar el musgo fresco, a pillar unas setillas… Por desgracia, este es uno de esos otoños resecos de los últimos años, llevamos ya casi tres meses sin ver caer una gota y si Al Gore no lo remedia estaremos así aún unos meses más. Nos hemos quedado sin setas, y probablemente nos quedaremon sin nieve, en fin, estoy algo desesperado por lo de ayer y aún tengo la boca llena de bocanadas de polvo. 

Los alevines del grupo tenían compromisos y pocas ganas de madrugar, así que el viernes festivo se hicieron por su cuenta La Pedriza sin Nava, esa que es para párvulos (o sea lo suyo), y vaguearon un poco por esas cumbres. Los demás elegimos una clásica, Miraflores-Bustarviejo-Canencia, pero esta vez en lugar de subir el primer valle por el Lado Oscuro (un tramo del que me he quejado muchas veces por sus recuerdos heladores), el plan era explorar la subida soleada por el siguiente valle. Quedamos a las 8,15 Nico, Ignacio Diego y yo, en la calleja lateral de Miraflores. El amanecer fué frío, pero enseguida empezó a templar y tuvimos momentos de 18-20º, con toda la ropa sobrando.

La ruta comienza bajando por las calles del pueblo hacia la estación, con su tramo de terrible pavés que te deja bien agitado (no mezclado), y el rato de cruce de vías mirando con mil ojos. Se ve desde allí una plaza de toros con instalaciones anexas, seguramente para capeas y otras juerguillas empresariales, lo tienen siempre impecable y bien pintado. Ya lejos de las vías y tras subir esos tramos tan pedregosos dejamos el camino habitual que nos llevaría al Valle Polar y nos tiramos a la derecha, por el nuevo camino. Y yo digo: ¿porqué hemos estado años subiendo por el lado norte cuando aquí hay un estupendo camino soleado y caliente? No quiero decirlo, pero viendo en las fotos al Sherpa con los michelines al aire, sobrado de calorías, se ve que no está en su elemento.

Este tramo va paralelo a las vías (las viejas y las del AVE), las cruza por arriba y por abajo, a la vista de Guadalix y del pantano de El Vellón, y te deja en la cabecera del valle, en Bustarviejo. Primero atravesamos Navalafuente, donde olía de maravilla a pan recién hecho, pero también, oh refinamientos de dominguero madrileño, a deliciosa napolitana de chocolate tibia, qué tortura para los que han desayunado ligero y como dos horas antes. Pero cuando la ruta es larga y se pasan varios pueblos hay tiempo para todos los olores: en Bustarviejo olía ya a ajitos fritos en buen aceite, seguramente caerían luego en esa sartén unas setas, unas migas, unos medallones de solomillo… Pasamos por las pastelerías y los mesones  mirando a otro lado, aquí se viene a sufrir, no a llenar la panza.

De nuevo concentrados en la ruta afrontamos las duras rampas de tierra que llevan al collado del Medio Celemín, nadie echó pié a tierra y tragamos nuestra ración de polvo sin pestañear. Arriba del collado mientras hacíamos la comida vimos pasar al multitudinario grupo de los Mammoth, nos mezclamos con ellos y bajamos juntos hasta Garganta de los Montes, donde había que decidir el camino hacia el pueblo de Canencia: carretera o la senda del río. Dijimos lo segundo, pero nos arrepentimos, porque han rellenado toda esa senda con toneladas de canto de río y aún no le han pasado la apisonadora ni la han rellenado. Como se circula entre muros y árboles no hay salida posible, tuvimos que sufrir como 2 kms de tortura saltando y rebotando por los meños, pero los otros iban igual, era mal de muchos. 

Llegados por fin a la carretera, pasamos Canencia y tomamos la subida del último puerto del día. Ignacio había quedado en enseñarnos la senda que saliéndose del Camino del Búfalo baja a la carretera  bordeando el arroyo, es un lugar bien bonito para darse paseos románticos o deportivos: atraviesa zonas muy frescas de abedules, tejos y acebos, siempre por el margen dle río. Aún quedan zonas en Madrid que merece la pena encontrar.

Por fin arriba del puerto y a la bajada vertiginosa, y luego al llaneo por carretera con el largo subibaja hasta Miraflores. El tramo es propicio para picarse, emboscarse tras el que va delante y humillarle con un adelantamiento agónico, que las fuerzas van ya muy justas. Son jueguecillos que siempre caen en este tramo. 

En fin, 1.100 metros de ascensión y sobre todo 52 kms de distancia, esta ruta siempre te deja bien madurito, y un paisaje casi demasiado bonito para lo que se podría esperar de este otoño reseco.. 

Bicicleta de Montaña, Setas5 November 2007

Setas-BikeBreve reseña para contaros que los boletus del jueves me engancharon, así que el sábado volví solo al mismo lugar a ver si caía alguno más. Unos se mueven por encontrar las gafas, otros por el ansia de lo gratis. Hice la de otras veces, poner una cesta en el manillar y subir al monte, pero con esta bici el tema sale peor: los cables del freno hidráulico no dejan estar la cesta, va muy mal. Llegué con el coche a la portilla del molino de Arroyo Viejo, salté y me puse a subir la cuesta. Cuando uno va a lo que va y no se para, el tiempo se acorta mucho, así que en una hora había subido el puerto y vuelto a bajar por el ramal de la izquierda, hasta el sitio donde más o menos recordaba. Eché la bici entre los pinos y la tapé con ramaje (luego me costó un huevo encontrarla, y eso que había dejado una cinta en un árbol, cogí la cesta y me fuí por el bosque, a disfrutar.

Nada más entrar encontré setas Anguileras, muy buenas (son las que compras en el mercado, cultivadas), también había níscalos por aquí y por allá, pero muy dispersos, el suelo estaba reseco. En un ribazo húmedo un buen grupo de Capuchinas (Tricolomas), que fueron también a la cesta. Pese a la falta de lluvia, había bastantes setas venenosas, se ve que lo malo abunda. No logré encontrar ningún boletus de los buenos (muchos hongos babosos, malos), se ve que lo del jueves fué casualidad.

Ya con la cesta a medias y el tiempo justo monté la bici y tiré para abajo. Mucha gente subiendo con sus cestas vacías, me miraban como diciendo "tío, qué bien te lo montas". Llegada a casa y a cocinarlas: los tricolomas en sopa de ajo, los níscalos con patatas, las anguileras a la plancha. A mí me obligan a hacer como los esclavos romanos, primero como yo un plato, y seis horas después comen los demás.

Esta noche mi hijo nos ha dado el susto, se ha levantado malo y con fiebre, pero no soy culpable, eran placas en la garganta. Las setas están buenísimas, y si las conoces y te limitas, no hay peligro. El día no fué malo, para las pocas perspectivas que llevaba, pero me volví sin encontrar a la reina, qué se le va a hacer… Ahí he puesto unas fotos, pero son del móvil, algo chungas.

Bicicleta de Montaña2 November 2007

¿A bici o a setas?Ayer fué un dia atípico por varias cosas. Primero, porque el artículo no se titula "Domingo… " dado que aprovechamos el jueves festivo de Todos los Santos (o de San Halloween, para los niños de ahora), segundo, porque fuimos solo dos, mi hermano Ale y yo, y tercero, porque nos dedicamos a todo menos a la bici…

Con mucha gente ausente por puente nos llamamos la noche del miércoles para buscar una ruta para la mañana del jueves festivo, que no fuera demasiado dura y resultara variada y nueva para él (como ya he dicho otra vez, casi todas lo son). Se barajó Río Moros, en la táctica habitual de ir cuando no está Rafa (para quitarle su adicción), pero al final decidimos ir a un sitio poco habitual por lo lejano, y que da mucho de sí en lo turístico: Collado Hermoso, el pueblo del nombre teatral. Por el camino íbamos hablando de otros pueblos con nombre excesivo y rimbombante, a mí simpre me viene a la cabeza Valfermoso de las Monjas, el pueblín diminuto que cierra la cabecera del valle de Guadalajara que va paralelo a la A2.

Nos juntamos en Las Rozas a las 8 para dar algo más de tiempo al sueño, y salimos para allí esperando que no hubiera demasiado tráfico de salida de puente. Llegamos sobre las 9 hs, estaba todo lleno de escarcha con la primera helada del año, o por lo menos la primera que vemos nosotros. Salimos con nuestras bicis por delante de la iglesia y las traseras del pueblo, donde siguen haciendo algunos chalets y casas rurales con mucho gusto, respetando el robledal y en construcción tradicional. Al pasar por las ruinas del monasterio de Santa María decidimos ignorar el cartel ("ya me visitaréis cuando me restauren") y saltamos la valla para dar un paseo por dentro, que Ale no lo conocía. Es mentira que lo estén restaurando, a menos que esa restauración vaya a durar más que la propia construcción, es decir, varios siglos. Hicimos fotos y admiramos el pórtico, el gran rosetón (la vidirera tuvo que ser impresionante), y los capiteles, que están tan bien cortados que parecen recién hechos.

Ya de vuelta al camino pasamos la portilla del molino y hala, a subir el primer puerto. Como siempre en esta época yo iba mirando los terraplenes y las cunetas, el año pasado en estas fechas llenamos varias bolsas de niscalos y Rafa una con todas las setas de caballero. En esta ocasión con todo más seco no había mucho que ver. Llegamos arriba e hicimos la comida en la bifurcación, pensando si tirar para  Navafría y Majadilla, o seguir recto hacia Río Pirón. Yo me había traído un redondo Donut (joder qué bien entra), Ale mide con cuidado sus calorías y traía su queso MamaLouise (150 cal.). Me comentó que creía haberse vuelto "ortoréxico" quicir, melindroso, pero cuando se le cayó entre la pinaza el último bocado de queso (30 cal) se tiró a él, lo sopló un poco y padentro.

Optamos por Río Pirón, que hace mucho que no vamos por allí, bostezamos, nos estiramos y veenga, a la bici. Al poco rato en un cortafuegos encontramos una cabra montés macho, preciosa y recortada en una loma. Subimos andando despacio y agachados, pero no se dejó tirar la foto. Bajada rápida hacia el pantano y ramal de la izquierda, a llanear un rato. Llegó un momento en que perdí las referencias (bastante que llegué hasta aquí), y por probar subimos por un buen desvío a la izquierda que remontaba de nuevo hasta otro pantanito en la otra vertiente, y una cancela en un cruce. Hice fotos de todo para que los Sherpas nos digan dónde estuvimos. En ese momento hicimos balance, con el tono relajado y el turismo eran ya las 12 horas y el nuevo desvío podía bajarnos a la carretera o internarnos al macizo montañoso, así que con toda prudencia volvimos por lo andado. Esa decisión tuvo premio, porque haciendo una de las subidas ví  en el terraplén algo que bajando se me escapó: dos hermosos y espléndidos Boletus Edulis. Estaban a la vista de todos y seguían allí, lo que demuestra que esa zona está poquísimo transitada. Les hicimos muchas fotos y nos los repartimos, uno para cada uno. Esta seta es, como dicen en La Rioja, muy "aunecida": con una sola haces una comida completa. La cenamos mitad a la plancha mitad en revuelto, y porque no tenía muchas ganas, que si no hubiera intentado sacar el risotto.

La bajada final muy tranquilita y con mil ojos a los laterales, pero no había más que recoger. Llegada al coche justo en el horario, a las 13 horas, y el resultado deportivo final no tan malo como esperábamos: 30 kms y 785 respetables metros de ascensión. Digo no está mal, porque como dice el chiste si vamos a Rolex, vamos a Rolex, y aquí estuvimos a todo menos a la bici…