Domingo 7 de octubre. La Pedriza nunca falla.
Tal y como nos temíamos el domingo acabamos yendo dos y el de la gaita, solo que el de la gaita se quedó dormido. Durante la semana se habían ido produciendo deserciones, Jose con avería, Nico en su pueblo, Ignacio en Babia (León), y para remate ponen la salida de la fórmula 1 a las 8,30 de la mañana, la hora de nuestra reunión, ¿quién puede resistirse?. Habíamos quedado solo tres para hacer una de las rutas de Miraflores, pero a las 6,45 de la mañana suena en la oscuridad el ¡Chinchin-Chinchin! de mensaje entrante, y no tengo que cogerlo para saber lo que pasa: Ale ha oido el despertador, y abriendo el ojo y desentumecido el pulgar sólo lo justo, teclea que no se puede levantar, como los de Mecano. Pues nada, seremos dos.
Cuando llega Rafa a buscarme reconsideramos el plan y decidimos quedarnos aún más cerca (llevaba él el coche), y ante la amenaza de acabar en Rio Moros nos ponemos de acuerdo en lo seguro: La Pedriza. Como ya hemos dicho muchas veces, La Pedriza es el recorrido favorito de la zona centro, porque lo tiene todo: es bonito y espectacular, está cerca de Madrid, es muy exigente en subida (1.200 mts), pero no demasiado largo en distancia, y además nos lo sabemos tan bien que lo podemos hacer con los ojos cerrados (menos Rafa, que se perdió la última vez).
El día amanecía fresquete pero despejado, y todo estaba muy húmedo de las buenas lluvias que tuvimos la semana pasada (que me perdonen los de Alcalá de Guadaira). Al campo le han sentado bien, hay mucho azafrán y empiezan a salir algunas setas, pese a que es tempranísimo para ellas. Con eso y que íbamos sin prisas, yo me iba parando a mirar esta o la otra, a hacer alguna foto y a mirar el paisaje, Rafa en cambio a su trantrán, para no perder el ritmo. Así que todo el rato que-me-descuelgo-que-le-cojo, lo que se dice ir haciendo la goma, pero era una goma turística, no de flojera. En un prado vimos esos dos corzos de la foto, bastante pasotas ellos.
Durante toda la subida estuvimos cruzando rebaños de vacas que bajaban por el camino dándole al campano, lo que resultaba bastante misterioso. Normalmente las encontramos vagando por el campo, comiendo hierba o incluso persiguiendo a Ignacio, pero sin un rumbo fijo. Esta vez bajaban todas de la montaña hacia el valle, parecían haberse puesto de acuerdo y ningún pastor las empujaba: ¿les dan la sal a esa hora? quizá, pero lo hubiéramos visto otras veces.. ¿Iban a misa? no parece muy probable… ¿Volvían al establo? muy temprano para eso, pero tal vez hayan cambiado de hábitos como los chicos de hoy, y se recojan al amanecer… En fin, nos estretuvieron la dura subida, dándonos que pensar.
Catering en el Collado de los Pastores y sin mucho esperar a la bici otra vez, hasta llegar al Comedero de Buitres. Allí la duda, ¿subir a La Nava o empezar la bajada? Como yo había dicho dias antes a los Tripoturistas que Pedriza sin Nava es de 3º de párvulos no era cosa de rajarse, así que afrontamos la subida con distinto ánimo: yo como una moto porque me estaban llegando las uvas a la pierna, Rafa con calma porque había dormido mal y le dolía la rodilla (que me suena a mí, esto…). Tan a gusto me sentía que en la subida fuí pasando varios grupos de ciclistas, hasta que en uno de ellos se me pegó uno con muy buena pinta, pata fina y equipado de Decathlón pero con criterio (llevaba el nicochubasquero). Fuimos mano a mano hasta pasar las auténticas peta-zetas de la cremallera, y ya francamente picados hasta que me pasó en la recta de la propia Nava, ganándome por un tubular. Nos dimos la mano como buenos rivales.
Fotos para prueba y a bajar, me encontré con Rafa que subía y ya volvimos juntos a buena velocidad pero controlando, que por aquí siempre hay muchísima gente. No se qué pasaba ayer y si regalaban algo (eso explicaría también lo de las vacas), pero los aparcamientos estaban como nunca, con triple fila y gente dando vueltas para pillar un sitio. A la entrada del parque la fila de coches esperando llegaba hasta el cruce con la general, y había otros cientos que se habían aburrido y habían aparcado fuera. No quiero pensar cómo será el dia en que salga el primer níscalo.
Llegamos a casa estupendos de hora, a tiempo de ver las 35 vueltas decisivas del gran dia de Fernando Alonso, con el pan y el periódico bajo el brazo y con la sensación del deber cumplido, así da gusto, lo dicho: la Pedriza nunca falla…

Me rajé vilmente. Sin paños calientes. Pero eran las 6:15. Me sigue doliendo mucho lo de levantarme antes para ir a andar en bici que para ir a currar…
Comment by Alejandro — 8 October 2007 @ 11:40 am