Bicicleta de Montaña29 October 2007

Penas de PeatónTodos los años por en esta fecha quedamos en la ruta con la misma duda: ¿Se habrán acordado los demás del cambio de hora? ¿Cuántos pardillos aparecerán una hora antes de lo debido? Por suerte para los despistados, los relojes y móviles modernos ya hacen el cambio de hora solos, y además, qué caramba, nos vamos haciendo mayores y responsables. A fin de dar a nuestros biorritmos un cambio tranquilo, y tener de paso una hora más para la ruta, quedamos esta vez a las 7,30 en Guadarrama pueblo, en principio para subir La Jarosa. Con tanta actividad social, milagro fué reunir tres corredores, Rafa, Ignacio y yo mismo. Esta vez no nos pillaron desprevenidos: guantes con dedos, chaquetas y pantalón largo. Ignacio como un pincel vestido de arriba a abajo de Cajastur, que por mucha ropa que se iba quitando lo de abajo iba también a juego, no llegamos a ver los calzoncillos (menos mal) pero seguro que eran también naranja. Yo traía en el manillar un nuevo gadget, un timbrecito de los de los críos para pedir educadamente a los senderistas que nos dejen paso. Durante la ruta pude comprobar que resulta eficacísimo: aunque hace un ¡ding! suave y melodioso, todos se echan a la cuneta, debe ser por lo inesperado de oirlo en el monte.

Mientras subiamos por debajo del viaducto y luego bordeábamos el pantano tomamos una decisión, como teníamos una hora más para castigarnos, podíamos dejar la ruta prevista a mitad de subida y torcer hacia Cuelgamuros, para poder explorar. El día soleado y fresco (no sobró la chaqueta en todo el camino), y mucha, muchísima gente por arriba al llamado de las setas. También mucho pim pam de cazadores y ladridos de perro, parece mentira pero toda esta zona es de caza mayor, lo raro es que no frían a algún setero que ande agachado.

Tras entrar en el pinar y subir las dos cuestas matadoras (ahora algo menos matadoras, desde que están asfaltadas), torcemos a la izquierda dejando el camino principal y al poco estamos en la valla de Cuelgamuros, donde pegamos el salto delictivo. No éramos los primeros, desde luego, adentro había gente con cestas, pero aquí no tenían ninguna cara de fiesta: vestidos con mono de trabajo y gorro de lana, iban silenciosos a lo suyo medio escondidos entre los pinos. Por la pinta, seguro que coger setas aquí está prohibido.

Seguimos remontando por el pinar, fotos de nuevo a la trasera del Monumento a los Caídos (futuro Monumento a Todas las Víctimas cuando lo reconviertan), y llegada a la fuente no potable donde solemos hacer la comida. Esta vez sin embargo había ganas de marcha (y una hora más para gastar), así que decidimos abandonar la ruta trillada y explorar el camino de arriba, en la idea de que probablemente seguiría subiendo hasta cortar el muro en la parte alta y nos permitiría empalmar con las Presillas y la subida a Malagón. Tras unos cientos de metros de duda, el camino tira claramente a la izquierda, y en efecto, sale del pinar sombrío para salir a campo abierto junto al muro y a mucha altura (a partir de aquí exageraré las maravillas del nuevo desvío, porque me se de uno al que se le pondrán los dientes largos). Teníamos Abantos a unos 150 metros, medidos tanto a lo largo como a lo alto, la zona era una herbazal alto y la panorámica estupenda, se veía desde Manzanares hasta Valdemaqueda, con las cuatro torres a lo lejos. Investigamos un poco para tratar de encontrar el camino de Las Presillas, pero quedaba bastante abajo, así que decidimos hacer bici-escalada y tratar de llegar a pie a Abantos, que se veía casi a tiro de piedra. Al principio hay unas rodadas ciclables, llegamos a creer que con esfuerzo y equilibrio llegaríamos casi sin desmontar, pero qué va, enseguida el terreno está aterrazado para repoblación, y la subida es penosa: paso-paso-tirón (para subir la siguiente terraza), paso-paso-tirón. Daríamos como 500 tirones (excelente complemento pectoral), pero el paisaje y el aire fresco gratificaban. Finalmente pasamos un bosquecillo de pinos y dimos con el muro, que no te deja en Abantos, sino en El Cervunal, el pico siguiente. Allí nos tomamos el más que merecido cátering y nos acordamos de los que estaban en otras cosas.

Bajada hasta la carreterilla del puerto (el tramo de Cervunal hasta la curva es un trialero divertidísimo), y allí a esquivar seteros (casi quemé el timbrecito), había a cientos, ahora sí, familiares y con cestitos de colores. Bajada hasta el atajo del cámping (qué largo se hace), y subida hasta el collado del Hornillo y más allá hasta el de La Mina, y bajar hasta el desvío por el que siempre llegamos a la carretera. Rafa decía que se lo sabía bien, así que hizo la de siempre, se pasó y ya le perdimos hasta los coches. Ignacio y yo pasamos por delante del pino del Blog (hice nuevas fotos para comparar) y bajamos por camino diferente al de subida hasta el comienzo del pantano, y hasta Guadarrama.

En resumen, estupendo día de bici, con esfuerzo y exploración pero también con buen paisaje y diversión, la hora de más nos cundió y lo pasamos bien. Salieron 43 kms y 1.275 de subida (pero con bastante empujar), y por si no os habíais dado cuenta, hicimos Montañas Nevadas al revés, Sañatnom Sadaven.

Bicicleta de Montaña22 October 2007

A lo lejos el objetivo,  La Bola.Siempre pasa lo mismo, uno se resiste a reconocer que el verano ha terminado y a sacar la apolillada ropa que quedó en el fondo del armario allá por marzo, así que un día que promete ser soleado y caliente llegas al inicio de la ruta y ¡zás!, hace 4º y tú estas en camiseta, pantalón corto y guantes sin dedos. Eso fué lo que nos pasó el domingo, o por lo menos a mí, otros fueron algo más prudentes. Se anunciaba un día de sol sin nubes en pleno anticiclón, pero hay que recordar que en esta época otoñal las noches son muy frías y el sol tarda en calentar. La subida a La Barranca desde la carretera de Cercedilla a Colmenar va por valles muy sombríos, pasa como con la ruta que remonta desde Cercedilla hasta la cabecera del valle por la falda norte: si cierras los ojos y las visualizas te baja la temperatura corporal varios grados, y te dan ganas de abrazarte al radiador de casa.

Pues nada, nos citamos poco más allá de la rotonda del meño de granito Ignacio, Diego, Rafa y yo con los nuevos, Juannillo y Alejandro. Había curiosidad por saber cómo les había sentado a estos el Camino de Santiago, recordemos que a Diego en su dia le transformó de ciclista discreto en Machaca Tronchacadenas. Ciertamente han mejorado, ya no tienen respeto por las canas y se permiten el lujo de llegar arriba con el grupo. Menos mal que siguen trasnochando, si no les entrarían ganas de humillarnos, y eso sí que no.

La primera parte, como decimos, con un frío inesperado, tiritando por el valle sombrío y viendo las cumbres soleadas allá arriba, demasiado lejos. Todos charlando sobre el GP de Brasil y viéndolo muy negro, vamos, muy de Hamilton. Alguien, no recuerdo si Diego o Juan, soltó lo de que iba a ganar Ferrari y le callamos por alucinao, el que haya sido que lo diga, que le vamos a encargar que compre la lotería de navidad. Subiendo a lo tonto nos fuimos calentando hasta pasar el pantanito y llegar a la zona que han habilitado con tirolinas y pasos aéreos para los campamentos de críos, allí daba el solete en un tramo como de 200 mts., lo que nos animó un poco y nos dió fuerzas para coger la subida hasta el primer mirador. Los nuevos iban avisados sobre lo duras que son las rampas de los últimos dos kms., pero da igual, siempre te sorprenden. Una vez arriba, primer cátering y a replantear la ruta, que no la teníamos muy clara.

El comienzo era como para haber hecho la Triple Imposible, es decir Barranca Calvario y La Bola, pero bueno, íbamos sin límites mentales, si nos apetecía más lo hacíamos, y si nos apetecía menos pues también. Por supuesto, nos apeteció menos, así que ya nos íbamos preparando para dar el tijeretazo a la última dificultad, cuando no viene el Sherpa nos relajamos, aunque como luego veremos el Sherpa II tiene también esa inquietud interior que les impide estarse quietos. Larga bajada por la pista resbalosa en la que el frío volvió a morder las carnes, y el tramo por la estrecha carretera entre los coches hasta llegar al Ventorrillo, menos mal que solo son 300 metros. En la estación de mantenimiento ya tenían preparado y recien pintado el camión quitanieves, esta Esperanza qué previsora es. Saltando la barrera de la pista donde empieza El Calvario nos rodeó un bando de pájaros de color pardo con el obispillo y los sobacos verdes, me preguntaron qué eran y yo dije que piquituertos, con lo que se montó un cachondeo general, vamos, tenían claro que me tiraba el moco, y el más descreído era mi propio hermano, ¡et tú, Alejandre!. Adjunto foto que lleva un link para convencimiento de los escépticos, es curioso el motivo de su nombre.Piquituerto hembra

Todo el mundo sabe que subir El Calvario sin echar pie a tierra es el verdadero sobresaliente cum laude del BTT madrileño, pero esta vez había muchísimos ciclistas y las torrenteras estaban secas y pedregosas, así que todos nos quedamos en el aprobado raspado: varias bajadas y empujones de bici, y al final allí llegamos a los apartamentos de Navacerrada, donde cayó el segundo cátering. Nueva negociación para decidir si se subía a La Bola, porque el tiempo, y sobre todo las fuerzas, iban algo justas. Ale decidió el tema pinchando in situ, con lo que ese cuarto de hora que tardamos en arreglarlo imposibilitó absoluta y totalmente el que emprendiéramos la aventura (muchos uf de alivio bajitos…). Nos dimos la vuelta para bajar de nuevo, pero viendo que entraba en el camino una excursión con decenas de niños y profes, decidimos que mejor los peligros de la carretera que los de tanta infancia, y tomamos el descenso del puerto con muchísimo cuidadín. Cuando uno ya se lía  a bajar es difícil cambiar de idea, así que lo de volver a subir Barranca lo desechamos casi sin pensar. Bueno, no, es que Juannillo estaba muy cansado. Por último, en el cruce a Cercedilla el Sherpa II no pudo resistir tanta molicie, y nos obligó a tomar hacia la ermita de San Antonio, engañando a los nuevos sobre lo fácil y llano que es el desvío. Esas rampas son matadoras, pero el lugar es muy agradable para excursiones románticas, así que se les convenció fácil.

Por último llegamos al pueblo de Navacerrada, vimos el mercadillo de antigüedades (muy recomendable) y paseamos por las calles. Había solecito, buen rollo dominguero y bastante gente con sus mejores galas tomando tapas en las terrazas, desde luego, cualquiera se lo monta mejor que nosotros. Ignacio nos llevó por unas calles laterales, creo que sin saber dónde iba, pero milagrosamente acabamos en los mismísimos coches.

Pese al recorte de recorrido salieron 950 metros de ascensión y 29 kilómetros. Para la próxima vez habrá que dejarse de pantaloneta y camisetilla y abrigarse bien, no sea que, de nuevo, los primeros fríos nos pillen en bolas…

Bicicleta de Montaña8 October 2007

Dos corzos confiadosTal y como nos temíamos el domingo acabamos yendo dos y el de la gaita, solo que el de la gaita se quedó dormido. Durante la semana se habían ido produciendo deserciones, Jose con avería, Nico en su pueblo, Ignacio en Babia (León), y para remate ponen la salida de la fórmula 1 a las 8,30 de la mañana, la hora de nuestra reunión, ¿quién puede resistirse?. Habíamos quedado solo tres para hacer una de las rutas de Miraflores, pero a las 6,45 de la mañana suena en la oscuridad el ¡Chinchin-Chinchin! de mensaje entrante, y no tengo que cogerlo para saber lo que pasa: Ale ha oido el despertador, y abriendo el ojo y desentumecido el pulgar sólo lo justo, teclea que no se puede levantar, como los de Mecano. Pues nada, seremos dos.

Cuando llega Rafa a buscarme reconsideramos el plan y decidimos quedarnos aún más cerca (llevaba él el coche), y ante la amenaza de acabar en Rio Moros nos ponemos de acuerdo en lo seguro: La Pedriza. Como ya hemos dicho muchas veces, La Pedriza es el recorrido favorito de la zona centro, porque lo tiene todo: es bonito y espectacular, está cerca de Madrid, es muy exigente en subida (1.200 mts), pero no demasiado largo en distancia, y además nos lo sabemos tan bien que lo podemos hacer con los ojos cerrados (menos Rafa, que se perdió la última vez).

El día amanecía fresquete pero despejado, y todo estaba muy húmedo de las buenas lluvias que tuvimos la semana pasada (que me perdonen los de Alcalá de Guadaira). Al campo le han sentado bien, hay mucho azafrán y empiezan a salir algunas setas, pese a que es tempranísimo para ellas. Con eso y que íbamos sin prisas, yo me iba parando a mirar esta o la otra, a hacer alguna foto y a mirar el paisaje, Rafa en cambio a su trantrán, para no perder el ritmo. Así que todo el rato que-me-descuelgo-que-le-cojo, lo que se dice ir haciendo la goma, pero era una goma turística, no de flojera. En un prado vimos esos dos corzos de la foto, bastante pasotas ellos.

Durante toda la subida estuvimos cruzando rebaños de vacas que bajaban por el camino dándole al campano, lo que resultaba bastante misterioso. Normalmente las encontramos vagando por el campo, comiendo hierba o incluso persiguiendo a Ignacio, pero sin un rumbo fijo. Esta vez bajaban todas de la montaña hacia el valle, parecían haberse puesto de acuerdo y ningún pastor las empujaba: ¿les dan la sal a esa hora? quizá, pero lo hubiéramos visto otras veces.. ¿Iban a misa? no parece muy probable… ¿Volvían al establo? muy temprano para eso, pero tal vez hayan cambiado de hábitos como los chicos de hoy, y se recojan al amanecer… En fin, nos estretuvieron la dura subida, dándonos que pensar. 

Catering en el Collado de los Pastores y sin mucho esperar a la bici otra vez, hasta llegar al Comedero de Buitres. Allí la duda, ¿subir a La Nava o empezar la bajada? Como yo había dicho dias antes a los Tripoturistas que Pedriza sin Nava es de 3º de párvulos no era cosa de rajarse, así que afrontamos la subida con distinto ánimo: yo como una moto porque me estaban llegando las uvas a la pierna, Rafa con calma porque había dormido mal y le dolía la rodilla (que me suena a mí, esto…). Tan a gusto me sentía que en la subida fuí pasando varios grupos de ciclistas, hasta que en uno de ellos se me pegó uno con muy buena pinta, pata fina y equipado de Decathlón pero con criterio (llevaba el nicochubasquero). Fuimos mano a mano hasta pasar las auténticas peta-zetas de la cremallera, y ya francamente picados hasta que me pasó en la recta de la propia Nava, ganándome por un tubular. Nos dimos la mano como buenos rivales.

Fotos para prueba y a bajar, me encontré con Rafa que subía y ya volvimos juntos a buena velocidad pero controlando, que por aquí siempre hay muchísima gente. No se qué pasaba ayer y si regalaban algo (eso explicaría también lo de las vacas), pero los aparcamientos estaban como nunca, con triple fila y gente dando vueltas para pillar un sitio. A la entrada del parque la fila de coches esperando llegaba hasta el cruce con la general, y había otros cientos que se habían aburrido y habían aparcado fuera. No quiero pensar cómo será el dia en que salga el primer níscalo.

Llegamos a casa estupendos de hora, a tiempo de ver las 35 vueltas decisivas del gran dia de Fernando Alonso, con el pan y el periódico bajo el brazo y con la sensación del deber cumplido, así da gusto, lo dicho: la Pedriza nunca falla…

Bicicleta de Montaña1 October 2007

La Cuesta ImposibleHay dias raros, días en los que sin ninguna razón de peso, pero por muchas pequeñas razones, las cosas se van torciendo poco a poco, y lo que planeabas como un dia agradable se va convirtiendo en un dia más y más duro, y acabas sufriendo cuando esperabas pasarlo tranquilo y relajado. Ayer nos buscamos una ruta teóricamente asequible y no muy lejana, la circular de La Granja. Algunos teníamos condiciones marcadas en casa: yo salía de viaje a Toledo para una comida, y Nico quería volver pronto, así que la cosa era estar en los coches de vuelta sobre las 12,45. La ruta elegida parecía encajar bien con lo buscado: a 45´de Madrid, un recorrido mediano de exigencia y un paisaje verde que te anima a pedalear. Nos juntamos Nico, Jose, Rafa y yo, el resto ausentes bien por F1 (ese si que fué un dia aciago), por compromisos familiares, y los nuevos porque parecen haber descubierto lo de los entrenamientos secretos, y solo llevan tres dias.

Empezamos, como siempre, frente al museo del vidrio, a las 8,30. Por dar variedad a esta ruta conocida decidimos hacerla al revés: en vez de salir por el maravilloso camino de robles, ir a la carretera y entrar a los páramos. El dia estaba gris y triste, con ese extraño ventarrón que vayas de ida o de vuelta, al norte o al sur, siempre te da de cara, es un fenómeno a estudiar por los meteorólogos. Ya de salida nos costó encontrar el paso a la carretera, entramos en unas urbanizaciones y luego en un polígono, y hubo que bajar por los terraplenes hasta la cuneta. Subibaja de carretera, y entramos en los llanos abriendo la primera de ¡15 portillas 15! (las conté por curiosidad). Este camino al revés resulta muy distinto: en la otra dirección la salida por el bosque te alegra el ojo y ya vas contento todo el dia (ved el post "Un viaje a Escocia"), aquí los primeros kilómetros por lo pelao, con pésimo firme y cuestas muy malas te dejan ya fastidiado. El terreno muy seco y amarillo, parece no haber caído ni gota. Bandos de perdices concentradas en los pocos regatos con algo de agua.

Sube, esquiva piedras, abre portillas, empuja contra el viento y al fin llegamos a lo alto de la sierra, pero hace tanto viento que no apetece ni pararse a comer. Seguimos hasta las dos cuestas imposibles (ver foto), esas que alguien recuerda que alguna vez alguien logró subir sin bajarse. Debía ser cuando estaban recien arregladas, porque ahora, con un firme de arena y grava suelta, son misión imposible. Empuja y mete riñón, y arriba del todo el viento que va para Segovia ya casi nos lleva con él, hay videos para apreciarlo.

Al fin llegamos a una NAVA entre dos cuestas y allí hicimos la comida al resguardo. Ya han llegado las buenas uvas blancas, y no hay nada mejor para el ciclista: están frescas, dulces y gratificantes, y van directas a la pierna, te dan gasolina. A partir de ahí entran las prisas, está claro que llegaremos muy justo al horario marcado y ya es peor volver que seguir, así que Nico y yo apretamos pedal y nos adelantamos mirando por encima del hombro a ver si nos siguen. Jose se queja de problemas en la suspensión: la lleva fláccida total, la suspensión digo, y yo voy nervios porque el tiempo se escapa. Rafa nos empieza a llamar con el móvil ante cada mínimo desvío o cortafuegos, hasta cinco llamadas nos hizo (lo que se dice pasarse o no llegar). La bajada por ese lado tampoco es franca, hay tanto subibaja y tan pésimo firme, que casi te parece subida.

En la portilla del Ignacio Cabreado ya llevábamos casi una hora de retraso sobre el horario, yo andaba cardíaco. La portilla se llama así porque es histórico que allí Ignacio cogió el único rebote que le hemos conocido, con lo tranquilo y buena gente que es. Otro dia contaremos porqué fué.

Al llegar a la última portilla, la de entrada al robledal, vimos que la habían blindado: candados, cadenas y un montón de matos secos de espino, hace falta ser cabrito. Escalada, bicis por arriba y Rafa y yo tiramos para el coche, Nico quedó esperando a Jose. Llegada tarde, tardísimo, y en casa ducha de diez segundos y para Toledo, con la lengua fuera. Nico tuvo el detalle de llamar por la noche para saber si la sangre había llegado al río, pero no fué tanto.

En fin, uno de esos dias en que todo se junta: las prisas, el mal firme, el viento y el tiempo gris, averías y despistes, el paisaje duro, y tal y tal, pero esos dias también hay que vivirlos, porque como decían antes, forjan el carácter de los hombres del duro páramo castellano..