Domingo 28 de octubre. Sañatnom Sadaven
Todos los años por en esta fecha quedamos en la ruta con la misma duda: ¿Se habrán acordado los demás del cambio de hora? ¿Cuántos pardillos aparecerán una hora antes de lo debido? Por suerte para los despistados, los relojes y móviles modernos ya hacen el cambio de hora solos, y además, qué caramba, nos vamos haciendo mayores y responsables. A fin de dar a nuestros biorritmos un cambio tranquilo, y tener de paso una hora más para la ruta, quedamos esta vez a las 7,30 en Guadarrama pueblo, en principio para subir La Jarosa. Con tanta actividad social, milagro fué reunir tres corredores, Rafa, Ignacio y yo mismo. Esta vez no nos pillaron desprevenidos: guantes con dedos, chaquetas y pantalón largo. Ignacio como un pincel vestido de arriba a abajo de Cajastur, que por mucha ropa que se iba quitando lo de abajo iba también a juego, no llegamos a ver los calzoncillos (menos mal) pero seguro que eran también naranja. Yo traía en el manillar un nuevo gadget, un timbrecito de los de los críos para pedir educadamente a los senderistas que nos dejen paso. Durante la ruta pude comprobar que resulta eficacísimo: aunque hace un ¡ding! suave y melodioso, todos se echan a la cuneta, debe ser por lo inesperado de oirlo en el monte.
Mientras subiamos por debajo del viaducto y luego bordeábamos el pantano tomamos una decisión, como teníamos una hora más para castigarnos, podíamos dejar la ruta prevista a mitad de subida y torcer hacia Cuelgamuros, para poder explorar. El día soleado y fresco (no sobró la chaqueta en todo el camino), y mucha, muchísima gente por arriba al llamado de las setas. También mucho pim pam de cazadores y ladridos de perro, parece mentira pero toda esta zona es de caza mayor, lo raro es que no frían a algún setero que ande agachado.
Tras entrar en el pinar y subir las dos cuestas matadoras (ahora algo menos matadoras, desde que están asfaltadas), torcemos a la izquierda dejando el camino principal y al poco estamos en la valla de Cuelgamuros, donde pegamos el salto delictivo. No éramos los primeros, desde luego, adentro había gente con cestas, pero aquí no tenían ninguna cara de fiesta: vestidos con mono de trabajo y gorro de lana, iban silenciosos a lo suyo medio escondidos entre los pinos. Por la pinta, seguro que coger setas aquí está prohibido.
Seguimos remontando por el pinar, fotos de nuevo a la trasera del Monumento a los Caídos (futuro Monumento a Todas las Víctimas cuando lo reconviertan), y llegada a la fuente no potable donde solemos hacer la comida. Esta vez sin embargo había ganas de marcha (y una hora más para gastar), así que decidimos abandonar la ruta trillada y explorar el camino de arriba, en la idea de que probablemente seguiría subiendo hasta cortar el muro en la parte alta y nos permitiría empalmar con las Presillas y la subida a Malagón. Tras unos cientos de metros de duda, el camino tira claramente a la izquierda, y en efecto, sale del pinar sombrío para salir a campo abierto junto al muro y a mucha altura (a partir de aquí exageraré las maravillas del nuevo desvío, porque me se de uno al que se le pondrán los dientes largos). Teníamos Abantos a unos 150 metros, medidos tanto a lo largo como a lo alto, la zona era una herbazal alto y la panorámica estupenda, se veía desde Manzanares hasta Valdemaqueda, con las cuatro torres a lo lejos. Investigamos un poco para tratar de encontrar el camino de Las Presillas, pero quedaba bastante abajo, así que decidimos hacer bici-escalada y tratar de llegar a pie a Abantos, que se veía casi a tiro de piedra. Al principio hay unas rodadas ciclables, llegamos a creer que con esfuerzo y equilibrio llegaríamos casi sin desmontar, pero qué va, enseguida el terreno está aterrazado para repoblación, y la subida es penosa: paso-paso-tirón (para subir la siguiente terraza), paso-paso-tirón. Daríamos como 500 tirones (excelente complemento pectoral), pero el paisaje y el aire fresco gratificaban. Finalmente pasamos un bosquecillo de pinos y dimos con el muro, que no te deja en Abantos, sino en El Cervunal, el pico siguiente. Allí nos tomamos el más que merecido cátering y nos acordamos de los que estaban en otras cosas.
Bajada hasta la carreterilla del puerto (el tramo de Cervunal hasta la curva es un trialero divertidísimo), y allí a esquivar seteros (casi quemé el timbrecito), había a cientos, ahora sí, familiares y con cestitos de colores. Bajada hasta el atajo del cámping (qué largo se hace), y subida hasta el collado del Hornillo y más allá hasta el de La Mina, y bajar hasta el desvío por el que siempre llegamos a la carretera. Rafa decía que se lo sabía bien, así que hizo la de siempre, se pasó y ya le perdimos hasta los coches. Ignacio y yo pasamos por delante del pino del Blog (hice nuevas fotos para comparar) y bajamos por camino diferente al de subida hasta el comienzo del pantano, y hasta Guadarrama.
En resumen, estupendo día de bici, con esfuerzo y exploración pero también con buen paisaje y diversión, la hora de más nos cundió y lo pasamos bien. Salieron 43 kms y 1.275 de subida (pero con bastante empujar), y por si no os habíais dado cuenta, hicimos Montañas Nevadas al revés, Sañatnom Sadaven.



