Domingo 17 de septiembre. Travesía del desierto.
Bueno, en esta época el paisaje está bastante seco, pero el título no es por eso, sino porque llevamos una racha en la que a duras penas conseguimos juntar tres ciclistas para mantener la actividad dominical. Primero hablábamos del núcleo duro (6 o 7), luego hubo que hablar de núcleo granítico (4 o 5), y últimamente nos estamos quedando en el mismísimo diamante (2 o 3). Como sin duda volverán los buenos tiempos y volveremos a juntar a ocho o diez en una excursión de varios dias, recordaremos los domingos post-verano como la travesía del desierto.
Los auténticos beduinos, esos que encuentran placer en la sed y el sufrimiento, los que no se dejan ablandar por la cama, la piscina, las motos o los banquetes de boda, se volvieron a juntar el domingo para hacer una ruta inédita para el blog, no para los ciclistas, que la han hecho ya cienes de veces: la subida al chorro de San Mamés. Para los que no recuerden, es la ruta famosa por la anécdota de las gafas del Sherpa: se bajó al río a beber y las gafas se le cayeron y se fueron rio abajo. Otro hubiera renunciado a ellas y aprovechado para cambiar de modelo, pero él se remangó las canillas y se metió en el agua, y se tiró como media hora levantando piedras, hasta que halló un cristal. Le sacamos del rio y se vino, pero tenía el asunto en la cabeza, así que el sábado siguiente volvió a subirse la montaña en bici y a echarse a bucear, hasta que salió con el otro cristal y la montura. En fin, qué ejemplo, a nuestros abuelos les hubiera encantado, a nuestros hijos les parecería más bien que le falta un tornillo, los tiempos están cambiando y no es para mejor.
Salimos a eso de las 8,15 de Lozoya, desde el restaurante-pajar que hay a la salida y en el que te clavan. Nada más salir hice unas fotos del pantano fantasmal subido en un muro, pero los muros allí son de piedra redonda y sin argamasa, así que se deshizo encima de mis pies y me dejó el dedo grodo bien morado para toda la ruta. Traía idea de reconstruirlo a la vuelta, pero se me olvidó.
El camino va subiendo por todo un valle lateral al principal (el del Lozoya), y atraviesa dos pueblos, Navarredonda y San Mamés. Comienza con pastos abiertos, robledal y pinar, subiendo a la vista del pantano. Las primeras rampas son muy duras y te dejan ya caliente para el resto de la jornada. Estos pueblos están cada dia mejor cuidados y restaurados, mucho madrileño ha cogido allí una casita o pajar como segunda residencia. A esas horas tempraneras huele a hoguerita y desayuno y da gusto andar por ellos, así que nos metimos dentro y bajamos hasta el ayuntamiento. Se sale por las eras polvorientas (ahora) y se toma el camino que hace unas rampas en curva famosas, son una prueba de técnica y de pierna. Luego llegas a la fábrica de quesos de cabra artesanos, han puesto un corral con cabras lustrosas para que el turista las vea y se crea que la leche sale de allí.
En vez de subir directamente hasta La Horizontal seguimos a la derecha en dirección a Braojos, para buscar nuevos caminos. Fué buena idea porque encontramos uno bien fresco y sombrío que tira para arriba, siempre por bosque. El sol entraba por las copas y hacía extraños efectos, como el que se ve en la foto: también pudo ser un segundo intento de abducir a Ignacio, pero se ve que como esta vez iba acompañado los alienígenas se cortaron. Aunque íbamos a buen ritmo había tiempo para charlar, así que Ignacio sacó su formación clásica y nos contó la cosa de las Aporías de Zenón, un tema que bien explicado resulta entretenido. A media ladera encontramos unas vacas y el ganadero, que les estaba echando sal, nos orientó sobre cómo subir hasta el chorro por la nueva ruta.
Al llegar arriba, y como con las extensiones llevábamos ya buena paliza y mal horario, seguimos por la horizontal baja y renunciamos a seguir hasta la verdadera Horizontal, otro dia nos pillará con más ganas. Al final y con la variante tuvimos una buena ruta de 37 kms y 1030 mts de desnivel, suficiente para los beduinos que están haciendo la travesía del desierto…
