Domingo 10 de septiembre. Aterrizaje duro.
Esta vez sí que va en sentido literal, se reincorporaba al grupo Ignacio después de pasar su recuperación de un duro aterrizaje que tuvo durante las vacaciones, mientras bajaba del Collado de los Pastores en La Pedriza. Lo primero pues fué saludar y felicitar por verle recuperado, y examinar el casco y las mataduras ya cicatrizadas. Como se ve en la foto, tuvo que ser un auténtico hostión (perdón a los católicos, no se me ocurre palabra más apropiada). Lo curioso es que no recuerda el momento, tiene un paréntesis mental desde que se veía bajando tan tranquilo, hasta que se vió 5 kms y 20 minutos más abajo, con el cuerpo lleno de mataduras y el casco hecho polvo pero aún subido en la bici. En ese lapso de tiempo y distancia pudo pasar de todo: que se desmayó en marcha, o que la caida le produjo amnesia parcial, o que los extraterretres le abdujeron y le dieron una paliza para después devolverle con bici y todo. En fín, seguramente nunca se sabrá. Eso sí, el tema ha servido para que nuestras respectivas parejas nos riñan y nos recuerden que ya no somos unos chavales.
Salimos pues cuatro ciclistas, uno de ellos recién bendecido por cardiólogos y matasanos en general, y todos con la voluntad de hacer una ruta tranquila, no sobrepasarse y bajar con mucho cuidadín, que el vecino aún tenía las barbas peladas. Salida de Cercedilla a las 8,15 para subir la carretera de La República, Fuentelareina, extensión hasta la carreterita de Valsaín y vuelta otra vez. Al final fueron 42 kms y 960 mts de ascensión.
Como el ritmo era tranquilo, hubo tiempo para comentar muchas cosas, el trabajo, la familia y todo eso. Como a 2 kms del mirador de V.A. Nico y yo nos pusimos a rafear para ver quién coronaba antes, había que darle a aquello un poco de emoción. Todo el mundo bien hasta arriba, y también hasta el cruce de la calzada romana y la Fuente de la Reina. Los que íbamos controlando bajamos por el ramal de la izquierda que pasa varias fuentes y las ruinas del convento de Casarás, el que siempre se adelanta a lo loco se lo perdió. Como se ha dicho, ritmo bastante tranquilo y comida a menudo, en dos o tres sitios. Creo que ya he dicho alguna vez que esta zona está cuidadísima, los caminos limpios, los puentecitos y fuentes con la albañilería perfecta, muchos carteles por todos sitios explicando cualquier cosa que merezca la pena saber.
Gracias a uno de esos carteles reparamos, algo más allá de la Fuente de la Reina, en las ruinas de la que fué una gran Venta, poco más abajo del convento de Casarás. Hace unos siglos debió de estar aquello muy animado: la venta para pecar y en convento para arrepentirse. El largo y peligroso viaje entre Madrid y Segovia exigía hacer noche en el camino, y daba tiempo para todo.
La bajada a la otra vertiente se hizo por el ramal que sale a la derecha de la carretera de Valsaín, y que es camino de Santiago (más carteles). Subimos luego de nuevo por la carretera, admirando como siempre los grandes pinos, la zona es un ejemplo de explotación racional: siempre hay troncos preparados para recoger, pero el pinar siempre parece igual de espeso.
El camino de vuelta estaba muy concurrido: ciclistas, senderistas y vacas formaban de cuando en cuando un tapón dificil de pasar y había que ir a paso de tortuga y con mil ojos. Tanto es así que en el mirador decidimos dejar la ruta principal y bajar a Cercedilla por un camino trialero nuevo para todos, menos para Nico el parrao, claro. El sendero es muy pino y pedregoso, lo hicimos despacito y con cuidado. Iba yo trabajando el manillar, gozando la suspensión, vamos, gustándome en la faena y pensando "no se puede hacer mejor", cuando oí detrás ¡POR LA IZQUIERDA VAMOS!, me tiré a los pinos y me pasaron tres bestias federados, que bajaban a mil jugándose la dentadura. En fin, cada uno según sus capacidades, sus ganas, y sus responsabilidades familiares.
Llegada por fin a los coches y despedidas, felicitando a Ignacio por haberse recuperado, física y mentalmente, de su aterrizaje duro…
